“La historia cultural: enfoques y su
aplicación en el cine”
Introducción:
A lo
largo de la historia se ha buscado constantemente actualizar la metodología de
la historia a fin de acercarse a problemas que han sido obviados en un primer
esbozo, así tenemos que la historia de bronce fue superada por la historia positivista,
y esta a su vez fue superada por la historia social, para que nuevamente se
presentara una renovación metodológica que buscaba encontrar a aquellos actores
cuya voz había sido pasada por alto: la historia cultural; esta nueva
metodología ha buscado encontrar en la historia aquellas expresiones que antes no solo eran saltadas, sino denostadas
por considerarlas como una situación cotidiana. La dificultad de definir la
historia cultural correctamente no está exenta
de un debate general entre sus estudiosos y sus difusores. El siguiente ensayo
es un esfuerzo por buscar acentuar el papel de la historia cultural y sus
principales enfoques, optando por mostrar su importancia a través de su
reconstrucción tanto textual como por medio de una herramienta pocas veces
utilizada por los historiadores: el cine.
1.
La
aportación de los nuevos estudios y métodos a la historia han permitido un
rejuvenecimiento necesario para su subsistencia; si hace algunos años Francis
Fukuyama daba por valido el fin de la historia partiendo de sus premisas
económicas y políticas, el remozamiento que sufre la historia cultural es de
agradecerse y se vuelve más complejo
aun si se analizan los caminos emprendidos
por su joven metodología. Esta necesidad
de la historia cultural por buscar nuevos paradigmas, ya fuese para superar los procedimientos de
la historia social o de la política, por medio del análisis y la comprensión de
los fenómenos humanos que controlan los pensamientos y las conductas han
generado una suerte de diversificación que tiende a reforzar la necesidad de
englobar su propia orientación; Roger
Chartier, y el grupo al que pertenece, ha erogado hojas y hojas dedicadas a
determinar que se entiende por cultura a partir de la historia.
El
termino cultura debiese entenderse como
la suma de obras y gestos de una sociedad que se ven reproducidos en sus
relaciones cotidianas al interactuar
dentro un espacio y tiempo determinados; pero este termino no es estático, sino
que va mutando con cada nuevo aporte que se va haciendo a su campo, al igual
que se van modificando los comportamientos humanos de los cuales se nutre para
llevar a cabo su misión.
Entonces
el estudio de la cultura en la historia se reconduce a partir de la
identificación de las prácticas sociales que se rigen por mecanismos, donde a
nivel profundo se identifican las representaciones como el factor determinante
para la comprensión del objeto de estudio de esta historia; este elemento (de
difícil identificación) se vuelve un
camino de transito lento para la labor de todo
historiador que se inicia en la reconstrucción del pasado, debido
principalmente a la difícil conceptualización de lo que cultura propiamente es
para la historia.
La
labor de Peter Burke en la cultura, nos muestra el giro
cultural que se ha suscitado al interior de las ramas
históricas; sin embargo también vislumbra que este acercamiento se ha realizado
a partir de la historia cultural de última generación, al tiempo que fuera del
ámbito académico se ha turnado el papel cultural para identificar toda acción
de ciudadanía. Es en este texto que Burke identifica los primeros intentos por
encontrar las raíces de una historia cultural, lo que le lleva a observar los
escritos de un Jacob Burckhardt centrado
en los propios objetos de estudio, más que en la búsqueda de métodos de
estudiarlos (cuestión que ha sido retomada en medida para revitalizar la
importancia de la historia); la reconstrucción de propia historiografía
cultural le lleva a reconocer el aporte sustancial de la tradición sociológica
por conducta de los alemanes para la definición de lo que propiamente se
pudiese entender por cultura.
2.
La
observancia de los vestigios materiales, dejados ya no solo por
civilizaciones extintas hoy sino por la
misma sociedad en su práctica común, se orienta a partir de dos vertientes: la
una analizando los restos no escritos y la otra por medio de las letras guardadas
como testimonio de los diferentes protagonistas del pasado.
Así
Peter Burke realiza el análisis de dichos materiales, los que le permiten la
reconstrucción de lo propiamente cultural; a su manera identifica el choque de
culturas, observando la transición de
aceptación de patrones de conducta de la elite a lo popular. Burke intentara
hacer una reflexión acerca de los avances de la noción de lo que es la cultura
o lo que se entiende por cultura, pero al igual que Ginzburg, su análisis lo
hace a partir de lo popular, por lo que la única conclusión posible a la que
llega es a la laxidad de un término que abarca demasiados aspectos a todo
nivel.
Entre
los elementos necesarios para hacer una mayor difusión de la cuestión histórica
se vuelve necesario un aproximamiento a las “nuevas” formas (aunque dichas
formas fuesen creadas hace más de un siglo); aunque se deben considerar ciertas
aristas para llevar a cabo su utilización. El cine puede ayudar a entender
algunas cuestiones que no siempre los
libros lo permiten; en este sentido la reflexión sobre la búsqueda de una
reconstrucción, partiendo de elementos materiales que estarían orientados a la
metodología de la arqueología, se pueden establecer los avances o
retrocesos de una determinada sociedad
buscando los símbolos y su representación por medio de lo visual.
Así podemos
observar en Himalaya (Eric Vialli, 1999) la dificultad de una tribu milenaria
por conservar sus tradiciones al tiempo que se enfrentan a la transición
generacional, es decir la relación del hombre con el hombre. Fernand Braudel
buscó mostrar la importancia de la cultura material asemejándola como la planta
inferior de una construcción mientras que la superior estaría conformada por el
aspecto económico; ambas distintas entre
sí a la par que estrechamente unidas.
3.
La
proyección de films que tienen como principal carácter mostrar aspectos
sociales que puedan servir en determinado momento como un testimonio; pero que
también pueden servir para ilustrar pequeños fragmentos de una sociedad cerrada
o minúscula inserta en un mundo mayormente globalizado, permitiendo observar
aquella otra microhistoria que no siempre ha sido observada; además de
funcionar como otro de los elementos que tanto Ginzburg como Marc Ferro
consideran como principios básicos para entender la importancia de lo visual al
usarlo como medio de la historia. Sommersby
(John Amiel, 1993) muestra pequeños fragmentos de la vida en sociedad que son
imposibles de poner por escrito (a
ejemplo baste la escena de las escaleras en el interior de la residencia de los
protagonistas reflejando la difícil reconstrucción de la sociedad sureña de los
Estados Unidos tras la guerra de secesión).
Este
tipo de historia en pequeña escala puede o permite ilustrar aquello que
difícilmente se podría observar si se mantuviese aquella vieja tradición
histórica de observar los grandes acontecimientos en las grandes capitales,
prestándole la mínima atención a las relaciones internas de sus habitantes. La
película, reelaborada a partir del Martin Guerre de Natalie Zemon, se
inserta en ese concierto de aspectos altamente detallados de una población
todavía hostilizada por las penurias de la guerra civil
Pero
no solo la reconstrucción de la historia se puede llevar a cabo mediante la
lectura de textos o la utilización de materiales que utilizara determinada
cultura o sociedad en su uso cotidiano, ya observamos previamente la
importancia de reproducir la historia a partir del cine, pero no la importancia
de la imagen como un documento propiamente dicho; con todos sus limitantes que
de esta tiene respecto a la labor de los historiadores: poca determinación a
saber leer y/o interpretar las pinturas o
las fotografías, la forma en que se elabora dicha obra (intención,
retorica, recepción, etc.), entre otras.
La imagen es utilizada como motivo de
encadenamiento de mensajes y tiene como principio básico la respuesta,
afirmativa o negativa, que pretende generar con respecto a la sociedad; al
tiempo que refleja sus propias actitudes. Burke reconocería la importancia de
realizar el estudio y análisis del estilo y la iconografía a fin de interpretar
los cambios que se suceden al interior de una sociedad.
Al
igual que las películas, las imágenes deben, y deberán bajo toda lectura, ser
comprendidas y analizadas partiendo de un entendimiento de su propio origen; situarlas
dentro de no solo un contexto, sino varios (político, cultural, económico,
etc.); obteniendo de ello una alteración que no siempre puede ser entendida por
los historiadores que por primera vez descubren esta clase de documentos para
llevar a cabo la interpretación del pasado. Tomemos por ejemplo la proyección
de la película Girl with a pearl earring
(Peter Webber,2003), en este film el tema central es la construcción de un
contexto (o una variedad de contextos),
que puede servir como un símil entre la labor que tiene que realizar
todo historiador para entender la complejidad de una imagen; el especialista no
solo deberá atender las características propias de la imagen (técnica,
composición o escuela) sino comprender el periodo en que fue elaborada,
comprendiendo los cambios estructurales que se daban cabida; pero entre estos
aspectos que hay que entender sobre la proyección, es que no se puede obviar la construcción de
estas obras desde una óptica actual.
4.
Existen
enfoques de la historia cultural que aun mantienen un sesgo de carácter primigenio (y que solo se pueden entender a
partir de las diferentes experiencias de carácter político a lo largo de la
región); la estructura política que se mantuvo durante largo tiempo influye de
manera gradual para que los estudios sobre dicha vertiente se mantengan aun ajenas
a la mayoría de la instrucción académica. Pese a ello no se debe desperdiciar
el análisis realizado por varios autores con respecto al tema y que permiten entender la forma en que se comprenden las
aristas en cada experiencia política. En este sentido se debe entender que cada
camino que se intenta analizar se pretende observar que toda política no se
mantiene estática y que se modifican con
cada contexto histórico particular de acuerdo a la forma en que las personas la
entienden y la llevan a cabo.
La
dificultad de estructurar una definición de lo que es la cultura política
requirió de un proceso de incubación que partió de los estudios y escritos de
Max Weber, el cual tuvo a bien insertar la noción de cultura (término que sería
ampliamente utilizado por los especialistas estadounidenses); pese a ello
la elaboración de conceptos a lo largo
de todos los estudios se han ido modificando permitiendo una reelaboración del
espectro de análisis de los elementos de política.
Nuevamente
el cine se hace presente en el análisis de esta vertiente de la cultura política
o la política como cultura; el análisis de La
Ley de Herodes (Luis Estrada, 1999), película mexicana que refleja el periodo de
consolidación de un sistema político plagado de vicios implantados desde arriba
y que se permea hasta los puntos más remotos del país; pero no conforme a establecer un punto
de comparación entre los remanentes políticos existentes durante su filmación,
busca sobreexponer una serie de prácticas comunes (algunas llevadas al ridículo
extremo, como por ejemplo la sustitución de las leyes de la constitución
nacional por dinero y una pistola) que se reproducían a todo nivel de la
sociedad, dado que esto era lo común. A este fenómeno hay que insinuar una
de las principales características de la
cultura política: el entendimiento y las prácticas comunes de la política por
parte de los grupos que no tenían acceso al poder, pero que irremediablemente
actúan y moldean su entorno de acuerdo a
esa política.
5.
En
esta renovación histórica que nos aportan los estudios culturales se hace
necesario encontrar el papel determinante que ha desempeñado a lo largo de la
historia la mujer, revitalizando su presencia en momentos no datados, haciéndonos
participes de que están allí como una voz que no ha sido debidamente
escuchada y que sigue aportando nuevas
realidades que se incorporan a todas aquellas que se reescriben día a día en el
ámbito académico. Pero va mas allá y refleja una nueva conciencia que va
dejando de lado la predominancia de aquella historiografía que solo habla de
“ellas” toda vez que participan como miembros ajenos de una sociedad; la mujer en este nuevo análisis ya no tiene solo
un campo de acción, sino que se encuentra viva en la construcción de su propio
camino, lo moldea y lo modifica según su propia necesidad.
Si
observamos el papel que desempeña la mujer en la historia que se reconstruye en
las múltiples películas que se observaron a lo largo del curso, se puede hacer
una lectura general donde los roles
femeninos se hayan presentes y representan diferentes modos de estructurar el
camino, no sabremos si al hacerlo los guionistas estaban conscientes de esta transición que la mujer ha atravesado. El cambio cualitativo
significante lo encontramos en la manera de actuar de los personajes de Verónica
Franco (“Dangerous Beauty” de Marshall Herskovitz, 1998) y el de Anne de Mountasieur (“Vatel” de Roland
Joffé, 2000) que pese a funcionar a partir de dos ficciones,
se ha sabido reconstruir de manera parcial la forma en que las damas de las
cortes fueron evolucionando al ritmo de
los cambios políticos de la sociedad europea.
Conclusión:
En
esta necesidad de recuperar el pasado, partiendo de los aportes de la cultura,
las palabras que retoma Ginzburg de Marc Bloch se convierten en una suerte de
mandamiento para todo historiador que pretenda innovar partiendo del uso de los
medias (llámese cine, audio,
internet, etc.), debe aprender a leer
las fuentes a contrapelo; esto es,
atender las cosas que no pretendía decir el autor de las fuentes y que inconscientemente se hallan allí. Esto
podría servir para atender el problema sustancial que Ginzburg encuentra en ese
método que si bien no es nuevo, si presenta una seria dificultad para que se le
admita como una suerte de paradigma en la construcción de la historia cultural
y social: el método indiciario. Este paradigma trata en una de sus partes de
observar el hecho histórico a partir de sus particularidades, pero tratando de
analizar los fenómenos históricos sin
caer en un conocimiento sistemático. Aun hoy no hay suficientes elementos que
permitan hacer un balance historiográfico que pueda servir para ahondar más en
este enfoque de la historia cultural.
8/julio/2010 SR
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