Había una botella vacía de whisky bajo la cama, ahí estuvo durante casi 3 años, sin tocarse, el maldito polvo se había acumulado de tal forma que la etiqueta y el borde estaban irreconocibles. Es uno de esos lugares a donde nunca te planteas voltear, porque le tienes miedo a lo que ahí se encuentra. A lo que mora en cada uno de los tragos que evidentemente lo despiertan. Un tipo correoso y lleno de cicatrices en el alma, quizá no la tenga, pero le gusta fanfarronear con ello, era un condenado a muerte pero sin el ánimo de buscarle. Indeciso durante gran parte de su vida y con una tremenda irresponsabilidad. Le diste un golpe una vez, te lo regreso y se volvieron amigos inseparables, lamentablemente murió una noche, ahora vuelve como un condenado cadáver que quiere a toda costa renacer, ocupar el mundo terrenal para volver a colocar el mundo patas arriba.
Lo escuchas arañando las paredes, es poco factible que logre entrar, es concreto sólido, llevan muchos años ahí, casi has perdido la cuenta, lo poco de cordura que te queda tras la mierda que ha pasado, no es que sea muy coherente. Calculas unos 14 o más de años desde que todo comenzó a irse muy rápidamente al diablo, contrario a lo que se crea no eras ni más remotamente feliz por aquel entonces, estaba cansado, quería morirme y a veces me preguntaba por qué no hacerlo, ya no conocía a nadie en este mundo, todos se habían ido, algunos más cobardemente que otros, pero sin detenerse, nunca he entendido por qué no lo he hecho. Estoy viviendo horas prestadas desde hace mucho, creo que es el subidón de adrenalina que impide que mi corazón se detenga, curiosamente mi padre se fue de eso, todos los viejos se iban de eso, era sinónimo de que eras un jodido varón de cepa. No valía para nada irse luchando o aferrándose a la vida, para ellos, lo que ha pasado los últimos años sería peor que la idea de quedarse sin cerveza.
Le disparé en el rostro a mi mujer, no tenía ningún sentido dejar que viviera toda esta pesadilla, no la odiaba, pero mucho menos la amaba, mis hijos eran insufribles y no entendían que la vida es una porquería, su madre se los había inculcado, todo lo que saliera de mi boca era mierda. Mejor seguir así. No supe cuando murieron, quizás un par de meses antes de que encontrara a su madre, no los busque tampoco, quizás nunca reciba el premio al hombre del año. Pero ahora estaba en aquella casa que durante tantos años me sirvió para ocultarme cuando era necesario, cuando mis padres me ayudaban a no hundirme. Quizá mi madre se sentiría orgullosa de ver como sobrevivo. Que sigo odiando bañarme, y que no he sido un santo ni mucho menos. Lo más probable es que mi padre solo me recriminara una cosa: no haberme muerto aun de un condenado infarto. Directo y sin escalas a tierra calacas, bueno, a donde quiera jodidos que vayamos cuando despertemos convertidos en esas mierdas.
El condenado whisky sabe mejor de lo que recordaba, me sentía como imagino que se sentiría un eunuco si le volviesen a funcionar las bolas, dos o tres tragos después, maldije no poder estar viendo el caos en que estoy metido. Seguramente para estas horas del ¿día? ¿Noche? Ya tenga ahora si los números suficientes para que en la rifa de muerte me saque el premio gordo, quizás sea peor y siga viviendo otro día para tener que soportar una cruda más, la primera en muchos años, aún recuerdo la noche en que volvía de beber, antes de que todo se fuera al garete, trabajaba tan cerca que podía ir en bicicleta, el único imbécil que lo hacía. Pero alguien pago las rondas de cerveza, no recuerdo cuando me caí, el dedo fracturado, solo que al día siguiente me dolía tanto la cabeza, la garganta y el jodido dedo. Ahora comprendo que me había peleado y algún imbécil me quiso ganar. Yo, que he sobrevivido más que cualquiera y que ahora bebo un jodido whisky sabroso, no iba a ser derrotado por un sujeto que usaba bermudas y calcetines tan cortos que eran invisibles. No sabía de modas, simplemente odiaba a esos bastardos que tenían la complexión física para verse bien en bermudas. El bronceado perfecto. Le revente la cara, le atice un golpe en el pómulo izquierdo, le rompí dos dientes, me hundí en el alcohol. Había vuelto a ser el mismo, el sol salía de nueva cuenta. Por última vez.
Al parecer serán mis últimas líneas, quizás sea necesario salir a buscar al hijo de puta que ha dejado entrar a mi amigo, no sin antes terminar con ese hijo de perra. Su madre era buena, no merece el calificativo. La señora nunca tuvo oportunidad, llego su nieto o nieta y la jodio. Lo vi todo, la sangre, el condenado griterío, nadie atinaba a nada y la señora me miró con los ojos de la muerte. Nunca lo había dicho, no hubo funeral, no hubo entierro o música de banda como quería mi amigo que funcionase. Luego no hubo luz, nada, todo al carajo, le abrí al grifo del agua de los recuerdos, creo que eso significa que voy a morir, espero que lleguen en el momento justo en que le dé el último trago a esto, sería la mejor forma de irse, exceptuando quizás el morir de viejo y rodeado de tus seres queridos, lleno de paz y tranquilidad y no con la incertidumbre de cuánto tiempo sufrirás hasta que se paren tus funciones, que veas y sientas como desgarran tu piel y sea un océano de sangre. Abrazo el optimismo porque las noches eternas sean mejores que el jodido día que me ha tocado enfrentar, quizá muera sin haber resuelto la verdad de que jodidos hacía aquí, pero al menos me fui con una botella de whisky.
SR Primavera 2019