lunes, 17 de julio de 2017

habladuría

-tenía un compadre…
 
-tenías un compadre?...
 
-tenía un compadre que era la mar de claridoso. Que se podía poner a hablar sobre una y mil mierdas y la gente le escuchaba, le alentaba a seguir hable que hable, a decir sobre tal o cual tema, mientras mantenía un halo de santón alrededor suyo. La muchedumbre se aglomeraba y le dejaba hablar y charlar sobre un asunto de talla local como uno acontecido a miles de kilómetros. Lo podía escuchar quien quisiera mientras su voz áspera rompía la monotonía de los lugares, en ningún momento se dejaba vencer por una distracción y cuando meditaba antes de comenzar la retahíla de frases, palabras y demás, siempre tenía ese aspecto de un sabio, de un condenado monje tibetano que encontraba el nirvana en cualquier punto sobre la faz de la tierra.
 
-serás hablador, no conozco a ninguno de tus compadres que pueda hacer eso
 
-¿Cómo no? ¿Acaso no te acuerdas cuando nos la vivíamos en la construcción del edificio frente al reloj? Si, aquella con los 7 pisos que nunca fue habitada porque le metieron materiales chafas y termino mitad hundida y mitad inservible; vamos, cuando se mató “el ratón” Velázquez.
 
-me acuerdo del “ratón” pero no de esa construcción.
 
-Como no, allí en Buca… bueno, el asunto es que el compadre que te digo, tenía su jacal como a 10 minutos de esa obra; siempre andaba con su pantalón desgastado de color negro y unos huaraches, mientras leía y releía libros que conseguía en la dirección del plantel de la prepa que quedaba como a tres cuadras. El cabrón no trabaja en nada y se la vivía a cuerpo de rey porque siempre había alguien que le arrimaba un caldito de frijoles, arroz o un bolillo. Total que el viejón nunca, pero nunca compro comida en como 15 años que lo había tratado, hasta a la Maru le gustaba invitarle un taco para oírle hablar sobre los asuntos relacionados a los chismes de la vecindad. Porque si algo sucedía en 5 o 40 calles a la redonda mi compadre tenía la voz cantante en eso. A cada rato llegaba a la casa y me aburría con sus chismes sobre lo que le había pasado a perengano o si a sutano se le había roto el calzón. Lo que me gustaba era que sabía de deportes y el cabrón me mantenía al tanto de todo lo que acontecía en el ámbito nacional e internacional. Y lo que más me gustaba de ese guey es que se levantaba unos forros de viejas, tú lo veías acá con su onda bien dañada por tantas horas dejadas a la holgazanería y a la lectura de sus cuentos y de pronto ¡zas! Que llegaba con una guerota, que según lo había escuchado hablar sobre los asuntos del medio oriente y la situación de los globos de oro; o si no llegaba con una de esas morochitas que se enamoraba de él por como recitaba los poemas de franceses y colombianos. Y cuando pasaban tres o cuatro días la cambiaba por una de la zona que le aflojaba hasta la servilleta con tal de que le hablara de los espectáculos del canal de las estrellas. ¿A poco no te acuerdas de ese guey, si se la vivía metido en la casa de Asunción la “comeniños”?.
 
-no, no manches; pero, si esa vieja esta re’loca.
 
-Simón, pero mi compadre comenzaba a contarle cuentos que la dejaban alelada y pensando sobre la inmortalidad de una cucaracha, para enseguida meterle mano a la condenada en todo aquello donde el sol ni siquiera le daba. Y cuando la vieja conseguía mas o menos salir del trance del “no mames que eso puede pasar” el cabrón sacaba de la nada una anécdota sobre unos escritos chiquitos, chiquitos donde las letras por si mismas formaban poemas o frases que te conducían a estados de la conciencia que ni siquiera él podía desentrañar, pero que con gusto te explicaba cómo hacerle para no perderte para siempre. Y pues ya para entonces le tenía bien metida la riata, y la vieja ni madres que se quejaba. Lo llegamos a ver mientras se la daba ahí por la ventanita que daba para el patio de los vecinos. Ya cuando acababa el hijo de la chingada se pelaba de colores en fuga, porque la vieja se destrababa y le comenzaba a aventar desde la almohada hasta la caja fuerte.
 
-nah esos chismes ¡Si esa vieja es manflora!
 
-me cae, por dios que ese compadre se la dio un chingo de veces! Me acuerdo de una vez que lo llegaron a buscar los tiras, quesque para saber si había veriguado algo de los muertitos de la calle de la Plazuela ¿Te acuerdas? Ahí por donde ahora está la tienda del pelón. Pues llegaron los azules y se lo querían llevar, porque todos, todos sabían que de mínimo el compadre sabía el chisme, y pues querían que los ayudara a comisionar. Pero el cabrón se los mareo con cualquier pendejada y lo dejaron ahí. No puedo creer que se librara de esa o de la vez que lo venía buscando el esposo de Jacinta, te acuerdas ¿del pendejo ese que era camionero? El gordote de la cara roja. Que siempre andaba presumiendo que tenía una riatota y el pendejo lo único que tenía eran unos cuernotes, porque todos, todos los de la calle le habían metido el chosto a su vieja.
 
-hey, yo también.
 
-pues ahí ‘ta, el compadre fue quien la metió primero, ya de ahí se le dejaron ir todos como perros atrás de las tortas gratis del basurero. Me acuerdo que llego y le regalo una pinche rosa aplastada, quesque tenía poderes mágicos, y la vieja toda incrédula le dijo que no fuera pendejo, que como iba a tener poderes una rosa fregada así, y el viejón que le dice: mira, en menos de 2 horas te voy a tener de a perrito. Y la vieja en lugar de emputarse y mandarlo a la tiznada nomás se carcajio, ya de ahí el compadre sabía que la tendría en menos de lo que había dicho. Y así fue, lo que no sabía es que la vieja nomás buscaba un pretexto chiquito pa’ sacarse la comezón.
 
-es que estaba re buena la condenada.
 
-y aflojaba bien chido. Pero pos, esa fue el comienzo del fin de mi compadre; el pinche camionero le hizo caso a los culeros de la 22 y le cargo todo el mochuelo a ese guey…
 
-no mames que ese que mato el esposo de la Jacinta era…¡?
 
-no, pero nomás porque se confundió, pero mi compa se sintió bien culero que por andar de cuzco le metieran fierro a un pobre pendejo que lo único que había hecho en su vida fue parecerse a él. Fue el primerito que llego al callejón luego de que el pinche camionero tasajeara al guey aquel, todavía con el pinche cuchillote en la mano, el guey seguía mirando con odio al pobre pendejo, aflojo hasta que llego la tira, y ya para entonces mi compa estaba sentadito en la piedra que habían puesto los del partido cuando según iban a construir ahí un sitio de reposo. El pobre estaba totalmente fuera de este mundo, como ido ante la posibilidad de que por sus cuentos alguien hubiera muerto. Así fue y de ahí se fue marchitando, como si le hubieran apagado el switch para lo divertido. Todavía me lo llegue a encontrar dos veces antes de que se hiciera humo, ya no era lo que había sido y parecía que le costaba hilar más de tres frases juntas. La mayoría le daba comida ya de pura lastima y los pocos cuates que le seguíamos hablando le pegamos una guama o un piquetito para ver si así aflojaba algo, pero nel, se la vivía callado y con la cara viendo hacía el cielo. Como implorando o esperando que algo regresara. Nunca volvió a ser el mismo compadre de antes. Como si cada pinche chorro de sangre que le brotaba al guey aquel fuera su alegría por seguir vivo. No sé, igual y el guey se fue para su tierra, creo que era de Guerrero o se pelo al otro lado. De cualquier forma no he sabido nada de él.
 
-no pus no ¿Cómo se llamaba?
 
-Nunca le pregunte. De esas cosas que vas posponiendo hasta que es demasiado tarde.

SR Verano 2013-Invierno 2017

domingo, 2 de julio de 2017

días inciertos

Días inciertos
 
Solía leer un promedio de 40 libros al año por aquel entonces, me sentía poco menos que una gran mierda y tenía la costumbre de tratar de corregir a todos en sus ideas; realmente creía que era imposible que dentro de aquel grupo de 10 o 15 alumnos de excelencia hubiese alguien que pudiera superarme en debate. Era el alumno estrella de las clases de ciencia política y comprensión del sistema político mexicano, me trataba de especializar en movimientos sociales en las décadas virulentas de los 60s y 70s, porque pensaba que podría descubrir el hilo negro de la actividad de los grupos subversivos en esa época. Estaba equivocado.
 
Ese difícil peregrinar entre la excelencia académica y la extracurricular, no me afectaba porque los viernes acudía a la pulquería ubicada apenas a tres o cuatro calles de la escuela, no era el único de mis compañeros que lo hacía, pero si el que más arraigado sentía el carácter de un ritual para los curados de diversos sabores que allí se daban cita. En las convivencias conocí a varias personas –entre ellas a Victoria, que cursaba el tercer semestre de la carrera de botánica- que un día estaban allí y al otro no; personas que no tenían la menor sapiencia acerca de lo importante que era la implantación de una cultura ajena a la nuestra –el consumo de cerveza- para la consumación de otra manera de pensar procedente desde la elite.  Discusiones eternas que no conducían a ningún lado, que me hacían sentirme totalmente autosuficiente y capaz de terminar con problemas tales como la pobreza, y la falta de oportunidades para el pueblo, qué se sentía pobre por así quererlo (ideas mías de aquel entonces).
 
Para mí y mi grupo, las discusiones en “El aviario” eran cuestión de vida o muerte cada 8 días, mientras los parroquianos más antiguos nos veían con malos ojos debido a nuestra estrafalaria facha y a las idioteces que solíamos soltar cada que comenzábamos a tirar gritos de grillo; luego, aun mas sorprendidos nos veían mudar el semblante por ratos cuando comenzaban a sonar las canciones que solíamos programar en la rockola de variado contenido. Cuando hacíamos crujir los bancos de madera, con los pocillos de barro chocando para brindar por las cuestiones más intrascendentes, y que a cada trago de aquel liquido fermentado con un toque de frutas, el cerebro se nos embotaba más y más. Así transcurrieron un par de años, hasta que el cántaro se rompió y cada cual se fue a donde mejor le acomodaba la vida: las especializaciones. Mi idea era hacer un pequeño comparativo sobre los discursos presentados por la izquierda moderada y la izquierda radical antes y después de la guerrilla urbana de la década de los 70s. Para ello requería un asesor lo suficientemente versado en tal materia, así fue que llegue a la puerta marcada con el numero 23N (la letra era el código del edificio al que pertenecía), dentro se hallaba el Doctor González ( toda una institución nacional e internacional en lo que al tema se refería) y tras explicarle un poco acerca de  mis intenciones y debatir un par de puntos en los que al parecer no estaba muy de acuerdo, decidió aceptarme sobre todo por mi excelente desempeño en sus clases.
 
Pasaron un par de meses y la tesis avanzaba lenta y pesadamente, mis pocos momentos de diversión se iban en llevar a Victoria (Vicky) a algunas reuniones con su grupo de amigos chalados, y a beber de vez en vez con mis camaradas un par de litros de pulque. También tenía responsabilidades para con mi hogar, así que comencé a trabajar a tiempo parcial en una oficina de contabilidad, donde un cuate me recomendó para hacerme cargo de la correspondencia interna y externa que según ellos no podía ser enviada vía electrónica. Huelga decir que esto consistía en recorrer varias veces el edificio de arriba abajo durante la tarde, y salir un par de horas a otros sitios, donde generalmente llevaba paquetes en la moto que me habían facilitado para la labor. Todos los días por la noche me refugiaba en la lectura de libros sobre la izquierda nacional y los fines de semana me encargaba de aterrizar algunas ideas en la búsqueda de la hipótesis idónea; una mañana durante una asesoría con el profesor (que me había llamado para hacerme participe de unas cuantas situaciones referentes a mis avances) me dijo muy seriamente: *dime Enrique ¿has pensado en hablar con uno de ellos?* *¿a que se refiere? ¿A entrevistar a un miembro de los guerrilleros?* *he, mira, tengo un conocido que te podría dar información de primera mano respecto a lo que intentas hacer; no es sencillo hablar con él, pero estoy seguro que si me dices que le entras a mas tardar el próximo mes estarías hablando con él. ¿Qué dices?**juega*.
 
Se sucedieron los días y el avance de mi tesis no era continuo, y debido a un error nuestro, Vicky salió embarazada, por lo que tuve que solicitar más horas y más responsabilidades en la oficina para la que laboraba, para completar el cuadro mi asesor me reclamaba la displicencia con la que tomaba la tesis, mostrándose  molesto cada que le mencionaba el tema del conecte con su conocido, para él había resultado un error claramente haber hablado de ello, ya que no sólo había conseguido que lo hostigara, sino que también una carga emocional muy grave sobre si, aunque ello no lo sabía yo. Me enfoque a tratar de sacar adelante mi vida dejando de lado la tesis y la carrera; mis visitas a los amigos y las fiestas se ausentaron debido a que comenzaba a ahorrar un día si y el otro también para capear los primeros meses de vida del niño que esperábamos, esto debido a que mis padres –y los padres de Vicky- se mostraron incólumes y reticentes a apoyarnos en la manutención del infante.  Los meses corrieron y decidimos irnos a vivir juntos a un pequeño departamento ubicado en una de las colonias de mayor reincidencia delictiva, ambos trabajábamos arduamente y nos encontrábamos en las noches para platicar sobre el futuro y lo que pasaría (para aquel entonces ella ya había abandonado la universidad y yo había dejado de lado cualquier intento de avanzar en mi titulación). Todo marchaba normal y sin altibajos, hasta una mañana donde sonó mi celular y al abrirlo leí un mensaje escueto de un número desconocido.
 
“mañana, 18 horas, en tu casa”
 
Releí  y llegue a la conclusión de que era un numero equivocado pero no hice mayor cuestión sobre el asunto, me dedique a mis labores y al final del día me dirigí al departamento. La noche se sucedió sin nada destacable y al otro día me había olvidado del mensaje. Llegue por la tarde al departamento, cuando me disponía a ver una película en la tele esperando a que Vicky llegara de su chamba, sonó el timbre. Pregunte quien era y como respuesta obtuve un: *me localizó González*. Me quede de piedra porque no entendía a qué se refería, abrí cautelosamente la puerta y allí frente a mí se encontraba un sujeto muy canoso de poco menos de 1.70 con la mirada dura y el semblante todavía peor. Llevaba un suéter tejido a mano y una camisa blanca debajo de este, se veía fornido pese a su corta estatura. Le calcule en el acto unos 60 años, espere a que el hablara, pero no hizo mayor intención por hacerlo
 
-disculpe, ¿a quién busca?
 
-mira niño no tengo tiempo para jueguitos, me dijo González que tu querías saber sobre nosotros y aquí estoy.
 
-González… ¿el profesor González? casi chillaba las palabras debido a que había perdido contacto con el profesor hacia cuando menos 2 meses.
 
-déjame pasar. Dijo antes de meterse y sentarse en uno de los sillones que tenía en la habitación del frente.
 
-pero… err… hace mucho que no hablo con el profesor.
 
-da lo mismo chico ¿quieres que te haga un resumen de sus actividades? También puedo hacerlo de las tuyas si gustas.
 
-¿cómo dice?
 
-Tu nombre es Gustavo Enrique Álvarez Moran, 23 años, naciste en Durango capital, hijo de Gustavo Álvarez Castillo y Norma Moran Pedraza en 1990; estudiaste en la primaria #16  “Rafael Herrera” generación 1996-2002, promedio 9.5; debido a tu promedio alto tus padres te inscribieron a la CEIDAC, donde te graduaste en 2008 con prepa técnica terminada, a tu padre le ofrecieron un puesto similar en la oficina de gobierno del Estado de México y decidiste continuar tus estudios en el campus 1 después de pasar el examen de admisión.
 
Tu mujer se llama Victoria Reséndiz Díaz, 21 años, originaria del Distrito Federal, sus padres son Carlos Reséndiz Alatriste, su madre es Verónica Díaz Mondragón… ¿sigo?
 
-ya… ya entendí sabe todo. No se cómo lo sabe, pero…
 
-quieres saber quién soy yo ¿no es así? Soy el ex comandante de la unidad de inteligencia del Comité Clandestino de Liberación Nacional, que ya no existe. Me llaman Rocho. Y me gustaría que así me dijeras.
 
-ya, pero no entiendo que quiere.
 
-bueno tu querías saber sobre la guerrilla y sobre nuestros vínculos con la izquierda ¿no es así?
 
-eso, eso fue hace tiempo. No pensé que se daría esto.
 
-mira amigo, no dispongo de mucho tiempo. En realidad está muy comprometida mi presencia aquí, porque el gobierno aun me tiene dentro de su agenda. No te molestes en ofrecerme agua o algo, esa mierda que tomas de Clara pura es veneno.
 
-¿cómo… ha estado aquí dentro?
 
-era vital que buscara micrófonos, no te preocupes no me he metido en tus asuntos. Digo si es que tienes tales preocupaciones.
 
-puta madre… lárgate de aquí…
 
-como gustes. Pero créeme cuando te digo que al gobierno le interesa tu tesis.
 
-¿qué? ¿cómo chingados…?
 
-mira chico, en este momento de la historia el problema de los gobiernos no son los carteles de droga o los actos terroristas de unos cuantos desequilibrados. No, al gobierno le preocupa mucho más que alguien comience a hacer preguntas y que empiece a atar nudos sueltos, que por su propia pereza han dejado sin cerrar. Tu tesis planteaba un problema serio debido a que mencionas a un personaje que esta soterrado bajo el peso de su fuero, y del dinero por supuesto. No voy a decirte que es algo sensacional, pero siempre puedes abrir viejas llagas. Llagas que desencadenarían un problema mayúsculo para la “izquierda”. Desde el mismo momento en que el “querido” Doctor González tomo tu tesis, se enfrento al dilema de entregar o no los avances a la junta directiva de la universidad. Sabia –y todos allí lo saben- que este tipo de planteamientos traen consigo una andanada de investigaciones e injerencias por parte del Estado, porque el jefe de dicha junta tiene como obligación reportar cualquier actividad de esta índole. Como te decía antes, el problema no es general, la gente hace investigaciones más seguido de lo que te imaginas al respecto, pero tu tesis no se enfoco a desenmascarar a la derecha o al Estado, sino a la misma izquierda electoral y quien gano con ello y quién no.
 
-Quintero?
 
-Quintero, Fassol, Palacios, Williams… si hubieras seguido por donde ibas los hubieras encontrado a todos.
 
-pero yo de Quintero no había encontrado nada malo. Supe que perteneció al PCM pero se salió antes de la guerrilla.
 
-Quintero no se salió del PCM chico, Quintero era el PCM en todas las ramas, secretario general no visible, organizador de mítines, recaudador de fondos, contacto directo con los del martillo y la hoz, era la sombra que abarcaba toda la organización partidista. Por las mañanas leía a Marx y por la noche entregaba detalles absolutos a la DFS. Día y noche vivía al filo; cuando surgieron los primeros golpes de la liga y de los MAR, él sabia y entrego los informes a la gente correcta.  ¿O acaso crees que solito logro ascender hasta lo más alto? No muchacho, a Quintero lo colocaron a la cabeza los mismos que se encargaron de fundir al comunismo nacional. Todos ellos tienen ahora fuero y se encargan de hacerse pasar como auténticos militantes de izquierda, cuando al fin y al cabo se mantienen unidos a la derecha por la misma mierda que se dedicaban a “combatir” con sus panfletos. Quintero y su grupo llamaban a sus actividades: “garrapata” porque se encargaban de sacarle la sangre a los miembros del PCM y a la guerrilla por parte del gobierno, sin ser vistos. Lo malo es que han sido destruidos todos los documentos que avalaban este nombre, de lo contrario ahorita encontrarías decenas de cheques que recibieron por parte del Partido para solventar los “problemas de la izquierda”.  Era Williams el enlace con mi grupo y el que nos contactó con los salvadoreños y los montoneros, pero al mismo tiempo fungía como coordinador de investigadores para la DFS en contra de la subversión. Sus cheques no solo venían firmados por la mano del presidente del partido, sino también por la CIA.
 
¿Quieres más? Palacios fue el miembro que señalo los targets para los de la brigada blanca, era al mismo tiempo el ejecutor y la rata encargada de sacarle las entrañas a los radicales del PCM, gracias a sus acciones y pitazos se cargaron a los 4 orquestadores del asalto al cuartel de Santa María, fue él quien le proporciono las armas a Vázquez para que encendiera la mecha en Guerrero y pudiera el ejercito hacerse del control de la sierra para la siembra de marihuana y amapola. Palacios consiguió a los miembros que se embarcaron para Cuba y Corea para recibir adiestramiento, siempre con la idea de mantener el monitoreo adecuado para el gobierno.
 
Me dijo más nombres de destacados miembros, acciones que nadie conocía y sobre todo las direcciones donde podría encontrar a algunos miembros que se habían escapado de las purgas. Poco antes de las 9 de la noche, reviso la cortina que se hallaba cerrada y dijo: *tu mujer viene entrando al edificio. No volveremos a vernos, pero créeme, si quieres seguir y hacer la tesis, adelante, con los datos que te he dado puedes sacar unas ratas de su enmarañamiento. Te recomiendo por tu bien, y por el de tu esposa e hijo, que no lo hagas, no hay futuro para los que aun creemos en la izquierda muchacho. Sólo te estarías exponiendo y los pondrías en peligro a ellos.* sonó su reloj, el pitido coincidió con su última palabra. Me dio la mano y abrió la puerta. Dos minutos después aparecía Vicky con cara de cansancio y preocupación porque le comenzaba a preocupar la cercanía del alumbramiento.
 
He comenzado a recabar información, primero lo más visible, diarios viejos y algunos documentos que han sido desclasificados, desde hace tres o cuatro días he notado que un par de sujetos me siguen bastante atentos a lo que hago en el día, están fuera de la oficina, del departamento y del archivo histórico. No siempre son los mismos, pero son indudablemente guaruras. Victoria ha tenido las primeras contracciones mientras escribo esto.
 
SR 2012-2017