martes, 11 de septiembre de 2012

ensayo sobre la historia cultural y el cine



“La historia cultural: enfoques y su aplicación en el cine”


Introducción:
A lo largo de la historia se ha buscado constantemente actualizar la metodología de la historia a fin de acercarse a problemas que han sido obviados en un primer esbozo, así tenemos que la historia de bronce fue superada por la historia positivista, y esta a su vez fue superada por la historia social, para que nuevamente se presentara una renovación metodológica que buscaba encontrar a aquellos actores cuya voz había sido pasada por alto: la historia cultural; esta nueva metodología ha buscado encontrar en la historia aquellas expresiones que  antes no solo eran saltadas, sino denostadas por considerarlas como una situación cotidiana. La dificultad de definir la historia cultural  correctamente no está exenta de un debate general entre sus estudiosos y sus difusores. El siguiente ensayo es un esfuerzo por buscar acentuar el papel de la historia cultural y sus principales enfoques, optando por mostrar su importancia a través de su reconstrucción tanto textual como por medio de una herramienta pocas veces utilizada por los historiadores: el cine.

1.
La aportación de los nuevos estudios y métodos a la historia han permitido un rejuvenecimiento necesario para su subsistencia; si hace algunos años Francis Fukuyama daba por valido el fin de la historia partiendo de sus premisas económicas y políticas,  el remozamiento  que sufre la historia cultural es de agradecerse y se vuelve  más complejo aun  si se analizan los caminos emprendidos por su joven metodología.  Esta necesidad de la historia cultural por buscar nuevos paradigmas,  ya fuese para superar los procedimientos de la historia social o de la política, por medio del análisis y la comprensión de los fenómenos humanos que controlan los pensamientos y las conductas han generado una suerte de diversificación que tiende a reforzar la necesidad de englobar su propia orientación;  Roger Chartier, y el grupo al que pertenece, ha erogado hojas y hojas dedicadas a determinar que se entiende por cultura a partir de la historia.
El termino cultura  debiese entenderse como la suma de obras y gestos de una sociedad que se ven reproducidos en sus relaciones cotidianas  al interactuar dentro un espacio y tiempo determinados; pero este termino no es estático, sino que va mutando con cada nuevo aporte que se va haciendo a su campo, al igual que se van modificando los comportamientos humanos de los cuales se nutre para llevar a cabo su misión.
Entonces el estudio de la cultura en la historia se reconduce a partir de la identificación de las prácticas sociales que se rigen por mecanismos, donde a nivel profundo se identifican las representaciones como el factor determinante para la comprensión del objeto de estudio de esta historia; este elemento (de difícil  identificación) se vuelve un camino de transito lento para la labor de todo  historiador que se inicia en la reconstrucción del pasado, debido principalmente a la difícil conceptualización de lo que cultura propiamente es para la historia.
La labor de Peter Burke en la cultura, nos muestra el  giro cultural   que se ha suscitado al interior de las ramas históricas; sin embargo también vislumbra que este acercamiento se ha realizado a partir de la historia cultural de última generación, al tiempo que fuera del ámbito académico se ha turnado el papel cultural para identificar toda acción de ciudadanía. Es en este texto que Burke identifica los primeros intentos por encontrar las raíces de una historia cultural, lo que le lleva a observar los escritos de un Jacob Burckhardt  centrado en los propios objetos de estudio, más que en la búsqueda de métodos de estudiarlos (cuestión que ha sido retomada en medida para revitalizar la importancia de la historia); la reconstrucción de propia historiografía cultural le lleva a reconocer el aporte sustancial de la tradición sociológica por conducta de los alemanes para la definición de lo que propiamente se pudiese entender por cultura.

2.
La observancia de los vestigios materiales, dejados ya no solo por civilizaciones  extintas hoy sino por la misma sociedad en su práctica común, se orienta a partir de dos vertientes: la una analizando los restos no escritos y la otra por medio de las letras guardadas como testimonio de los diferentes protagonistas del pasado.
Así Peter Burke realiza el análisis de dichos materiales, los que le permiten la reconstrucción de lo propiamente cultural; a su manera identifica el choque de culturas,  observando la transición de aceptación de patrones de conducta de la elite a lo popular. Burke intentara hacer una reflexión acerca de los avances de la noción de lo que es la cultura o lo que se entiende por cultura, pero al igual que Ginzburg, su análisis lo hace a partir de lo popular, por lo que la única conclusión posible a la que llega es a la laxidad de un término que abarca demasiados aspectos a todo nivel.
Entre los elementos necesarios para hacer una mayor difusión de la cuestión histórica se vuelve necesario un aproximamiento a las “nuevas” formas (aunque dichas formas fuesen creadas hace más de un siglo); aunque se deben considerar ciertas aristas para llevar a cabo su utilización. El cine puede ayudar a entender algunas cuestiones  que no siempre los libros lo permiten; en este sentido la reflexión sobre la búsqueda de una reconstrucción,  partiendo de elementos  materiales que estarían orientados a la metodología de la arqueología, se pueden establecer los avances o retrocesos  de una determinada sociedad buscando los símbolos y su representación por medio de lo visual.
Así podemos observar en Himalaya (Eric Vialli, 1999) la dificultad de una tribu milenaria por conservar sus tradiciones al tiempo que se enfrentan a la transición generacional, es decir la relación del hombre con el hombre. Fernand Braudel buscó mostrar la importancia de la cultura material asemejándola como la planta inferior de una construcción mientras que la superior estaría conformada por el aspecto económico; ambas distintas  entre sí a la par que estrechamente unidas.

3.
La proyección de films que tienen como principal carácter mostrar aspectos sociales que puedan servir en determinado momento como un testimonio; pero que también pueden servir para ilustrar pequeños fragmentos de una sociedad cerrada o minúscula inserta en un mundo mayormente globalizado, permitiendo observar aquella otra microhistoria que no siempre ha sido observada; además de funcionar como otro de los elementos que tanto Ginzburg como Marc Ferro consideran como principios básicos para entender la importancia de lo visual al usarlo como medio de la historia. Sommersby (John Amiel, 1993) muestra pequeños fragmentos de la vida en sociedad que son imposibles de  poner por escrito (a ejemplo baste la escena de las escaleras en el interior de la residencia de los protagonistas reflejando la difícil reconstrucción de la sociedad sureña de los Estados Unidos tras la guerra de secesión). 
Este tipo de historia en pequeña escala puede o permite ilustrar aquello que difícilmente se podría observar si se mantuviese aquella vieja tradición histórica de observar los grandes acontecimientos en las grandes capitales, prestándole la mínima atención a las relaciones internas de sus habitantes. La película,  reelaborada a partir del Martin Guerre de Natalie Zemon, se inserta en ese concierto de aspectos altamente detallados de una población todavía hostilizada por las penurias de la guerra civil  
Pero no solo la reconstrucción de la historia se puede llevar a cabo mediante la lectura de textos o la utilización de materiales que utilizara determinada cultura o sociedad en su uso cotidiano, ya observamos previamente la importancia de reproducir la historia a partir del cine, pero no la importancia de la imagen como un documento propiamente dicho; con todos sus limitantes que de esta tiene respecto a la labor de los historiadores: poca determinación a saber leer y/o interpretar las pinturas o  las fotografías, la forma en que se elabora dicha obra (intención, retorica,  recepción, etc.), entre otras. La imagen  es utilizada como motivo de encadenamiento de mensajes y tiene como principio básico la respuesta, afirmativa o negativa, que pretende generar con respecto a la sociedad; al tiempo que refleja sus propias actitudes. Burke reconocería la importancia de realizar el estudio y análisis del estilo y la iconografía a fin de interpretar los cambios que se suceden al interior de una sociedad.
Al igual que las películas, las imágenes deben, y deberán bajo toda lectura, ser comprendidas y analizadas partiendo de un entendimiento de su propio origen; situarlas dentro de no solo un contexto, sino varios (político, cultural, económico, etc.); obteniendo de ello una alteración que no siempre puede ser entendida por los historiadores que por primera vez descubren esta clase de documentos para llevar a cabo la interpretación del pasado. Tomemos por ejemplo la proyección de la película Girl with a pearl earring (Peter Webber,2003), en este film el tema central es la construcción de un contexto (o una variedad de contextos),  que puede servir como un símil entre la labor que tiene que realizar todo historiador para entender la complejidad de una imagen; el especialista no solo deberá atender las características propias de la imagen (técnica, composición o escuela) sino comprender el periodo en que fue elaborada, comprendiendo los cambios estructurales que se daban cabida; pero entre estos aspectos que hay que entender sobre la proyección,  es que no se puede obviar la construcción de estas obras  desde una óptica actual.

4.
Existen enfoques de la historia cultural que aun mantienen un sesgo de carácter   primigenio (y que solo se pueden entender a partir de las diferentes experiencias de carácter político a lo largo de la región); la estructura política que se mantuvo durante largo tiempo influye de manera gradual para que los estudios  sobre dicha vertiente se mantengan aun ajenas a la mayoría de la instrucción académica. Pese a ello no se debe desperdiciar el análisis realizado por varios autores con respecto al tema y que permiten   entender la forma en que se comprenden las aristas en cada experiencia política. En este sentido se debe entender que cada camino que se intenta analizar se pretende observar que toda política no se mantiene estática  y que se modifican con cada contexto histórico particular de acuerdo a la forma en que las personas la entienden y la llevan a cabo. 
La dificultad de estructurar una definición de lo que es la cultura política requirió de un proceso de incubación que partió de los estudios y escritos de Max Weber, el cual tuvo a bien insertar la noción de cultura (término que sería  ampliamente utilizado por los  especialistas estadounidenses); pese a ello la elaboración de conceptos  a lo largo de todos los estudios se han ido modificando permitiendo una reelaboración del espectro de análisis de los elementos de política.
Nuevamente el cine se hace presente en el análisis de esta vertiente de la cultura política o la política como cultura; el análisis de La Ley de Herodes (Luis Estrada, 1999),  película mexicana que refleja el periodo de consolidación de un sistema político plagado de vicios implantados desde arriba y que se permea hasta los puntos más remotos del  país; pero no conforme a establecer un punto de comparación entre los remanentes políticos existentes durante su filmación, busca sobreexponer una serie de prácticas comunes (algunas llevadas al ridículo extremo, como por ejemplo la sustitución de las leyes de la constitución nacional por dinero y una pistola) que se reproducían a todo nivel de la sociedad, dado que esto era lo común. A este fenómeno hay que insinuar una de  las principales características de la cultura política: el entendimiento y las prácticas comunes de la política por parte de los grupos que no tenían acceso al poder, pero que irremediablemente actúan y moldean  su entorno de acuerdo a esa política.

5.
En esta renovación histórica que nos aportan los estudios culturales se hace necesario encontrar el papel determinante que ha desempeñado a lo largo de la historia la mujer, revitalizando su presencia en momentos no datados, haciéndonos participes de que están allí como una voz que no ha sido debidamente escuchada  y que sigue aportando nuevas realidades que se incorporan a todas aquellas que se reescriben día a día en el ámbito académico. Pero va mas allá y refleja una nueva conciencia que va dejando de lado la predominancia de aquella historiografía que solo habla de “ellas” toda vez que participan como miembros ajenos de una sociedad;  la mujer en este nuevo análisis ya no tiene solo un campo de acción, sino que se encuentra viva en la construcción de su propio camino, lo moldea y lo modifica según su propia necesidad.
Si observamos el papel que desempeña la mujer en la historia que se reconstruye en las múltiples películas que se observaron a lo largo del curso, se puede hacer una lectura general  donde los roles femeninos se hayan presentes y representan diferentes modos de estructurar el camino, no sabremos si al hacerlo los guionistas estaban conscientes de esta transición  que la mujer ha atravesado. El cambio cualitativo significante lo encontramos en la manera de actuar de los personajes  de Verónica Franco (“Dangerous Beauty” de Marshall Herskovitz, 1998) y el de Anne de Mountasieur (“Vatel” de Roland Joffé, 2000)   que pese a funcionar a partir de dos ficciones, se ha sabido reconstruir de manera parcial la forma en que las damas de las cortes  fueron evolucionando al ritmo de los cambios políticos de la sociedad europea.

Conclusión:
En esta necesidad de recuperar el pasado, partiendo de los aportes de la cultura, las palabras que retoma Ginzburg de Marc Bloch se convierten en una suerte de mandamiento para todo historiador que pretenda innovar partiendo del uso de los medias (llámese cine, audio, internet, etc.),  debe aprender a leer las fuentes a contrapelo; esto es, atender las cosas que no pretendía decir el autor de las fuentes y  que inconscientemente se hallan allí. Esto podría servir para atender el problema sustancial que Ginzburg encuentra en ese método que si bien no es nuevo, si presenta una seria dificultad para que se le admita como una suerte de paradigma en la construcción de la historia cultural y social: el método indiciario. Este paradigma trata en una de sus partes de observar el hecho histórico a partir de sus particularidades, pero tratando de analizar los fenómenos históricos  sin caer en un conocimiento sistemático. Aun hoy no hay suficientes elementos que permitan hacer un balance historiográfico que pueda servir para ahondar más en este enfoque de la historia cultural.

8/julio/2010 SR 

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