viernes, 4 de octubre de 2019

30 días

Escucho algunos perros ladrar. Quizá no muy lejos de aquí, han aparecido un par de bichejos que temerosos se acercan, olfatean o rasgan el aire con sus antenas y se preparan para darse el gran festín de fin de año, su fin de año o su condenada navidad anticipada, como si existiera un jodido dios insecto o rata que pudiera ser venerado en el día de su nacimiento. Con una pequeña clasificación existente para sus creencias. Acaso no están tan jodidos todavía y siguen adorando al gran dios Sol únicamente, porque lo ven allí y saben que si lo ven al otro día, estarán vivos para seguir subsistiendo. A base de porquería, o carroña. Peleando lo que puedan con las hormigas o las moscas que se reproducen a una velocidad alarmante. El mundo entero podría estar cubierto de moscas si no fueran capaces de morir tan rápido. He escuchado por días los lamentos de una sociedad inmersa en su propia desgracia, la mujer lleva casi 20 años pariendo, lo sigue haciendo. El más grande es una piltrafa, los tres que le siguen no son mucho mejores, todos amontonados dentro de un condenado cuarto que divide los aposentos de cada quien con una cortina, una para las chicas, otra para los hombres. La ultima para los padres; él un teporocho, ella una chismosa. No, no. Esto no debe ir así, simplemente debo hablar de la jodida vida que llevan todos los que estamos aquí. Parados, como si no existiera una salida real, como si todas las noches estamos condenados. De hecho lo están, pero se niegan a aceptar que sea así. La vida misma es una porquería, te levantas todos los días a las 4-5 am para llegar a trabajar por un sueldo de mierda que ya no alcanza para nada, bebes cuando puedes, cagas siempre que se te antoja en los baldíos cercanos a este hoyo infernal. ¿Has visto lo que sucede? Todos los días hay muerte, todos los días demostramos que estaríamos mejor si una bomba nuclear nos cayese. Extinguiera la vida misma, dejando nada, un yermo vacío, que no fuera capaz ninguna raza o especie de volverse a encaramar como la jodida dominante. Que apareciera un monstruo mitológico y devorara el universo mismo. Por lo menos la galaxia, dejando que el planeta se consumiera con la noche eterna. ¿Cuántos días tardaríamos en morir si el sol se extinguiese? Quizá el frio de la inmensidad fuera el castigo necesario para toda esta porquería de existencia. Dos días, hace dos días que perdí la cuenta de las noches que llevo aquí. No recuerdo tampoco la razón o el motivo por el cual lo hice. Es probable que lleve más de un mes colgando de la viga, únicamente se sacude mi cuerpo cuando hay temblores, pero estamos tan lejos de uno que ya nadie puede siquiera imaginar que el ruido de una soga alrededor del cuello, sujeto a una trabe mal cimentada es lo que les impide dormir. Sé que les cuesta conciliar el sueño a todos esos bastardos que habitan en la parte inferior, porque así debe ser. Algo que les recuerde que la vida se compone de más cosas que lo que siempre deseamos ver. No tenía un buen final lo que se venía. Mi mujer de más de 8 años se había ido con otros, plural. Así lo deseó, así lo hizo y no se detuvo siquiera a ver los pedazos que dejaba atrás. Pero no estoy aquí por ella, de hecho poco me importo, estaba más concentrado en quererme coger a la compañera de las cajas. Y ni eso, en realidad quería la emoción que eso me pudo haber aportado, daba lo mismo si hubiera sido con ella o con un jodido eunuco, todo lo que me importaba era que se sintiera algo dentro de mi cabeza. No lo conseguí, y termine por colgarme de una viga de este lugar que infinitamente será mi sitio de descanso, espero que los pobres imbéciles que vengan a rentar tengan por lo menos dos dedos de frente para no procrear más mierda para el universo, como si fuera necesario que un par de mozalbetes con granos en el culo se sentaran en mi mierda. A veces desearía que no fuera todo como un jodido espectáculo, estoy seguro que el día que alguien venga, habrá cámaras, hombres y mujeres asomándose por alguna rendija, tratando de recordar el quien jodidos era el fiambre este, aunque ahora este negro y lleno de gusanos y mierda y media, lo cierto es que la descomposición vende. Si no, vean a los gobiernos que hemos tenido, me caga la política, casi como los implantes de mi mujer, la dotaron de una seguridad que antes no tenía, que me había encargado de soterrar. Pero véanla ahora, el condenado centro de atención, apenas 32 y el mundo se le viene encima, o medio mundo por lo menos, o cuando más los jodidos compañeros de trabajo que comenzaron a alejarla de mí, aunque en gran medida yo lo hice, siempre encerrado, siempre pensando en colgarme de una viga que ni siquiera el puto edificio sostiene. Es un edificio construido con las patas, como si el que lo hubiera hecho deseara vengarse de la gente que aquí vendría. Su venganza épica con un cementerio lleno de cadáveres frescos. Nadie más ha muerto, nadie se quiere condenar a que una vez muerto, su eternidad sea aquí. Pero heme yaciendo debajo de la condenada viga que se dobló un poco, lo necesario para que la agonía fuera tan lenta e insoportable como lo fueron los 14 días antes de que me decidiera, lo he dicho antes, hace dos días que no recuerdo la cantidad de días transcurridos, uno deja de tomar en cuenta esas cosas, se centra en lo importante, en contar las cucarachas que aparecen atraídas por el olor dulzón que nadie más nota, o que les importe siquiera, no recuerdo que fue lo último que comí, tal vez unas buenas garnachas o la mierda ¿Qué importa? En realidad lo que estaba haciendo tampoco tiene sentido, me llamaba… y mi mujer me dejo por otros. Tenía un empleo mediocre, una vida mediocre y no la culpo por haberse marchado, empezó como todo lo que terminara mal. Pero sobre todo sin que me diese cuenta porque en realidad, y como ya lo mencione arriba, no me importaba en lo más mínimo, seguro la perra se creerá que lo hice por ella, debí dejar una nota, donde dijera: ojala te contagien las ladillas, no quiero que muera, sólo que sea incomodo por un rato, que le contagie los bichos a algunos imbéciles y sobre todo que le dé una condenada vergüenza ir a que le receten una crema para tratar esa mierda. Algunas veces las mejores ideas no son remediadas con la muerte, sino con las vergüenzas que te tienes que cargar por siempre. Pero eso no importa realmente, las ratas no se impresionan con esas historias, las muy bastardas se antojan y se relamen pensando que pueden tener un pedazo, ansían a que algo caiga y les dé la oportunidad de tener dicho banquete, algo así como que lo han intentado, basta ver los dos hoyos existentes en mis zapatos. ¿Quién en su sano juicio se cuelga usando zapatos? No se me ocurrió quitármelos para que las pinches ratas tuvieran un festín suculento con mis desperdicios. La peor idea es hacerlo de día y sobre todo debajo de láminas de asbesto. Eso recubre mucho y te indican que eres mediocre hasta para hacer lo último en tu condenada vida. Mis compañeros de trabajo me tenían por un loco, no porque realmente les diese ideas acerca de quién era, sino porque no hablaba con ellos, no jugaba con ellos, no bebía con ellos y no parecía un condenado a muerte por los años que vinieran, atendían en mi mirada la decisión de que no importan los años buenos, puedes cometer una locura, en su cabeza diminuta, sólo porque tienes unas ganas terribles de que todo acabe. Pero al final sabes que no acaba, que sigues aquí oyendo la misma mierda, aunque que ya no puedes hacer nada para evitarle. Me hubiera gustado dejar una nota donde culpaba a alguien para ver como se lo cargaba la chingada, aunque en realidad no tenía a nadie que odiase tanto, requiere demasiada energía odiarles. Prefería ser un fantasma más. Una pequeña mota en el viento que se mantiene a flote por alguna casualidad ¿no somos eso todos al final? Algunos con mayor duración que otros, pero todos tarde o temprano vamos a terminar por caer. Lamentablemente no tengo la menor idea de quien me descubrirá, o la cara que pondrá cuando lo haga, igual y es tan cobarde que no se atreve a mirar mis ojos vacíos, donde alguna vez existió vida, o quizá se atreva, y se haga una foto que le acompañe para presumir. Quizá sea la niña chica, para librarse del estigma de ser bonita y tener que huir de los futuros traumas que le causaran los toqueteos del borracho de su padre. O el niño que tiene un labio hendido, que igualmente es abusado por el mendigo hermano mayor. La vida es una mierda, no tenemos más escapatoria. Quisiera que no estuviera tan escondido este lugar, pero hasta para el suicidio me contente con lo poco que podía aspirar, o que quise. Las noches frías han dejado de existir. La noche eterna es una quimera.
 
SR Invierno 2019