jueves, 15 de diciembre de 2016

En blanco

En blanco
-de 7 meses a un año Enrique, siendo muy optimistas. La mirada vidriosa que se encuentra detrás de las gafas de montura de chapa de oro trata de sondear algún cambio en las facciones de su interlocutor. No sucede nada.
-ya veo. Apenas lo balbucea, sigue en un terrible estado de shock, pareciese que el día se ha tornado en algo indiferente. Cómo si el resto de lo que sucede mientras gira el planeta no tuviera sentido alguno. Se levanta poco a poco, apoyando ambos brazos en la mesa que aparenta ser de madera fina.
- ¿quieres que la llame? o… el hombre de la bata sigue sentado, calculando todo lo que podría suceder a continuación, sabe que cada uno responde de manera distinta, para algunos es un acto que exuda violencia, otros estallan en llantos inconsolables, otros más solo se levantan y se mueven como autómatas.
-no, no te molestes. Gracias. Ya se lo diré.
                                                                          ***
-mira; por la tele, la computadora y lo demás te doy…20. Si o no? Dice de modo tajante el hombre de tez cetrina, el hombre frente a él luce enfermo, cansado, como si nada tuviera sentido, pero, aun así, el negocio es el negocio y él no es ninguna hermanita de la caridad; en realidad todo cuesta casi el triple, pero sabe detectar cuando alguien necesita urgentemente el dinero, son capaces de no regatear, aunque sepan que están condenados.
-está bien.
- ¿seguro?
-sí. Está bien.
-voy por la factura. Sonríe con aquella dentadura llena de dientes fuera de lugar, con pequeñas caries que sin duda afectan un poco su vida, nada que no se solucionaría con un pequeño viaje al dentista. Pero no le gustan.
                                                                         ***
Enrique está de pie frente a un auto viejo, grandote, como aquellos que usaba la secreta hace años, no duda que lo haya sido y que el hombre de aspecto intimidante frente a él haya sido uno de esos hijos de puta que usaba el gobierno para masacrar. Pero ya no le importa nada de esas ideas románticas de antaño, de hecho, se sorprende pensando que hace muchos lustros (pese a que es joven) que no piensa en la desigualdad terrible del mundo. Sumido en la vorágine de la vida, se reprocha apenas lo suficiente para comenzar a hablar con el hombre que mantiene una mano sobre el maletero y que contrario a lo que podría haber imaginado Enrique, no usa gabardina ni hace tratos a mitad de la noche. Es un día claro de otoño.
- ¿cuánto por la 38?
-7 y medio.
- ¿y en cuanto me dejas las dos?
-jajaja así me gusta güero… me caíste bien, te dejo las dos más una carga para cada una por 13.
-Está bien.
- ¿algo más güero? anímate a preguntar.
- ¿cuántas balas me das por 40?
-  las suficientes como para cerrar temprano hoy.
-está bien. Comienza a meter todo lo que le da el hombre en la maleta negra que antes usara para ir al gimnasio. Se pregunta si alguna vez, en sus más extrañas fantasías, imagino que una tarde de Octubre se encontraría en el estacionamiento de un supermercado comprando una pistola. Tal vez no, pero no recuerda muchos de sus pensamientos más extraños.
                                                                    ***
Sentado en el medio, sin adornos o cualquier cosa que distraiga su cabeza de los últimos 15 días, sus últimos 15 días; la sangre mana sin detenerse hasta formar un charco negro al borde de la silla, palpita cada musculo de su brazo, no siente sin embargo ningún dolor, los ojos fijos a la puerta blanca perla manchada de sangre en la manivela. El sol apenas y se cuela por el sitio donde antes había cortinas y hoy hay periódico roto y manchado de sangre. Huele la sangre gangrenando el brazo, milímetro a milímetro, tendón por tendón, mientras el cañón de la escuadra apunta hacia el suelo que se encuentra manchado de sangre, su sangre y tal vez más. No lo sabe a ciencia cierta. Hay sol eso si lo sabe, hay gente en las calles eso también lo sabe, las sirenas de la policía se escucharon desde hace horas eso también lo sabe. No recuerda cuando fue la última vez que comió algo decente. No recuerda cuando fue la última vez que hablo con alguien de cualquier cosa sin importancia. No tiene la menor idea de que día o que mes es. Sabe que hace calor en la ciudad pero eso no garantiza nada, no sabe si ya hay clases o si están de vacaciones los niños. No lo sabe y no le importa. De hecho no piensa en ello. Son las cosas que dejaron de importarle después de que sonó el primer disparo en su cerebro, es la cantidad de mierda suficiente que se pierde en el relincho infernal que sacude el brazo y descompone el rostro de cualquiera. Son días pasados que no van a volver; mejor, piensa para sí.
                                                                    ***
- ¿Todavía tienes esa casa en El Potrero?
-carajo Carlos que gusto… hola Carlos ¿cómo va el trabajo?…bien Enrique, tu sabes muchas cuestiones importantes, decisiones que hay que tomar porque un pendejo que se salió hace un mes nos boto la chamba… que lastima Carlos, pero hey! Mi derrota es tu fortuna ¿no? ¡Ya tienes más dinero!... tu sabes Enrique, tu sabes… se contesta así mismo el hombre con cara de fastidio, tiene el auricular de un aparato fijo en el oído izquierdo mientras lo sujeta con la mano contraria, la otra la tiene ocupada con un papel y un bolígrafo que antes usara tratando de cuadrar números. Está molesto con Enrique y sabe que cualquier cosa que le diga podría ser más perjudicial para la empresa.
- ¿la tienes?
-puta madre cabrón, sino supiera que eras mi mejor amigo te cortaba las bolas. Claro que la tengo, ¿para que la quieres?
-…
- ¿Enrique? …¿bueno?…¿estás ahí?... ¡puta madre carajo contigo! ¡Madura!
                                                                  ***
- ¿es inoperable?
-sí, en todo caso te daría solo unos meses más, pero en un estado vegetativo.
-bueno, gracias Arturo.
-lo siento en verdad Enrique…
                                                                    ***
La unidad deslavada por los años, que han corroído también partes de la pintura especial, se detiene frente a una tienda apenas iluminada por un foco de baja intensidad, a su alrededor el único sonido que se percibe es el de un transformador de luz que funciona a capacidad total debido a la cantidad de diablitos que cuelgan de los postes cercanos. El conductor gira con su torso mientras busca con la mano izquierda el bastón que le coloca al volante, ha llegado la hora de encerrar el microbús y se sorprende cuando ve a Enrique dormitando en uno de los asientos. El resto de la gente ha desaparecido desde cuando menos 5 minutos. Caminando hacia la oscuridad.
- ¡hey amigo! ¡Ya llegamos, aquí es la base!
-ah, si… perdón, me quede pensando.
-pues menos pensar y mas movido…
-perdón, no estoy…con claridad…
- ¡me vale riata pendejo, ahora llégale hijo de la chingada¡
-está bien.
                                                                  ***
La respiración se vuelve menos regular, el tiempo parece dar saltos, mientras él sigue escuchando el glob-glob-glob de la hemoglobina que cae al piso. Se queda a ratos dormido dominado por la sensación fría que viene desde el brazo izquierdo. Minutos u horas desde que cruzo la puerta de metal pintada antes de un color semejante al blanco perla. El sol ya no se asoma por las pequeñas aberturas del periódico rasgado. El olor a muerte ronda sobre si, cada instante lo sabe con mayor certeza y está tranquilo, se siente bien de hecho. Se siente fuerte, salvo por la cuestión de que no puede ni levantar el cañón metálico que cuelga inerte a un costado suyo, hizo intentos por acomodarlo sobre su regazo, pero fue insuficiente, lo sabe, lo intuye que esa noche es su noche, no hay nada como la certeza, como la bendita certeza de saber que todo salió bien y que cumplió con lo que se propuso hace meses. Esboza una sonrisa que sabe a cobre y sangre, sangre suya, sangre propia que viene desde lo más recóndito de su ser. Mueve un poco los dedos para ver si aun puede hacer eso, no hay respuesta de la mano izquierda, el calambre se extiende a lo largo de ese flanco y siente frio en el resto del brazo. Ya no hay ruidos afuera, no hay sonidos en la calle, ni en ningún otro lado; eso le provoca otra sonrisa franca que le permitirá disfrutar (tal vez por última vez), el sonido de los pájaros que estarán sostenidos con sus piernas al alambre de metal que alguna vez sostuvo un alijo de ropa limpia, aunque tampoco los escucha, de hecho, no oye nada que no sea el ritmo lento y moribundo de su corazón. A lo lejos ve el periódico sanguinario que ilustra a todo color la muerte, se sonríe para sí y para el mundo que lo ve allí desmadejado sobre una silla en medio de la nada, del polvo que ahora es su casa.
                                                                 ***
Una mujer joven se halla frente a la computadora, teclea y habla por teléfono mientras el hombre sentado frente a ella se mantiene con la mirada fija en algún lugar lejano, tan lejano como puede ser no querer estar ahí. Se sorprende pensando en lo desmejorado que se ve, lo conoce de 10 años atrás, siempre llevando su cuenta personal, el hombre anteriormente trajeado e impecablemente engominado, ahora usa ropa que parece cuando menos 3 tallas más grande, cómo si la hubiera encontrado en el callejón detrás de un vertedero. Tiene manchas de tierra en las manos e indudablemente piensa que algo le debe afligir, pero también considera que dos llamadas al mes y atenderle una vez cada 24 días no le da derecho a inmiscuirse, espera que los números cuadren antes de hablar con una voz llena de algo cercano a la pesadumbre.
- ¿señor Santos? Ya esta lista su transferencia. Perdón por la demora, pero Ud. sabe cómo es esto de las autorizaciones.
-no hay problema.
-eh… ¿a qué institución me había dicho que deseaba depositar?
-al refugio de animales Roa.
- ¿tiene el número de cuenta?
-sí, es este…
-gracias. En un momento le entrego la ficha, solo necesito corroborar unos datos y eso será todo.
-claro. Aún tengo tiempo.
                                                                   ***
- ¿así que usted es amigo del niño Carlos?
-supongo que sí.
-me dijo que a lo mejor se daba una vuelta por aquí, y me encargo que viera si estaba cómodo.
-gracias.
-viaja solo ¿o…?
-sí.
-bueno, si desea algo más me puede llamar, mi numero está en la libreta junto al teléfono.
-gracias.
Los dos hombres se estrechan la mano, uno con los callos eternamente fijados por las horas y horas que ha pasado frente a las desavenencias de la vida, el otro con un color rosado que contrastan con el casi amarillo que tiene el resto de su piel. Parece sumamente cansado y su voz afectada le molesta, nunca le han gustado los chilangos, los aborrece. El perro de color mostaza deslavada, olfatea intranquilo las distintas flores que recubren la entrada de la casa. Ha meado un par de veces en la entrada y ha gruñido otro tanto, no está acostumbrado a los sonidos de la naturaleza tan viva.
                                                              ***
Espera unos segundos antes de comenzar a retomar el hilo de la conversación, su oficina está llena de libros, diplomas, cajas de embalaje, maquetas y un sinfín de mugres que considera necesarias. Se reclina en la silla giratoria, mientras cierra los ojos, le duele el haz de luz, que ha pasado de ser molestamente incomoda a insoportable. Siente que tiene un cuchillo que le rebana las corneas por detrás. El dolor de cabeza va en aumento, así ha sido los últimos meses. Las pastillas y cuanto remedio han usado le parecen dulces placebos.
-Enrique te oigo un poco apagado…
-no es nada má. Es…, bueno tu sabes cómo es esto del trabajo.
-ay mi’jo no dejes nada al azar, de seguro ya volvieron los dolores de cabeza verdad?
-ya son más esporádicos má, de cualquier forma, ya saqué cita con el especialista para pasado mañana… y como está mi tía?
-esta mujer, hijo, esta mujer me va a matar con sus ocurrencias…
                                                           ***
Apenas son las 10:15 de la noche, ha comprobado el reloj luminiscente que se halla en su mano derecha. El traqueteo del autobús urbano se detiene para subir a un par de hombres, vestidos de sudadera ancha, pantalón de mezclilla y tennis blancos, la gorra cubre parte de sus cabezas y Enrique apenas los nota abordar sabe que no puede fallar, nota que un par de asientos delante van dos muchachitas de secundaria, van tarde piensa, en los asientos contiguos viajan hombres solteros, cansados del día laboral, muchos vienen de las fábricas del norte de la ciudad. Luego un par de hombres trajeados que van con los ojos entrecerrados, parecerían fuera de sitio si no fuese por lo desgastado de los trajes baratos y los zapatos que han sido remendados. La corbata asoma en el hueco que debiese llevar el pañuelo. La luz del autobús es mínima, como si operara con baterías insuficientes. Es de color morado y de alguna manera le parece que resalta todo lo que sea blanco o de un color muy claro.
- ¡ahora si hijos de la chingada, sus cosas en la bolsa y aguas con querer hacerse el héroe!
- ¡tú, pendejo, no se te ocurra hacer parada en la Cañada!
- ¡afloja pendeja!
- ¿¡qué me ves guey!? ¿Muy pinche machito?  ¡Ahorita te carga la verga, que no me veas pendejo!
- ¡sorrajale un plomazo por pendejo!
-así me gusta ¡todos viendo al suelo pendejos y esto acaba rápido!
- ¡ve bajándole la velocidad y te orillas ahí en la cuneta de San Antonio pendejo!
- ¡y al primer pendejo que reporte algo se lo carga la chingada!
                                                             ***
- ¿renuncia? ¿Qué dices Enrique? ¿Por qué!?
- ¡porque estoy hasta la madre!
-pero ¿renunciar? ¡Tomate unas vacaciones viejo!
-no, ya lo pensé, me largo ahorita.
- ¡no mames!
-recojo mis cosas y me largo Damián.
-no chingues cabrón, ¿! y las cuentas de Arturo Díaz y su pinche tío!? ¿¡Qué, nos las dejas botadas!? ¡No mames ¡
-haz como gustes Damián.
- ¡ni madres no te vas!
-no me puedes detener.
- ¡te demando pendejo! ¡Te voy a quitar hasta los calzones!
-hazlo si lo crees conveniente, yo me voy.
-no mames, tranquilo, tranquilo quique, tómatelo con calma; sal un rato, despéjate la cabeza, piénsalo, estas mandando a la chingada 10 años. 10 putos años de trabajo!
-adiós Damián…
- ¡… tu puta madre que te doy la mano cabrón!
-está bien. Enrique cierra con cuidado la puerta que durante años fuera la comunicación directa con su socio y casi hermano Damián. El otro socio, Carlos, esta estupefacto, no atina a comprender que lleva al buen Enrique, al casi santo y aplomado Enrique a renunciar a la empresa que los tres habían levantado de la nada. Que les había permitido salir avante sin necesidad de trabajar para alguien más. Y lo peor es que sentía que en realidad no regresaría, que Enrique se iba para no volver.
                                                                                 ***
Suenan dos veces en todos los rincones del sitio, la primera el estallido normal producto de la tecnología bélica y la segunda la reverberación en el espacio abierto magnificando todo el espectro. 10 o 15 disparos cada tanto, casi el mismo tiempo que se tarda en recargar el cargador de la pistola plateada. Suena el proyectil rompiendo las capas de miles de años de formación en las rocas. Eco que va reptando por el suelo y remontando cada palmo de pie, pierna, muslo, abdomen, pecho, brazos y manos, finalmente llega hasta el cuello y la cabeza, que se sacude poco o casi nada. Un ligero parpadeo al momento en que se escucha la detonación y menos imperceptible es aun la ráfaga que corre desde el iris hasta la retina fija y concentrada en el punto determinado, pintado en aquella pared de piedra milenaria con una figura humanoide de cal y agua. El sol asciende y el calor evapora el rocío del amanecer, lo único que se escucha es el sonido de la pólvora comprimida accionada por el metal que se incrusta una y otra y otra vez a menos de 100 metros desde sus pies. No piensa nada mas, sólo en ese punto calcáreo que el mismo trazó siguiendo su complexión y su estatura. Se sienta al final de otra ronda de balas en el tronco que se haya situado a menos de 15 pies de distancia, el mareo se le acerco de repente. Mira alrededor sin ver nada o a algo, con sombras de ese dolor que va creciendo conforme pasan los días.
                                                             ***
-no te preocupes Enrique, seguramente es por el estrés. Pero de cualquier forma te voy a mandar a hacer unos estudios, para salir de cualquier duda.
-gracias viejo, y pues ya sabes que el estrés es parte de esta vida tan ingrata que llevo.
-jajaja ¿lo dices por mi prima?
- algo hay de eso jajajajaja. Lo más seguro es que le haga la pregunta en un par de semanas
- ¿en serio? Felicidades mi hermano. Ya era hora de que sentaras cabeza.
-si… bueno aún falta que firme una cuenta pero eso se arregla esta semana.
-que bien.
-bueno Arturo, no quiero impacientar a tus demás pacientes… aunque parezca contradicción jajajaja
-que esperen, total un día a todos nos toca.
-seguro. Bueno, te traigo los estudios la próxima quincena.
-está bien. ¡Cuídate mi hermano! Y ya no hagas tantos corajes.
                                                                        ***
- ¿cómo estás manita?
-bien, bien, es Quique quien me tiene preocupada, anda muy voluble y casi a diario le duele la cabeza.
-ay con estos niños…
-si manita, ¿y tú que cuentas?
-pues con la novedad de que mañana operan a mi comadre de las varices…
-pobrecita… espérame manita que acaba de llegar quique… ¡hijo! ¿Qué te paso? ¿Por qué vienes así!?… nada ma’ me salió ahorita que venía manejando y no traía nada con que taponearme la nariz… quítate la camisa, ahorita voy con el chapulín a ver si tiene Yerbabuena fresca para ponerte ahí… si ma’ no te preocupes, ahorita ya se me pasa, me voy a quitar la camisa y ponerme una limpia…
- ¿! qué paso!?
-nada manita, tu sobrino que llego chorreando sangre por la nariz…
-prepárale un té con cola de caballo y se lo pones en algodón en la nariz para que no le salga mas.
-si eso también, le iba a aplicar la que nos daba la gorda Remedios cuando niñas.
Enrique Campos visitaba diario a su madre, vivían relativamente cerca y la mujer que entraba en la sexta década de vida, pasaba tanto tiempo en la ciudad como visitando parientes, una cuantiosa herencia de su difunto esposo le permitía darse cierta vida holgada, a ello se sumaba la cantidad mensual que su hijo le pasaba por las “molestias”, que no era otra cosa que un eufemismo para referirse a que le seguía dando de desayunar y comer. Además de llevar a llevar la ropa a la tintorería. Vivian ambos sus vidas, pero demasiado apegados uno al otro como para evitar la distancia.
                                                                            ***
Las torretas de las tres patrullas que rodean el autobús hacen más escandalosa la escena, también la sirena que comienza a llegar desde algún punto, la cual moviliza con el claxon a los curiosos para que despejen el área para los tripulantes de la ambulancia. 10 o 15 chismosos se apelotonan frente al cadáver que quedo en la escalinata del camión. La sangre chispea sobre el concreto hidráulico en esa noche de aparente calor.
-entonces señora ¿Cómo iba vestido?
-pues normal, digo no usaba gorra o alguna cosa que lo distinguiera…
-bueno, físicamente ¿Cómo era…alto, chaparro, gordo?
-no, pues parecía de los que usan la ruta a diario, de esos que se suben en Cuatro caminos y se bajan acá en la Cuneta. Y era normal, igual y lo había visto antes, pero no le puedo decir bien.
-y entonces ¿los disparos?
-pues es que en cuanto corto cartucho el de la gorra yo me agache y nada más se escucharon los tronidos. Y me avente sobre mi niño y ya el chavito que venía manejando se frenó de madrazo y fue cuando le pego al carrito.
-y el que disparo primero ¿entonces quién fue?
-pues, no sé… es que le digo que ya todos les habíamos dado las cosas, y en eso uno se volteo cuando alguien de atrás chiflo, fue cuando se oyó el primer chingadazo y luego otro y otro y nomas sentí como me cayó la sangre del de la gorra en la pierna.
-pero ¿era pasajero el que disparo o era de los que estaban asaltando?
-pues quien sabe… porque le gritaron a uno que no los viera y que lo iban a matar nomas por verlos. Pero quien sabe.
-‘ta bueno.
                                                                                   ***
- ¿no escucharon los balazos ayer?
-sí, le dije a Anastasio que se fuera a asomar, pero me dijo que ni madres, que han de ser otra vez los de Camarena.
- ¿y al güero no fueron a verlo?
-pus no, pinche güero se ha de haber espantado, los tronidos venían de allá por la loma del cinco.
-no vieja, era pa’ allá de la casa de los Mata. Seguro que le fueron a hacer advertencia.
-no compadre vengo de allá y también los Mata preguntaban si los balazos fueron acá.
- ¿enton’s?
-pus a saber, al rato voy a ir a ver al güero a ver que sabe porque de que fue por allí, fue por allí.
- ¿y no le han hablado al Carlos?
-pus el primer día nomas, le dije que acá andaba su amigo y que venía casi sin nada.
- ¿cómo?
-anja, llego con una maletilla nomas, su perro y ya. Ni para el frio ha de traer.
-pinches chilangos putos.
-ya sabe como son compadre, seguro que agarro camino de nuevo ayer tras los tiros.
                                                                                    ***
Debiese haber algo más en ese vaso pequeño que se halla frente a él en aquella mesa poco lustrosa y llena de quemaduras de colillas de cigarro y olor a paño húmedo demasiado viciado, en la mesa el vaso contiene un líquido claro tintado de un dorado deslavado. Lo levanta y lo acerca a sus labios sin ingerirlo, aspira el aroma y lo deposita nuevamente en la mesa, lleva casi 2 horas sentado con el trago yendo y viniendo de la mesa a sus labios, sin que lo haya probado siquiera. La mesera ha pasado dos veces ofreciendo camels y marlboros rojos. Él no fuma, casi no bebe y rara vez se va de juerga, son las 4 y 10 de la tarde, y el pequeño negocio con 6 mesas y una barra alargada, se haya casi desierto. A su derecha un hombre lee el periódico más escandaloso posible y frente a la barra dándole la espalda, un joven platica animadamente con la señora que atiende a esa hora. El aroma de lomo al chipotle se cuela por las fosas nasales y lo embelesa  todo. Ve sin ver realmente a todos en torno suyo y tiene la mirada perdida aparentemente en un cartel con una chica en paños menores y detrás suyo la playa de arena clara.  La sonrisa actuada de la modelo contrasta con el lugar tan caustico que engalana el poster, alza otra vez la bebida y la acerca a sus labios aspirando tan fuerte como su cerebro le da fuerzas, no distingue el olor a cielo que prometía el reportaje que leyó hace años en una revista de compras lujosas para jóvenes ejecutivos, no distingue el single blend de malta pura o los 15 años que supuestamente lleva añejado en barricas. Lo vuelve a depositar en la mesa, sin hacer caso alguno a que de tanto tiempo sin probarlo el hielo se ha derretido en la mezcla volviéndola aún más pálida y ahora más rica en su sabor. Suena música ambiente desde una maquina que cuesta 5 pesos por canción, se detienen las notas de música guapachosa y jaranera, para comenzar una lenta pieza que abre con un guitarrón y los agudos de alguna trompeta tocada por algún maestro dolido; no le importa realmente, sabe la canción, pero ya no la tararea, ya no la chifa o siquiera murmura la letra como en antaño hubiese hecho cada que aterrizaba allí con sus dos socios para comer.  Deja sobre la mesa un billete de 200 y se levanta para salir sin haber probado el whisky servido.
                                                                            ***
- ¿cómo estás gordo? ¿Qué te dijo Arturo?
-bien flaquita, no es nada; de cualquier forma me mando hacer unos análisis para la próxima semana pero cree que no es de consideración.
-a lo mejor fue de ahora que te caíste en el gimnasio…
-no, no lo creo, ese día me maree porque no había desayunado.
-ya ves gordo, te dije que no te sobrepasaras… o de seguro es por Damián que te presiona en el trabajo.
-jajaja Damián no tiene tanto fuelle. Es que eres tu flaquita, me exprimes…
-jajaja tonto… oye y ¿si pasas por mí para ir a comer…?
La mujer se halla en el cubículo número 75, a su alrededor una decena o más de hombres y mujeres de distinta complexión se hallan frente a monitores. Gritos, risas, pequeños juegos entre los más cercanos, algunos cuchicheos de chisme, otros como ella se toman 5 minutos para usar el teléfono y llamar o usar las redes sociales, casi nadie se va a parar en los próximos 50 minutos, los baños están restringidos a usarlos solo un par de veces al día, y nadie tiene permiso para salir de la oficina salvo casos de emergencia. El piso es el 32 de una lujosa torre, en los restantes pisos se hallan seres iguales a ella, cada uno sumido en sus diferentes ocupaciones y problemas.
                                                                            ***
- ¿qué paso quique…?
-que hay primo… oye, necesito un favor…
-dinero, no tengo guey… el hombre se encuentra echado sobre un sofá viejo, tiene la barba llena de canas pese a que su rostro aun denota cierta juventud, lleva el pelo largo y negro amarrado en una coleta que usa también para ocultar la calvicie de la coronilla. El sillón se halla frente a una televisión y una mesita con una carpeta y figuritas de manualidades de años pasados; el hombre se pasa la mano por la entrepierna para acto seguido olerla. Sigue hablando por el teléfono tras recibir la llamada de su pariente. No le simpatiza, es todo aquello que las madres y padres desearían que fueran sus hijos, mientras que él a duras penas tiene la secundaría y toda su vida se la ha pasado en trabajos mierdas.
-si es dinero, pero más que nada quiero que me ayudes a vender el carro.
- ¿el León? Ah chinga ¿y eso?
-necesito el varo viejo, unos asuntos que salieron mal.
-pss y ¿cuánto quieres?
-si me dan 100 me conformo…
-no mames, mínimo pinche carro vale el doble.
-lo sé, lo sé, la cosa es que necesito el dinero ya.
-deja veo…
-oye, si me consigues comprador antes del viernes te doy el 10%
-carajo, si que necesitas el varo… yo te llamo Quique.
                                                                     ***
-suegri ¿cómo está?
-bien Mari, aquí preocupada por este niño que no se compone de esos dolores de cabeza…
-sí, pero no quiere ir al doctor…
-es igual de terco que mi Pancho.
-…muy terco, oiga ¿cree que si le hago la cita con mi primo quiera ir?
-no lo sé, es que es muy terco, mejor primero plantéaselo y ya después ves…
-pero es que, si preocupa, ¿si supo que se cayó en el gimnasio?
-si me dijo, pero me echo la culpa por no haberle dado de desayunar ese día…
-típico del gordo.
-que le vamos a hacer mi’ja, así ha crecido y dudo que cambie.
La plática continua, ambas mujeres son lo más importante para Enrique y su máxima ambición siempre fue que congeniaran, lo han hecho pese a que poseen un carácter peculiar, sin embargo, pasan por alto situaciones que podrían desencadenar una tormenta en el pequeño universo que conforman. Marisol Jiménez tenía 16 años cuando conoció a Enrique, ahora tiene poco más de 24 y sigue empecinada en casarse, a veces un par de días a la semana le suelta una pequeña referencia a esos planes, que Enrique obvia de la manera más tajante, no porque no le ame, sino porque deseaba posicionar su empresa. Las peleas más graves han sido por culpa de los amigos del hombre, uno un soltero empedernido, el otro un borracho casado que lleva la contabilidad del negocio. Afortunadamente sabe de su trabajo, lo piensa continuamente la chica, porque sabe que como persona es una ruina.
                                                                                   ***
- ¡se los va a cargar la verga pendejos si intentan algo!
- ¡tranqui, tranqui…! ¡Ya te damos todo!
- ¡así me gusta pinches putos! ¡Y ustedes, la vista al suelo y cuidadito de hacerles señales a los carros de afuera porque me los chingo!
-si…si…
- ¿qué paso carnal? ¿¡ya les aflojaste todo a los de allá ‘tras!?
-simón, ya nada más falta ese pinche güero de la esquina… ¡a ver puto saca tu cartera, celular y el reloj o te carga la chingada, rápido pendejo!
-está bien…
-ya estuvo bueno pendejos, chofer, párate ahí en la marca del kilometro…
-pinche güero venias forraggghgghhh….
- ¡carnalllll! Aggggghhhsdgg
- ¡su puta madre! ¡Perate, perate, no me mates¡… no dejen que me mate… ¡carnal! Carnagdgdhg…
-no mames lo mataste… no mames… estás loco… lo…gsgdhashsf
                                                                         ***
Mira nuevamente el cielo tratando de ocultar las lagrimas, tratando de impedir que sigan resbalando, pero es imposible, salen sin que se lo proponga, el cuerpo delante suyo, lanza pequeños gemidos y convulsiones de muerte que le rasgan cada pedazo de alma que creía poseer, no quiere hacerlo, pero se detiene frente a sus ojos completamente negros que lo miran desde el umbral de la muerte suplicando la explicación que termine con esto. El cielo se detiene, el viento deja de soplar mientras levanta una vez más el cañón de la 38, lo levanta hasta ponerlo junto a la cabeza del perro de color mostaza que está agonizando, que sangra copiosamente mientras la vida lo abandona. Suena una y otra vez en el cerebro de Enrique el martilleo del metal que se acciona tras jalar el gatillo del arma, saltan pequeños fragmentos de cráneo y sangre, mucha sangre que encabrita el ambiente que minutos antes fueron apacibles momentos, sabe que se ha condenado, sabe que no hay vuelta atrás, sabe que el tiempo se ha ensañado sobre él. Es la mitad de la tarde, cuando comienza a cavar el agujero para el fiel animal que lo acompañase hasta hace pocas horas, levanta y deja caer la pala en sincronía, la tierra se haya un tanto fresca conforme avanza, pero eso no le importa, diría que ya no le importa nada, cubre con la pala y la tierra el vómito vertido tras ver volar las entrañas de aquel can, casi no había nada, pero es dolor, dolor puro por ver muerto a alguien vivo. Sigue cavando, pese a que hace casi medio metro que podía enterrar los restos, sigue hundiendo una y otra vez la pala hasta que el cerebro deja de pensar, y se convierte en gelatina blanda que se queda en blanco. Deposita con cuidado el cadáver de aquel que respondiese al nombre de “vago”, lo hace con sumo cuidado, como si con ello le pidiese perdón, mientras en torno suyo las aves trinan y los ruidos de la naturaleza hacen coro para ver que allí queda enterrada su alma. Sigue llorando, y lo seguirá haciendo cada vez que venga a su cerebro el rostro agonizante del perro que le acompaño por los últimos 6 años. Coloca una piedra al final del sepulcro, donde talla con el metal de la cacha de la pistola la fecha superficialmente a manera de recordar por lo poco o mucho que le quede ese día.
                                                                      ***
- ¿!cómo que te vas!?
-Marisol por favor…
Rara vez Enrique Campos visitaba a su novia en casa de sus padres, no le gustaba el olor de la populosa colonia y que la madre de ella siempre tratase de que comiera la comida saturada en manteca. No le gustaba tener que dejar su auto en la calle rodeado de perros famélicos, borrachos, niños jugando a la pelota y la cantidad de lacras que pululaban por la calle. La había conocido en una plática que había dado en la preparatoria donde ella asistía con motivo de promocionar la creación de pequeñas empresas. Le gusto su rostro amigable y sus ojos negros. Aunque por aquel entonces la joven usaba ropa negra y mechones en verde, él la descubrió perfecta pese a que le llevaba casi 9 años. Espero hasta que cumpliera los 18 para declarársele y pese a la renuencia de los padres de ella, al final observaron que era un hombre íntegro, sin vicios y dedicado a un próspero negocio. Ahora ambos estaban de pie en el patio rodeados de un árbol de aguacates enorme y los diferentes cuartos que se hallaban a la derecha con dos o más aun en obra negra.
-es que… no entiendo… ¿qué quieres decir…?
-no funciona lo nuestro… cr
- ¡no mames! ¿¡Estás drogado o qué!? ¡llevamos 8 años!
-no lo hagas más difícil…
- ¡tu eres el que se está portando como un verdadero pendejo!
-lo sé. Lo sé.
- ¿es por esa resbalosa de Gaby verdad?
-no… si…
- ¡tu puta madre…!
-perdón…
- ¡que te perdone tu abuela…!
-es… más fuerte que yo…
- ¡tu puta madre…!
-lo sé.
- ¡te jodiste pendejo… te jodiste!
-perdón…
- ¿sabes qué? A la verga, no fuiste el único…
-…
-me cogió Damián esa noche que me llevo a mi casa… me la metió, mientras tú estabas cuidando al pendejo de Carlos… ¡y me gusto!
-…
- ¿!a dónde vas!? ¡Regresa pendejo…!
                                                                                 ***
- ¿qué opinas?
- ¿quieres saber que opino? ¿De verdad es lo que te interesa ahorita?
-no sé qué hacer, no tengo la menor idea de que hacer. Estoy… muy… fregado
- ¿qué has hecho toda tu vida?
- ¿a que te refieres?
-sí, vamos que has hecho toda tu vida sino trabajar, estudiar, ser bueno y tratar de ser tan buena persona como se ha podido ser!
-era lo correcto… me gustaba mi trabajo.
- ¿en serio? Que hay si te digo hace 16 años: de aquí en adelante es una carrera contra el tiempo, te quedan 16 años ¿Seguirías siendo lo que sea que has estado haciendo hasta hoy?
-no entiendo.
-sí, ¿qué has logrado a nivel humano en 16 años? aparte de ganar dinero o de trabajar como esclavo ¿Tienes hijos que te lloren? ¿Tienes una familia que siga tu legado? ¿Tienes siquiera un legado que le importe a alguien? ¿Eres indispensable para la gente? ¿si mañana te atropellan hay alguien que se moriría de la tristeza? que dejaría de hacer lo que hace sólo porque faltas.
-no…lo sé
- a eso me refería mi estimado, no hay nadie indispensable para el resto del mundo, igual y ahorita me ahorcas y ¿qué será de mi? Nada, no soy ni seré nunca nada, pero me atengo a ello; me gusta la idea de pasar sin ser y sin estar, de que lo hago es mío y solo mío, y solo a mi me importa el que hice de mi vida. No tengo hijos, no tengo esposa, no tengo un empleo, mis dientes todos son remedos ¿crees que me importa? En lo absoluto. Pero tú, y el resto que son como tú, basan su vida en la importancia que les den los demás, que les den meritos que solo a ti te importan; mientras a los demás les viene sirviendo para un reverendo pito. ¿Quieres hacer algo distinto? Vive, vive la vida como si no hubiese mañana, como si al siguiente día llegara el juicio y el Señor decidiese que ya estuvo bueno, el día que eso suceda todos se van a arrepentir de lo que no hicieron o de lo que en realidad les hubiera gustado hacer.
- ¿lo crees en verdad?
-hey! solo soy un jodido charlatán, pero igual si me das otro billete te puedo decir que es lo que nos depara a todos mañana o a donde caerá el meteorito o qué hacer con lo que te queda de vida.
-je te voy a dar $1000 para que sigas viviendo tu vida.
-ves, ahora acabas de hacer algo por otro; no lo sabes, pero con tu dinero igual y me compro tal cantidad de alcohol que me mato el hígado y habrás conseguido hacer lo que el universo no ha podido hacer o tal vez eres un ángel de la muerte, que hace el trabajo sucio del Señor porque el sudario es difícil de desmanchar.
-y sí te doy ese dinero ¿vas a pensar en mi?
-tal vez, sí antes no me borra la cabeza el alcohol y la comida que compraré mi amigo.
El viejo desdentado acariciaba como si fuera un verdadero tesoro aquel par de billetes relucientes que Enrique le había obsequiado. Llevaba casi 3 días sin nada solido en la panza y el efecto del alcohol barato estaba yéndose, como todo en su vida. Hacía casi 20 años que se hallaba en esa situación, nunca le echo la culpa a nadie ya que sabía que todo acabaría así, era probable que fuese su última noche, porque invariablemente gastaría ese dinero en un par de buenos pomos y una suculenta inyección de alguna mierda que encontrase, lo suficientemente cara para que terminara con todo o tal vez para que al día siguiente amaneciera con una vitalidad diferente. Aunque también quería unos tacos, o una hamburguesa, rememoro que la última vez que comió una fresca, fue cuando la robo de uno de esos platos de promoción que ponen por fuera de los restaurantes.
                                                                       ***
-oye mi’jo me voy a pasar unos días con tu tía ¿vas a estar bien?
-si ma’ ya soy “niño” grande y no me quemo con la estufa.
-jajaja payaso, no es solo eso, es que… te veo muy desmejorado, andas muy pálido, ya mejor deberías de pedir tus vacaciones y acompañarme a Monclova.
-no se puede ma’, además estamos en lo más duro de la cuenta de los monos esos y me necesitan allí Carlos y Damián.
-ay mi’jo, bueno al menos trata de ya no trabajar tan duro. Acuérdate del tío Cándido, se murió así como así y no pudo siquiera disfrutar de todo su dinero.
-no te preocupes ma’ nada más que salgamos de esta cuenta y pido mis vacaciones.
                                                                          ***
- ¿quique?
- ¿qué paso primo?
-mira ya te conseguí comprador,  y arregle que te den 120. ¿Cómo ves se hace o…?
-bien ¿puedes llevarle los papeles?
- ¿seguro?
-sí. Tengo que arreglar otras cosas.
-paso por ellos al rato.
-está bien…
- ¿qué paso? ¿qué dijo tu primo?
-pues acepto sin chistar, ha de estar muy urgido de varo.
-120… pinche lacra si te estoy dando 140.
-sí, pero eso no lo sabe el guey.
-culero que eres, oye ¿de verdad si está muy necesitado?
-sabe en que anda el cabrón, a mí se me hace que hizo un pinche mega fraude y anda viendo como pelarse de aquí.
-ps te aguanto con el varo.
-va. Al rato te traigo los papeles y la nave.
                                                                          ***
- ¿entons’?
-pues es que fue muy rápido todo jefe, le digo que el chavito traía la fusca, y el de atrás traía una navaja y la bolsa con la que andaban pasando colecta, cuando llegaron al guey ese, quien sabe que le dijeron, pero enseguida el de la fusca se puso todo nervioso y corto cartucho, pero el guey le pego el tiro en medio de la cara y el de la pistola se fue pa’ delante ya todo bañado en sangre, se oyó el chillido del de la navaja y entonces el segundo cuete que le pego. Ya nada mas el chofer se orilló y ese otro agarro, se bajo como si nada y se metió allá entre las calles de ese lado.
-no lo viste, ¿cómo era físicamente?
-ps era igual a todos, nomás porque traiba la playera toda llena de sangre del de la navaja.
-ya...
                                                                         ***
La luz pálida enceguecía el recinto por completo, las dos hileras de butacas frías y despersonales, se hallaban copadas de gente que quería informes, o que deseaba ver a sus familiares que se encontraban detenidos en la subdelegación. El par de hombres se encontraron fundiéndose en un abrazo parco, sin notar a una pareja de enamorados que se morreaban sin pudor. El teniente Ramón Xirau traía el uniforme azul con algunas manchas de café disfrazadas en la oscuridad del uniforme pero que con la luz artificial ahora resplandecían. Era casi media noche y el reportero que hablaba con el policía tenía las ojeras marcadas y rematadas con un par de bolsas de sueños atrasados.
- ¿qué paso mi Xirau!?
-Genito… el metiche…
-no se pase teniente ¿Ya nos llevamos así?
-jajajajajaj ¿qué haciendo por acá?
- ¿ya reclamaron a los gueyes que se cargaron en el chimeco de Valle Dorado?
-seh, al otro día vinieron en tropel sus gentes. Quesque eran buenas personas pero pus la crisis les pego duro.
-lo mismo de siempre, pinches lacras.
-algo así… ¿por?
-he andado por allá en el semefo de Cuauti y me dieron un chivatazo…
- ¿a poco?
-hey, mira, chécate en el informe de lo que les hallaron a los gueyes estos; hay una cartera que nadie reclamo con $400 en billetes de $20.
-sí, pero ya sabes que esos gueyes no se dejan nada…
-el chiste es que en tres casos encontré la misma cosa.
- ¿o sea?
-por más casualidad que sea encontrarte una cartera sin reclamar, ya sea porque el dueño se bajó asustado o porque  el dinero no es legal o lo que tú quieras; hallar 3 con la misma cantidad y sin dueño  en tres atracos que salieron mal… y en rutas que son conflictivas…
- ¿un pinche justiciero?
-pues balas calibre 38 súper, cartera con dinero, los gueyes muertos y sin que nadie le preste atención al que les pego los tiros…
                                                                  ***
Tiene sangre en la camisa blanca que bota en una bolsa de plástico, no es su sangre –por desgracia piensa- pero le sabe igual de mal que si lo fuera, no fue fácil pero en cuanto acciono el gatillo todo lo demás fue rápido, la cara de espanto de aquel muchacho de no más de 20, el brillo escapando de sus ojos cafés mientras se desplomaba y el grito de la niña que siente como la mano de un muerto le roza la pantorrilla, el odio reflejado en el rostro del otro antes de recibir una bala en el cuello, que le hace perder el equilibrio y precipitarse hacia atrás, impulsado por el mismo enfrenon del camión. La sangre se pega a su pecho desnudo y la siente tibia, se sienta en la silla que está colocada frente a la puerta y deja de pensar en todo,  no tiene un solo pensamiento para los dos que han caído.  Se sienta allí con el arma en el regazo y los ojos abiertos mirando sin ver absolutamente nada que no sea la puerta y el color blanco perla que queda atrapado en la retina.
                                                          ***
- ¡Abre la puerta!
-no.
- ¡que abras con un carajo!
-Marisol por favor…
- ¡estas actuando como un niño, carajo!
-vete…
-por favor… gordo… abre la puerta…
-lo… siento… es lo mejor
-por… favor…por… favor…
- ¡Vete...haz tu vida!
-tu… eres… mi… vida… ¡con un carajo!
-no… ya… no
                                                               ***
-aquí tienes Quique… 120…
-gracias viejo.  Toma, espero que te sirvan…
-pero habíamos quedado en el 10 nomas. Esto es un chingo de varo carnal.
-vamos, tómalo, míralo como todos los regalos que nunca te di hasta ahora.
-ps gracias carnal, aunque sigo insistiendo que es mucho varo.
-está bien… oye ¿cómo se llamaba tu novia?
- ¿cuál? ¿Ingrid?
- ¿Ingrid? ¿Era esa la veterinaria?
-ah no… tú dices Carmen.
- ¿tienes su número?
-si, todavía, por ahí lo tengo. Al rato que llegue a casa te lo mando.
-gracias Cesar. Y pues no te gastes todo el varo en mierda…
-no, no lo hare carnal.
                                                                     ***
-oye amigo, una moneda…
- ¿una moneda?... toma, te doy un billete…
- ¿estás loco? ¡estos son $500!
-loco no, desesperado…
-el mejor estado de la humanidad.
- ¿qué?
- apuesto, y tal vez sea un error mío, pero aun así lo haría por ese billete que me extiendes, que te estas muriendo.
-¿cómo…?
-¡eh le atine! ja… no soy adivino amigo, ni pretendo venderte una cura mágica para lo que sea que te este matando. Pero es fácil determinar cuando alguien se está muriendo por sus actos, por lo que hace y como deja de pensar para dar paso a la desesperación en sus acciones. Tú, por ejemplo, apuesto a que jamás me hubieses dado esa cantidad si no te estuviera cargando el payaso –con todo respeto- a manera inconsciente, quieres que por medio de tus acciones se reivindiquen todo lo malo, todo lo gacho que has hecho; tal vez inclusive que el señor te de una segunda oportunidad ¿Me equivoco? ¿Cuándo te dieron la noticia?
-hoy, hace… que horas son? Bueno, no sé, pero no lo había visto así…
-claro que no, estas en shock! ¡Bienvenido a la realidad viejo! Suena cruel y muy duro, pero así es esto; igual y tú me ves jodido, y no tengo porque negarlo, lo estoy; sé muy bien que me estoy muriendo, lenta y pausadamente. Me empiezo a preocupar o ¿sigo mi vida como la conozco? ¿Me dedico a hacer el bien? o ¿sigo viviendo egoístamente como lo he hecho? Pues soy hipócrita mi hermano, prefiero mantenerme ajeno a lo que suceda con el resto del mundo, beberé mierda y comeré meados hasta que el señor se presente y me diga que ya es hora, tal vez sea el de abajo o tal vez el de arriba, eso no lo sé. Pero si te puedo decir que lo habré hecho a mi manera.
-¿no tienes miedo?
-claro que lo tengo, y del carajo, pero es lo mismo ¿Me cierro al mundo? ¿Me dejo morir dando lastima a los demás o lo hago sin cargo de consciencia y a mi manera? Prefiero mi estilo viejo… y a todo esto ¿de que te estas muriendo?
-un tumor en el cerebro…
-del carajo amigo… ¿no hay nada que hacer?
-nada, me dieron 1 año.
-fiuu muy, pero muy del carajo mi amigo… la vida te cambia cuando sabes tú fecha de caducidad eh ¿Ya sabes que quieres hacer con tu ultimo año?
-no, no lo sé…
                                                                         ***
- ¿bueno?
-hola ¿Marisol?
- ¡Arturo que milagro! ¿Cómo has estado?
- eh yo bien… oye ¿has hablado con Enrique?
-a ese pendejo ni me lo menciones…
- ¿Por qué?... digo ¿por qué dices eso?
-el muy puto termino conmigo así de la noche a la mañana y sin darme explicaciones…
-errr… no sé, no te debiese decir nada, el me lo pidió, pero…
- ¿qué? ¿a qué te refieres? ¿Qué no me quieres decir?
-mira, la cosa es muy grave… él, no está bien…
- ¿¡cómo!? ¿Por qué? ¿qué le pasa?
-escucha, es grave… muy grave, y la verdad no está nada bien que yo te diga nada, si él no me da su autorización, pero mejor habla con él.
-dímelo por favor, él no quiere hablar conmigo, ni con nadie, renuncio a su trabajo y se encerró en el departamento, ni a su mamá ha querido ver.
-es… tiene un linfoma cerebral primario…
- ¿eso es malo?
-…se…se va a morir…
-…
- ¿mari?
-…
-por favor mari… por eso no quería decirte nada.
                                                                         ***
Las dos mujeres tocan desesperadas la puerta, la patean y gritan mientras lloran casi una abrazada a la otra. No obtienen respuesta alguna con el silencio cerniéndose sobre ellas, el pasillo blanco reluce de pared a pared, el eco rebota; una de las puertas de atrás se abre y la vecina les informa desde sus espaldas que el muchacho estuvo allí 3 días y se fue, le dejo las llaves por si volvía la chica que vino a gritar el otro día; no dejo otra cosa, no hay nota, no hay mas palabras, el departamento esta vacio,  y es que pese a que nunca tuvo gran cosa ya no hay ni tele, ni videojuego, ni ropa o cuadros decorativos. La vecina les confiesa que el tipo le regalo el comedor y la cama, no sabe nada más. Se excusa dejando a las dos mujeres allí de pie, con un departamento vacío.
Él está en una habitación con las ventanas tapiadas, sin escapes falsos, solo la puerta por la que entra y sale, cada mañana y cada noche en espera de que llegue el momento de que se acabe todo, se sienta allí sin opciones reales, sin oportunidades de cambiar el destino; la suerte –piensa- está echada desde hace casi dos meses; desde el momento en que el hombre que le extendiese la mano pidiéndole una limosna le hablo de frente acerca de lo que vendría, que no le mintió o le oculto algo, que le explicó el destino que le esperaba y lo hizo abrir la mente hacia el camino a seguir. Día y noche, en su mente se forman las palabras que el hombre de olor pétreo le hiciese aprender con solo escuchar una sola vez, le habla en un conducto de su cerebro a diario, mientras el vaga en búsqueda de su destino, de afrontar la opción 4 o el cuarto camino que le mostró.  Abre los ojos cada mañana con la misma convicción con la que los cerro la noche previa, la necesidad de no llegar hasta el final sin haber dignificado y legado algo más allá de un cuerpo, le dijo lo mismo que los profesores se encargaron de soterrar durante años y años de estudios de mercadotecnia: el hombre no se vale y se reconoce únicamente por sus posesiones y lo que haga con ellas; no, el hombre puede morir y su cuerpo desaparecer, pero la idea y lo que se deriva de ella es lo que permanece y se perpetua.
                                                                                ***
Todo se complicó aquella tarde, había un jodido reten metros adelante, le estaban cazando, pero no solo la policía, sino los mismos rateros, se había cargado ya a unos cuantos y estaban nerviosos, ahora eran más sanguinarios, no tenían reparo alguno en cargarse a cualquiera que hiciera un movimiento sospechoso. Tan solo en la última semana habían matado a un par de sujetos, mientras Enrique viajaba en otras rutas; se sentía observado por su condición de enfermo, eso lo destacaba, pero al mismo tiempo lo anulaba como potencial amenaza, ese era el error de los ladrones, pero que sin duda ahora si ya había llamado la atención de alguno que otro curioso; no solo por su tez cada vez más pálida, sino porque ya en un par de ocasiones se había caído de fea manera al tratar de huir. Las fuerzas comenzaban a abandonarlo cada vez con más celeridad. Las torretas cerraban el carril más adelante, todos los hombres eran revisados, justo un par de tipos antes que él, uno se echó a correr, los policías reaccionaron tarde, el hombre ya llevaba un buen trecho cuando el sonido inconfundible de la 38 sonó y le atino justo en el cuello. El policía más cercano acciono su arma contra Enrique, directo y abajo del hombro. Justo ahí, Enrique volvió a levantar el cañón, dos tiros en el abdomen y pierna del policía. El otro se intentó cubrir, mientras Enrique soltaba los tres tiros restantes, uno directo en la nariz del segundo oficial. La psicosis era general, mientras Enrique se perdía en la oscuridad de las calles. El rastro de sangre estaba dado.
                                                                           ***
-tienes derecho a estar molesto, tienes toda la maldita razón del universo a sentir rabia contra el condenado dios que permitió que estés muriéndote sin deberla o temerla, pero he ahí la contradicción más grande; ¿acaso dios te hizo lo que eres, dios te dijo no bebas, no fumes, has ejercicio, fornica como método recreativo y no reproductivo? Él no fue, fueron sus estúpidos seguidores, los que nos hicieron creer que eso era lo bueno.  En todo caso, dios existe para que un sujeto se encabrone con él porque la vida que tenía planeada se ha ido al caño y ahora cada segundo, cada minuto del resto de lo que le queda de vida, se la va pasar implorando perdón, pidiendo misericordia y una segunda oportunidad, o peor aún ¿se va a abandonar a lo que el pinche destino le tiene reservado? Es allí donde los hombres conocen la miseria en la que han vivido viejo, cuando lo descubren o son demasiado primitivos o demasiado cobardes como para cambiar. Yo aprendí que los que realmente quieren trascender tienen cuatro caminos, cuatro jodidos destinos y cada uno es más difícil de realizar que el otro.  Son tus manos quienes han de decidir lo que te espera de aquí en mas, de aquí en adelante son tus acciones quienes te definirán y no solo tus posesiones.
-lo haces ver muy sencillo…
-no en realidad amigo, en realidad le he dado vueltas a lo largo de los años para comprender como llegar a alguno de esos caminos, el punto neural para elegir el camino correcto y no el que te lleve a la tumba en medio de la nada. ¿Quieres darle un significado a tu vida? Bien, hazlo, pero elige correctamente el camino porque al final de cuentas es tu vida. 
-cuáles son esas cuatro vertientes que dices?
-la primera es la más sencilla, tal vez, se llama volverte un héroe.
-héroe? Estas chiflado. Gracias por hacerme perder el tiempo, carajo.
-vamos, vamos, escucha hasta el final, no seas estúpido, ¿tienes algo mejor que hacer? Te estas muriendo carajo, estas desahuciado prácticamente y quieres seguir sin atender algo que podría hacer que rectifiques la mierda de vida que has llevado. Igual y yo me equivoco, pero de cualquier manera lo puedes intentar llevar a cabo para que todos sean felices, o tal vez no. No me importa.
-te escucho.
 
SR Abril 2013-Diciembre 2016.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Tal vez la 1 am


Tal vez la 1 am, tal vez antes o mucho después porque hace demasiadas horas que no alcanzo a comprender los números que el reloj de pulsera me avienta sobre el rostro con su iluminación verde chingame las retinas, estoy completamente a oscuras en este sitio mientras afuera la ciudad hierve y se sacude en constantes palpitaciones de tragedia o de comedia según se interne la gente en las fauces de cada colonia. A menos de 100 metros, una mujer aúlla o grita o canta cientos de melodías que ha aprendido de sus miles de horas metida en la diminuta caseta en donde atiende a los sujetos que aparecen diario por ahí, tal vez un par de cilindros mágicos que mueven la música de atrás hacia adelante, mientras el dia se escurre como el sebo en sus lonjas. Es una buena mujer, llena de vida y de color en su cabello desde que la conozco, desde que ella me conoce, desde que todos en la cuadra le llaman por su nombre y ella sonríe o grita o escupe alguna frase hiriente y todos somos condenadamente felices por escasos minutos. Bebo cerveza o whisky como siempre que siento que la cosa va a terminar de manera rápida, como si con cada trago los sentimientos fuesen a desaparecer o fuesen a aterrizar en distintas direcciones que el mismo dios ha dispuesto para que los enajenados nos columpiemos en ello; tal vez no fuese tan divertido si oyesen a esa mujer lanzar por quinta vez en menos de 10 minutos ese grito cacofónico que destroza las cuerdas vocales y los tímpanos, que se sacude en violentos espasmos llenos de resentimiento hacia la vida que le ha tocado o que ella misma ha fomentado con su carácter agrio y las miles de obscenidades que grita mientras el cielo es azul y el dia ilumina todo. 

Y escribo una historia mientras la escucho cantar, y es una historia trágica porque no hay de otra, me gusta sentir el daño en las percepciones, tan lleno de mierda interna que los gritos de las personas se pierden en los pantanales de unas lagrimas llenas de historias que solo a un par de idiotas les conmueve y al resto les parecen melodramas cargados de basura; ella canta, yo escribo, y el resto del mundo pareciese que esta conforme con el papel minoritario que la obra les ha deparado, cómo si la noche no fuese lo suficientemente perniciosa para que sus historias se cubrieran de oprobio y lamentos sin destino, de fuerza perdida y eruptos mentales que a final de cuenta no llevan ningún destinatario, solo la noche y la noche que nos corrompe a todos los que de alguna manera estamos inmersos en historias cruentas o idiotas.

Son de esas noches que uno no quisiera recordar, porque basta mirar el cielo negro y las pocas o cada vez mas escasas estrellas que se dejan vislumbrar, para comprender que la soledad pega siempre que miras hacia arriba, buscando respuestas, tratando de discernir si en realidad estamos tan jodidamente solos como lo hemos atestiguado desde la conformación del pensamiento racional, o tal vez es porque recuerdas a todos tus condenados muertos e inclusive a ese hombre de la barba canosa que antaño te cubriese el culo mientras intentabas averiguar que jodidos había salido mal para que el pinche auto se estrellara en una pared y dejases embarrada la mente en ella, como si toda la seguridad de lo que eras se hubiese ido con ese error, pero es comprensible; eras un condenado crío que aún lloraba por las noches, qué no es que no lo hagas hoy en día, pero en aquel entonces  presagiabas un futuro mejor, todavía creías que el mundo te deparaba esas aventuras que tanto disfrutabas leer en los libros, en las condenadas novelas de viejos guerreros que dejaban su vida, su arte, su pasado y futuro en las letras perdidas y redactadas por la mente de algún condenado extraño .

Pero no solo son esas historias tristes las que me motivan a seguir vertiendo los demonios, son esas otras historias que en algún momento del dia aparecen dentro de mi cerebro, se cuelan como el sol en medio de la niebla más cerrada. Quiero creer que son rayos de esperanza o algo semejante pese a que no son para nada algo benévolo siquiera, más bien son los remansos de ese espectro demoledor que durante los pasados años ha acostumbrado a mi cerebro a responder con ciertas actitudes cuando todo parecería que es necesario hacer lo contrario. Uno de los aspectos más jodidos es que no pocas veces los lamentos terminan por aparecer en donde debiese haber risas.  Pero así esta bien, así me gusta ver la vida, como un eterno conglomerado de ideas que se arrastran hacia la superficie mediante artificios erróneos. Donde debiese haber felicidad, normalmente hay odio y viceversa; así por el asunto. También es muy cierto que no pocas veces las letras se atoran en la yema de los dedos, como si todos los motivos que bastan y sobran fuesen poca mierda, una situación limite a la inversa. Ríos de precipitaciones a punto de congelarse, a punto de desaparecer en el saturado universo. Son estos párrafos inmensos, a punto de ser imposibles de leer, de comprender, de decir todo y en realidad quedarse completamente callados y sin fuerza alguna para sobrevivir fuera de dos o tres líneas que aparentemente se confundieron y terminaron en un lugar imposible de sobrevivir. Son también los ritmos innecesariamente ríspidos, apoyados en gritos o susurros de desestabilidad que avientan sus chorros inmensos hacia la parte norte del cielo, hacia todo aquello que queda en la nada, en el flujo continuo del mismo universo. Palabras innecesarias mientras el sabor del whisky se confunde con el de la saliva propia, la misma combinación que antes siquiera pudieras observar, como si todo fuese un eterno cataclismo que va acomodándose según transcurren los latidos del cerebro.  Pero no pasan los minutos, no pasa el tiempo que parece estar congelado, atrapado en su propio y conveniente flujo, avasallando los pocos eventos que se suceden mientras el resto del pensamiento corre y se revuelca en el apartado de la incredulidad, de la vida que se escapa en cada palpitación, en cada miserable choque eléctrico producto de ideas, de risas, de suposiciones que a fin de cuentas se terminan antes siquiera de poder creer. Porque la sola presencia o ausencia de mujeres, o en especifico de esa mujer de rostro impenetrable, se hace visible con la marea alta del alcohol que recubre los sentidos, la misma mujer que tal vez dentro de unos años comience a cantar en un karaoke las canciones que hoy le dedico, a su manera; cargada de otros símbolos, pero al final emparentándose con la historia lúgubre de un sujeto de barba rala que habla generalmente de él en tercera persona y muchas veces bebe para recordar los rostros de esas hembras que en algún momento de la vida le dejaron cicatrices en las neuronas, en los conductos portadores de ideas y locuciones poco visibles y menos reales que la existencia de mujeres débiles. Al fin y al cabo la vida que el tipo ha redefinido como un rompecabezas se siente plana, carente de alegrías y plenamente identificada en el plano del fracaso. Vuelve como un bumerang incansable a la fuente del problema, o mejor dicho a la conclusión de las fatalidades. La suma de las ideas estúpidas que aparecen inconclusas según se acerca la hora del cierre. La magra existencia de palabras reconfortantes y útiles para la consecución de una bonita historia donde la mujer de muchos kilos y años a cuesta, se enfrenta en un campo imaginario contra el sujeto de los ojos eternamente rojos y la nariz picada por una mala higiene; sin vencedor porque la vida no puede ser definida –según quien escribe estas mierdas- como una lucha constante entre dos pares; la vida en realidad es la conflagración entre dos pedazos de mierda, uno más que el otro. Para el viejo raro y a ratos infeliz, la negra noche termina sobre ellos, sin esperanza de salir del foso, carentes de fuerza para siquiera subsistir contra las trampas que alguien sin escrúpulos traza en el camino.

SR. Invierno 2014

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Telarañas

Telarañas
No, no nos uniformábamos, pero como si nos leyéramos la mente usábamos la ropa más jodidamente depresiva que teníamos. Un día gris rata, otro día gris tormenta de ciudad llena de excrementos, al tercer día: gris túnica de monje exiliado en las montañas. Jamás colores que denotaran que existíamos para el resto, siempre un color deslavadamente sombrío como la música y la actitud de revienta bocas que nos cargábamos. Así andábamos de arriba abajo, intentando no destacar más uno del otro. Ideas iban y venían mientras mirábamos chicas lindas de otros grupos, que nos permitíamos soñar con ellas. Aunque en realidad ellas se interesaban por los tipos más olvidables de ese sitio. El viejo Hassan y el joven Rodrigo. Uno alto y estúpido, el otro más alto e igual de estúpido.
-sabes una cosa hermano? Comencé a preguntarle a ese adolescente de cabello rizado que miraba distraído una faena de dos novios en una de las bancas cercanas a la nuestra.
-qué pasa? Devolvió la idea sin despegar la mirada vidriosa del espectáculo humano.
-creo que estamos tremendamente solos aquí, que al pinche dios o quien quiera que nos vigile le venimos valiendo un pito. Sentencie con ánimos de ofender a un par de sonsos que nos escuchaban con el rabillo de sus oídos puros y virginales.
-tú crees? No varió un ápice su tono.
-a huelvor, o de que otra forma te explicas que blasfemamos día a día y seguimos aquí. No te ha castigado dios o sí? Dije mientras entrecerraba los ojos en una actitud de filósofo pasado por años de estudio anacoreta.
-contará lo del viejo? Me la reviró como si el talmud mental que él poseía fuese más antiguo y más fregón que el mío.
-no, tu abuelo no cuenta. A menos que el señor anticipe todo y le incitara a beber desde chavo para castigar a su futuro nieto renegador de historias divinas, asiduo fan de la pornografía y la música heavy metal. En todo caso ese Dios es cabrón, porque anticipo que existiría el heavy de Megadeth.
-no, pues sí, te cabe todita la razón en esa bocaza… hablo con su doble sentido, como solía hacer cada dos por tres para agarrarme en curva.
-andas. Además no decías que el don ya tenía pedos desde antes?
-seh, mi jefa decía que no pasaba el mes. Volvió a profetizar como si su señora madre tuviese la razón absoluta por encima de todos los conocimientos humanos y los celestiales.
Así eran nuestras platicas por aquel entonces, insulsas y aderezadas de obscenidades y retahílas de televisión basura que consumíamos como si fuera el néctar necesario para crecer; sin embargo en el fondo dejaban al descubierto nuestros temores y la necesidad de encontrar una sola cosa que pudiera mostrarnos el camino. Todo cambio una mañana después de un periodo de vacaciones corto. Llego ella, la vimos apenas entrar al salón blanco, aquellos ojos terriblemente verdes y su cabello del color de los sueños. Habló primero con él, siempre era así. Y ahí comenzó el acabose de nuestra amistad, nos volvimos el uno contra el otro y caímos de la gracia de nuestro propio universo. Se llamaba Luisa.
Esto parece una trama de una novela de CCS verdad?
La verdad es que ella se integró con nosotros. Le gusto nuestra onda de sufridos por el mundo al que habíamos venido a parar, pero  sobre todo le gusto que Hassan fuese un soñador y yo un auténtico valemadrista de tiempo completo. Ella amaba los modales de caballerito refinado del siglo XIX de Hassan (sólo visibles cuando había gente presente), y le gustaba ver como yo escupía las flemas hasta la banqueta de enfrente cuando desayunábamos por las mañanas entre la primera clase y la segunda. Nos amaba a los dos por igual sin lograr articular la oración misma cada día que nos veía. Luisa se mantuvo junto a nosotros durante ese par de meses en que la amistad con Hassan se hizo hermandad. Ellos venían a casa o yo iba a la de ellos, nos frecuentábamos para escuchar rock, para ver televisión basura o para reír con las pendejadas de uno y otro. También nos gustaba escuchar a Luisa declamar poesía, no siempre con atino y no siempre con la voz perfecta, pero en cada trozo de cuerda vocal que perdía al hacer esa voz pastosa, nos enchinaba la piel y nos dejaba ver ese mundo que ella amaba. Nos enseñó el realismo sucio. Llegamos por ella a Bukowski, a Fante, a Carver y Ford. De su voz y arte nos encamino hacia Ellis y su inseparable cocaína. Y luego nos refundió en el coco el cataclismo emocional de las letras y las figuras de Unamuno, Sartre, Nietzsche y Kierkegaard. En sólo 2 meses ella abrió nuestras mentes, algo que ni toda la televisión en nuestra infancia de 17 años, había logrado. Sin embargo, la irrupción de esos autores en mi cerebro algo rompió, comencé a alejarme de Luisa y Hassan y ellos de mí. Cada día me encerraba más y más en un mundo propio de pesadillas literarias donde los errores ortográficos acechaban en cada esquina obscura. Ellos se enamoraron. Hassan y Luisa encontraron su propio consuelo al notar que yo me daba por vencido y odiaba más y más al mundo, con ellos incluidos. Los odiaba por sucumbir a las simplicidades de una relación amorosa que les significaba dejarme fuera.
Hassan me encontró una tarde en que regresaba de la parte posterior de la escuela donde me reunía con un grupo variopinto a dejarnos morir por la no acción.
-faltaste con Garmendia. Dijo seco, sin saludar primero o hacer una de sus acostumbradas bromas.
-y? no me apetecía hablar en demasía por aquel entonces.
-ya te reprobó. Lo dejó caer como una bomba atómica sobre una ciudad costera.
-una menos supongo. No podía sino importarme menos lo que un papel dijese acerca de mis conocimientos. Para mí en aquel entonces la vida valía menos que un condenado número.
Le deje allí plantado como si no existiera nada más. Me marche con el entrecejo marcado al igual que aquel que poseía mi padre en aquella foto vieja, el que a diario mostraba para nosotros. Para mi madre y para mí.
A Hassan lo perdí de vista un par de días que duré encerrado en mi propia prisión. 3 x 1.5 metros era todo lo que necesitaba. Corridas las cortinas y sin un foco que proveyera luz. Espere y espere a que el súper hombre hiciera acto de presencia en las lecturas de Nietzsche, y  realmente apareció como cada que se le necesitaba en verdad. Pero no llego solo, lo hizo acompañado en su forma física de la cara regordeta y sus ojos verdes color yerbabuena de Luisa. Mi madre la dejo entrar y se sentó en la orilla de mi cama. Reconocí su silueta, su calor emanando del culo gordo y la voz sensual que electrizaba cada poro de mi piel.
-por qué no has ido a la escuela?  Habla tímidamente, casi siseando cada letra.
-estoy triste.
-triste? Tú, triste? Alza sólo un poco la voz, lo suficiente para que todos en la condenada colonia se dieran cuenta de que estaba deprimido, el gran idiota carcomido por sus demonios internos.
-me…duele.
-tú lo que tienes es envidia! Te chinga lo mío y de Hassan. Cada palabra más venenosa, cargada de ira y desprecio porque era un inútil, un vago y un mantenido que me pasaba los días mirando el techo de mi habitación en espera de que se me pasará el enojo con dios o con lo que yo creía que era dios.
-me vale pito a quien se chingue Hassan.
-así que ya soy quién? Esbozó una sonrisa triste, patética, con su aliento sabor mentitas y sus labios rosa pálido con aquel lunar en la comisura del lado izquierdo.
-perdón. No… lo quise decir.
-no, no. Eso es bueno, que lo sueltes todo, que te saques todo ese rencor de pinche niño mimado. Crece pendejo! Podía y quería seguir teniéndola para mi solo, instantes más. Pero no iba a durar, en realidad nunca duraba nada y todo estaba condenado a perecer, a desaparecer no importando cuanto deseara lo contrario.
Siguió hablando, siguió diciéndome todas aquellas verdades que yo deje de escuchar. Me volví de cara a la pared y me hundí en el sopor de los días pasados, aparecía ante mí la boca de Luisa hablando ya no con esa voz de poetiza, sino con su voz de niña de 17 años que amaba a un tipo divertido y odiaba a su mejor amigo por ser un perdedor.
***
Abrí los ojos. Realmente salí del reino de ningún sitio, era mi primer viaje con marihuana. A los lados había un par de adictos que seguían pasándose el churro mojado por sus salivas adolescentes mientras los rayos del sol barrían todo a nuestro alrededor, el sol que mandaba a la jodida a las nubes, que calentaba nuestros cuerpos y las sillas viejas que se hallaban dejadas para morir al pleno. Destartaladas, viejas, mohosas, llenas de telarañas con arañas viejas y jóvenes con cuerpos calientes y un humor de la fregada. Ropa vieja y rota que algún buen samaritano había olvidado o alguna chiquilla de la colonia había perdido  al ser violada por los transeúntes de la mañana y la noche. La muñeca vieja que había utilizado una profesora hace años para enseñar las maniobras de resucitación, que ahora era amante de vagabundos y drogadictos que la amaban en verdad. Insectos y agua podrida residual de días interminables bajo la gotera de ese tinaco del edificio principal. Pensé en Hassan y Luisa. En realidad apenas los había visto, había  reído con ellos y  me habían presentado a una compañera de Luisa de las clases de francés. Una chica guapa, de pelo ensortijado y rubio, de rostro afable y con una voz muy bajita. Le guste, o eso dijo Luisa, dijo que le había gustado mi humor soez. Pero ahora únicamente oía la gotera golpeando el rígido plástico de la durmiente eterna. Olía de nueva cuenta la hierba que se quemaba envuelta en el papel arroz que me había puesto en las manos el compa Salomé. Éste sonreía hacia la nada con los ojos vidriosos y la risa perdida en alguna partícula apenas visible. Logre enderezarme y poner el cuerpo adelante, nadie reparo en mi acción, todos se hallaban perdidos en contar el humo que escapaba mientras quemaba el sol la frente desprovista de pelo de Salomé. Con una sonrisa idiota de mi parte me despedí de él y este atino a sonreír estúpidamente. Llegue a la puerta del edificio donde solía vivir por aquel entonces y encontré a Hassan, me hablo con rapidez juntando mucho las palabras o eso me parecía. Era solido todo lo que me decía y yo no podía  mirar sus ojos.
-qué? Fue mi respuesta a todo su discurso. Al parecer había reprobado otra materia y ya no tenía derecho a pasar al siguiente año.
Me miro extrañado y comprendió que por más que dijera y hablara sus palabras no llegaban a mi cerebro. Me dio una de esas sonrisas torcidas y se despidió. Perdí el año, perdí a mis amigos y me perdí a mí. Fue la última vez que vi a Hassan en 17 años.
                                                                      ****
-Rodrigo? Alguien me tocó el hombro mientras la voz me llegaba apenas fracciones de segundo tarde.
Parpadee, porque lo conocía, lo había visto hacía años y había sido alguien importante, pero en realidad aquello tenía muy poco de particular, a lo largo de los años había ganado y perdido amistades como el sol salía cada mañana, sin embargo alcance a barajear una amplia gama de nombres en mi cerebro y las letras se aflojaron por mi garganta.
-Hassan? Cómo has estado viejo? Sonreí. Al tiempo que nos dábamos un abrazo cauteloso.
-bien, bien; mucho tiempo sin verte. Sonrió, su boca era idéntica pese a que habían pasado muchos años y kilos entre ambos. Estábamos allí de pie frente a un edificio de apartamentos a menos de 15 minutos de la colonia donde ambos solíamos rondar, mientras el clima lo permitiese, sobre todo que no apareciera el humor jodido de su hermano y su clan de matones hijos de perra.
-sí, muchos… Qué andas haciendo por acá? Aún seguía en estado de shock, no solo por verle, sino porque me acordaba de su nombre, el rey de los desmemoriados recordaba algo.
-pues de regreso al barrio. Anduve unos años por Durango, pero ya necesitaba mi dosis de smog.
-que chido. Vas a vivir en tu vieja casa?
-no, la vieja vendió hace como 10 años. Estoy rentando allá por donde estaba el videoclub.
-con el Palomino? Torcí un poco el gesto al decir el nombre, el viejo palomino era un tipo loco, jodidamente enfermo que gustaba torturar adolescentes con su sequito de matones y violadores en potencia, pese a que no lo recordaba del todo, a menudo su rostro floto en mis recuerdos como esos viejos programas de televisión, como toda aquella mierda que en algún momento creí había quedado enterrada y sin opción para volver a aparecer en vida.
-con ese mero.
-órale… y de que la giras?
-pues de esto y lo otro, aunque principalmente de maestro. De hecho ahorita estoy esperando a que me hablen de una chamba. Y tú?
-igual, de maestro. La coincidencia me choco, creía que, de toda una generación de pobres diablos y alcohólicos empedernidos, yo había logrado salir del atolladero; me asumía como la voz cantante de una bola de desgraciados intelectuales que trabajaban de sol a sol y bebían cuando este había desaparecido, acariciando los abultados vientres de sus esposas, cubriendo las miserias de sus hijos quienes, continuarían el linaje familiar de morir en una fosa en algún panteón lleno de mierda.
-te cae?
-sí, increíblemente me toco fletarme con estas nuevas generaciones de chamacos.
-ah que chingón. Oye pues hay que vernos no. Le entras al piste?
-como no, que te parece el sábado allá con el gordo Hernández? Le siguió la tradición a su jefe y ahora el maneja el bar. Sonreí mientras hacia remembranza de lo que era el gordo y su familia.
-va que va. Como a las 7? Dijo.
Sábado. Regreso a casa. Me bañé, me puse ropa cómoda y salí al viejo bar de los Hernández, en si el local se llamaba “el apagón”, pero conocía al gordo desde la secundaria y a su papa desde la universidad, jamás le había llamado por su nombre al lugar. Dieron las 7:15 de la noche y apareció Hassan. Se acercó y le pedí una cerveza. Hablamos como si fuese 1999 otra vez de cientos de mierdas sin importancia. De cosas que a nadie le importaban más que a nosotros. Ya no éramos los mismos, sin embargo la conversación fluía como la cerveza de barril que nos esforzábamos por retener en la vejiga.
-y no has visto a nadie? Pregunte para llegar a la verdadera pregunta que tenía en mente desde el instante mismo que me saludo.
-pues no, hace tiempo, hará como 12 años vi al Enrique y a Pichardo, pero hace mucho. Dijo mientras se rascaba con el borde del tarro. Y tú?
-no, pese a que no me he ido, no he visto a nadie. Al menos no a nadie que yo me acuerde. Como no había mencionado nada de mi interés decidí apostarme el todo. Qué habrá sido de Luisa?
-Luisa, Luisa?… pfff hace años que no pienso en ella. Quien sabe… qué habrá sido de la flaquita?
-fue tu novia no? Me mostré indiferente, tratando de hacerle recordar algo, mientras le daba un trago poderoso a la cerveza.
-mía? No, no manches, era tu novia. Me dijo seguro y viéndome entre extrañado y circunspecto. Como queriendo descubrir la trampa.
-jajaja no te hagas, fue tu novia.
-no carnal. No sé si me quieres tomar el pelo, pero Luisa anduvo contigo desde tercero hasta como por quinto. Fue cuando me reprobó Salomé. Te acuerdas? El viejo de física que no me tragaba. Dijo sonriendo mientras sorbía un trago del tarro.
-no, no; acuérdate…yo reprobé el año que tú y Luisa anduvieron. Y luego…me interrumpió
-no. El que reprobó fui yo, fue cuando me quede viviendo un tiempo allá con mi primo de la 201 y me daba flojera venir hasta acá. Tú anduviste con Luisa ese tiempo. Yo andaba bien deprimido. Y fue cuando mande al tubo la escuela.
-de su puta madre… solté lento. Pinche mariguana me fregó el cerebro.
-a poco? Zas! Me acuerdo que en la escuela te trate de enviciar…y perdón por eso… pero nunca le entraste.
-cómo?  La perplejidad se adueñó  de mi cabeza.
-si guey, era re atascadote por aquel entonces, y te quería hacer caer conmigo pero la Luisa me puso un hasta aquí y me dijo que dejara de chingar. Ahora fui yo quien lo interrumpí.
-pero no, no me acuerdo que fuese así…
-si caramba, un día llego bien enchilada a mi casa la flaca, y me dijo algo así de que yo te tenía envidia y quien sabe que mamadas más. 
-no, no manches… pero… no es posible, eso me paso a mi… la nube amenazaba con desquebrajarse, con hacerse añicos.
-bueno, al menos eso fue lo que me reclamo ella.
-pero… no, estoy seguro que no es la misma. Dije seguro, él hablaba de una flaquita y yo la recordaba gorda, no sobrehumanamente, sino con carne autentica, de esas mujercitas que te conquistan con el corazón y la mirada sin importar siquiera que es lo que decora el marco.
-pues yo solo conocí a una Luisa, y  uno como tu viejo. Razonó mientras daba el último sorbo a su cerveza. Sale la otra o te tienes que ir? Me pregunto mientras se encaminaba al baño.
-sí, sí. Oye gordo ponme otra igual por favor. Le pedí al tipo que ya se acercaba con su trapo, para limpiar los bordes marcados por los tarros en las mesas de madera vieja, las que crujían amenazadoramente cada que depositaba uno con fuerza el tarro o el envase en su superficie.
-estas seguro? A tu vieja no le gusta que bebas tanto cabrón.
-qué? Pregunte distraído, mientras repasaba mentalmente todo lo que me había dicho Hassan.
-si guey, acuérdate que a Luisa no le gusta que…
-que!? Pero… yo no… no tengo… Luisa?
-tu vieja…no te hagas el pendejo y ya mejor no chupes. Dijo ya con cara de resignación y enojo.
-pero cuál Luisa? De qué chingados hablas gordo?
-acuérdate guey de la última vez que te pusiste bien jarra, te paraste a gritarle a medio mundo que eras él no sé qué y él no sé cuánto. Tuvo que venir Luisa para bajarte de la mesa, porque la neta ya le iba a hablar a los cuicos para que te chingaran por pinche escandaloso y borracho. Y ya deja de estar chingando, ahorita le digo a Susi que te traiga un café bien cargado.
Volvió Hassan limpiándose las manos en el frente del pantalón de mezclilla.
-pfff ya descansé… oye mano, mira no era mi intención confundirte, pero créeme que es neta cuando te digo que Luisa fue tu novia, y que en la prepa yo era un completo desmadre. Le di otro trago a la cerveza tras su aclaración. Mientras el espejo situado frente a la barra y la mesa, me señalaba el sitio vacío que debía ocupar ese muchacho de cabello rizado que en algún punto de Durango murió hace apenas unos meses.

SR Octubre 2013