martes, 26 de noviembre de 2013

La noche que le brinde una copa a una sirena en el baño

La noche que le brinde una copa a una sirena en el baño

Me quito con tanto trabajo la camisa reseca por el sudor que bufo. El hombro no logra alzar mi brazo izquierdo más de 20 centímetros, brazo paralizado le llaman, inútilmente disemino la pomada que me dio la vieja para los dolores por todo el lomo. Cada tallón extra –para infundirle calor y alivio- me obliga a jalar aire con la boca. Llevo 3 semanas así. Duele como el amor del bueno entre los personajes de Zola; acabo la labor infructuosa tras media hora. Abro la botella de ron que compre en la vinata y le meto un trago directo y profundo que reactiva las neuronas. La televisión está encendida pero hace casi un mes que no sé qué dan en ella. Chismes y guerra supongo. Hace poco más de un año que Bush Jr. le declaro la guerra a todos los jodidos barbones en el mundo, a todos aquellos que no se parecen a sus White boys. Creo que debiese rasurarme un día de estos. Otro trago al ron. Me quedo allí sentado en la sala –inmensa-, semidesnudo como todas las noches. Los moscos se dan un atracón pese a que las ráfagas de aire frio les devanean el coco. Bendito otoño que pronto traerá los fríos decembrinos y alguna que otra sorpresa. Cuento con las yemas de los dedos los granos de mi espalda mientras el rugir de un tigre se asienta en mi estómago, porque llevo más de 3 semanas comiendo cosas que ni en Guantánamo soportarían. Espera, se supone que no debiese saber dónde coños es eso o para que sirve, olvide que me hago pasar por alguien sin educación con la chica que me gusta. No sabe que escribo poesía y que pienso en ella desnuda.

Otro ron. El aliento me cambia al de un sábado por la noche. Es martes, creo. Difícil saberlo sin reloj o la televisión. En la radio mencionan el día todas las mañanas pero a esa hora mi yo consciente sigue idiotizado por quedarme hasta tarde todas las noches escribiéndole a las estrellas. Está bien, está bien, lo hago pensando en los pezones de la chica. Se llama Mariela. Guapa, trabajadora, le gusta el baile y vestirse guapa para ir a ellos. Tiene novio,  es un buen tipo que trabaja duro toda la semana para salir a pasear con ella en la camioneta deslumbrante que se compró. Yo uso un auto viejo que estaciono todos los días frente al trabajo y lo observo retándome para largarnos hacia el horizonte. Me pide que robe por él, luego baja las expectativas y quiere que mejor beba, en eso si lo complazco. A Mariela le gusta el color blanco del chasis picado y mi barba desaliñada llena de esos pelos grisáceos que le pican en la barbilla. Sonrió cuando la veo todos los días, también sonrió cuando no la veo.

Volviendo al dolor,  la vieja me dio la pomada diciendo que a ella le quita los achaques. No se lo discuto porque también me dio la receta para los mojitos y una rama de yerbabuena cuando vio la botella. El azúcar la tendría que conseguir yo. Olvide mencionarle que prefiero los tragos directos. Mejor otro. Los nervios y sus conexiones se aplacan cuando el fuego cruza la cadena montañosa ubicada en la laringe. Es Martes? Juraría que sí, pero entonces eso quiere decir que olvide algo, que tenía que hacer algo, pagar algo. No sé qué fue, pero algo tenía que hacer. Pienso en Mariela ahora, la carne se me pone china y me doy un pellizco en el pezón e imagino que ella lo hace. Ya lo ha hecho antes. Espero que su novio no lo sepa, aunque eso sería un muy mal comienzo para la vida en conjunto. Tal vez sería mejor que se enterara y viniese directo a darme una lección, una madriza que me ayudara a comprender que ella no es para mí. Mejor que tuviese que errar por allí un par de días con una mano rota y las costillas aún más rotas, escribiendo desde el dolor y con dolor para olvidar el condenado hombro maltrecho por cargar toneladas y toneladas en él. Sin preocupaciones mayores a “cómo carajos voy a abrir la botella sin una mano?” o “quien jodidos vendrá a limpiarme el culo!?”. Con un ojo tan rojo y devastado como el ojete del culo de Mariela. Benditas sacudidas. Sin embargo el dolor ahora y más apremiante es el del hombro, mañana le pido a la viejilla que me regale lidocaína liquida para mezclar, tal vez con vodka. O unas gotas de encapsulamiento de dolor. Creo que ya existen. O tal vez no.

Me despierto otra vez, pensarías que a vomitar pero eso ya lo hice antes de caerme a dormir. Ahora estoy de pie en calzoncillos raídos y con bastante fiebre; no estoy crudo, de hecho sigo bastante idiota. Son casi las 5 de la mañana y acabe bebiéndome los ¾ de esa botella de ron, del de a litro, no de esas mamadas de 750. En fin que me he despertado y he corrido por media casa –o mejor dicho tropezado- buscando una pluma, un lápiz, sangre o la misma mierda que seguramente encontraría en un rincón porque olvide donde quedaba el baño, porque necesito escribir su nombre. Porque al parecer me he dormido y he soñado con ella. No solo soñé, sino que desperté gritando su nombre. Con otras letras, con otro rostro, pero era ella. Estoy seguro. Finalmente escribo su nombre y vomito una vez más. El restante ron queda en el suelo azul cielo pálido en ese cementerio maldito de borracheras que es el baño. Apenas y me sostengo de la pared y una concha de mar me devuelve la sonrisa sin fe. Le brindo un trago a ella y sus camaradas acuáticas, a todas las conchas del mundo. 

Y el dolor? El dolor allí sigue, acechante, esperando a que el maldito alcohol sea procesado por el hígado para volver a reinar en el templo por otro día mientras duerme por la noche.

SR Octubre 2013.

Estrellas fugaces

Estrellas fugaces

Enciendo el monitor como cualquier otro día, lo más probable es que no haya nada interesante en internet. Llevo 7 meses desempleado y pocas oportunidades para encontrar algo si me enfoco únicamente en lo que sé. Las redes sociales me llaman, en el necesario y al mismo tiempo innecesario chat localizo a los 3 o 4 contactos que realmente valen la pena en su habitual silencio de unos meses para acá. Todos los demás una autentica pasma. Toda mi lista de agregados se puede etiquetar en dos grandes bandos:

1) mis camaradas de antaño y los nuevos, familiares a quienes tolero y la gente extraña que me regala buenos días con sus ideas frescas.

2) Los que me han agregado y que no he tenido aun la valentía para borrarlos.

Sigo en lo mío después de tanta filosofía barata de ordenador. Conecto la consola de tantos miles de pesos y apago la computadora. Es hora de perder el tiempo en idiotez para mi cerebro.
Otro día perdido. 8:30 pm, entrecierro los ojos pegados por el sueño y la apatía mientras observo el monitor deslumbrante de la computadora,  alguien, que fácilmente entraría en la categoría 2 de mi subjetivísima lista de contactos, ha subido una foto nueva en su perfil público, abro la foto por curiosidad y aburrimiento. Se ve bien, el escote hace bien su trabajo de distraer de la cara, no se me malentienda, no es que sea fea, sino que inevitablemente me viene del subconsciente que su rostro (salvo pequeñas variaciones) es el rostro de una vieja amiga. Otra mirada al escote de buena hechura y finalmente escribo con la indiferencia habitual en los dedos y en la mirada: “se te ve bien”. Mi clásico formalismo en este caso se puede malinterpretar pero el daño está hecho. Cierro la página, apago la computadora y me encierro en el laborioso mundo de beber, otra noche.  Trascurren 3 horas. No estoy ebrio, no estoy siquiera feliz, lanzo cacahuates a la pantalla del televisor mientras la protagonista de sabrá dios de que telenovela pocha balancea de lado a lado los senos y los caireles de su melena falsa. También los senos son falsos pero al menos los presume con orgullo. Tengo sed, hay dos cervezas en la mesa, o lo que aparenta serlo. Se calientan mientras mi humor va en picada, mala noche sin duda, apenas respiro para consumir lentamente la energía ganada por un puñado de cacahuates y un sándwich. El espíritu festivo ha desaparecido en este lugar. Apago la televisión y enciendo la laptop. Bendita tecnología que me aparta de las falencias del consumo etílico. Sonrió mientras carga el internet robado. Deportes, noticias del mundo, espectáculos, twitter y su increíblemente corta memoria. Coloco un par de chistes que solo yo y los 140 caracteres entendemos. Vamos a otra cosa. Pornografía? No, aun no. Mensajes en el chat. Mensajes en el Facebook. Dos notificaciones (las de siempre): 1) invitación a jugar sepa-la-madre-que-cosa, 2) los 200 mensajes que me deja al día mi amiga que tiene el mismo ritmo pausado de vida que yo, salvo que en una mujer como ella no se ve mal. Minutos y minutotes que se discurren mientras paso hacia abajo el cursor esperando encontrar algún chiste en los mensajes que me deja. Nada. Cero. Reclamos y reclamos porque no soy feliz, porque no trato de serlo. Me divierto un rato mientras los leo, lo habitual, el eterno juego de coqueteo decente y al final desisto como tantas noches. Cierro todo y me entrego a los placeres de la lectura de revistas viejas de tecnología. “32 Mb de memoria” se lee en el encabezado de una computadora antiquísima, quisiera que eso fuese hoy y yo todavía tuviese fuerza.

Despierto otra vez con el sol arriba, justo de frente a mi rostro, lo maldigo mientras me rasco los testículos con la mano izquierda. La casa sola, salgo a turistear alrededor de una maceta con una biznaga que bien cabe en el palmo de la mano. Sexto piso. Balcón. Exterior. Ruidos y más ruidos provienen de la acera un suicidio por debajo, la renta se acaba en dos semanas; regresare a casa, al yugo familiar. Por fin me alimentare como es debido, nada de sopas instantáneas y cigarros. La bebida descartada, a mis padres no les gusta verme bebiendo cerveza al medio día, prefieren que desperdicie mis dientes en el refresco. Veo a un niño un grito prolongado debajo y me acuerdo que el vecino de al lado no me ha traído mi cambio por el favor de enseñarle unas porno. Miento, en realidad le preste las porno para que las viera con su noviecita. Cuando crezca ella será una autentica rompe catres si al final logra deshacerse de este baboso mea camas. El chico es bueno, de hecho me hace el favor de traerme las sopas y los cigarros que le roba a su madre. A cambio obtiene mi sabiduría y las horas que quiera en la consola. Ya espero que llegue el día que venga corriendo y me diga: “puta madre, embarace a Chelita”. Padre putativo que seré por entonces. Chelita, buenos senos de quinceañera urgida por dejar de ser señorita y que la presentación en sociedad que le prometió su padre en su fiesta de quince sea verdad y pueda debutar ante una sociedad que no necesita una adolescente calenturienta más. Regreso a mi silla de cojín mullido frente a la computadora, primera parada: redes sociales, twitter; chistes locales de política, de televisión y sus promesas de chicas con tetas perfectas que tienen el sentido del humor más pesado que lo que les cubre el sostén. Desisto y me encamino al viejo Facebook. Notificaciones por ser un pendejo, mi prima, mi tía, mi hermano, la chica del escote, la chica que me manda cadenas de oración para que Jesús salve mi alma. Ni siquiera leo lo que me escriben, procedo dar mi clásico colchón de media hora conectado para que alguien se conecte. Nada como la rutina para evitar el aburrimiento mental. Espero viendo con ansia el monitor y recorro las mismas páginas del día anterior y el que le precedió y el que fue antes a ese. Creo que saldré a buscar empleo…no, ya es tarde; a los empleadores les gusta creer que por llegar a primera hora el día de la entrevista lo harás el resto de tu vida. Mejor iré a casa de mi hermana y hare que mi cuñado me compre el desayuno nutritivo de la semana. Garnachas sabor infarto con salsa de colon irritado. 3…2…1…bye, bye mundo digital, hola mundo analógic… nuevo mensaje al chat. La chica del escote. En casi 10 años que tengo de conocerla en persona es la primera vez que me escribe o me saluda más allá de esos besos frígidos en la mejilla. El “hola” parpadea esperando a ser contestado. No viene solo, sino que utiliza ese arquetipo que me endilga cada que me ve: “señor”.

-que hay? (respondo con hambre a su saludo inicial, sin ilusión, alicaído y esperando realmente que no se prolongue demasiado en lo que sea su santa voluntad por sacarme de mis ocupaciones habituales).

-trabajando señor (que en realidad me parecía más una declaración de guerra al señalar lo que es obvio en cualquier otra persona menos en un vago y apostata).

-que bien…supongo (y cada vez, cada palabra, cada jodida letra me siento más estúpido, sin ideas propias que denoten que soy genial)

-jajajaja…dígame, todavía se dedica a la edición?

-pues sí, cuando hay trabajo. Aunque últimamente estoy medio desocupado, por no decir sin un lazo siquiera.

-qué bien!...bueno, no que este bien que este sin trabajo, sino que está muy bien que todavía se dedique a la edición. Le tengo una chamba.

-en serio?  La neta es que me caería de pelos…

-qué le parece si lo veo en “La caminera”? (me suelta lenta y sugerentemente mientras esbozo un “ya me chingue” porque ni siquiera tengo el dinero suficiente para pagar el aire de ese bar para motociclistas de bicicleta hipster y suéter de $900 en rebaja).

-cuando? (pregunto por mera cortesía ya que el nombre del sitio propuesto se extiende de mis horizontes monetarios y por ende pierda otra oferta laboral)

-hoy, 7:30, que le parece?

-mira, la verdad es que si me interesa pero, estoy ahogado. No tengo un céntimo para ir a ese lugar. Me da no sé qué ir  y terminar por hacer que tu pagues.

-no se preocupe, ya veremos qué pasa. Si o no, hoy a las 7:30?

-está bien, está bien. Hey! gracias la verdad. Me haces un favor enorme.

-lo veo en la noche señor.

-adiós.

Oferta laboral, la primera en meses, la primera real en mucho tiempo. El último trabajo fue ayudando al audio de unos comerciales, algo que cualquier niño de secundaria hoy en día puede hacer. La pasta fue buena, pero no me volvieron a invitar porque el sobrino de la productora se graduó de dj en la Fermata y traía sus ideas bien europeas. Pinches juniors putos. Todo el dinero de ese trabajito se fue en la renta de 6 meses, ya no hay crédito. Don José ha dicho: !dos semanas Ramón, y a la verga! Tal vez si le llego con un adelantito o el talonario de empleo me dé chance otras semanas. Lo dudo realmente antes de empezar a cagar en el baño. Antes de jalarle rezo para que quede agua en el tinaco, tanto para la condenada caja como para bañarme. Se va mi mierda, se van los malos aromas también cuando sale el agua fría del tinaco medio calentada por el sol. Me baño sin placer y me dispongo a perder la vida en el mundo virtual de botones y acciones suicidas de comandos armados hasta los dientes que eliminan a los malos de la faz de la tierra. 10 horas allí van,  Carolina me espera a 15 minutos caminando con aquellos tennis viejos y descoloridos, una playera gigante, jeans y los lentes de quien sabe ya cuántas dioptrías que deforman la realidad conforme miro arriba-abajo. Decido no usar cartera porque es una broma cruel que ya no tiene ni fondo. Meto las llaves debajo de la piedra que está en la entrada. No importa, el pinche Jesús seguramente estará en mi departamento para jugar en el plasma gigante y terminar con el cerebro hecho mierda. Salgo a los últimos vestigios del sol juliano, se espera que la lluvia aparezca de un momento a otro, pero hasta hoy es día que no hace acto de presencia en una ciudad que necesita esos escupitajos de Tláloc  para mantenerse fresca. 
Sonrió al pensar que la cactácea de mi balcón ha de estar de plácemes. Mantengo el paso de mi caminata y encuentro el anuncio neón. El picadero de alcohol para niños bien me recibe con su desprecio selectivo mientras los agujeros en mis tennis sonríen macabramente. Es la hora, siempre llego puntual, y me termino fumando 2 o 3 cigarrillos robados porque nadie aparece a la hora. Enciendo el cigarro, es el último del día. Sin filtro, sin marca internacional, es una mierda que la madre de mi vecino compre esas cajetillas por 25 pesos a los chinos que aceleran nuestra llegada conjunta a “la tierra sin retorno”. Guardo el encendedor que era de una chica que me lo presto en un concierto gratuito y jamás se lo regrese, en algún lugar del infierno estoy seguro que estaremos todos los que nos robamos encendedores. 15 minutos después el cigarro es ceniza en el viento y una manchita amarillenta en mis dedos de la mano derecha. Miro a ambos lados de la acera y no recuerdo si le puse la alarma al Ferrari y si saque el rolex de la guantera. Tampoco me acuerdo en que jodido lado deje el sentido del humor. Mi clásico colchón de media hora se consume con la misma rapidez que la salud mental que aun poseo. 7:55 entran dos chicas que alguien con conocimiento de causa llamaría “coñitos recién salidos de prepa”. No tengo tanta imaginación para ello, y ellas reparan en mí como si tuviese las mismas tonalidades de una cucaracha sin cabeza corriendo de aquí para allá mientras siente venir la muerte lenta y dolorosamente. Decido largarme y someterme a otra noche de televisión basura, Halo o sepa la madre que me designe el señor. Esperando que el gordo del departamento vecino saque la comida de perro soltero y disfrutemos de nuestra miseria. Suena el celular (y que aparentemente uso como adorno porque no tiene crédito desde hace cuando menos 3 meses y la pila le dura menos que…bueno, no dura nada), número desconocido.

-bueno? (contesto con la voz potente, maciza de macho intrapiernoso que no ha tenido pareja sexual en 3 meses cuando mi chava se largó por diferencias irreconciliables, ya que ella quería ir al cine y yo quería morirme).

-que paso señor? Llevo media hora esperándolo! (es Carolina y yo me atraganto porque esta vez el impuntual soy yo).

-perdón, perdón, ya estoy afuera. Donde estas sentada? (meto los pies  en el local rogando que no me demore demasiado porque destruir invasores alienígenas se me antoja más que hablar con la gente sobre sus vidas insatisfechas).

-Al fondo. No hay pierde (la veo justamente después de esquivar el salvajismo de un mesero que me ve reprobatoriamente al notar que no uso gel, que mi cara no está rasurada o descuidadamente perfecta o siquiera porque no uso ropa cara haciéndola pasar por una mierda comprada en cualquier mierda de tienda).

-ok…ya te vi (y como putas no hacerlo si trae el jodido escote más pronunciado en 3 galaxias a la redonda!).

-hola… (Esbozo mi sonrisa idiota y chueca, apenas atreviéndome a mirarle a los ojos cuando se estira sin pararse para intercambiar el consabido frote de mejillas en aparente beso de amigos), perdón por la tardanza.

-pensé que ya no iba a venir señor! (me reprocha con esa voz sensual cargada de feromonas y alcohol)

-disculpa, es que estaba fumando y se me hizo tarde. Pero ya estoy aquí (digo mientras me dejo caer en una silla que esta frente a ella. Sin demora veo alrededor, el sitio ha cambiado a como lo recordaba, ya hay más mesas y menos bancos pegados a la barra, decoraron con un par de macetones feos y hay una nueva mesera que al parecer tiene el mismo corte de pelo que Cleopatra. Los ocupantes de las restantes mesas en su mayoría son parejas o amigos mixtos. Todos evidencian que ya traen encima varios grados etílicos. Localizo a las dos chicas que entraron antes y veo que están junto a un tipo a todas leguas homosexual. Al lado de su mesa varios chicos del nutrido grupo al que pertenecen les lanzan miradas esperanzadas como queriendo meterse en los jeans ajustados que usan y recibir el aroma de chochito fresco en la nariz. El gay se ve guapo y con dinero, seguramente es la abeja reina del grupo y el dueño del beetle que estaba estacionado a la vuelta. Prejuicios aparte un chico está a mi derecha viendo hacia Carolina y tomando su cerveza cada tanto. Quisiera que el envase contuviese los senos de Carolina pero no tiene tanta suerte.

-buenas noches, que te traigo? (me pregunta la chica que ya había notado antes y que me pregunta en ese tono afable y demasiado altanero de mesera harta de su vida y como si fuera el condenado abuelo o tío favorito de toda América en espera de que le traigan su rompope de fin de año)

-eh cerveza…(y ahí van varias decenas de pesos tirados para entablar una charla de trabajo en un lugar que se presta para cualquier otra cosa menos para hablar de temas laborales)

La chica se aleja levantando un uno con la mano al gorila que se encuentra detrás de la minúscula plancha de metal lustroso que años antes debía contener comida macrobiótica.

-y que ha sido de su vida señor? (me pregunta Carolina con suspicacia como si esperara que mi vida fuese la de un hombre de mundo sacándome de mis ensoñaciones respecto a lo bueno o lo malo de que mi compañera de tragos en turno use un escote tan pronunciado).

-bueno…como ya te había comentado he andado medio ahogado (digo sin saber dónde poner mis ojos, no quiero ver su escote, no quiero tampoco verla a los ojos almendrados, me quedo viendo el borde espacial de la cerveza que ha traído segundos atrás la chica del pelo rojo salvaje)…he andado tocando puertas pero  esta difícil (trago directo a la cerveza helada que me sabe a gloria).

-ya veo (y coincide su escueta afirmación con mis ojos, mis ojos confirman que trae un par de tragos encima, seguramente whisky), pero no se preocupe señor, me parece que le tengo la solución (vuelve a llevar a su boca el vaso diamante con los dos hielos flotando en fuego liquido).

-ojala, está muy cabrón eso de no tener chamba y pues ya me urge empezar a moverme otra vez (remato mientras pasa uno de los chicos que había en la mesa numerosa y le tira un pase profundo al canal entre los senos de Carolina, ella no se ve incomoda sino que por el contrario  se ve satisfecha).

-conpermiso (me dice juntando las palabras mientras ha apurado su trago, no alcanzo a recordar con tiempo mis modales de caballero y me quedo pegado firmemente a la silla de metal azul, mientras ella se pone en pie y avanza dejando tras de sí la estela de su perfume y la visión de sus piernas poderosas delimitadas por la falda de un traje sastre. La veo alejarse rumbo al sanitario mientras contemplo sus nalgas bamboleándose y me detengo en la marca de nacimiento en forma de lunar coqueto al borde de lo que deja ver la tela  y en lo que parecen metros abajo un tatuaje en la pierna en forma de la cabeza de una quimera. Suspiro, el pelo café lacio se asienta hasta casi la mitad de su espalda que más de uno seguramente ya quisiera tener en la cama)

La tengo liada porque se ve sensacional, el frente y la parte de atrás me hacen olvidar que su hermana es mi amiga hace casi 8 años. Pensar en ella me tranquiliza y yuxtapongo la cara de esta en ese cuerpito firme, la calma vuelve en 3, 2, 1… fiuu. Fuego apagado y puedo seguir pensando en que cenar o…como hacerle para arrancarle esa minúscula blusa que intenta desbordar sus senos. Ella ha salido del tocador. Ella me ve y sonríe mientras camina, expele con cada centímetro de su un metro y sesentayalgo feromonas, perfume y sensualidad galopante de whisky. Literalmente escucho a mí alrededor los mástiles de los caballeros en guardia mientras intentan averiguar si es factible quitarle semejante mujer al perdedor de la barba desigual con rastros de acné en la frente y a todas leguas sin dinero. Ellos quieren ver esa falda en algún rincón de un cuarto que espera en Tlalpan por ella. La quieren ver a 4. O tal vez sea solo mi mente caliente que espera que así sea.

Llega y se sienta a mi izquierda, alza la mano y cuando aparece la chica le pide otro whisky, tal vez sea su tercero, bien podría ser el cuarto y a nadie más que a mí me importa porque no me gusta cargar con la gente borracha, menos cuando visten así y mis ganas de darle caña son peligrosas. Todos los hombres alrededor parecen estar atentos, a un descuido de mi parte, a un error que la haga emputar y salgan ganando ellos. También alguna que otra mujer, con variopinta decisión. La cerveza que tengo en las manos ya está caliente pero ya no tengo dinero. Se moja los labios antes de comenzar a hablar, me dice sobre el trabajo que venía a promover,  una mierda complicada porque hay mucha pasta pero es para una mente organizada y con una fuerte disciplina. Asiento sin convicción porque seguramente no puedo hacerme cargo de eso. Noto el calor desprendido desde su escote y salivo.

-cómo ve?  (Me saca de la ensoñación con la pregunta, pienso un poco la respuesta mientras alejo lo más posible aquel monologo interior sobre si le han crecido las tetas de la última vez que la vi o si solo es la calentura del momento).

-pues bien, no es nada del otro mundo, si acaso lo complicado es eso de la masterización, me pondría manos a la obra en cuanto me dieran luz verde (sudo frío ya que la minúscula mesita apenas me impide observar el cruce de piernas de Carolina, ella se acerca mientras a los labios el vaso de cristal, mis ojos tiemblan por todo el local esperando, ansiando, encontrar un condenado sitio donde dejarlos quietos para apartarme de su escote, sus piernas, sus labios de lipstick color terracota o su piel apiñonada).

Silencio. Ni siquiera disfruto estar rodeado de gente, no al menos ese tipo de gente, prefiero la que se congrega alrededor de un crimen, de un muerto, de un atropellado, de alguien que ya colgó los tennis. Esa gente es la mía, la que está ahí sin atreverse a ir más allá de lo que les dicta su realidad. A mí nunca me han dicho nada los lugares donde te discriminan con una mirada y te catalogan con una frase. Sin embargo ella estaba allí para ofrecerme empleo, para sacarme de la andadura de malas comidas y pésimas bebidas. Tal vez para tener por fin para comprar mis camels.

-señor le puedo hacer una pregunta (y ahí vamos, aunque nunca he entendido porque me llama señor si a duras penas le saco unos cuantos años, aunque tengo pinta de haber recorrido el mundo ya cuando menos diez veces y no es así. Sin embargo se sujeta de mi bíceps, o lo que queda de este y me mira con ansia)

-qué pasa?

-mire, aparte de la oferta de trabajo de los chavos estos (y me entero por fin que no es de ella directamente la cosa) me gustaría saber su opinión sobre un asunto que surgió anoche con Santi (su novio, un buen tipo sin duda, pero algo no me cuadra, algo que repta por las paredes transparentes de ese vaso con whisky y que seguramente me arrojara una flema en el rostro)…

-sobre?

-no, no se preocupe (dice mientras aligera la cosa con una sonrisa tan suya que me hace relajar la musculatura y los gestos de mi rostro, pero tal situación solo dura un segundo porque inmediatamente siento más calor procedente de su cuerpo al acercarse y dejar al descubierto las pecas, cien?, menos tal vez que aguardan debajo de su blusa), Santi cree que usted fue el único sincero sobre mi foto de ayer.

-no te entiendo (y en realidad no lo hacía)

-sí, él decía que su comentario era el único sincero sobre lo que evidenciaba la imagen, que no disfrazo sus instintos como todos los demás. Aunque yo le explicaba que era un simple gesto de amistad y no una declaración de que usted veía únicamente bueno… el escote.

-ahhh, es que en realidad no fue esa mi intención, trataba de parecer como alguien con mucho respeto.

-o sea que no se refería al (señalo el escote pronunciado mientras veía con fijeza mis ojos para descubrir cualquier síntoma de engaño)?

Trate de serenarme, de no voltear a verle los ojos y mucho menos el escote, tampoco su boca carnosa y su nariz ancha. Trataba de no hacer todas las pendejadas que me condujeran a una mayor pendejada y sobre todas las cosas intentaba no abrir la boca para terminar de conjugar “la pendejada”. Abrí la boca.

-pues…es…razón no te falta y razón no le falta a tu novio. Por una parte es cierto que yo lo hice como un gesto amigable y por otro es que tal vez la mayoría si pensase más en el escote, en mi caso un mal empleo de palabras y me tiene en esa situación. Ahora… yo no sé si sea el más indicado para hablar por los demás, cada cual tiene su propia concepción de porque hace lo que hace, no me gustaría hacer juicios o ideas sobre las razones de los otros (zanje llevándome el casco casi vacío de la cerveza a la boca mientras intentaba disimular el bombeo exagerado de mi corazón, mientras  pude sentir el deslizamiento de una gota de sudor por el parietal que afortunadamente quedaba en el lado contrario al de Carolina).

-o sea que me veo bien ahora también? (dice divertida mientras vuelve a tirar de mi brazo y suelta una carcajada que resuena en lo vacío de su vaso de whisky)

-ehh, bueno…échale una mirada a tu alrededor…

-ilústreme maestro!

-mira al tipo del saco de cuadritos, ese que está en la esquina (digo en murmura, mientras señalo con la cabeza hacia la izquierda)

-aja

-bueno pues se pasó a ese banquito para no perder detalle de ti desde que regresaste del baño.

-nooo (grita con una risotada en muy cerca de mi)

-sip, mira ahora al chico de la mesa que esta junto al woofer, estoy casi seguro que ya conoce el color de… bueno…tus…interiores.

-jajajajajaja (se suelta estridentemente y parece que se va a caer del banquillo) interiores? (en voz apenas audible, muy cerca del lóbulo de mi oreja, tan cerca que puedo adivinar el perfume que usa, el whisky que bebe y la marca de pasta dental que uso después de comer) jajajaja, por qué le dice de esa manera? Voy a comenzar a creer que es demasiado correcto señor, interiores jajajajaaja.

-es que si decía pantis se iba a escuchar muy estúpido, pero creo que salió peor (sonrió un poco al delatar mi propia idiotez).

-ay don, usted y sus frases, por eso me cae bien (y sin mediar palabra me pone sus labios en el cachete, tan sonoro y fuerte que termina por marcar cada pequeña línea de sus labios en mi piel)…ayyy perdón, espero que no se vaya a enojar (dice mientras se retira estratégicamente hasta la esquina azul, el primer round lo gana ella por erección inmediata).

-no, no te preocupes, hubiese sido peor si el beso te lo doy yo, tu sabes, el labial rojo no me va (sigo tratando de controlar a la bestia que solo quiere meterse entre sus piernas).

-me pide otro porfavor…voy a… (No termina la oración y se levanta medio trastabillante, me pierdo una vez más en el contoneo de caderas y las piernas fuertes que se alejan en dirección al baño).

-oye amiga! Me traes otra por favor,  y un whisky! (le hago señas a la chica que me parpadea dos veces antes de ponerse en movimiento, regresa a los pocos instantes y deja el vaso octagonal en el lugar de Carolina mientras me deja la cerveza a menos de dos centímetros de la mano izquierda, se aleja mientras llevo a la boca la cerveza y ruego a los santos y todos los demás seres imaginables que no la cague).

Veo salir del baño a Carolina y me santiguo mentalmente. No sé si sea una ilusión óptica o algo tenía la condenada cerveza pero podría haber jurado que su falda es más corta, no mucho, pero lo suficiente para provocar erecciones al pasar en los 17 tipos que estamos al pendiente de sus movimientos. No quería verla pero me resulto francamente imposible apartar la mirada, recorro desde sus tobillos hasta la punta del pelo que descaradamente ha dejado caer gracioso al frente, ahora si me detengo en sus ojos que por un instante van y se pierden en el suelo para subir y ser idénticos a los de una chica indefensa, en espera de que el gran lobo malo haga lo suyo, porque en el fondo eso es lo que quiere. Eso es lo que ha deseado toda la tarde.

-ya volví! (exclama triunfal e inocente como si no fuese obvio que ha regresado dispuesta a todo, por el todo; ya no se sienta a mi izquierda sino que coge la silla de la derecha después de pasar por detrás mío y la arrima lo más que pueda, lo más cerca posible, tanto que el contacto no es codo a codo, sino seno a codo. Deslizo por última vez la prudencia con mi mirada hacia abajo, cruza las piernas y me da las llaves del infierno. Me deja de importar un comino el mequetrefe que tiene por novio y me decido por la brava).

-te pedí tu whisky (lo cambio hacia su lado mientras aprovecho el roce de mis dedos con la parte superior de su mano, hierve, está caliente y noto que respira con profundidad).

-oye y como andas de aquí… (Me dice mientras se señala el pecho, que aunque se bien que se refiere al corazón me van importando una mierda las clases de anatomía).

-no, pues estoy solito (digo fingiendo esa cara de perro alrededor de una taquería que alguna u otra vez me ha resultado útil).

-ay pobrecito… (Y me jala hacia su cuello, hacia mis sueños lujuriosos y pecaminosos, sin demora me quedo allí, respirando fuerte, absorbiendo su perfume mientras mi brazo se desplaza hacia el gordito de su cintura y comienzo a masajear lento, tan lento que puedo distinguir cada pliegue, cada centímetro de la tela de su falda que se ha subido en el baño para cerrar el trato) pero por qué? Si eres bien divertido… (Se deja acariciar mientras va haciendo aún más ronca su voz, un susurro en mi oído que paraliza las conexiones mentales que van directo a mi bragueta, ya no veo a nadie, no creo que haya nadie alrededor nuestro, en toda la maldita galaxia somos ella y yo y nadie más).

-no sé, soy malo…supongo (remato esto último con mis labios cerrándose alrededor de su cuello y me aferro con la mano aún más a su cintura, recorro la longitud de su cuello saboreando el sudor del día mezclado con su aroma femenino y el perfume vespertino distinto al otro. traga saliva mientras se muerde el labio, me freno y me retiro de su cuello y de su fuego).

-qué?... (Dice al percibir que ya no estoy a su lado, que en realidad estoy a años luz en esa misma mesa bebiendo de la cerveza y la observo con cierto toque de intriga en la mirada, el resto de los comensales y del mundo circundante están horrorizados, no entienden que el héroe no es tal sino un felón. No hay héroes y sépanlo  bien! Parece escupir mi actitud de auténtico macho alfa. Ella no se recupera aun cuando alargo mi brazo hasta detrás del cuello y la atraigo hacia mí, nos restregamos el deseo por medio de las lenguas que se abren camino entre los dientes y los pares de labios. Se puede escuchar como prorrumpen en aplausos y bullas los demás bebedores de por allí al ver que el villano es de los suyos, de los que están de suerte un jodido día de la cochina vida).

Hubo semen. Luego el vacío de haber fregado a dos personas por mi parte, mientras el culero del ojo solitario estaba feliz. A Carolina le gusto sobre todo que me corriera dentro y le dijese que quería que llegara con ese sabor a tirarse a su guey. No creo que lo haya hecho, pero al menos eso hizo que mi corrida fuese bestial.

El asunto se prolongó un par de veces, un par de corridas más que ella supo trabajar, no era amor ni mucho menos, era sexo y en eso ella es muy buena, con buenos movimientos, buena inventiva y sin andar pichicateando nada; llano sexo y sus derivados. Por mi parte intente que no fuera más allá mi cerebro pese a que poco a poco me iba conquistando su rostro de muñeca. La última vez fue en un hotel que ella pago, me lo dijo desde que la vi en el metro, me dijo que se sentía culpable y que quería dejarlo, lo comprendí y me hundí una vez más en su boca de dientes perfectamente blancos. La desnude en el cuarto grabando cada milímetro de su piel en mi retina, introduzco el asunto con su sexo apretando y sus uñas decoradas clavándose en mi espalda, quiere más velocidad, más poder, que taladre y me deje el alma en ello. Me encerró con sus piernas, fuimos sudor. Me devoró casi literalmente su rostro, me hubiese gustado comerme sus labios con sabor a whisky y a sexo. Bendito sabor mezclado con su saliva y la mía. La panacea de la vida mientras ambas lenguas se enroscan, se pelean y copulan entre ellas. Es hacerle el amor al ritmo de slayer, el hell awaits en el cerebro, en el pene, en el condenado ritmo de mete-saca, cada pinche violento choque de pelvis con sus pechos picudos queriendo atravesar mi abdomen y apuntando hacia el cielo color plomo que anuncia la tormenta sangrienta que se entrevé desde la óptica de Carolina con la espalda arqueada en el colchón de quien sabe cuántos amantes y clientes. Sexo violento y muerte de lo nuestro, si es que alguna vez hubo algo. Se vuela todo, acelero, gime, acelero y gimo, casi lloro, ya no tengo más de mí y ella sigue, quiere seguir pese a que me estoy derrumbando. Me quiere dentro por última vez. Así pasa. Se levanta, se escucha el cómo se despega nuestro vello púbico negro cubierto de semen y demás linduras. Me mira a los ojos por última vez mientras trata de alcanzar su bolsa para sacar quien sabe qué. Me mira y por una fracción de segundo estoy casi seguro que se siente culpable, que ya no puede más con la traición a su novio. Sin embargo me da un último beso, excelente besadora.

                                                                             ***

Se escucha el toc-toc de la puerta. En realidad son patadas y golpes duros, me alcanzo los pantalones y una playera, el cuarto ha vuelto a su olor normal, tabaco, cerveza y olor a patas. Esta allí el vecinito, me trato de acomodar la verga sin que él lo note. No lo hago a tiempo.

-no mames guey, yo la neta no te voy a curar la tristeza. Digo la podrás tener muy bonita y todo, pero yo a esas cosas no le hago. (Sonríe mientras se acerca al sillón para buscar entre la mugre el control de la televisión)

-ándale, te va a gustar… (Sonrió mientras me acerco a buscar el envase de cerveza que aun contiene ciertos trazos de cerveza)

-oye carnal ya tienes que buscar trabajo, ya despiértate, la vieja ni te quería!

-tu que sabes guey, estas morro.

-la neta, la neta; a poco si apretaba chido?

-no mames guey… de lujo jajajajajaja

-no pos con razón; el día que la trajiste mi jefa le tuvo que subir a la tele, parecía que la estaban matando.

Ruidos de disparos, botones cubiertos de grasa de frituras y el crunch-crunch de un sándwich que me trajo el panzón. Vida, otro día más de vida. En la sala el chamaco está gritando pendejadas porque ha vuelto a perder. yo enciendo el monitor, esta estrellado después de que viniese un sábado Carolina, el condenado aparato termino volcado al lado del escritorio donde he escrito tanta mierda y la he visto; el maldito agujero sigue en pie, me dio otro par de meses de renta el viejo José. Ahora tengo trabajo fijo pero voy menos de lo que fui a la escuela. Sigo persiguiendo el sueño, sigo volcando las esperanzas en que ese chamaco de acné y voz pituda se consagre como el fregón y me siga trayendo cigarros y sándwiches que su madre le prepara. Me aprieto un poco los testículos, la comezón diaria es el pan nuestro de cada vago.


SR Julio-octubre 2013

viernes, 31 de mayo de 2013

Cambio de página

Cambio de página

He comenzado muchas veces esta historia, tal vez no 100, tal vez ni siquiera 20, pero han sido en realidad  un buen número de ocasiones. Lo he intentado iniciar desde la comodidad de la *maría*, de la brutalidad etílica que aguanto cada vez menos y también desde la paranoia constante que significa para mí el estar consciente y sobrio-limpio. Ninguna de esas ocasiones ha funcionado, el papel se enrosca en la pluma o lápices y termina sirviendo de abono a las papeleras, las páginas electrónicas de la computadora se convierten en bits perdidos y ocupados por cosas más trascendentales –como el porno duro-; así ha sido con esta historia; he repasado miles de adjetivos (que tampoco es que sean tantos), realizado cientos de tachones (y aquí en realidad es que creo que si es una cantidad mucho mayor a la supuesta) y muchas, demasiadas botellas de cualquier cosa que embrutezca (y algún día he de tratar de explicar que entiendo por brutal y como es que lo utilizo para saciar mis explicaciones sin lógica de lo que hace el alcohol por mi), cientos de mierdas que han pasado para evitarlo. La historia en si no es diferente a lo demás que hago siempre: un tipo –generalmente, muy generalmente, parecido a mí, con mis propios traumas y con mis propias hazañas- se embriaga mientras reclama al universo –o a Dios, que para el cabo es el mismo y que lo utilizó muy frecuentemente pese a decir desde hace cuando menos 8 años que no creo en él- y le canta letras basura a sus amores poco afortunados –que la mayoría de las veces es para una sola mujer y partiendo de esa dama juego con su propia identidad para que la susodicha no se dé por enterada- y que afortunadamente o no siempre han de terminar esas historias en una frase que parece genial y definidora –cual doble biss en el platillo de 16’’de las baterías al termino de un buen rock & roll-, así escribo; para que negarlo?

Por supuesto que a lo largo de los años han surgido otras cosas menos divertidas, más profundas y sin sentido, que las considero el epitome de mi talento imaginativo (craso error porque a la gente no le gusta pensar que su conocido tiene ideas matricidas, parricidas y bastante enfermas donde todo termina en sangre) y el problema con ellas es que le falta el detonante de imaginar a otros seres humanos debido a que carezco de un sentido de empatía común y corriente. Bueno, más o menos así ha sido desde que comencé a usar las letras para mensajear a esa mujer que me abandono –está bien, está bien, yo la abandone y me arrepentí, y llore, y grite y me convertí en el papa negro… ahora entienden que mi sentido del humor bastante retorcido es otro de los demonios contra los que tengo que luchar a diario- y que rompiese mi corazón hasta fragmentarlo por la eternidad, y esas cosas que tanto uno adolece cuando se siente herido. Ella, la mujer ficticia no la real, ha sido poseedora de curvas más pronunciadas que la actriz más buenota del universo, inteligencia superior al promedio y mucho, mucho sentido del humor para aguantar mis cambios hormonales enfermizos, sin embargo no creo recordarle nada en realidad que la hiciera destacar más allá de lo promedio y de lo corriente –soy muy rencoroso por si no lo habían notado y recuerden que ella me abandono en el libreto público-, por supuesto de repente se entremezclan otros fantasmas de mujeres que también me hicieron mal –estas sí lo hicieron- y termina todo en que esa mujer es igual o peor a las que me hirieron, concepto terminado.

Ella (la eterna ella), sin embargo, entra en esta historia que comencé a intentar escribir muchas líneas arriba por mera casualidad ya que es lo opuesto a lo que todos creen en cuanto la observan por primera vez, podrá parecer medio boba (pese a ser muy guapa) y estar bastante bien físicamente. Descripción? Ojos gigantescos de pupila  negra, pelo ensortijado negro y largo , tez pálida, dientes casi perfectos (en realidad los tiene algo chuecos, pero quien quiere saber sobre una mujer perfecta?), cuerpo delgado, y una miopía que se vuela las bardas –exagero nuevamente- que le permite usar lentes y de repente parecer una maestra cachonda, una bibliotecaria  jariosa o una literata de pornografía rosa; en cualquier negro y malsano pensamiento recae en su físico para mí. Luego intelectualmente es de izquierda, combativa, subversiva y no contradice sus dichos con sus hechos –como yo suelo hacer-, una autentica diosa griega de la izquierda y del feminismo –pese a que no pocas veces la hice por lo menos sonreír con una de mis muchas cualidades de macho latinoamericano del siglo XIX y mi modo tan coloquial de hablar con las mujeres una vez que entro en contacto fraterno con ellas-, tiene nombre por supuesto y se llama Teresa (un acrónimo para evitarme repercusiones gratuitas).

Teresa o “tere” –como suelo emplear para referirme a ella en esta historia- tendría que tener (en la historia) un pasado tormentoso y que alimente su espíritu de lucha, padres muertos por un ejército represor –que bien puede ser el gobierno, la DFS o cualquier brigada de guante blanco que se les antoje- y que ha crecido solitaria, triste y enojada porque sus padres no estuvieron con ella para guiarla físicamente, solo espiritualmente. Luego viene el héroe –que en realidad es un SR bastante viejo y abotagado por los años y años de combate suicida contra la maquinaria económica del mundo- que no quiere serlo, que no quiere sentirse como algo que inevitablemente es, pero ella llega y lo quiere ayudar para rescatar  los recuerdos de ese viejo –SR- y tratar de darle un cierre final a ese pasado tormentoso que le impide ser completamente feliz , hasta que encuentre a un tipo duro y sin malas ondas –que nuevamente es una copia del SR actual- y tenga su descendencia revolucionaria para salvar a nuestro país de la hecatombe política- social y económica.  Ok, hasta allí los dos personajes principales; pero 2 personajes para un relato de cuando mínimo 50 páginas?  Es una blasfemia, no tengo tanto cerebro para darles el poder a dos personajes creados por mí para dialogar por 30 minutos o más hasta que se canse la vista y mejor decida el lector regresar otro día con más disposición de entendimiento a los devaneos de un borracho sádico que ama a una mujer (que ya no lo ama) y tiene amigos que son borrachos y aman las cervezas y las mujeres; entonces? Pues hago lo único que puede suceder para que el asunto discurra alegremente a lo largo de miles de palabras puestas: secciono el problema y creo micro historias donde ni siquiera hablan los personajes principales sino un narrador bastante atrofiado con el lenguaje y enojado con la vida (aunque sigo sin entender la relación de una y otra cosa), y es allí donde muere en cada intento realizado el cuento que cambiara las reglas de la gramática en el país.  Se vuelven cientos de palabras comprimidas en el pecho de un borracho antes de que lo dejen cantar las versiones con mariachi que él se sabe.

Punto y seguido (aunque aquí parezca punto y aparte), abro el paréntesis más grande del que pueda hacerse uso para redactar una historia de esta trama de complejidades socio-políticas e históricas para un ser  poco evolucionado (mentalmente hablando) como yo; aparece el pasado del viejo, el pasado de cómo es que se une a la lucha revolucionaria (que no acaba por convencerme en ninguna de sus aristas)  al que lo hago un guiñapo, un muñeco del destino y dependiente total de lo que una mujer como Valentina (ah el tercer personaje que utilizó para esta narrativa) decida qué hacer con su alma y su cuerpo, la mujer en cuestión –de su pasado romántico- le obliga a tomar las armas vía la guerra de guerrillas dependiendo de la relación entre los grupos de izquierda extrema de extracción marxista-leninista y los grupos económicos del país ávidos por ascender en la escala de poder al interior del partido reinante, es decir la caída de unos postpuberes  por parte de la economía nacional en un remolino de violencia.  Y es allí que vuelvo a caer en el complejidad –que en realidad no lo es- de que todo debe ir encausado desde la óptica de un tipo maleable que es muy capaz de perderse en la serranía Guerrerense con tal de que la mujer que tanto ama –platónicamente- lo ame de la misma manera –de manera carnal y emocionalmente- , he allí el fallo 1; el segundo fallo es la imprudencia inverosímil  de atraer un ataque terrorista contra un ejército mexicano plagado de asesinos que ni los videojuegos más sangrientos podrían poseer, seres cuasi intocables e impenetrables de valor absoluto e incorruptibles, sin plantear un trasfondo de realidad. El tercer fallo es la investigación histórica pertinente a este relato en concreto, ya que acostumbrado a exprimir un texto–cortesía de la formación académica-, no alcanzo a salir de la objetividad pactada y los hechos explicativos de una y otra situación. Así por ejemplo: mientras la mujer se encuentra situada en una Ciudad de México sesentera, se me escapa como es que piensan las mujeres de esa época, que buscaban, que tenía ella en particular para atraer con su sola presencia un grupo dispuesto a morir por ella y no tanto por la ideología que representa, como habla una mujer guerrillera de estos temas, en resumen: tengo los hechos y el contexto pero no el pensamiento que alimente dicha historia.  Basura sin sentido que se vuelve la historia que intento contar.

Eliminado el pasado más remoto del personaje masculino, el tiempo avanza a grandes –si no es que gigantescos- pasos y lo ubicamos 10 años después en el México setentero del priismo vulgar de cine de ficheras y televisión para jodidos, el hombre tiene a su cargo ahora un grupo de jóvenes idealistas –entre los que se encuentran los padres de la heroína- que están planeando un gran golpe de proporciones épicas que cambiara el rumbo del país; error por supuesto el mío al creer que un grupo de chavitos pueden cambiar el país donde todos se hacen viejos apenas cruzan la decena de vida, sin dotarles de un pensamiento político-militante de buenas maneras. El asunto es que allí en ese departamento (situado increíblemente en la narración en la misma colonia donde el viejo SR vive para cuando llega Teresa) los chicos son abatidos por una traición interna (que ya para estas alturas el tema es más que conocido como el plagio del plagio de obras y obras que utilizan este recurso), y se suceden escenas rescatadas de la memoria de quien suscribe (que ha visto mucho cine de criminales); así el héroe escapa por los pelos dejando tras de sí un sin número de camaradas muertos y los tiros resonando a escasos centímetros de su cráneo, balas y hemoglobina por doquier en un símil de película de Tarantino o John Woo pero a la mexicana,  o séase mientras en las películas ultra coreografiadas hay estética y arte, en el manuscrito planteado hay solamente sesos esparcidos en un florero, dos jóvenes atravesados por las balas de un FAL (porque los  miembros del escuadrón anti soviets nacional llevan lo último de lo ultimo hasta un edificio de interés social), y suciedad y cucarachas en las paredes.  Viene luego la retirada (que no derrota pese a que todo apunta a ello) del ahora veterano SR que se carga a un par de matones con un sencillo revolver calibre 22 que seguramente no atraviesa ni el chaleco de un policía de la delegación Iztacalco (donde se sitúa la trama) y escapa por los pelos con una mujer ensangrentada en los brazos y que al llegar al auto (a todas luces viejo y desvalido) se debate en la disyuntiva de abandonar o no a la mujer; decide llevarla sólo para que ella muera mientras una tapa de rin sale proyectada al primer volantazo y chirrido de llantas (exactamente como en una película de policías del cine nacional donde en cualquier momento espero que el SR múltiplemente aludido se transforme en Hugo Stiglits o en José Carlos Ruiz).

Ahora bien, aquí cierro el paréntesis gigantesco y retomo la historia con Teresa en el departamento mientras ella toma una coca cola y el viejo un té verde casero, la chica llora porque ni el mismo SR sabe a ciencia cierta si murió esa misma noche o si fue llevada cual bulto la madre de Teresa –por supuesto que se da por entendido que el padre murió en la gresca en el departamento- y le dice que si su madre vivió, seguramente no fue por mucho tiempo (como ven el viejo SR tiene exactamente los mismos modales sin sentimientos del actual SR). Allí cierro el cuento, pero no la historia, porque a duras penas me logra dejar vencer la curiosidad el plantearme varias incógnitas: que buscaba Teresa saber? Si sus padres estaban vivos? Como habían muerto? Encontrar algo de su pasado?  Incógnitas que ni yo me atreví a resolver y me centre en la historia de ese viejo SR que vuelve por sus fueros a la ciudad (unos 8 años antes de que Teresa irrumpa en su departamento) ya en plena época tecnológica y se presenta en un departamento de baja, muy baja ralea para ayudar a un joven universitario a desentrañar el misterio de los grupos de extrema izquierda en el país en su tesis de titulación (no era yo), por supuesto que no todo es color de rosa en la historia y el chamaco tiene cuando menos mil y un problemas porque ha abandonado la esperanza de titularse, tiene un hijo y una esposa, un empleo que odia y no toma (siendo aquí lo que en realidad lo dota de un carácter pusilánime, a mi consideración), en fin el viejo se presenta y no es el mismo viejo que el actual, pero ya es grande, se sabe mover sin ser detectado y parece un paranoico de la seguridad y la inteligencia (que supongo lo ha vuelto una especie de agente secreto porque conoce con pelos y señales la información vitalicia de todos los que rodean al joven, pero que al parecer esa misma inteligencia se acaba en los 8 años posteriores porque no logra ocultar su paradero a una joven no versada en la contrainteligencia militar como es Teresa, y ese asunto espero resolverlo pronto), la realidad  es que lo que en realidad quiere el viejo SR es ayudar al joven universitario a desenmascarar a un político importante que mueve los hilos del partido de izquierda (para ese entonces)  y que es precisamente el hombre que traiciono al grupo de los padres de Teresa. El final (hasta el momento) de la historia no podría ser más irónico,  ya que una vez más SR  desaparece en plena matanza donde la familia del chico es muerta por sicarios contratados por el hombre importante.

Hasta allí se cierra la tercera historia del viejo en el pasado y la empareja con una cuarta historia, que no nació como tal y que en si no tiene absolutamente nada que ver con Teresa y el viejo SR, y que de hecho a partir de esta historia se desenvuelven una serie de errores literarios que terminaron con una historia grandilocuente de un atentado terrorista que nunca ha podido salir a la luz pública (la historia) porque cada que empiezo a redactar algo medianamente coherente algún hijo de puta se le ocurre hacer algo estúpido en algún punto del país o del mundo y que haría parecer la narración como algo oportunista. En fin en esta historia violenta como la que más y perfecta por parte de los malos (que resultan no ser tanto) recurro a otros héroes de viejas sagas que no he podido terminar por considerar que carecen de sentido o porque en realidad son muy malas historias plagiadas de libros oscuros que he comprado por allí con el dinero destinado a la cerveza. Me refiero a personajes como José Rodrigo (un anagrama de un amigo), el Rocho (el alter ego de otro), Ramón Xirau (homenaje al maestro, sin que por ello tenga el .1% de su intelecto) y Eugenio Ramírez (que es periodista investigador y amigo demasiado íntimo de Xirau).  La historia discurre con una serie de puzles dejados al azar por parte de la gente que firma como “Liberación Nacional” comandados por el tal Rocho y que realizan un atentado mayúsculo al volar (dinamitar) las cámaras de senadores y diputados y proceder a realizar una serie de actos terroristas al asesinar con suma violencia a turistas extranjeros en las playas del territorio nacional, sangre y muerte por doquier, pánico y sacudidas de conciencia cuando menos. Sin embargo el punto álgido es el asesinato de una mujer inocente por parte de las autoridades nacionales en vivo y a todo color al buscar el paradero del tal Rocho (el líder de “liberación Nacional) que genera la invasión “protectora” de los gringos y la unificación de un ejército nacional “autentico” para pelear contra los gabachos. Ahora bien, que jodidos tiene que hacer esta historia con un cuento que inicialmente se refería a Teresa y SR? Bueno en realidad es que mucho y nada porque la madre del Rocho era la otra mujer del chico muerto en la última aventura del viejo SR y que está unida a la historia de Teresa porque ambas en algún punto de su vida coincidieron con un hombre llamado José Rodrigo, el que a su vez deja unos diarios llenos de metáforas (por no decir motaforas) que la madre del terrorista le inculca a su hijo para salvar a  un pueblo que no desea ser salvado. Complejo? Claro que sí y bastante onírico porque para empezar cuantas reglas tendrían que romperse para que en una historia dos historias resulten en una sexta historia llena de sin sentidos y que de alguna forma u otra nace como la causal para que ambas historias tengan un punto en común.

Todas estas  historias tienen sin embargo un tópico común, carecen de un final (descontando por supuesto la ausencia  de hilo conductor), pero lo que las distingue de muchas otras mierdas escritas antes y después es la ausencia de un personaje bien escrito, vamos que inclusive hasta música ambientadora tienen,  ya que mientras la historia central de Teresa y SR (el viejo) está ambientada con música de protesta en la más pura onda del hardcore de la escena neoyorquina de mediados de los 90s, la historia del jovencísimo SR va acorde tras acorde con el folk de Joni Mitchell, el primer Dylan, Buffalo Springfield y así, para pasar a la música incidental (compuesta por el desaparecido hijo de Carmelita Salinas en todas y cada una de las películas de ficheras) de la historia de la matanza de los padres de Teresa; luego viene ya el rock acido de la historia del chico que intenta develar el pastel de los políticos ratas y finalmente cierra con música de cámara (que no es original sino versiones adaptadas para la gente culta de piezas de metal) que le dan un toque bastante oscuro y frikeante  a la historia de los atentados terroristas del “Liberación Nacional”. 

Cuentos caóticos, confusos, llenos de aseveraciones que no son ciertas, personajes sin sentido y poco trabajados, sin final y sin principio (sin un punto de arranque que les dé una razón de autentico peso para salir del hoyo negro de la punta de la pluma), así son estas historias que iniciaron para resarcirme conmigo mismo por haber perdido la fe en la nueva revolución, que se quedan  en un mero intento acéfalo por reivindicarme con mis héroes, Práxedis Guerrero y José Silva Sánchez y que a inicios de una de las muchas historias pensadas y jamás plasmadas nos hallábamos (mentalmente hablando) los tres departiendo con unas buenas aguas de horchata (porque el viejón Guerrero era abstemio) y unas fichas para jugar algo. En tal historia me reclaman por alejarme del hacer histórico revolucionario y acercarme a los dueños de los medios en un afán de ganar dinero, en un afán de olvidar cual era el asunto primordial; regañada y derrota en el juego que sostenemos. También me reclamaron por darme por vencido con esa mujer y por caer en la debilidad de ser un consumado bebedor de cerveza y cualquier cosa que me tumbe para no pensar. Esa es la verdadera historia que debí comenzar a contar desde el inicio y no los chistes ilógicos de una tragedia copiada de quien sabe cuántos libros y películas. Sin embargo no he podido en esta 101 vez.

SR mayo 2013

martes, 28 de mayo de 2013

Retratos personales

Retratos personales

Ahondo en la herida, muy superficial, apenas visible para el ojo común;  sangra un poco mientras todo lo demás discurre simple y llano. Estoy enamorado y ni así soy feliz pese a que estoy viviendo con esta chica tan guapa y que además es artista;  no es suficiente el dolor y hago más grande la herida hecha con una navaja al tratar de sacar el corcho de la botella de vino, ella exclama un pequeño *ay* que se queda ahogado dentro de la misma botella verde y el néctar rojo sangre que espera con ansia ser bebido. Agarro la navaja multiusos que mi abuelo me heredo (junto a la calvicie y un sombrero Fedora verde unas cuantas tallas más pequeño) y escarbo en la herida, ella sonríe y se pierde en los pocos grados de alcohol que tienen estas botellas de vino tinto Cabernet chileno que compre en la tarde para celebrar que le publicarán un libro, el primero, siempre es importante porque te ayuda a salir del anonimato para ser considerado un perdedor más con un bendito libro publicado que solamente tus familiares y amigos leerán sin realmente importarles una mierda lo que dice, ojearan el libro y tras un par de párrafos caerá en el cajón de los olvidos, junto a la biblia y el escapulario. Pausa, bebo y ella bebe, pausa etílica donde sus labios y la lengua se ven morados gracias a la uva procedente de esa población lejana o cercana de Atacama, a quien coños le importa en realidad eso cuando sus manos alegremente trazan en el aire las figuras de unas pinturas que ha hecho hace un par de semanas mientras bebíamos unos tragos de vodka con naranja porque fuimos inspirados por una bebida que Capote mencionaba. Ella bebe mientras el azul del cielo se torna gris en el comienzo del verano capitalino que ambos conocemos.

La conocí una mañana de invierno, invierno crudo y desértico de la ciudad que se configura en cielos grises y contaminación abrasiva, sol en exceso y la gente transitando sin un destino claro más que el de sobrevivir, viviendo con el impulso de saberse necesarios para una suerte de miserable vida; por aquel entonces ella pintaba una serie de cuadros en un centro comercial, yo siquiera escribía mierda alguna, bebía siempre pero me era imposible escribir una sola frase coherente. Me gusto su perfil, me gusto su necedad de no caer en la belleza convencional, me gusto su rostro perfilado en cincel y argamasa viviente. Ella me salvo? O yo a ella? Nunca nos hemos puesto de acuerdo pero coincidimos en que ambos estábamos atascados en la miseria de no saber cómo y cuándo hacer algo, de no arriesgarnos, de no atrevernos a dar el salto de fe necesario para alcanzar el orgasmo. Ella volteo con sus ojos sombreados de rojo y quede prendado; no, en realidad me sumergí en su historia, en lo expresivos que eran y la fuerza contenida a duras penas. Ella me ha dicho que le guste porque me veía desvalido, un condenado cachorro gigante con la mirada triste eterna que no sonreía ni porque enfrente hubiese un espectáculo de degradación humana que tanto amamos ambos, eso y que le gustaban mis modos de borracho decadente. De hecho ella acaba de reír mientras una hilerita de sangre serpentea por el dedo medio de mi mano derecha gracias a la herida antes mencionada. Su *quieres una sonrisa?*  me abrió un universo desconocido hasta entonces, nuestras mentes bailaron en un vals o un tango que brilló con la bendición del destino (brinca mi corazón solo de recordar su rostro, de recordar su primera sonrisa para mí, tímida, franca, coqueta, universal, inmortal e inenarrable, no podría siquiera acercarme a lo que fue ver sus labios curvos al verme derrotado como siempre), bailes eternos que estamos siempre gozando en nuestros encuentros en la memoria.

Dos meses después la volví a ver en el mismo sitio, en el mismo lugar señalado por los dioses o por mis propios pies que me devolvieron a su sonrisa, a su voz tersa y suficiente para llenar mis oídos, eran los últimos resquicios de invierno, con la primavera asomando su nariz en nuestros cuerpos, ella no necesitó sonrisa alguna (tenia grabada cada fibra y milímetro de su rostro y cuerpo en mi cerebro) para sacudir mi centro de gravedad hasta entonces impávido, no fueron necesarias palabras de reconocimiento, su olor lleno todo, su calor inundo el pabellón de mármol falso donde trabajaba y sus ojos volvieron a iluminar todo a nuestro alrededor. La invite a lo que mejor sé hacer: beber. Bebió conmigo y hablamos, hablamos como siempre hemos hecho a partir de ese segundo encuentro, hablamos de sus sueños, de mis miedos, de sus metas y mis demonios que se volvieron tema recurrente hasta que estaba medio bebido, el momento esperado por ella porque me libero de mis ataduras y era lo que ella siempre espera, el adorador absoluto del mundo y particularmente de su belleza, sin cortapisas que contuvieran mi lengua y mis neuronas, el estado prolífico para abrazar con la lengua metáforas directas y  adorarle cada milímetro de su dermis y las vocales lanzadas desde su cerebro. Mis labios rozaron por primera vez su piel, su mano adornada con aquellos dos brillantes anillos que compro en una plaza mientras unos viejos bailaban y un borracho hacía el ridículo (alguien tan parecido a mí solo que encausa su amor por el mundo moviendo los pies en lugar de crear párrafos sin origen), su piel sabor a mandarina, morena y ríspida por los materiales que usa y los quehaceres que hace; mano y boca, ella la razón y yo la acción, sus letras y mi voz acabada por el alcohol que suena a la lija que alguna vez utilizó su padre para hacer la cama en donde hoy dormimos, luego su mejilla de bronce absoluto que se sonrojaba al sentir el contacto de mi barba de conquistador,  hijo de españoles, nieto de españoles, bisnieto de españoles, tataranieto de españoles sin dinero o fortuna alguna que no sea el tono claro de su piel y el pelo crespo que se caerá dentro de muy poco. Su mano recorrió sinuosamente el contorno de mi cara, tatuando en sus neuronas cada poro, cada vello, cada saliente distinto que remata en el hoyuelo en la barbilla que adora besar de noche y día cuando se para en las puntas de los pies de bailarina para alcanzarme. Para hacerme sentir necesario para alguien en el mundo.

Nos vemos a los ojos, tiempo actual, los suyos  tan cristalinos (que alguna vez lloraron mucho) y que intenté una vez al verlos tristes y desbordándose cual cortina de represa de agua remediar con una serenata, con una serenata que nunca le habían llevado antes, que nunca experimentó el grito de *amor eterno* entonado por un borracho acompañado de sus igualmente borrachos camaradas de bebida que traen en sus manos botellas y botes de diversa graduación etílica, ella sonrió desde su ventana, ella lloró porque el tipo más arcaico y sin expresión alguna que haya conocido le había llevado serenata para cumplir otra de sus fantasías: saberse lo más importante para alguien, no importando que sean las 3 am de un jueves, no importando que fuese febrero y el aire silbase mientras ella dormía, ella sonrió y el borracho que canta las canciones típicas que  su padre le enseño llora por dentro sin poder expresar nada, sólo canta, canta mientras puede cantar y no se caiga en completa infestación masiva de vino, cerveza, vodka o tequila que al final de cuentas ya todo sabe igual; canta y grita para que sepa que por ella hará lo que haga falta, que sepa que por ella ha de luchar contra todo el infierno que se cierne sobre su mente embotada por el tequila que llevaba casi 10 horas bebiendo mientras intentaba escribir, mientras intentaba sacar todo ese dolor que llevo en el pecho, por mi madre, por mi futuro, por mi corazón múltiplemente no correspondido, mientras ella sonreía con una  nueva lagrima atorada en el rabillo del ojo y cantaba en voz baja las canciones que tanto ha dicho que detesta pero que agradecía más que la lluvia en cualquier mes de sequía. Ella  también sabia de sequía en el alma. Mis ojos negros y que no se apartan de los suyos, nos vemos siempre intentando ganar la batalla del uno y el otro sin realmente tener en mente nada más que comunicarnos para siempre con la mirada.

*grita!* *grita!* y yo gritaba mientras ella gritaba con toda la fuerza de sus pulmones, mientras ella lloraba de coraje, mientras ella se desternillaba de la risa, mientras ella se acurrucaba en mi hombro, mientras ella me hacía sentir como el protector del universo, mientras ella se erigía como un ser completo y sin fisuras que era incapaz de cometer errores, mientras ella volteaba a verme y yo a ella con la sensación de que el tiempo no pasaba por nosotros mientras todos caían y morían, y nacían y volvían a ser engendrados para converger alrededor nuestro, su sonrisa es capaz de todo eso y más, su risa es la savia necesaria para llevar a cabo cualquier modificación universal, ella me sonríe con los dientes perlados y el alma. Y su risa es el detonante para dar el paso, para dar el siguiente paso, tan necesario como el aire, tan impredecible como la lluvia que se anuncia por horas en el cielo borrascoso y termina alejándose por la aparición del  viento del oriente de la capital, nos encontramos una tarde en su casa -que para entonces ya era “nuestra” – y nos vimos desnudos, hicimos el amor sudando, riendo, descubriendo el paraíso oculto entre sus muslos y los míos, noche negra, larga noche que deseábamos que no acabara nunca, sus pequeños gritos de placer y mi arritmia haciendo música de alcoba, autentica música para nuestros hijos (si es que algún día nos decidimos a tenerlos), la musa y el borracho, el muso y la borracha. Sangre y esperma (aunque no recuerdo si también fuese suya la hemoglobina) que surgen esa noche, el pacto silente mientras veo su espalda con los tres lunares en el descenso hacia las nalgas, se acurruca en mi pecho y yo en su cabeza de olor a menta fresca.  Nada de palabras amorosas, nada de falsas promesas de amor, todo termina con un beso de despedida en su mentón, que dice todo. Quería en realidad no salir de ella nunca.

Escribo, escribo después de muchos meses, tecleo con furia mientras ella me observa desde la silla frontal donde comía un helado, me ve contraer la frente mientras ella lengüetea con sadismo el barquillo y escurre por sus dedos el caramelo derretido del chocolate, me habla mientras el tac-tac-tac de las teclas se sucede uno a uno; me dice incoherencias que no logro descifrar a tiempo hasta que termina el helado en la máquina de escribir antigua que me regalo mi padre una navidad de 3 años atrás. No ríe más, su boca esta crispada y ahí recuerdo lo mucho que odia que no le hagan caso, en especial yo; sus ojos brincan sin salirse rebosantes de ira, que da paso a su risa fría y despectiva cuando arranca la hoja y comienza a leer lo que escribí, lo que  pensaba de ella, lo que creía que ella pensaba de mí. Ríe y me avienta su frase favorita *madura*. La primer pelea de la noche, la primera de muchas que se sucederán toda vez que ella saque al otro yo, al otro sujeto que aparece ni bien caigo en desgracia cuando me suceden cosas buenas y hermosas, que vivo terriblemente deprimido cada que ella sonríe para mí, cada que ella grita a viva voz que me ama. Lo conoce y lo desprecia pero no puede evitar amarlo al mismo tiempo, se pone en pie (sin dejar la hoja) y camina hacia la habitación continua donde dormimos apenas un par de horas atrás, no hago el menor esfuerzo por seguirla, miro el suelo, miro mis tenis, la firma descubierta de mis calcetines que se asoman.  Regresa y habla, regresa y azota la hoja en mi regazo e inmediatamente me da un beso profundo, que me despierta cada que lo hace, cada que lo utiliza. Se va y sigue riendo, solo que esta vez ya es otra ella, es la de siempre, la que tan feliz me hace cuando hablamos por horas de películas, música y libros, la que grita a viva voz *te quiero* sin importarle que yo nunca conteste, sin pudor, sin moral, sin ataduras a la ley, ella se aleja riendo y miro la hoja que tiene letras escritas a tinta por ella: <no sirve, sigue intentando> y vuelvo a darle a la máquina que ahora es suya porque  ya no escribo nada y ella la utiliza para hablar con la gente con sus historias maravillosas sobre su cultura ancestral y sobre su segundo tema favorito: el borracho con el que vive que trabaja en una librería de viejo ganando una miseria  y bebiendo casi a diario. Ambos lo hacemos.

SR Mayo 2013

viernes, 24 de mayo de 2013

Aullando a la noche

Aullando a la noche

Le veo al cerrar los ojos mientras las lámparas de luz blanca y fría escuecen mis corneas aun con los parpados en punto muerto, le sigo viendo aun mientras me sobo el puño que debió ser para él y no lo fue, cada instante que vomito sobre las baldosas de ese baño pulcramente aséptico de color blanco brillante  le veo sonriendo socarronamente y tomando de ese vaso que se vuelve eterno, que se hace eterno en sus manos gigantes como manoplas de beisbol o guantes de box; no logro serenar mi mente que se quiere dejar perder en la inmensidad de la penumbra de los tantos grados de alcohol que había en esa botella de tequila, y en esa botella de bacardi y en esas muchas cervezas que desfilaron, en toda esa comida que me supo a poco conforme avanzo la noche y las palabras se volvieron el fuego en donde debí poner a freír un poco más de esas tortillas diminutas para calmarme. Qué paso conmigo? Cómo logró evitar que explotara frente a él? De qué forma sus ojos rojos y sin perdidos en una ira desbocada se vuelven una victoria de mierda para él y un sangrado profuso en el labio para mí? Arde el pecho, arden las piernas, arde el esófago y todo lo que va acompañado a la bebida, pero hay algo mas, algo que quema y abrasa todo desde el mismo centro de gravedad que poseo; no lo entiendo, no esta noche, tal vez con la cabeza despejada, tal vez con una buena siesta y un buen desayuno me logre dar cuenta de donde procede tanta calentura por alguien que en apariencia es insignificante, alguien que ni siquiera sonríe bien, que parece dejarse perder por momentos en cualquier elemento habido y por haber en el universo que posee en la mente. Que me hizo?

En realidad no sé ni la hora, no tengo la menor idea de que pinche momento de la noche sea, solo atiendo las pocas instrucciones que me dieron: “serénate”,  ”toma agua”, “no te duermas boca arriba”, “tómate esta pastilla, te va a hacer bien”, “no tienes de que preocuparte, te voy a estar cuidando toda la noche”. Cosas que una enfermera hace, cosas que ella hace muy bien, me cuida pese a que soy más grande que ella, me protege pese a que actué mal, que me perdí hoy como hacía años no pasaba. Fue él, fue el tiempo, fue una serie de condiciones que se dieron cita, debimos marcharnos cuando se empezó a enfriar la tarde, debimos salir pitando de ahí nada mas comenzaron a destapar las cervezas tibias y la segunda vuelta de comida. Fui una estúpida por no prever que eso podría pasar después de tanto sin beber, no era una fiesta, no era una reunión, era una trampa de ese tipo, de su negra mirada y conciencia que vio el momento idóneo y no se amilano, no sucumbió ante mi fuerza, no me hizo caso. Me trato como trata la gente a un trapo, a un borracho más, a un maldito borracho al que le está enseñando una lección. No sé como lo hizo.

Mareo, maldito mareo que viene en cuanto cierro los ojos, los abro y en realidad las lámparas bailan en rededor, me hago un ovillo y lloro sin soltar un solo puñetero lamento, mirando fijamente el camastro continuo completamente  blanco, sin nadie que le ocupe, nadie llorando por no ser lo suficientemente fuerte para vencer a lo que hay en el fondo de esa botella de tequila que venía acompañado del maldito sabor a refresco de cola; dulce, exceso de dulce y él lo sabía, por eso bebía el agave solo, en ese vaso eterno que nunca vi que lo llenase, que únicamente lo arrimaba a sus labios y los remojaba. Y volvía adoptar la misma infranqueable pose de maestro, de gran maestre que les va a enseñar a sus discípulos el ultimo ritual antes de hablar con el otro mundo, su otro mundo, el condenado mundo que anida en su cabeza y que fue imposible desentrañar; no picó, no se obsesionó, no enmudeció por ningún motivo y a cada ataque contestaba con el aire de superioridad que sentía poseer. Un maldito bicho raro que no le molesta que le llamen así, que más bien se siente feliz de serlo, de poner en jaque a todos los presentes con su mirada inquisitoria, como si el maldito bastardo fuese mejor que todos, como si supiera algo que nosotros no, sintiéndose como un iluminado y usando una máscara de caballero. No lo es, ningún caballero trata así a las mujeres, ninguno mete en medio de una conversación adulta un chiste jocoso sobre dimensiones sexuales; un cerdo en toda la extensión de la palabra que bebe desde horas atrás más que cualquiera que este a su alrededor, que no se le nota lo borracho pese a que parece que se podría caer en cualquier momento; no lo hace, no cae, no pica, no grita, no se encoleriza, no hace nada más que beber y sonreír con los ojos dilatados ante una presa que ha caído una y otra y otra en su juego de permitirle saberse un ente superior.

Grito, mientras pataleo y escupo la saliva dulce durante el mismo tiempo que me concentro en odiarle, en aborrecerle aquí llorando amargamente y vomitando hasta perder litros y litros de vitales líquidos en sudor y jugos gástricos que han subido por mi laringe, que se anidan en mis dientes y me provocan nuevas arcadas; ella me cuida, me acaricia la cabeza y me da pequeñas palmaditas en el cráneo que me hacen sentir aun más estúpida, me hacen enojarme conmigo, con ella, con la otra, con todo el jodido universo que aterriza en sus ojos cafés penetrando los míos sin importar la presencia de nadie, sin atemorizarse por nada, me escupe al tiempo que se burla con esa mirada de soslayo, de compasión que me desnuda sin ser nada sexual, sin tenderme ninguna trampa utilizada por cualquier tipo que desee vejar sexualmente a  una mujer borracha, lo  hace para hurgar, para recrearse mentalmente porque es un maldito pervertido que gusta de tener en jaque a los que son diferentes a él. No hay fuego en esa mirada que va a parar a la pared que está detrás de mí, no logro encontrar el punto para que se enoje, para que me dé un pequeño triunfo. No es normal, es un bichejo raro que repta por el subconsciente y deposita los huevos que quiera en el torrente sanguíneo hasta que eclosionan en el cerebro después de ser arrastrados por el tequila que toma en caliente, sin hielo, sin refresco, sin hacer aspavientos de que le corte el aliento y lo llene de fuego, parece que estuviera bebiendo medicina para la tos, carraspea un poco pero ni siquiera por eso se deja aturdir, ni siquiera por eso deja de sonreír con sus ojos llenos de veneno, completamente ajenos a la ira que crece y crece dentro mío y que amenaza con explotar, pero no lo hará, no lo hará frente a él pese a que él es la causa de tal encabrite.

Me arde el estomago, me crujen las tripas, me carcome el cerebro de tanto tequila, no logro sin embargo apartar mis pensamientos de todos y cada uno de sus movimientos, de sus calculados movimientos de borracho avaricioso que se guarda para si sus mejores chistes, sus caídas; que se comporta como un jodido ermitaño enclaustrado en su propio bosque mental, quiero insultarlo abiertamente, quiero gritarle obscenidades que he ido aprendiendo para este momento, para momentos como este, que me haga enojar tanto que le suelte un par de golpes o bofetones que borren su mueca de falso mesías. Ojala me hubiesen dejado a solas con él, ojala me hubiesen permitido enseñarle que soy fuerte, que soy tremendamente fuerte física y mentalmente, que pese a que no logré que me contestara nunca como cualquier otro, era más fuerte mentalmente que él, seguro que se hubiera acobardado y hubiese perdido los papeles intentando ser gracioso en lugar de hacer que yo pareciese necesitada de atención, como si necesitara que todo se centrara en mi. No lo hicieron porque temieron por él, sabían de mi calentura, era visible para todos, traía una locura creciendo y a punto de hacer ebullición en contra del primero que se atreviese a intentar calmarme, no pagó quien debió hacerlo, no pagó él; y mientras yo me hundo en esta cama lejana a la mía, él debe estar acurrucado junto a su dignidad, envuelto en las cobijas de la mediocridad de alguien que no es ni siquiera para defenderse con palabras duras, una almohada perfecta hecha para un pusilánime que me miraba desde atrás de ese vaso inacabable y que se pasaba las manos gigantes por su rostro duro, picado, con la barba a medio crecer porque seguramente no la ha rasurado para asustar y provocar a la gente a que le mire, a que le pongan en el centro de su atención como si no fuese suficiente su tamaño y su cara dura, picada e impenetrable. Un borracho extraño al que me dieron ganas de golpearle en cuanto lo escuche haciéndose el conocedor. Que me atrajo a su juego de darle la bola para que fuese el centro de atención que persigue tal como haría un perro a un auto.

Escucho el ruido de un catéter gota a gota en este mismo piso, a lo lejos hay una pequeña mujer que avanza a pasos apesadumbrados porque es domingo en la madrugada y quisiera estar en cualquier sitio que no fuese este, ella se acerca y me acaricia la espalda, habla por celular diciendo en voz baja y trémula “está bien”, “algo intoxicada”, “le di un suero y una pastilla”; se aleja contoneándose lentamente mientras cierra la puerta de la habitación comunal donde estoy sola por ahora.  Duerme, seguro de sí mismo, duerme encima con una docena de vasos de tequila y de bacardi y quien sabe cuántos más de cerveza. Lo hace a sabiendas de que me hirió al no atacarme, al no defenderse usando el instinto de cavernícola que generalmente acompaña a los que se le parecen; un bofetadón que debí darle para evitarme la calentura, la pelea posterior, el terminar aquí en lugar de estar en mi casa durmiendo plácidamente; debí obligarlo a que me dijera alguna grosería y que fuese él el excomulgado, que le atosigaran los pensamientos de resarcirse a él. No lo hice, no lo hice porque caí en su juego de beber, de beber y beber hasta que todo parece factible aun cuando no lo sea. Estos golpes que le doy a la almohada dura de color blanca hospital debiesen ser para él, uno en sus genitales, otro más en su estomago, pecho, cara, cara, cara. Molerle la cara a golpes, desaparecerle esa sonrisa torcida que deja ver sus dientes gigantes. Romperle la nariz chata y picada por el acné, que no le importo cuidarla, machacar sus pómulos grasientos que enmarcan sus ojos de cerdo, de voyeur, de maldito cobarde que no cae en ninguna provocación y que en lugar de mirarme ve hacia el fondo eterno del vaso cada que lo acerca a sus labios grandes, y que mojan el bigote ridículo que usa.

Qué superioridad moral esconde? Qué secreto universal cree poseer para mirar así a todos, para hacerles menos pese a que no lo sean? Qué hay  en esa cabeza con el pelo a rape que lo hace verse más viejo de lo que en realidad es? Por qué no pude, por qué no pude? Se oye el rugido de los autos que pasan a gran velocidad afuera de este edificio, grandes vehículos que se internan en la madrugada que comienza a morir, a ceder paso a otro día, al día siguiente a mi derrota, a la mañana que no quiero que llegue aun, que se pierda mejor entre los pliegues de la comisura de sus labios, en el arco formado por sus cejas que se elevan en un momento dado para evitar mostrar cualquier síntoma de malestar, que se funda en la raya que atraviesa su frente y que señala su constante mirada dura, el seño fruncido que sin embargo esta noche se pierde, se pierde y se pierde en el fondo del vaso transparente y el ruido de la música que él ha puesto, en el fondo sigue cantando todo lo que pone, jamás me ha sabido tan mal la música como en este momento, jamás estaría sentada bebiendo esta mugre caliente si no fuese porque ha sabido tender la trampa, aquí nadie hace nada sin que él haya previsto que así sucediese, como si anticipara todo y a todos antes que el mismo universo.

Bebe, bebe y seguramente siguió bebiendo mientras yo  recorría las calles vacías en la espesa madrugada; fría, atípica de una primavera que se ha caracterizado por el calor extremo de punta a punta en la ciudad que he recorrido casi por completo para huir de las acciones; quién o qué es él? Quién carajos le dio esa serenidad para beber y responder con su voz atípica de adolescente atrapada en el cuerpo de un hombretón de casi 30 años? Porque bebe y sigue bebiendo mientras corro aullando y gritando sandeces contra todos mientras la noche se pierde en los ductos de ese caño maloliente que pasa a penas unos metros por detrás de mí; el auto viaja con las luces internas apagadas, mi cara recargada en el vidrio resopla y bufa mientras seguramente él bebe ese tequila duro, lo hace sin importarle en lo mas mínimo que me sintiese del carajo, que quiera vomitar mientras el caucho roe las marcas hechas por miles, cientos de miles de autos que han pasado diariamente por aquí; fría noche, atípica, que se contrae desde el fondo de mi estomago y bulle hacia arriba, hacia arriba, hasta el cielo, hasta la condenada estratosfera donde reposa su mente una y otra vez perdida y encumbrada en la nada, vomito que me surge de la nada y el todo, vomito que alecciona lo aprendido hoy, vomito que tiene más del 80% de sus acciones en hiel y bilis antes que tequila, bacardi y cerveza. Eran las 3 am y él sabía, él sabía que en la hora del lobo nadie debe de vomitar, porque si vomitas en esa hora has perdido todo lo conseguido y se vuelve una derrota absoluta. La guerra perdida por el vomito que deja sus rastros en los dientes, encías y lengua. El vomito es su corona de laureles.

SR mayo 2013