lunes, 2 de marzo de 2020

Las ganas de hundirme en el mar y no regresar

Pablo, se llamaba Pablo algo, era un viejo rechoncho, debía andar cercano a los 80, aún tenía la vitalidad para moverse por aquella zona llena de casas vendedoras de azulejos y toda la mierda que podía servir para un baño. En eso había trabajado desde que tenía memoria. Se sorprendió cuando le dije que si quería un pulque.

-¿de qué putas hablas pendejo?
 
Le explique que quería escribir una historia sobre un hombre que estaba en busca de un último trabajo fuerte. De esos que te dejan un dinero suficiente para hacer mierdas de una hora por el resto del año, pero en este caso, a sabiendas que podría morirse mientras se repantigaba en el baño de una familia medio acomodada.
 
-¿eres puto?
 
Su cara parecía un poema de desconcierto, no entendía porque un tipo que a leguas se veía que no podía hilar tres frases seguidas sin tomar aire o poner una pausa, se pudiera dedicar a pegar pequeños párrafos de mierda. Le asegure que no me interesaba en lo más mínimo su culo o que me la chupara, podía contratar una putilla más barata en algún lugar cercano a Tlalpan. No acepto de primeras, parecía que estaba consciente de que podía ser un truco para robarle los órganos, si es que me interesara darle a un hipotético cliente una media de vida de 3 meses.
 
-vamos pues.
 
Caminamos sin apenas hablar, acaso para preguntarle un par de cosas sobre si le gustaba el curado. O si prefería los de ajo. No hablaba mucho, monosílabos. Antes de empezar a caminar las cuatro calles que nos separaban de la pulquería, encargo su pequeño letrero que rezaba “se hacen trabajos de mampostería, pego azulejos y loza”, el tipo a quien le dio tal misión era casi de la misma edad, ya volvería por él algún día, tal vez si las razones que me daba el viejo no me satisfacían para mi historia. Pero henos ahí que habíamos traspasado las puertas abatibles y pedí una cubeta. No le quise decir que más allá de la necesidad de querer saber sobre su oficio, quería beber con alguien, la última vez me había sentado solo atrás de una rockola y mientras todo el mundo bebía y disfrutaba, yo estaba hundido en los recuerdos de las malas cosas que habían pasado a lo largo de la relación que 
tenía con aquella mujer.
 
-¿no hablas mucho?
 
Le dije que no me interesaba contar mi historia, que estaba jodido con ella. Quise saber sobre su vida. Que lo arrastraba a ese agujero del mundo donde salía a beber con un completo extraño que aseguraba ser un jodido escritor, aunque más bien tuviera pinta de policía corrupto.
 
-la vida es dura chavo, tuve todo, viví de todo, hijos, nietos, creo que un bisnieto. Muchas mujeres, mi esposa me sigue escogiendo la ropa todos los días, una dieta mustia, un café que viene en un frasco raro que no se pronunciar. ¿Quieres que siga? No termine la secundaria, no recuerdo siquiera si la empecé. Probablemente no, no recuerdo donde la hice, pero sé que éramos de arriba de Toluca, Atizapán o por allá, hace muchos años que no voy, ¿a qué? Ya ni vive nadie que conozca; mi madre, que dios la tenga en su santa gloria, se murió hace casi 40 años. Todavía vivía mi hermano Eustaquio, pero ya murió hace 20 o 15. Sus hijos no me querían, éramos como perros, nos pegábamos duro, tengo un buen gancho. Hace muchos años que no me pego con nadie, la última me quede ciego unos días, desprendimiento de ve a saber que mugre. La doctora se sorprendió cuando volví a ver. ¿Para qué? ¿Para ver unos hijos que golpean a sus esposas? Hijas que viven de caridad. Todos los domingos voy a misa de 7, no sé lo que es levantarme tarde, ese es el problema de estas nuevas gentes, les gusta dormir hasta medio día y cuando despiertan ya todo ha pasado. Nadie te contrata porque creen que te vas a morir en su maldito baño de 2x2. Y lo han hecho. Ha pasado, había un buen amigo que se llamaba Gonzalo, Gonzalo Jaramillo era su nombre completo, se murió hará 3 o 4 años, a su velorio fuimos dos personas, sus hijos no lo querían, se había separado hace casi 25 años, todos son puras fechas del pasado. No sabemos vivir en el presente. El día que vi que podían verse las caras mientras hablaban por teléfono sentí que me volvería loco. ¿Sabes? Ya no sé porque vivó. Y aquí estoy, bebiendo pulque con un pendejo que me lo ha pagado. No te ofendas amigo, pero nadie regala nada, si de algo estoy seguro es que la gente se ha vuelto más mala con los años, hace poco vi como acuchillaban a uno de las tiendas de ahí, porque no traía más que 50 chavos. Dices: ¡que pinche mundo! No me gusta vivir con tantas groserías pero se aprenden; a veces, cuando todavía podía, les ayudaba a los de la tienda de ahí a cuidar, medio vigilante que no aparecieran los que roban. Pero luego contrataron a un señor todo embravecido. Juvenal, ¿sabes que es buena onda cuando acaba el turno? Saca los marlboro. Ya casi no fumo, uno en la mañana y otro en la noche. No más, me operaron de un pulmón hace años, 10 creo. Todavía trabajaba con seguro. Luego me corrieron, o nos jubilaron. Éramos puros abuelos ya, toda la gente creía que nos íbamos a morir ahí dentro, no nos dieron chance. A nadie lo quieren enterrar rodeado de gente, luego te odian tanto. No les gusta que les recuerdes que se van a ver así, que es imposible evitar su futuro. Éramos 4 viejos, Arnaldo, que vivía en el sur, ya murió. Camilo que era su compadre se fue y no sabemos si vive o no. Luego estaba yo, que era el más chico y Gutiérrez, él era muy buena persona, todavía lo veo de vez en vez. Nos juntamos a jugar dominó. A ver la tarde de los domingos como todo se va, a veces otro día, no siempre podemos huir de la vida que seguimos teniendo. Ya no escucha muy bien, algo con un cohetón en una procesión. Era muy religioso, casi un santo, de esos que se saben la vida de todos los importantes; a veces lo dejo ganar solo para ver como esboza su sonrisa y se persigna, todos debieran poder decir eso de las gentes. Vive ya solo, su hijo más grande se murió hace un año o dos, ya era grande, pero le dejo a su nuera y a los nietos que no lo visitan. Lo tratan como un mueble, por eso creo que solo es feliz con sus santos y con los pequeños triunfos del dominó. No te he dicho nada de como hago mi trabajo ¿verdad? Llevo un banquito, y voy pegando uno a uno. Sudando como un condenado. Los cortó primero y les voy dando orden, todo aquí arriba ¿sabes? Me enseñó a hacerlo un señor que era muy grosero. Bien pinche grosero y borracho. Nunca he sido un borracho, pese a que tenía muy buenas influencias para serlo, pero ese señor era muy bueno, él fue el encargado de poner la loza del Regis. ¿Sabes cuál era el Regis? Era un hotelote que se cayó en el 85. Pues ese señor le puso el azulejo a todos los baños, le había quedado bien bonito. Y lo recomendaron para otros hoteles, pero era bien borracho. Muy borracho; llegaba, pegaba una línea o una hilera y se ponía a tomar, tres días le duraba la tomadera, luego lo veías pegar y pegar sin descansar para quitarse la cruda, hacia cosas maravillosas y todo lo empezaba aquí arriba. Le daba durísimo al frasco, y tenía un montón de pegue. Era bien chingón para las chavas. Ricas eh, no sabemos si era por su afición a cantar o qué, pero traía luego unas jovencitas que hasta daba miedo porque parecían ya sus hijas de tan chicas que eran. Y luego que llegaba, pum pum a pegar y agarrar el frasco. Así me enseño él, pero no aprendí a tomar como él, quizá ya estuviera muerto ahorita. No vivió para ver el terremoto, yo vi cuando se cayeron tres edificios pegaditos, corrí y nos aventamos un mes en eso. Nos pagó el gobierno para sacar por atrás los muertos. Los últimos días el asunto ya apestaba horrible, un olor infernal. Una de esas cosa que no se te olvidan pese a que te venga el alzhéimer o como se diga. No me gusta mucho el pulque, prefiero la cerveza pero sigo creyendo que es más por la baba. Y por la panzota. A mí se me hace una panzota como de caricatura. Le aprendí todo a ese señor. ¿Sabes cómo se murió? Le dio una embolia mientras conducía un camión grandote, no solo se llevó como 10 carros, sino que echó a perder la chamba que traía. Salió en los periódicos. Muchos años ya. Sigo pensando que no le fue mal en cuanto a todo lo que podía haberle pasado. Hay gente muy vengativa. Hay gente que prefiere ver que se quemen las cosas antes que compartirlas. Me gusta este lugar, luego vienen unas muchachotas bien güeras, de esas que traen unos shorts que parecen calzones. Y quemadas por el sol, parecen camarones recién pelados. ¿No hablas mucho verdad? Que me dices de tu vida, como carajos te dedicas a escribir mierda sobre la gente, ¿las imaginas o realmente sabes de que hablan? No puedo imaginarme una cosa más inútil, sin ofender, que sentarte tras una máquina de esas y escribir sobre alguien que no conoces. ¿Para qué? ¿A quien le puede interesar la vida de un viejo, o de un muchachillo? ¿Me dijiste tu nombre? Te he visto antes, creo. Tienes una cara que no es fácil olvidar muchacho, como de perro. Bueno, sin ofender, como no sé, mi señora diría que tienes mala estampa, pero hablas muy poco, pareciera que siempre quieres decir más. ¿De dónde vienes? Tienes pinta de norteño, pero no, quizás por ahí de Guadalajara. Escritor. Que cosas inventan.
 
SR Primavera 2019