Notas desde la anforita IV
Cada que escribo o pienso en este título no dejo de sentir que es una serie de malas continuaciones. Algo finiquitado desde la primera entrada, aquella que invariablemente convirtió el blog en un asunto más personal, arrojando luz (si es que no había quedado demasiada ya evidenciada en los otros textos) sobre todo lo mío. Cada renovación es más complicada, está no es distinta; en medio de todo aparece la experiencia que cambia todo, luego está el regreso a la escuela y finalmente mi cada vez mayor alejamiento del alcohol y las personas. Me estoy volviendo un solitario, evidente para mí y para todos los demás.
Es el camino.
Pues no queda más, mejor es dejar que el resto de las palabras hablen por sí mismas. Salud.
***
≤Empiezo esta nueva libreta, amparado en la aureola de una cerveza helada, que ha dejado su marca en la historia, que a partir de aquí será escrita, violada, abandonada y todo eso que me provoca verle partir.
≤porque si no lo hago así ahora, será más doloroso después, como si te arrancaran del corazón una parte, una fracción entera y la entregaran al dios del dolor.
≤ideas cada vez más cortas, sin un verdadero trasfondo, ajenas a mi voluntad, al día, a la normalidad del miedo y la desesperanza.
A un mismo tiempo parece inequívoco que todo vaya hacia ello.
Cada derrotero va plagado de dolor. Dolor y negación.
≤y el arte de autodestruirse es sinónimo de aquel golpe que se siente al comenzar a bajar el whisky barato o cualquier mierda que consigas esconder de la vista de cualquier persona con esperanzas y metas jodidas un domingo por la noche, mientras el silencio repta por las paredes del infierno de mente que te cargas.
≤años atrás en este lugar aunque no parezca, me debatía en la misma incertidumbre que ahora afecta a otros. Los riesgos, los caminos sin retorno y las formas de afrontar todo –o dejar de hacerlo- te vuelven de cierta forma. Nunca he dejado de presumir aquella noche, pero igual que otros, me imagino que ahogarse en tu propio vomito no cuenta como logro en la vida o quién sabe?
≤e inevitablemente existió el momento justo, cuando comprendí ese atisbo a la sonrisa de Teresa, a la vida que no fue allí; y sobre todo a mi apego incondicional a seguir bebiendo, aunque esté muriendo.
≤la poesía me da franca hueva, nunca he encontrado el mentado camino ascendente que vanaglorian los exquisitos. Tal vez se deba a mi mente simple, carente de doble fondo y literal a muerte. Tal vez sea porque soy lo suficientemente idiota que aparento lo contrario.
≤Como si de repente su sola mención valiese la pena seguir insistiendo, como si el que liguen ambos nombres en una oración acabase con los tormentos del pasado, con los errores finiquitados de golpe y apabullados ante la aparición de los dos en un conjunto. No existe nada.
≤y apreciaba los cantos llenos de licor, salpicados de sangre a litros que escurren barbilla abajo, en los muslos, en la piel, en la noche; en retornos imposibles que abrasan lo que tú y yo somos. Al final todo intento se vuelve en tu contra. Te escupe y defeca tus emociones. Al último avanzas a palo ciego.
Dejando las entrañas atascadas de mierda, orina, la vida entera arrasada por tus mentiras, tus opciones de seguir vivo.
Poco menos que incorrectas frases que terminan en la cara de alguien más.
≤va a llegar el momento en que seas tan ciego como lo has deseado toda tu vida, incapaz de salir más allá de tu nariz o tus pesadillas.
≤ no me sorprendería haberle matado a él también. Digo, lo he hecho con todos los anteriores.
≤siempre estoy en pos de frases que denoten el sentir de muchos, la mayoría de las veces solo expulso mi odio general por la vida.
≤Es probable que mis equivocaciones partan de un síntoma inequívoco de querer demostrar que yo solo puedo contra todo.
≤ciertas historias fluyen con tal parsimonia que pareciesen estar encontradas en el trasfondo de mi cerebro. Otras van lentas y poco claras, limitadas por el ritmo espeso y nebuloso de lo que hay ahí. Al final solo sirven para que comiencen los golpes y los golpes a muchas ideas preconcebidas. Ojala fuese así para todo.
≤tu serás por todo lo que luche toda la jodida vida, hasta que incluso respirar parezca imposible o lo sea. Que prácticamente me sea indispensable seguir vivo sino estoy luchando por ti, para que juntos en un futuro podamos voltear a vernos como iguales, como 2 jodidos seres tan fuertes que los dioses tiemblen ante nosotros.
≤hubo un tiempo en que todas las mañanas me levantaba pensando y preguntándome el por qué seguir vivo.
Odiaba el universo,
Odiaba al hombre,
Detestaba los jodidos
Trinos de las aves.
Alucinaba el respirar del viento,
De la risa contagiosa de los
animales.
Quería que todos se esfumaran
O en su defecto, implosionasen
Dejando una mancha
De sangre y tripas donde
Antes hubiese una
Vida.
Los quería muertos, luego un idiota en un consultorio lleno de levanta egos/penes, me dijo que a quien realmente quería ver muerto era a mí mismo. No lo negué, pero de igual manera le dije que tan solo imaginar que sus padres me jodieron haciéndole venir al mundo, ya era suficiente castigo. Que más probable, estuviese ya muerto y esto era la condenación eterna.
≤tenía 28, tal vez 29, me gustaba una hembra que amaba a mi amigo, era una tremenda mujer, yo un idiota con cara de no saber qué hacer con una mujer, pese a todo estaba casado. Era tal vez cierto, me metí a un sitio de baile, mujeres decadentes lejanas de las fantasías que la televisión me había vendido. Marcas de cesárea y de operaciones rápidas y dolorosas de senos. La música una mierda y la cerveza barata, tan jodidamente barata, era el sitio idóneo para dejar el recuerdo de sepa la bola el nombre. Baile privado y una mierda: era un faje en toda la extensión; senos de silicona, aliento a cerveza y pepermint de yerbabuena, cigarro y el jabón desinfectante. Tres o cuatro movimientos pélvicos y estoy fuera. Me dice que quiere beber, yo también, respondo. Sin embargo le digo que aun cuando está muy buena no sabría qué hacer con ella, me mira con la misma aprobación que alguien checa los resultados deportivos al día siguiente, nos damos un apretón de manos luego, ella coge el corpiño blanco bendito de un costado del sillón de piel ficticia.
15 minutos luego me congelo el trasero sentado en la banqueta, sin los tacones se ve diminuta; me dice: por aquí, un auto hermoso, negro y viejo, no acabado. Un lujo para alguien como ella; arranca suave, tres velocidades y la música de algún viejo jazzista sale de las bocinas, mientras me pierdo en el terciopelo de los asientos. Rojo, igual a sus labios. Se mezcla el sonido del motor, de la música, todos flotamos, la calle, el auto, la chica, mi autoestima. Las señales de la calle parecen acompasar el ritmo de la conjunción, parecen todos ahogados, inmersos en líquido amniótico, se dan por todos lados pequeños ritos nocturnos. Una parada: gasolina, una botella, y las miradas necesarias a su trasero por parte de todos los que tenemos ojos. Ella paga, y volvemos al barco que flota entre nuestro silencio; ahora ella, la otra, la que duerme con mi amigo, esta rendida a sus pies, a su alma, le besa todo aquello que queda visible y lo invisible lo ama con locura, son jóvenes y hermosos, yo soy un tipo corriente que bebe con extraños en viejos autos de color negro.
425 caballos de fuerza después llegamos a su pequeño departamento, 3 pisos arriba de la calle, apenas cabemos ambos en el umbral que separa la puerta de las escaleras y del universo. No hablamos nada, el viejo portero inclinó la cabeza mientras ambos nos deslizábamos todavía inspirados por el motor ronrroneante. Enciende las luces de su hogar, nada fuera de lo ordinario, no esperaba que hubiese un salón privado dedicado exclusivamente al sexo, pero tampoco que uno de sus cojines tuviese flores bordadas. 3 o 4 focos son incandescentes, se descalza luego de sacar un par de vasos de vidrio de la pequeña alacena que se haya cubierta de pequeñas figuritas. No es su casa, no puede vivir de esa manera, sin embargo las fotos de las paredes demuestran que ahí ha vivido toda su vida, llena de recuerdos de una infancia menos complicada. Aparecen dos gatos, ronronean mientras trato de alejarme en busca de un cenicero. Son hermosos los felinos, orgullosos y de color adecuado para combinar con la pintura de la estancia. Abro la botella, luego de acércame una silla donde me siento pesadamente, sirvo en el primer vaso y ella trae un pequeño estéreo. Pone un disco, azul, pequeñas notas que se van acrecentando con cada segundo transcurrido, la trompeta coquetea sexual y dulcemente con el saxo, bajo y batería corretean en un cuete lunar. Todo calma cuando el piano aparece y ella se hunde en el sofá contrario a donde me he depositado. Apenas toca el suelo con las yemas de los dedos del pie. Bebemos en silencio mientras la figura que habían creado trompetista y baterista es desnudada por la irrupción de los arpegios del saxo. Hay fuego en los oídos, tenue, poderosamente relajante pero sin llegar a ser somnífero. Comienza a cerrar los ojos dejándose llevar por el sonido.
Coge la botella y le quita el plástico represor; Bebe, con fuerza como si en el trago pretendiese olvidar que está aquí, con un extraño con cara de no saber que jodidos hacer con la vida.
Me pasa la botella y bebo como si al hacerlo pudiésemos condenar a los abismos a aquel demonio. Mueve un poco, solo lo necesario su cabeza, al ritmo de la música, luego en pequeñas ondulaciones de los hombros su cuerpo le secunda. Estira la mano con los ojos cerrados, la música la lleva lejos, a una realidad donde ambos somos amantes, o igual en donde la sala de color ocre se vuelve un valle de algodón, de sangre. Su pequeña sonrisa de satisfacción se pierde, se ahoga con el líquido que corre garganta abajo. Sigo su ejemplo y me dejo guiar por la música, me descalzo y siento la calidez de la alfombra, pero no soy ni remotamente tan gracioso y delicado como ella, soy torpe, apenas con un poco de chispa que me otorga el vino. No uso calcetines, las uñas de mis pies son largas, sucias y el olor comienza a ascender, mas ella sigue el ritmo. El vino comienza a cortarnos las ideas, nos funde en una sola conjunción de carácter, el bum, bum del tom- tom escampa y aunque intento furiosamente seguir el llaveo que alguien hace en la trompeta me es imposible, sus notas, el sonido, la agilidad de los dedos se van volviendo parte del muro de sonido. Apenas me permito abrir los ojos, sus pequeños pies rozan los míos, fríos y delicados son los de ella. Pareciese que en el invierno debe usar calcetas para dormir.
Bebemos vodka, con un ligero toque de alguna mierda. Los siguientes tragos hacen todo, nos volvemos un par de niños ebrios que no albergan ninguna malicia hacia el otro o hacia el mundo.
****
Lo repetimos un par de veces al mes, a veces ella iba a mi casa, o yo me acercaba a la de ella cuando no bailaba. 3 o 4 veces al mes nos juntábamos para beber, siempre a escondidas del jodido entramado, con jazz en la sala, era una compañía que no requería hablar, sin sexo, sin malos rollos. A mi mujer no le gustaba, pensaba que era una engatusa bobos; la chica tenía novio, tampoco a él le pasaba, me consideraba otro de esos degenerados, que solo querían meterse entre las bragas de la mujer, que pensaba beber el alcohol directo de los pechos siliconados.
El fin llego más pronto de lo que ambos deseábamos. Ella se comprometió al tiempo que a mi mandaban al cuerno, Belcebú jugaba a los dados y a mí me judía siempre. Pero ella no cejaba en advertirme que una amistad afincada en todo aquello que desaparecía o se desvanecía, duraba menos que una botella en la albacea de alguien desintoxicado.
No he vuelto a ese sitio.
≤ tenía el esqueleto de cientos de ideas. El resto estaba disuelto en alguna tumba perdida en el norte.
≤hay días buenos, hay días malos. Lo que sucede en ellos te permite salir otro días más y no dejarte vencer.
≤alguna madrugada hace años me sentía igual de desesperado, confundido, lleno de ira y rencor hacia el mundo. A cada ser viviente le deseaba lo peor mientras el dolor de cabeza iba en aumento.
≤me gusta la desgracia ajena, como un sentimiento de superioridad malsana. Tal cual el sentido más ruin.
≤la mayor parte de las ideas decentes son mezquinamente fugaces, tal si existir más allá de lo necesario las convirtiese en letras innecesariamente unidas por la rutina.
≤falte a mi palabra de envenenarme sólo con aquellos que mi cadáver les pareciese parte de la decoración del sitio. Que nadie reparase en lo que hacía allí.
≤tocaron mi hombro 3 veces, apenas los sentía. Pero el “oye!” que resonaba entre los cascos de cerveza y otros tantos de refrescos me acabaron de despertar. Era hora, casi cuarto para las cuatro de la mañana, quedábamos unas 8 personas, de las cuales 7 limpiaban o recogían el tiradero. No era un salón grande y sin embargo las bolsas negras se apiñaban en la puerta que daba hacía la bodega. Comida, vasos rotos, mugre y media, así como las cosas perdidas que terminaban en las bolsas de plástico con destino al contenedor gigante que era recogido religiosamente los lunes en la madrugada.
Debía ser la 5ª fiesta en la que me dejaban entrar, mi chica era la gerente de ese sitio y se dedicaba a rentar y organizar las reuniones infantiles o juveniles que normalmente eran las que ocupaban las fuerzas de casi 20 personas. A veces bajaba a beber conmigo, un trago o dos, luego desaparecía tras la cortina y ascendía hasta su pedestal detrás del muro de bocinas. Le gustaba el ron con hielo y coca. Me sentaba en la mesa y bebía mientras ella buscaba hielos, botellas, payasos, cornetas, flores, el fotógrafo, la música, la mierda encima que usaban en los bailes, viagra, condones, cerveza, vasos, confeti, un pastel no demasiado azucarado, una fuente de chocolate, pelucas, tequila, la silla para los bebes, y al final cuando todos se habían largado, quedábamos ella y yo. Muerta la chica, jodida por otra velada tirada en fiestas ajenas, yo estaba idiotizado hasta la medula, embrutecido con mierda barata que alguien había colado entre los chupes “finos” que la familia había ordenado para la ocasión.
La estrategia era nunca permanecer por más de 10 minutos en una mesa, aprovechar al sujeto más ebrio y por ende más dadivoso con la bebida; proponer brindis tras brindis, alzar la copa con el novio, la familia, el graduado, la quinceañera, la madrina, el abuelo, el jefe de ventas, el tío borracho que cuenta todas esas historias de cuando andaba hasta la madre, los músicos, el dj, el cantante, los payasos, los magos, la prima deseosa de su primera cerveza, el niño hiperactivo que bebe desde los 12; la tía cascarrabias del corazón y el calzón de oro. La solterona y el divorciado que rumian en la mesa del rincón, mientras lanzan puñales con los ojos vidriosos, con cada puto integrante del equipo de futbol que ya no saben si eran o no maricas desde antes de andar idiotizadamente ebrios, y la última con el valet que entró a dejar una multa de una patrulla que está chingue y chingue calle abajo. Con todos bebía y contaba mis historias también. Y a nadie le parecía importar que estuviese allí, con el ojo rojo y la mano izquierda temblando de ansiedad porque algún imbécil no había puesto suficientes hielos en la mesa o porque la cerveza sabía a lo que siempre he imaginado que saben los meados de un asno. Con el sudor frio recorriendo el frente y el anverso del brazo porque la medicina no es la correcta y el vaso que me han dado es de refresco de cola y hielos, como si fuese un condenado escuincle.
≤ hace mucho que no tengo pesadillas. Esa es una de las pesadillas más graves, porque deja entrever que estoy jodido. Que todo va sin alteración.
≤la voz sale a cuentagotas,
atrapada en el paladar,
en no deber recordar,
y en hacerlo en rimas y tiempos muertos.
≤y es que dejan de volverse temporadas o rachitas, para convertirse en años, la mitad de tu vida de repente parece una estampa de oprobio e inacción.
≤lo mejor de no tener esperanzas es que cuando algo bueno ocurre esto es bienvenido, lo peor es que el bienestar dura menos que un trago en la mano de un ex alcohólico, y a veces ese miedo basta para no querer arriesgar nada.
≤tu sabes exactamente cómo es esto viejo, todo es una odisea de mierda hasta que un día amaneces con una pequeña bola escondida entre los pliegues de los güevos. Al otro día estas muerto o desearías jodidamente estarlo.
≤no estaba dejando que las pesadillas llegarán. Apenas comenzaban los sueños extraños o llenos de todos esos temores que tanto odiaba, me despertaba. Antes siquiera de que una palpitación se saliese de control yo ya estaba con la conciencia plena. Y cuando llegó la primera, todo comenzó a encajar perfectamente en el día a día.
≤ de repente te bastan 3 movimientos apenas imperceptibles para recordar porqué lo haces.
≤y es probable que signifique mi derrota, pero que no es así cómo siempre ha sido? Conmigo yendo hacia el frente, desarmado y esperando que la victoria apenas sea menor a la derrota propia.
≤quería, realmente anhelaba que uno solo de sus recuerdos acerca de mí, lo tuviese distinto. Que al recordarme en el tiempo venidero no estuviese presente esa figura de siempre, la eterna estampa de lo que me convertí. Sin embargo no es posible, la realidad obliga a centrarnos en ella.
≤muchos quieren encontrar en el trago un alivio a su falta de opciones, algunos otros en realidad buscamos una solución a la falta de soluciones.
≤ Grandes sueños en la punta de un condón,
Interrogantes sobre lo que
Hay más allá de la vía láctea,
Centrado el tiempo en resolver
Enigmas de cabello negro y
Labios rojos.
Ni podía alejar los cantos de miedo a la vida y al sinfín de
Estrellas derramadas.
≤siempre me ha sucedido, cojo una botella de cualquier mierda y las palabras se amontonan por salir. No siempre en la dirección correcta y mucho menos en el tono necesario. A veces solamente aparecen para joderlo todo.
≤hace años tenía una lista de escritos que debía llevar a cabo, algunos terminaron en palabras furiosas hacia el universo, otras solo anidan en mis memorias. La mayoría sigue en 3 o 4 frases y están esperando que termine su proceso de existir.
≤el eterno juego de los saludos, que rápidamente transmuta en el momento en que desciende la cabeza hacia el purgatorio; no quiero sonar así de desgraciado y patético, y sin embargo te arrojas hacia el destino, no esperando salir de ahí. De reiterar todo aquello que ya nos han dicho.
≤muchos caen en el hoyo toda vez que una mujer se ha ido. En mi caso, su partida me dejo en una posición de inferioridad hacia ese demonio bebido que alguna vez fui. Alejándose en un momento, destruyo mi fe en beber, hasta donde fuese permisible para mi cerebro.
≤y finalmente llegó, tan fugaz como lo prometieron, incluso más doloroso mentalmente que físico, y con secuelas que el tiempo se encargara de mostrar. Algunas irreversibles, otras de un carácter que el pasado se ha encargado de señalar. Todo lo demás parece una ilusión.
≤lo que en persona me he encargado de soterrar, la sombra me lo ha regresado amplificado. Conocedora del registro entero de los sentidos, dolores, alegrías y fracasos que van adornando el camino.
Imprecisa y a veces antinatural, capaz de hacer perdidiza la moral humana, al menos la mía. Sin temor a quebrarse jamás.
≤culpa. Demasiadas buenas personas se han hundido debido al peso de los errores.
≤quiero y necesito que esta broma se terminé, que me enseñé de verdad la imagen verdadera de las pesadillas, de los sueños que van a mal. Muchas veces el terror supera el dolor físico.
≤notar todo en aparente descomposición. Sin capacidad de evitarle. Con nombres de bebida y pedazos de carne que a duras penas arrojan sombra.
≤ y las últimas palabras algunas veces parecen aquellas que se necesitan para evitar el cierre.
≤mi mayor miedo es que la burbuja se reviente, que una mañana el final no llegue al agacharme a recoger algo y mi cerebro vuele por los aires.
≤ojala todo fuese tan fácil como elevar la mirada y pedir favores, eso solucionaría todo; sin embargo existimos algunos que sabemos que lo que se hace, responde únicamente a los errores o aciertos que cometemos en el día a día. Estamos despiertos en todo el descenso hasta el final.
≤la vida se componía en todo caso de drogas permitidas y aquellas otras que escondía de mi propia necesidad.
Sin duda las segundas me dejaban dormir más tranquilo.
≤mi mente a veces se pierde demasiadas fracciones, algunas arriba, la mayoría abajo, revolcándose en el fango de la insensatez.
≤algunas madrugadas salía al pasillo con la ilusión, la necesidad imperiosa, de demostrarme que no era todo lo que existía y que aún había cosas que no podía ver y que me paralizarían de miedo. Conforme avanzaron los años comprendí, que el verdadero miedo residía en esa soledad y silencio que me acompañaban en los recorridos.
≤el 67 de 300, el 40 de 73…terminaré en uno de los 13?
≤porqué deje que esto avanzará tanto? Un simple error de aceptar una invitación cuando andaba bebiendo me ha traído esto.
≤no me drogué, quería ver que estaba escondido detrás del ibuprofeno.
≤todo parece sintomático, un cuento que quiero retrasar como la verdad sobre mi vida. La tormenta que se avecina sin poderse remediar.
≤basta ya de lamentos, muchos días de querer cambiar la rutina a raíz de un evento lamentable. Tengo que seguir aquí. No hay más.
≤rodeado de un sonido descorazonador,
con el miedo a flor de piel inundando la valentía
y el sabor a muerte en las papilas.
Eliminando el oxígeno lleno de metal y
Crucificado en los límites de lo bueno y lo malo.
Son las palabras ininterrumpidas y sin fuerza que brotan
Del destino.
De 5 segundos menos.
≤lo mejor es que mañana termina la broma. Tal vez me ampare demasiado en el trabajo que podía soterrar en un puñado de idas robadas, sin embargo lo que hay ahí es imposible de superar. Es lo único que nunca podré superar. Y repartiré la culpa en otros, todo con tal de no asumir mis propios errores.
≤poco a poco las letras van reapareciendo. Menos lucidas que el resto. Más propias de un demente incapaz de comprender el miedo, la necesidad de ella. Sabiendo que no hay nada ahí.
≤eones atrás comencé con una lista de canciones rompe lagrimales ebrios. 12 o 21 obras que versaban sobre intentar subsistir teniendo desamor y alcohol.
≤letras que deben borrarse. Tan reveladoras como una mirada a lo que ahí habita. La derrota vuelve a cernirse, a derrumbar cualquier esperanza. No hay más.
≤maldito ibuprofeno, no dejas que mis viajes y pérdidas con marihuana sean divertidos.
≤y las palabras entre ambos esconden ese dolor por lo que no fue, ese coraje desmedido por herirnos. También es certeza de un alejamiento definitorio en las posturas. Ninguno por el camino correcto pero lo suficiente para observar la distancia y el rencor.
≤tan cierto como entender que las ideas no están ahí, que les he soterrado en un vasito de dolor y necesidad de redención. Se van apartando de la vida.
≤requiero suero todas las mañanas tras las grandes borracheras. Así de triste son mis nuevas derrotas.
≤lo siento aquí, tan jodidamente cerca del aro, engulléndome, dando lengüetazos a mi fracaso. Nutriéndose de este, disfrutando los cada vez menos obvios esfuerzos para escabullirme. No dejar nada atrás pero es cierto, de todos soy el menos necesario, tan solo la idea de cariño, sin una utilidad real.
≤tan solo nutren el ego,
vanagloria innecesaria,
se siente acrónica,
como si el mismo instrumento de tortura se empapara de sangre orgásmica.
Anhelante de martirio y muerte.
Al final estarás ahí,
cubierta de polvo y
observando desde abajo la mierda que sembraste.
≤ lo he borrado para darle una patada en las bolas a mi ego. No tengo más comentarios.
≤me gustaría ver eso realizado, tal vez con el verdadero esfuerzo y no solo siendo un tipo que vive de ilusiones en una libreta.
≤algunas palabras nunca las llegamos a dar a luz. Mejor que vivan eternamente en la obscuridad.
≤tal vez todos estemos mal de la cabeza y somos demasiado arrogantes para asumirlo.
≤día a día los cúmulos van incrementándose, con poco o nulo desgaste. Tan vivaces como el primer intento.
≤lo más sencillo es detenerlo todo. Antes de que cobren víctimas. De que alguien termine herido y roto.
≤- Cuál eres tú?
-no lo sé, no creo que sea alguno de ellos.
-el policía? Tiene tus vicios, pero no eres violento. El periodista? Tienes sus demonios, pero careces de la falta de miedo. El asesino? Podrías serlo, en esa extraña manera de querer algo. Pero te falta la pericia y la finura para evitar que te atrapen. No sabes esconder tus mentiras.
≤y con quien hablaré del sabor a derrota? A nadie le interesaran los devaneos de un niño mimado. Que no ha podido o no ha querido tomar las ventajas en esta guerra, bajo la sombra del padre y conduciendo esos ejércitos sin fin, hacia la muerte y el abismo de la historia y el tiempo.
≤en la filosofía de la derrota, no existe nada similar a la esperanza. Lo que permite que nadie se siente decepcionado por su futuro.
≤tan sencillo como imaginar lo que viene. El resultado de esa distancia sin recorrer. De continuar sin freno.
≤ suelo olvidar con suma facilidad que el mayor critico que conozco soy yo; bueno, alguna de las cientos de voces que impiden que me jacte de una victoria o de que me deprima tras una derrota.
≤por el salto al vacío.
el aire que comienza a cortar,
a volverse tu enemigo
y a la vez tu salvador por detener la caída.
Por aletargar el desenlace.
Por derrocar el frio grifo de la oscuridad en que todo comienza a volverse;
O en realidad no comprendes el vacío.
El verdadero y absoluto agujero que hay en tu alma,
O en lo que crees que es eso.
≤nuevamente estoy ante el descubrimiento /necesidad de una palabra. Una frase en realidad que me deje destrabar todo.
≤estoy más contento de que no nos avisen nada, de esa forma no se vuelve real.
≤se ha equivocado en todo en la vida, pero quien no se ha equivocado más veces de las que quiere admitir.
≤tan pronto como te confíes el diablo vuelve por ti, tan rápido como creas que estas del otro lado. Él te regresará a esa orilla y al final te darás cuenta que es su nombre el que susurras, para mantenerte fijo. Sin apenas ondulaciones. Sin moverte de la esquina, tan calmo como se pueda esperar.
≤porque nadie lo detiene. Necesito una sola, una voltereta, algo que acabe con todo antes que sea imposible hacerse hacia un lado.
≤cambiar la conjugación de los verbos y las personas que allí aparecen.
≤y es que no perdonas. No puedes evitar ese sentimiento de superioridad absurda que te otorga el no perdonar las fallas de otros. Como si tú no fallaras, como si una buena acción tuya eliminase lo malo. La bendita contradicción. Un burdo sentimentalismo por la moral, de tus enseñanzas más longevas desde la iglesia. Darte golpes de santón y proclamar tu perfección velada. Y por ende es mejor que sigas solo. Revolcándote en la superioridad.
≤de pesadilla en pesadilla. Las querías no? ahora aprovéchalas.
≤y debiese ser honesto y acabar con las esperanzas de todos.
≤tan fácil era ser el shaggy y no preocuparme más que por mi futbol y tener un copete arriba.
≤y que otra cosa me puede volver interesante si no es la marihuana? Tal como lo veo, carezco de un sentido de humor que pueda ser considerado dentro de lo normal. En realidad pareciese un poco soso, por no decir primitivo.
≤tan pronto como te sientas a salvo, sólo recuerda que no lo estás.
≤unos guantes de box Cleto Reyes, 10 oz. Hechos ex profeso. En medio del herraje de esa ciudad devastada por la guerra.
≤hay algunos que se parecen físicamente tanto a sus padres que dan miedo. Hay otros que nos parecemos mentalmente tanto, que provocamos espanto.
≤el error es no hacer lo que uno quiere. Se la viven tratando de ser políticamente correctos y la vida te devuelve mierda.
≤hay 2 cosas que no cambiaré jamás: no perdonar y sentirme inferior al resto.
≤cuando de verdad se jode un asunto, ningún licor por más jodido que sea te va a romper las entrañas.
≤la mayoría de la gente no roba por necesidad, sino porque es culera.
≤antes temía a la ausencia de pesadillas, ahora temo a las recurrentes noches donde los malos sueños van encaminados a mostrar mis falencias humanas.
≤y luego todos van hacia un punto inflexible. Mostrando una cara llena de pruebas irrefutables, de errores que dejan crecer. El tiempo transcurre vivo.
≤ oír canciones que me devuelvan a ese estado primigenio, antes de todo lo falso; no verdades a medias, ni omisiones llenas de mierda. Simple y llano dolor y comezón.
≤con sudor que nace kilómetros arriba,
en el meridiano de todo.
En el cenit del destino,
afrontando los viacrucis,
por venir con cero fuerza.
Y petrificado ante las perspectivas.
De nada valen los lamentos,
si aparece el mismo ideal día a día.
≤es necesario observarlo todo, un sentido del idiota triple moral.
≤a veces me sorprendo a mí mismo con este carácter doble moralista que es bien heredado de mi entendimiento del catolicismo.
≤el único consuelo que me queda es que puedo terminarlo cuando yo quiera.
≤y algo malo está ocurriendo.
Lo sé y lo sabes.
Como un movimiento que crece y no se detiene,
con oscuridades o el cielo claro.
Que tiene dientes y uñas,
mente propia y sequedad.
Se encarga de todas las formas de resistirse y los pincelazos.
Crece y toma cuerpo.
Robusto e implacable,
violento e irascible,
dispuesto a morir.
A terminar con todo.
≤tengo abiertos muchos frentes, algunos son imposibles de derrotar, algunos otros son tan complejos que finiquitarles me llevaría a regiones imposibles. Pero hay un par que no quiero, no sé porque están activos; como si con ello me negase a afrontar la realidad. Como deshacerme de ellos fuese un acto que terminase con lo último bueno que me queda.
≤cualquiera que le tuviese manía al polvo,
ya se hubiera suicidado de ver la forma en que vivo.
Yo respondo con un trago de whisky,
un chute de marihuana autocosechada
y una navaja para ahuyentar a los espíritus bondadosos
≤el final arroja enseñanzas que igual y ya sabía, he desperdiciado demasiadas vidas en meros ilusiones y asuntos sin viabilidad. De cualquier forma esto constituye la forma. Esto servirá para volver a lo que debí hacer.
≤algún día el haber ejercitado únicamente el cerebro y no la composición muscular me pasara factura.
≤no quiero ser de esos tipos que comienzan a escribir de vinos baratos y putas, para terminar dilapidando frases sobre putos vinos caros.
≤se expande
el agua, ruidos
cortos del acaro.
≤verano de nuevo.
La hormiga corre
en zigzag.
≤sumerge los pies
en la tina.
El vacío ha cesado.
≤la lluvia golpea
las hojas verdes,
todo avanza.
≤la flor abocando
a finales del verano.
El pasto crece
≤el aroma desde
las hojas mojadas,
rutas que abren.
≤un pino longevo.
Las madrugadas
de cien sonidos.
≤me he cerrado a la lectura. No he abierto un libro en semanas, como si sintiese una quemazón en el cerebro al comenzar a esbozar ideas en él. Tal vez todo sea parte del mismo error.
≤y lo que parece es que este día todo se volvió jodidamente real. Voy a cerrar el grifo de soñar con Astrid. Innecesaria tristeza por un momento insignificante de la vida. Ana y Jackeline son su destino. Todo al final fenece en el olvido. Todo se torna gris.
≤el futuro de este lugar es una bola de grasa, situada a las puertas del ventrículo izquierdo.
≤no estoy más cerca de cerrar una historia, como de comenzar otra.
≤la pequeña historia de un boxeador que derivó en un criminal serbio, que usaba guantes Cleto Reyes, una especie de artículos innecesarios. Es la primera historia que concluyo en casi 2 meses. Probablemente sea la última que haga en años.
≤a veces hay heridas que no sé de dónde salen. Otras tienen nombre y un rostro bonito.
≤Bebía, sentado en la orilla de la cama,
Esperando que la erección disminuyera.
Ella con cara de hartazgo.
Mis calcetines eran negros y tenían un agujero en los dedos.
Se llamaba Irene.
Le gustaba el sonido de mis latidos.
Me gustaban sus pechos llenos de pecas y pequeños granos en la aureola.
Eran las 2 de la mañana, ha llovido
y la calle huele a caño.
No hay cigarros,
queda muy poco whisky.
Ella se vuelve y me da el culo.
Un par de moretones y manchas indeterminadas.
No le gusta que la luz este encendida.
Hay unos cuantos borrachos en la calle.
Dice que mi barba le recuerda la melena de un león.
Viejo, a punto de marchitarse,
con los dientes podridos por el sarro.
habla todo esto, mientras observa la noche en el papel tapiz,
reflejo del espejo.
A veces canto tras acabar,
canciones que invento con la última silaba de mis pensamientos.
A veces canto para ella.
Mientras Irene le da en la torre al whisky canadiense.
Amargo, seco.
Sabor a realeza.
Con el fuego suficiente para acordarme del nulo avance de la recuperación.
Nos colgamos de la luna
y el farol que tintinea tras el cristal.
≤pareciese que la vida entera es un cumulo de pérdidas.
≤siempre fui un alumno muy promedio, con cierta tendencia hacia la mediocridad; mi tenacidad no es más que otra mentira. La más longeva, atrapada en el transcurrir de los años y aderezada de estar en el momento y la situación indicada.
≤dos caminos distintos: ella marchando hacia el clímax de una felicidad artificial, otorgada por aquello que la va extinguiendo. Él atormentado en sus mentiras, en el recorrido que van abriendo, horadando el futuro. Huellas imborrables, palabras que carecen de fuerza.
≤me está matando la vida vedada que no se me permite llevar. Aquella que desprecie y ahora añoro. Renuncie por temor, he vivido atorado desde entonces.
≤momento de finiquitar, eliminar gente que pueda sentir compasión por mí en el fondo lo que siempre he temido es que la gente se haga demasiadas expectativas y por ende que se sientan defraudadas e insatisfechas.
≤debiese escribirle una oda, o por lo menos una canción a mi ventilador. El más longevo de mis amigos – y a cómo va la cosa- el que más tiempo haya durado como tal.
≤cercado de probables causas,
en término de la inmediatez,
él navega con ceguera absoluta,
en mares imbatibles,
pareciese salir de la última silaba,
el cielo grisáceo tornado
y con pocas chances de aminorarse,
detener toda vociferación,
blanco y gris absolutos.
Sin el complemento del fondo.
Del principio de la muerte.
La violenta rima del poema sobre un soneto que no calla.
Y al grito se escurren las concordancias,
simetría y la equidad.
Parecen los chistes de alguien sin risa.
≤los susurros del reflejo.
≤líneas cubiertas de ira.
≤ideas destructivas frente a frente.
≤están identificados 3 vectores. Teresa, lo físico y lo mental.
≤el mayor pecado es sentirse una mejor persona de lo que se es.
≤no siempre el que actúa de manera justa es la mejor persona.
≤irremediablemente las cosas se vuelven tras ver sus ojos.
≤tan sencillas que son ciertas cosas y mi cerebro las complica para no dejarme en paz.
≤si estudiara la mitad del tiempo de lo que paso rascándome la barba, no estaría en esta jodida situación.
≤derrota asumida, no veo de qué forma pueda salir del bache.
≤esta ha sido una libreta dura. No siempre pude salir bien librado y la gran mayoría de veces el agujero me reclamaba, hay tachones, mala ortografía, falta de sintaxis, ideas equivocas y sobre todo pleonasmos y mal uso de las palabras. Muchas ideas son la viva creencia en la derrota y muy pocas tienen algo de luminosidad. Debe ser el último tramo donde hablo de Teresa. Quisiese que fuese así. Aquí termina esta impresionante cantidad de letras desperdiciadas.
SR Abril- Septiembre de 2015
martes, 23 de febrero de 2016
domingo, 7 de febrero de 2016
8 años
8 años
En medio del día, soleado, tal vez como pocos; la temporada de lluvias normalmente se atrasa por unos días, llevaba ya meses sin caer una sola gota de agua. Pero realmente no somos conscientes a los 8 años de lo que la escases del vital líquido le hace a las milpas. No, al menos a los niños pijos que vienen de la ciudad en cada periodo vacacional. Que se sustraen de sus miserables vidas dominadas por la televisión, para hundirse en el terregal, en los surcos, en los pequeños riachuelos que comienzan a secarse, en los vientos que de repente parecen detenerse por completo y se escucha cualquier zumbido de los insectos, como si fuese el feroz ataque de algún condenado kamikaze japonés. Aunque a esa edad no conozcas nada de nada, porque sólo ves los dibujos animados por la tarde mientras tu madre hace la comida y tu padre se come a alguna secretaria en la oficina, y tus hermanos juegan a la guerra infernal. Pero ahora estas allí, en medio del cielo más despejado que has visto en años, con las nubes blancas formando en tu cabeza esas pequeñas borregas en medio de un azul cielo como los colores escolares. No piensas en nada, ni siquiera te preocupa que miles o millones de hormigas de color rojo estén a menos de 10 metros de tus piernas, decididas a ir hasta el exterminio, a sacrificar a cientos o miles por derrotar al titán que amenaza su existencia, a perecer hasta que el sol hirviente devore su cadáver a la intemperie. Alguien grita y todos los demás niños corren, en medio de los árboles secos, marchitos por la falta de agua, otros niños se esconden entre los carrizos amarillentos, los que más, se esconden en las esmirriadas cañas del maizal. Todos corremos, nos ocultamos y esperamos el desenlace de los precarios juegos que realizamos ante la mirada vetusta del astro rey. Tan amarillo como lejano.
Dicen que a esa edad, los 8, la mayoría de las personas tienen un encuentro determinante, algo que les empuja a llevar hacia un punto fijado por los astros su existencia. Pero que al ser tan jodidamente impactante lo atesoramos en lo más recóndito, allí escondido de la malicia del ser humano, de nuestra propia forma de eliminar que vamos practicando sin darnos cuenta, tan presente y tan oculto como lo puede ser la mayor característica de nuestro ser. También a esa edad, los 8, algunos comienzan a experimentar cambios en su cuerpo, minúsculos, pero que sin duda alteran la percepción que podemos tener de cada cual. Lo cierto es que nos encargamos de soterrarlo por un par de años, decididamente con la idea de evitar entrar en lo que todos buscan y anhelan: ser jóvenes. Odiamos la perspectiva de volvernos como el primo o la prima que pasan todo el tiempo con cara de asco por el mundo –pese a que les idolatremos y queramos parecernos a ellos- y llenos de malas palabras o vicios. Otros, los menos si acaso, tienen a esa edad, los 8 años, su primer contacto con la verdadera naturaleza humana. El mal, el verdadero cáncer que se esconde debajo de una sotana, de una caricia mal encausada, de un acto violento que termina por enterrarnos en el miedo perenne. De convencernos que dios no existe, y que en caso de existir, éste se halla muy alejado de todo aquello que nos habían imbuido en el catequismo. Al menos nos encargamos todos los días de comenzar a odiarle, de quererle ver hacer algo más que quedarse en su cruz o su paloma blanca mientras algún hijo de puta hace que te arrepientas de estar vivo.
Pero henos allí, 2 o 3 de la tarde. El sol infernal que quema absolutamente todo alrededor, con la vida detenida porque eso acostumbran las personas por aquellos lares, cerrar todo y dedicarle un par de horas a tomar los alimentos y una siesta. O acomodar el cuerpo en una pequeña silla y platicar, encender un cigarro, tomar una cerveza, contar chismes, voltear los ojos entrecerrados a la comadre, verle la panty, imaginarla desnuda mientras la mama. Quince minutos más o menos luego de esa hora de candor puro, alguien nos llama desde el interior de la casona, piedra blanca –o al menos eso crees porque en realidad no sabes gran mierda del mundo- de cara plana, con franjas rojas y arcos que sin duda te recuerdan a las casas de los ricos de las telenovelas; todos los que tienen dinero, tienen arcos. Tú no, tú vives en una casa pequeña con otras 4 personas, con un diminuto patio que sirve para dar una o dos marometas mientras juegas con la vecina. Tiene 14 o algo así y juega todavía con los morros del barrio, no le importa que le vean los calzones, le gusta enseñar las piernas rosadas y gordas, sus pelos claros; los más grandes de la palomilla siempre la observan y la tocan, se ríen y sueltan las groserías que dudas preguntar porque tu padre seguramente te voltea un revés, como aquella ocasión que le golpeaste la entrepierna y te la regreso en el estómago. “Debes aprender pequeña sabandija, a mí no me tocas!”. Se fue un par de días de casa y luego regreso. Igual que siempre. Pero heme allí en medio de esa casa de ricos, escuchando a un adulto que parece a punto de llorar, tristeza en su voz, en sus movimientos, en su cara. Todo apunta a que algo malo le pasa, pero a ti te vale un pepino, o mejor dicho desconoces qué le pudo pasar, o siquiera qué lo que haces al jugar a aventarte con tus primos por toda la propiedad es algo fuera de contexto. “no jueguen aquí”. Dice el adulto con todas sus canas y arrugas fijas en el azaroso camino de desolación. Nos retiramos un par de metros fuera del alcance de sus miradas compungidas, el cielo llama a jugar hasta quedar reventados. Un par de juegos luego, tu padre te llama; con esa voz que le conoces cuando se pone serio, cuando te van a regañar por haber roto el vidrio, o por haberte reprobado el profesor. Pero vas, condenado a muerte, sin saber siquiera el por qué, llegas hasta su sombra y sin voltearle a ver, bajas la cabeza hasta donde un pequeño montículo de tierra suelta se pega a sus zapatos negros. “vas a acompañarnos. A tu tío y a mí”. Y simplemente te pasa una mano por el cabello negro azabache, no te está regañando, simplemente muestra su sentimiento con ese gesto que pocas o muy pocas veces ha tenido para con cualquiera de tus otros hermanos. Eres el mayor, lo sabes y alguna vez escuchaste hablando a tus padres mientras saltaba tu nombre: “debe de hacerse fuerte”.
Y ahí vas, media hora en el auto en silencio, de cuando en cuando el tío suelta un pequeño suspiro, huele a algo que no detectas, que no sabrías decir que es, que lo has percibido antes sin duda, pero que no sabes que carajos es. Las calles vacías, pocas cosas hay abiertas, tu padre y el otro hombre descienden del auto blanco, flamante como el color del queso o la leche. Un par de palabras y entran en un pequeño local. Un par de minutos luego sale tu padre, abre la puerta y te baja. La estancia tras la puerta de madera –como todas en el sitio- es acogedoramente desolada. No hay más que sillas y un par de macetas. El piso parece cuadricula de esos cuadernos que usa el primo David. Otra puerta más al fondo y se oye la voz nasal del hombre que les acompaña. Graciosa voz como aquella vez de los payasos que hablaban agudo y chillante. Una señora sale con un vaso de agua que te ofrece, fría y fresca, sabor a cántaro de barro; en tu casa en la ciudad sabe a salitre y oxido. Aquí todo sabe bien, das las gracias y te sientas en la silla que está más próxima a tu izquierda, luego quieres ver a través de la pequeña cortina que separa la pieza, los adultos tras ella continúan hablando por lo bajo, luego de un rato sale tu padre, la voz seria, tanto o más que las veces anteriores.
“te vas a quedar con tu tío, no me tardo”.
“te vas a quedar con tu tío, no me tardo”.
***
La puerta de madera oculta un mundo desconocido. Ajeno, todo es un sinfín de olores que en tu vida has siquiera imaginado. Un banco gigante que alguien te ha acercado, el tipo que está detrás de la pared cortada te estira un vaso largo con refresco y hielos. El tío comienza a llorar, fuerte y sin detenerse, sentado a tu lado, con la cabeza gacha, llena de canas y la piel tostada por los años bajo ese sol infernal, la camisa blanca –casi transparente- se empapa de sus mocos, lágrimas y el sudor que desliza por toda la espalda. Toma un sorbo de su bebida, mientras la tuya es sabor lima-limón, la de él parece coca cola, pero tú has tomado coca y no te pone triste; va soltando frases inconexas, a media voz, sorbiendo los mocos que resbalan sin poderse contener hacia su boca. Apenas un par de personas, la música está baja, suenan esas canciones que tanto le gustan a tu padre, esas que pone siempre que tiene tiempo, aunque rara vez lo hace a últimas fechas, una voz de dolor, con un instrumento que te han dicho que es el acordeón. Hay mesas de madera, sillas de madera, unas pequeñas luces que brillan en la pared y dicen “El triunfo”, te enorgullece que sabes leer; el hombre del trapo en el hombro habla muy bajo y con voz grave con el tío.
Pero te fijas poco en los hombres que platican por lo bajo, bueno uno habla, el otro solo menea la cabeza, arriba o abajo, o hacia los lados; te centras en los demás que habitan ese mundo de piso blanco, mármol parece o lo que tú crees que es el mármol porque brilla con tanta intensidad a todo aquello que alguna vez hayas conocido, te maravilla observar el reflejo de la luz de colores en el suelo perfecto, pareciese que jamás ha tenido una mancha; luego esta una caja metálica y gigantesca, de ahí sale la música, parece que las luces bailan al son de la música; años después algo así se volverá tu mejor amigo, pero por ahora solo sabes que se ve como una máquina de juegos, quieres pararte e ir a mirar de cerca el juego de luces que oscila intermitentemente, mientras las melodías se sostienen por si en el aire. Madera y metal, todo eso la adorna, luces y pequeños platos negros dentro que salen de un costado. Hay botones por montón y luego una pequeña ranura, cómo la de las maquinitas dónde te puedes perder horas y horas jugando a las luchas. Tus padres jamás consentirían que tuvieses una máquina para la tele, prefieren que veas las telenovelas o el futbol. Pero ahora no están ahí y podrías ir a inspeccionar el hallazgo, no lo harás, no hoy, no pronto; será hasta dentro de casi 20 años que le pierdas el miedo a poner esas canciones que te gustan. Tendrán que pasar casi 7000 días para que introduzcas una moneda de $10 y pongas esas canciones que te gustaría dedicar a una mujer que nunca te querrá. Pero hoy aquí, todo es nuevo para ti, y volteas a los lados, ahí hay dos personas más, clavadas en sus pequeños bancos de color madera, no es tal, pero entonces lo crees; que todo es madera ahí dentro, que los dos hombretones que hablan y ríen desparpajadamente están cómodamente sentados en bancas como las que solía haber en la primaria. Antes del metal. Luego, casi llegando a la puerta de madera con doble hoja, hay una pareja, hombre y mujer, ella con su boca pintada como a veces lo hacía tu madre, como solía hacer una maestra y la vecina que te pellizcaba los cachetes porque eras condenamente guapo. Eso fue hace años, ahora la mujer y el hombre que esta con ella se acercan y rozan sus rostros. Sabes lo que son los besos por la telenovela, también porque alguna vez tu prima te dio un beso, para probar, para sacarse la espinita de que fueras tan jodidamente guapo. Apartas la mirada tras unos instantes, un letrero de color azul y letras blancas dice “baño”, en realidad tienes ganas de ir, todavía aguantas, lo suficiente para ver cómo va a salir de una puerta contigua a la barra donde reposan tú, el cantinero y el tío, una mujer; toda de negro, el pelo es rubio o eso crees, los labios carmesí y sonríe magníficamente con un pequeño hoyuelo en la boca. Mira el lugar y de repente repara en que unos ojos menos acostumbrados a la miseria y a la derrota la observan, sonríe de manera extraña. Se acerca y habla con los hombres, el tío lanza una mirada y te atrae con su brazo: “este es Valente, hoy me está cuidando…” no termina de decirlo cuando nuevamente arrecia en su llanto. La mujer habla con una voz que intenta parecer de serenidad pero en realidad se te antoja como aquella que emplean para hablar con los tarados. Te soba la cabeza y te dice que si se ofrece algo se lo digas; camina con su vestido negro lleno de brillos hacia las mesas, donde uno de los hombres se levanta y mueve la silla para que ella ponga el trasero pequeño pero redondo en la madera, unos minutos luego llega la cerveza. Llevas ahí casi 40 minutos. Te empiezan a dar ganas de ir a mear de verdad.
Jalas el brazo de la mujer, hueles su perfume, como aquellas plantas que la abuela tenía antes de morir, nuevamente la voz dulzona y la expresión idiota en el rostro; ya no te parece tan atractiva, más bien parece acabada, con arrugas que se esconden detrás de la plasta blanca que le cubre. Indicas con un ademan que tienes que orinar, que te urge mear, se excusa de sus acompañantes y se pone en pie, te da la mano y te lleva como si fuera tu madre cuando van a comprar helado, te dice: “espero aquí”, y le crees, le crees como si fuera tu padre diciendo que la bici sólo necesita grasa para volver a estar floja, le crees como si el profesor dijera que 2 x 2 es 4. Y de repente ahí frente al cagadero de color blanco perla, te sale la orina, hirviente, con fuerza, con la suficiente claridad como para semejar un refresco de piña, tratas de enfocar el tiro hacia el centro, como diciendo: “en el agujero vale 40 puntos”. La situación parece interminable y luego de un par de sacudidas te subes el zipper de aquellos pantalones que seguramente compraron en el tianguis de la vuelta, buscas el jabón y al no encontrarlo te restriegas con fruición ambas manos frente al chorro de agua que sale del grifo. Te salpicas un poco la ropa, pero no podría ser de otra manera cuando a duras penas alcanzas el condenado lavabo azul. Sales y la mujer te vuelve a sonreír, te acompaña hasta la barra donde el tío esta en calidad de bulto, con la cara pegada a la madera y el vaso firmemente agarrado en su mano derecha. Son casi las 5 de la tarde.
SR noviembre 2015
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