martes, 26 de noviembre de 2013

La noche que le brinde una copa a una sirena en el baño

La noche que le brinde una copa a una sirena en el baño

Me quito con tanto trabajo la camisa reseca por el sudor que bufo. El hombro no logra alzar mi brazo izquierdo más de 20 centímetros, brazo paralizado le llaman, inútilmente disemino la pomada que me dio la vieja para los dolores por todo el lomo. Cada tallón extra –para infundirle calor y alivio- me obliga a jalar aire con la boca. Llevo 3 semanas así. Duele como el amor del bueno entre los personajes de Zola; acabo la labor infructuosa tras media hora. Abro la botella de ron que compre en la vinata y le meto un trago directo y profundo que reactiva las neuronas. La televisión está encendida pero hace casi un mes que no sé qué dan en ella. Chismes y guerra supongo. Hace poco más de un año que Bush Jr. le declaro la guerra a todos los jodidos barbones en el mundo, a todos aquellos que no se parecen a sus White boys. Creo que debiese rasurarme un día de estos. Otro trago al ron. Me quedo allí sentado en la sala –inmensa-, semidesnudo como todas las noches. Los moscos se dan un atracón pese a que las ráfagas de aire frio les devanean el coco. Bendito otoño que pronto traerá los fríos decembrinos y alguna que otra sorpresa. Cuento con las yemas de los dedos los granos de mi espalda mientras el rugir de un tigre se asienta en mi estómago, porque llevo más de 3 semanas comiendo cosas que ni en Guantánamo soportarían. Espera, se supone que no debiese saber dónde coños es eso o para que sirve, olvide que me hago pasar por alguien sin educación con la chica que me gusta. No sabe que escribo poesía y que pienso en ella desnuda.

Otro ron. El aliento me cambia al de un sábado por la noche. Es martes, creo. Difícil saberlo sin reloj o la televisión. En la radio mencionan el día todas las mañanas pero a esa hora mi yo consciente sigue idiotizado por quedarme hasta tarde todas las noches escribiéndole a las estrellas. Está bien, está bien, lo hago pensando en los pezones de la chica. Se llama Mariela. Guapa, trabajadora, le gusta el baile y vestirse guapa para ir a ellos. Tiene novio,  es un buen tipo que trabaja duro toda la semana para salir a pasear con ella en la camioneta deslumbrante que se compró. Yo uso un auto viejo que estaciono todos los días frente al trabajo y lo observo retándome para largarnos hacia el horizonte. Me pide que robe por él, luego baja las expectativas y quiere que mejor beba, en eso si lo complazco. A Mariela le gusta el color blanco del chasis picado y mi barba desaliñada llena de esos pelos grisáceos que le pican en la barbilla. Sonrió cuando la veo todos los días, también sonrió cuando no la veo.

Volviendo al dolor,  la vieja me dio la pomada diciendo que a ella le quita los achaques. No se lo discuto porque también me dio la receta para los mojitos y una rama de yerbabuena cuando vio la botella. El azúcar la tendría que conseguir yo. Olvide mencionarle que prefiero los tragos directos. Mejor otro. Los nervios y sus conexiones se aplacan cuando el fuego cruza la cadena montañosa ubicada en la laringe. Es Martes? Juraría que sí, pero entonces eso quiere decir que olvide algo, que tenía que hacer algo, pagar algo. No sé qué fue, pero algo tenía que hacer. Pienso en Mariela ahora, la carne se me pone china y me doy un pellizco en el pezón e imagino que ella lo hace. Ya lo ha hecho antes. Espero que su novio no lo sepa, aunque eso sería un muy mal comienzo para la vida en conjunto. Tal vez sería mejor que se enterara y viniese directo a darme una lección, una madriza que me ayudara a comprender que ella no es para mí. Mejor que tuviese que errar por allí un par de días con una mano rota y las costillas aún más rotas, escribiendo desde el dolor y con dolor para olvidar el condenado hombro maltrecho por cargar toneladas y toneladas en él. Sin preocupaciones mayores a “cómo carajos voy a abrir la botella sin una mano?” o “quien jodidos vendrá a limpiarme el culo!?”. Con un ojo tan rojo y devastado como el ojete del culo de Mariela. Benditas sacudidas. Sin embargo el dolor ahora y más apremiante es el del hombro, mañana le pido a la viejilla que me regale lidocaína liquida para mezclar, tal vez con vodka. O unas gotas de encapsulamiento de dolor. Creo que ya existen. O tal vez no.

Me despierto otra vez, pensarías que a vomitar pero eso ya lo hice antes de caerme a dormir. Ahora estoy de pie en calzoncillos raídos y con bastante fiebre; no estoy crudo, de hecho sigo bastante idiota. Son casi las 5 de la mañana y acabe bebiéndome los ¾ de esa botella de ron, del de a litro, no de esas mamadas de 750. En fin que me he despertado y he corrido por media casa –o mejor dicho tropezado- buscando una pluma, un lápiz, sangre o la misma mierda que seguramente encontraría en un rincón porque olvide donde quedaba el baño, porque necesito escribir su nombre. Porque al parecer me he dormido y he soñado con ella. No solo soñé, sino que desperté gritando su nombre. Con otras letras, con otro rostro, pero era ella. Estoy seguro. Finalmente escribo su nombre y vomito una vez más. El restante ron queda en el suelo azul cielo pálido en ese cementerio maldito de borracheras que es el baño. Apenas y me sostengo de la pared y una concha de mar me devuelve la sonrisa sin fe. Le brindo un trago a ella y sus camaradas acuáticas, a todas las conchas del mundo. 

Y el dolor? El dolor allí sigue, acechante, esperando a que el maldito alcohol sea procesado por el hígado para volver a reinar en el templo por otro día mientras duerme por la noche.

SR Octubre 2013.

Estrellas fugaces

Estrellas fugaces

Enciendo el monitor como cualquier otro día, lo más probable es que no haya nada interesante en internet. Llevo 7 meses desempleado y pocas oportunidades para encontrar algo si me enfoco únicamente en lo que sé. Las redes sociales me llaman, en el necesario y al mismo tiempo innecesario chat localizo a los 3 o 4 contactos que realmente valen la pena en su habitual silencio de unos meses para acá. Todos los demás una autentica pasma. Toda mi lista de agregados se puede etiquetar en dos grandes bandos:

1) mis camaradas de antaño y los nuevos, familiares a quienes tolero y la gente extraña que me regala buenos días con sus ideas frescas.

2) Los que me han agregado y que no he tenido aun la valentía para borrarlos.

Sigo en lo mío después de tanta filosofía barata de ordenador. Conecto la consola de tantos miles de pesos y apago la computadora. Es hora de perder el tiempo en idiotez para mi cerebro.
Otro día perdido. 8:30 pm, entrecierro los ojos pegados por el sueño y la apatía mientras observo el monitor deslumbrante de la computadora,  alguien, que fácilmente entraría en la categoría 2 de mi subjetivísima lista de contactos, ha subido una foto nueva en su perfil público, abro la foto por curiosidad y aburrimiento. Se ve bien, el escote hace bien su trabajo de distraer de la cara, no se me malentienda, no es que sea fea, sino que inevitablemente me viene del subconsciente que su rostro (salvo pequeñas variaciones) es el rostro de una vieja amiga. Otra mirada al escote de buena hechura y finalmente escribo con la indiferencia habitual en los dedos y en la mirada: “se te ve bien”. Mi clásico formalismo en este caso se puede malinterpretar pero el daño está hecho. Cierro la página, apago la computadora y me encierro en el laborioso mundo de beber, otra noche.  Trascurren 3 horas. No estoy ebrio, no estoy siquiera feliz, lanzo cacahuates a la pantalla del televisor mientras la protagonista de sabrá dios de que telenovela pocha balancea de lado a lado los senos y los caireles de su melena falsa. También los senos son falsos pero al menos los presume con orgullo. Tengo sed, hay dos cervezas en la mesa, o lo que aparenta serlo. Se calientan mientras mi humor va en picada, mala noche sin duda, apenas respiro para consumir lentamente la energía ganada por un puñado de cacahuates y un sándwich. El espíritu festivo ha desaparecido en este lugar. Apago la televisión y enciendo la laptop. Bendita tecnología que me aparta de las falencias del consumo etílico. Sonrió mientras carga el internet robado. Deportes, noticias del mundo, espectáculos, twitter y su increíblemente corta memoria. Coloco un par de chistes que solo yo y los 140 caracteres entendemos. Vamos a otra cosa. Pornografía? No, aun no. Mensajes en el chat. Mensajes en el Facebook. Dos notificaciones (las de siempre): 1) invitación a jugar sepa-la-madre-que-cosa, 2) los 200 mensajes que me deja al día mi amiga que tiene el mismo ritmo pausado de vida que yo, salvo que en una mujer como ella no se ve mal. Minutos y minutotes que se discurren mientras paso hacia abajo el cursor esperando encontrar algún chiste en los mensajes que me deja. Nada. Cero. Reclamos y reclamos porque no soy feliz, porque no trato de serlo. Me divierto un rato mientras los leo, lo habitual, el eterno juego de coqueteo decente y al final desisto como tantas noches. Cierro todo y me entrego a los placeres de la lectura de revistas viejas de tecnología. “32 Mb de memoria” se lee en el encabezado de una computadora antiquísima, quisiera que eso fuese hoy y yo todavía tuviese fuerza.

Despierto otra vez con el sol arriba, justo de frente a mi rostro, lo maldigo mientras me rasco los testículos con la mano izquierda. La casa sola, salgo a turistear alrededor de una maceta con una biznaga que bien cabe en el palmo de la mano. Sexto piso. Balcón. Exterior. Ruidos y más ruidos provienen de la acera un suicidio por debajo, la renta se acaba en dos semanas; regresare a casa, al yugo familiar. Por fin me alimentare como es debido, nada de sopas instantáneas y cigarros. La bebida descartada, a mis padres no les gusta verme bebiendo cerveza al medio día, prefieren que desperdicie mis dientes en el refresco. Veo a un niño un grito prolongado debajo y me acuerdo que el vecino de al lado no me ha traído mi cambio por el favor de enseñarle unas porno. Miento, en realidad le preste las porno para que las viera con su noviecita. Cuando crezca ella será una autentica rompe catres si al final logra deshacerse de este baboso mea camas. El chico es bueno, de hecho me hace el favor de traerme las sopas y los cigarros que le roba a su madre. A cambio obtiene mi sabiduría y las horas que quiera en la consola. Ya espero que llegue el día que venga corriendo y me diga: “puta madre, embarace a Chelita”. Padre putativo que seré por entonces. Chelita, buenos senos de quinceañera urgida por dejar de ser señorita y que la presentación en sociedad que le prometió su padre en su fiesta de quince sea verdad y pueda debutar ante una sociedad que no necesita una adolescente calenturienta más. Regreso a mi silla de cojín mullido frente a la computadora, primera parada: redes sociales, twitter; chistes locales de política, de televisión y sus promesas de chicas con tetas perfectas que tienen el sentido del humor más pesado que lo que les cubre el sostén. Desisto y me encamino al viejo Facebook. Notificaciones por ser un pendejo, mi prima, mi tía, mi hermano, la chica del escote, la chica que me manda cadenas de oración para que Jesús salve mi alma. Ni siquiera leo lo que me escriben, procedo dar mi clásico colchón de media hora conectado para que alguien se conecte. Nada como la rutina para evitar el aburrimiento mental. Espero viendo con ansia el monitor y recorro las mismas páginas del día anterior y el que le precedió y el que fue antes a ese. Creo que saldré a buscar empleo…no, ya es tarde; a los empleadores les gusta creer que por llegar a primera hora el día de la entrevista lo harás el resto de tu vida. Mejor iré a casa de mi hermana y hare que mi cuñado me compre el desayuno nutritivo de la semana. Garnachas sabor infarto con salsa de colon irritado. 3…2…1…bye, bye mundo digital, hola mundo analógic… nuevo mensaje al chat. La chica del escote. En casi 10 años que tengo de conocerla en persona es la primera vez que me escribe o me saluda más allá de esos besos frígidos en la mejilla. El “hola” parpadea esperando a ser contestado. No viene solo, sino que utiliza ese arquetipo que me endilga cada que me ve: “señor”.

-que hay? (respondo con hambre a su saludo inicial, sin ilusión, alicaído y esperando realmente que no se prolongue demasiado en lo que sea su santa voluntad por sacarme de mis ocupaciones habituales).

-trabajando señor (que en realidad me parecía más una declaración de guerra al señalar lo que es obvio en cualquier otra persona menos en un vago y apostata).

-que bien…supongo (y cada vez, cada palabra, cada jodida letra me siento más estúpido, sin ideas propias que denoten que soy genial)

-jajajaja…dígame, todavía se dedica a la edición?

-pues sí, cuando hay trabajo. Aunque últimamente estoy medio desocupado, por no decir sin un lazo siquiera.

-qué bien!...bueno, no que este bien que este sin trabajo, sino que está muy bien que todavía se dedique a la edición. Le tengo una chamba.

-en serio?  La neta es que me caería de pelos…

-qué le parece si lo veo en “La caminera”? (me suelta lenta y sugerentemente mientras esbozo un “ya me chingue” porque ni siquiera tengo el dinero suficiente para pagar el aire de ese bar para motociclistas de bicicleta hipster y suéter de $900 en rebaja).

-cuando? (pregunto por mera cortesía ya que el nombre del sitio propuesto se extiende de mis horizontes monetarios y por ende pierda otra oferta laboral)

-hoy, 7:30, que le parece?

-mira, la verdad es que si me interesa pero, estoy ahogado. No tengo un céntimo para ir a ese lugar. Me da no sé qué ir  y terminar por hacer que tu pagues.

-no se preocupe, ya veremos qué pasa. Si o no, hoy a las 7:30?

-está bien, está bien. Hey! gracias la verdad. Me haces un favor enorme.

-lo veo en la noche señor.

-adiós.

Oferta laboral, la primera en meses, la primera real en mucho tiempo. El último trabajo fue ayudando al audio de unos comerciales, algo que cualquier niño de secundaria hoy en día puede hacer. La pasta fue buena, pero no me volvieron a invitar porque el sobrino de la productora se graduó de dj en la Fermata y traía sus ideas bien europeas. Pinches juniors putos. Todo el dinero de ese trabajito se fue en la renta de 6 meses, ya no hay crédito. Don José ha dicho: !dos semanas Ramón, y a la verga! Tal vez si le llego con un adelantito o el talonario de empleo me dé chance otras semanas. Lo dudo realmente antes de empezar a cagar en el baño. Antes de jalarle rezo para que quede agua en el tinaco, tanto para la condenada caja como para bañarme. Se va mi mierda, se van los malos aromas también cuando sale el agua fría del tinaco medio calentada por el sol. Me baño sin placer y me dispongo a perder la vida en el mundo virtual de botones y acciones suicidas de comandos armados hasta los dientes que eliminan a los malos de la faz de la tierra. 10 horas allí van,  Carolina me espera a 15 minutos caminando con aquellos tennis viejos y descoloridos, una playera gigante, jeans y los lentes de quien sabe ya cuántas dioptrías que deforman la realidad conforme miro arriba-abajo. Decido no usar cartera porque es una broma cruel que ya no tiene ni fondo. Meto las llaves debajo de la piedra que está en la entrada. No importa, el pinche Jesús seguramente estará en mi departamento para jugar en el plasma gigante y terminar con el cerebro hecho mierda. Salgo a los últimos vestigios del sol juliano, se espera que la lluvia aparezca de un momento a otro, pero hasta hoy es día que no hace acto de presencia en una ciudad que necesita esos escupitajos de Tláloc  para mantenerse fresca. 
Sonrió al pensar que la cactácea de mi balcón ha de estar de plácemes. Mantengo el paso de mi caminata y encuentro el anuncio neón. El picadero de alcohol para niños bien me recibe con su desprecio selectivo mientras los agujeros en mis tennis sonríen macabramente. Es la hora, siempre llego puntual, y me termino fumando 2 o 3 cigarrillos robados porque nadie aparece a la hora. Enciendo el cigarro, es el último del día. Sin filtro, sin marca internacional, es una mierda que la madre de mi vecino compre esas cajetillas por 25 pesos a los chinos que aceleran nuestra llegada conjunta a “la tierra sin retorno”. Guardo el encendedor que era de una chica que me lo presto en un concierto gratuito y jamás se lo regrese, en algún lugar del infierno estoy seguro que estaremos todos los que nos robamos encendedores. 15 minutos después el cigarro es ceniza en el viento y una manchita amarillenta en mis dedos de la mano derecha. Miro a ambos lados de la acera y no recuerdo si le puse la alarma al Ferrari y si saque el rolex de la guantera. Tampoco me acuerdo en que jodido lado deje el sentido del humor. Mi clásico colchón de media hora se consume con la misma rapidez que la salud mental que aun poseo. 7:55 entran dos chicas que alguien con conocimiento de causa llamaría “coñitos recién salidos de prepa”. No tengo tanta imaginación para ello, y ellas reparan en mí como si tuviese las mismas tonalidades de una cucaracha sin cabeza corriendo de aquí para allá mientras siente venir la muerte lenta y dolorosamente. Decido largarme y someterme a otra noche de televisión basura, Halo o sepa la madre que me designe el señor. Esperando que el gordo del departamento vecino saque la comida de perro soltero y disfrutemos de nuestra miseria. Suena el celular (y que aparentemente uso como adorno porque no tiene crédito desde hace cuando menos 3 meses y la pila le dura menos que…bueno, no dura nada), número desconocido.

-bueno? (contesto con la voz potente, maciza de macho intrapiernoso que no ha tenido pareja sexual en 3 meses cuando mi chava se largó por diferencias irreconciliables, ya que ella quería ir al cine y yo quería morirme).

-que paso señor? Llevo media hora esperándolo! (es Carolina y yo me atraganto porque esta vez el impuntual soy yo).

-perdón, perdón, ya estoy afuera. Donde estas sentada? (meto los pies  en el local rogando que no me demore demasiado porque destruir invasores alienígenas se me antoja más que hablar con la gente sobre sus vidas insatisfechas).

-Al fondo. No hay pierde (la veo justamente después de esquivar el salvajismo de un mesero que me ve reprobatoriamente al notar que no uso gel, que mi cara no está rasurada o descuidadamente perfecta o siquiera porque no uso ropa cara haciéndola pasar por una mierda comprada en cualquier mierda de tienda).

-ok…ya te vi (y como putas no hacerlo si trae el jodido escote más pronunciado en 3 galaxias a la redonda!).

-hola… (Esbozo mi sonrisa idiota y chueca, apenas atreviéndome a mirarle a los ojos cuando se estira sin pararse para intercambiar el consabido frote de mejillas en aparente beso de amigos), perdón por la tardanza.

-pensé que ya no iba a venir señor! (me reprocha con esa voz sensual cargada de feromonas y alcohol)

-disculpa, es que estaba fumando y se me hizo tarde. Pero ya estoy aquí (digo mientras me dejo caer en una silla que esta frente a ella. Sin demora veo alrededor, el sitio ha cambiado a como lo recordaba, ya hay más mesas y menos bancos pegados a la barra, decoraron con un par de macetones feos y hay una nueva mesera que al parecer tiene el mismo corte de pelo que Cleopatra. Los ocupantes de las restantes mesas en su mayoría son parejas o amigos mixtos. Todos evidencian que ya traen encima varios grados etílicos. Localizo a las dos chicas que entraron antes y veo que están junto a un tipo a todas leguas homosexual. Al lado de su mesa varios chicos del nutrido grupo al que pertenecen les lanzan miradas esperanzadas como queriendo meterse en los jeans ajustados que usan y recibir el aroma de chochito fresco en la nariz. El gay se ve guapo y con dinero, seguramente es la abeja reina del grupo y el dueño del beetle que estaba estacionado a la vuelta. Prejuicios aparte un chico está a mi derecha viendo hacia Carolina y tomando su cerveza cada tanto. Quisiera que el envase contuviese los senos de Carolina pero no tiene tanta suerte.

-buenas noches, que te traigo? (me pregunta la chica que ya había notado antes y que me pregunta en ese tono afable y demasiado altanero de mesera harta de su vida y como si fuera el condenado abuelo o tío favorito de toda América en espera de que le traigan su rompope de fin de año)

-eh cerveza…(y ahí van varias decenas de pesos tirados para entablar una charla de trabajo en un lugar que se presta para cualquier otra cosa menos para hablar de temas laborales)

La chica se aleja levantando un uno con la mano al gorila que se encuentra detrás de la minúscula plancha de metal lustroso que años antes debía contener comida macrobiótica.

-y que ha sido de su vida señor? (me pregunta Carolina con suspicacia como si esperara que mi vida fuese la de un hombre de mundo sacándome de mis ensoñaciones respecto a lo bueno o lo malo de que mi compañera de tragos en turno use un escote tan pronunciado).

-bueno…como ya te había comentado he andado medio ahogado (digo sin saber dónde poner mis ojos, no quiero ver su escote, no quiero tampoco verla a los ojos almendrados, me quedo viendo el borde espacial de la cerveza que ha traído segundos atrás la chica del pelo rojo salvaje)…he andado tocando puertas pero  esta difícil (trago directo a la cerveza helada que me sabe a gloria).

-ya veo (y coincide su escueta afirmación con mis ojos, mis ojos confirman que trae un par de tragos encima, seguramente whisky), pero no se preocupe señor, me parece que le tengo la solución (vuelve a llevar a su boca el vaso diamante con los dos hielos flotando en fuego liquido).

-ojala, está muy cabrón eso de no tener chamba y pues ya me urge empezar a moverme otra vez (remato mientras pasa uno de los chicos que había en la mesa numerosa y le tira un pase profundo al canal entre los senos de Carolina, ella no se ve incomoda sino que por el contrario  se ve satisfecha).

-conpermiso (me dice juntando las palabras mientras ha apurado su trago, no alcanzo a recordar con tiempo mis modales de caballero y me quedo pegado firmemente a la silla de metal azul, mientras ella se pone en pie y avanza dejando tras de sí la estela de su perfume y la visión de sus piernas poderosas delimitadas por la falda de un traje sastre. La veo alejarse rumbo al sanitario mientras contemplo sus nalgas bamboleándose y me detengo en la marca de nacimiento en forma de lunar coqueto al borde de lo que deja ver la tela  y en lo que parecen metros abajo un tatuaje en la pierna en forma de la cabeza de una quimera. Suspiro, el pelo café lacio se asienta hasta casi la mitad de su espalda que más de uno seguramente ya quisiera tener en la cama)

La tengo liada porque se ve sensacional, el frente y la parte de atrás me hacen olvidar que su hermana es mi amiga hace casi 8 años. Pensar en ella me tranquiliza y yuxtapongo la cara de esta en ese cuerpito firme, la calma vuelve en 3, 2, 1… fiuu. Fuego apagado y puedo seguir pensando en que cenar o…como hacerle para arrancarle esa minúscula blusa que intenta desbordar sus senos. Ella ha salido del tocador. Ella me ve y sonríe mientras camina, expele con cada centímetro de su un metro y sesentayalgo feromonas, perfume y sensualidad galopante de whisky. Literalmente escucho a mí alrededor los mástiles de los caballeros en guardia mientras intentan averiguar si es factible quitarle semejante mujer al perdedor de la barba desigual con rastros de acné en la frente y a todas leguas sin dinero. Ellos quieren ver esa falda en algún rincón de un cuarto que espera en Tlalpan por ella. La quieren ver a 4. O tal vez sea solo mi mente caliente que espera que así sea.

Llega y se sienta a mi izquierda, alza la mano y cuando aparece la chica le pide otro whisky, tal vez sea su tercero, bien podría ser el cuarto y a nadie más que a mí me importa porque no me gusta cargar con la gente borracha, menos cuando visten así y mis ganas de darle caña son peligrosas. Todos los hombres alrededor parecen estar atentos, a un descuido de mi parte, a un error que la haga emputar y salgan ganando ellos. También alguna que otra mujer, con variopinta decisión. La cerveza que tengo en las manos ya está caliente pero ya no tengo dinero. Se moja los labios antes de comenzar a hablar, me dice sobre el trabajo que venía a promover,  una mierda complicada porque hay mucha pasta pero es para una mente organizada y con una fuerte disciplina. Asiento sin convicción porque seguramente no puedo hacerme cargo de eso. Noto el calor desprendido desde su escote y salivo.

-cómo ve?  (Me saca de la ensoñación con la pregunta, pienso un poco la respuesta mientras alejo lo más posible aquel monologo interior sobre si le han crecido las tetas de la última vez que la vi o si solo es la calentura del momento).

-pues bien, no es nada del otro mundo, si acaso lo complicado es eso de la masterización, me pondría manos a la obra en cuanto me dieran luz verde (sudo frío ya que la minúscula mesita apenas me impide observar el cruce de piernas de Carolina, ella se acerca mientras a los labios el vaso de cristal, mis ojos tiemblan por todo el local esperando, ansiando, encontrar un condenado sitio donde dejarlos quietos para apartarme de su escote, sus piernas, sus labios de lipstick color terracota o su piel apiñonada).

Silencio. Ni siquiera disfruto estar rodeado de gente, no al menos ese tipo de gente, prefiero la que se congrega alrededor de un crimen, de un muerto, de un atropellado, de alguien que ya colgó los tennis. Esa gente es la mía, la que está ahí sin atreverse a ir más allá de lo que les dicta su realidad. A mí nunca me han dicho nada los lugares donde te discriminan con una mirada y te catalogan con una frase. Sin embargo ella estaba allí para ofrecerme empleo, para sacarme de la andadura de malas comidas y pésimas bebidas. Tal vez para tener por fin para comprar mis camels.

-señor le puedo hacer una pregunta (y ahí vamos, aunque nunca he entendido porque me llama señor si a duras penas le saco unos cuantos años, aunque tengo pinta de haber recorrido el mundo ya cuando menos diez veces y no es así. Sin embargo se sujeta de mi bíceps, o lo que queda de este y me mira con ansia)

-qué pasa?

-mire, aparte de la oferta de trabajo de los chavos estos (y me entero por fin que no es de ella directamente la cosa) me gustaría saber su opinión sobre un asunto que surgió anoche con Santi (su novio, un buen tipo sin duda, pero algo no me cuadra, algo que repta por las paredes transparentes de ese vaso con whisky y que seguramente me arrojara una flema en el rostro)…

-sobre?

-no, no se preocupe (dice mientras aligera la cosa con una sonrisa tan suya que me hace relajar la musculatura y los gestos de mi rostro, pero tal situación solo dura un segundo porque inmediatamente siento más calor procedente de su cuerpo al acercarse y dejar al descubierto las pecas, cien?, menos tal vez que aguardan debajo de su blusa), Santi cree que usted fue el único sincero sobre mi foto de ayer.

-no te entiendo (y en realidad no lo hacía)

-sí, él decía que su comentario era el único sincero sobre lo que evidenciaba la imagen, que no disfrazo sus instintos como todos los demás. Aunque yo le explicaba que era un simple gesto de amistad y no una declaración de que usted veía únicamente bueno… el escote.

-ahhh, es que en realidad no fue esa mi intención, trataba de parecer como alguien con mucho respeto.

-o sea que no se refería al (señalo el escote pronunciado mientras veía con fijeza mis ojos para descubrir cualquier síntoma de engaño)?

Trate de serenarme, de no voltear a verle los ojos y mucho menos el escote, tampoco su boca carnosa y su nariz ancha. Trataba de no hacer todas las pendejadas que me condujeran a una mayor pendejada y sobre todas las cosas intentaba no abrir la boca para terminar de conjugar “la pendejada”. Abrí la boca.

-pues…es…razón no te falta y razón no le falta a tu novio. Por una parte es cierto que yo lo hice como un gesto amigable y por otro es que tal vez la mayoría si pensase más en el escote, en mi caso un mal empleo de palabras y me tiene en esa situación. Ahora… yo no sé si sea el más indicado para hablar por los demás, cada cual tiene su propia concepción de porque hace lo que hace, no me gustaría hacer juicios o ideas sobre las razones de los otros (zanje llevándome el casco casi vacío de la cerveza a la boca mientras intentaba disimular el bombeo exagerado de mi corazón, mientras  pude sentir el deslizamiento de una gota de sudor por el parietal que afortunadamente quedaba en el lado contrario al de Carolina).

-o sea que me veo bien ahora también? (dice divertida mientras vuelve a tirar de mi brazo y suelta una carcajada que resuena en lo vacío de su vaso de whisky)

-ehh, bueno…échale una mirada a tu alrededor…

-ilústreme maestro!

-mira al tipo del saco de cuadritos, ese que está en la esquina (digo en murmura, mientras señalo con la cabeza hacia la izquierda)

-aja

-bueno pues se pasó a ese banquito para no perder detalle de ti desde que regresaste del baño.

-nooo (grita con una risotada en muy cerca de mi)

-sip, mira ahora al chico de la mesa que esta junto al woofer, estoy casi seguro que ya conoce el color de… bueno…tus…interiores.

-jajajajajaja (se suelta estridentemente y parece que se va a caer del banquillo) interiores? (en voz apenas audible, muy cerca del lóbulo de mi oreja, tan cerca que puedo adivinar el perfume que usa, el whisky que bebe y la marca de pasta dental que uso después de comer) jajajaja, por qué le dice de esa manera? Voy a comenzar a creer que es demasiado correcto señor, interiores jajajajaaja.

-es que si decía pantis se iba a escuchar muy estúpido, pero creo que salió peor (sonrió un poco al delatar mi propia idiotez).

-ay don, usted y sus frases, por eso me cae bien (y sin mediar palabra me pone sus labios en el cachete, tan sonoro y fuerte que termina por marcar cada pequeña línea de sus labios en mi piel)…ayyy perdón, espero que no se vaya a enojar (dice mientras se retira estratégicamente hasta la esquina azul, el primer round lo gana ella por erección inmediata).

-no, no te preocupes, hubiese sido peor si el beso te lo doy yo, tu sabes, el labial rojo no me va (sigo tratando de controlar a la bestia que solo quiere meterse entre sus piernas).

-me pide otro porfavor…voy a… (No termina la oración y se levanta medio trastabillante, me pierdo una vez más en el contoneo de caderas y las piernas fuertes que se alejan en dirección al baño).

-oye amiga! Me traes otra por favor,  y un whisky! (le hago señas a la chica que me parpadea dos veces antes de ponerse en movimiento, regresa a los pocos instantes y deja el vaso octagonal en el lugar de Carolina mientras me deja la cerveza a menos de dos centímetros de la mano izquierda, se aleja mientras llevo a la boca la cerveza y ruego a los santos y todos los demás seres imaginables que no la cague).

Veo salir del baño a Carolina y me santiguo mentalmente. No sé si sea una ilusión óptica o algo tenía la condenada cerveza pero podría haber jurado que su falda es más corta, no mucho, pero lo suficiente para provocar erecciones al pasar en los 17 tipos que estamos al pendiente de sus movimientos. No quería verla pero me resulto francamente imposible apartar la mirada, recorro desde sus tobillos hasta la punta del pelo que descaradamente ha dejado caer gracioso al frente, ahora si me detengo en sus ojos que por un instante van y se pierden en el suelo para subir y ser idénticos a los de una chica indefensa, en espera de que el gran lobo malo haga lo suyo, porque en el fondo eso es lo que quiere. Eso es lo que ha deseado toda la tarde.

-ya volví! (exclama triunfal e inocente como si no fuese obvio que ha regresado dispuesta a todo, por el todo; ya no se sienta a mi izquierda sino que coge la silla de la derecha después de pasar por detrás mío y la arrima lo más que pueda, lo más cerca posible, tanto que el contacto no es codo a codo, sino seno a codo. Deslizo por última vez la prudencia con mi mirada hacia abajo, cruza las piernas y me da las llaves del infierno. Me deja de importar un comino el mequetrefe que tiene por novio y me decido por la brava).

-te pedí tu whisky (lo cambio hacia su lado mientras aprovecho el roce de mis dedos con la parte superior de su mano, hierve, está caliente y noto que respira con profundidad).

-oye y como andas de aquí… (Me dice mientras se señala el pecho, que aunque se bien que se refiere al corazón me van importando una mierda las clases de anatomía).

-no, pues estoy solito (digo fingiendo esa cara de perro alrededor de una taquería que alguna u otra vez me ha resultado útil).

-ay pobrecito… (Y me jala hacia su cuello, hacia mis sueños lujuriosos y pecaminosos, sin demora me quedo allí, respirando fuerte, absorbiendo su perfume mientras mi brazo se desplaza hacia el gordito de su cintura y comienzo a masajear lento, tan lento que puedo distinguir cada pliegue, cada centímetro de la tela de su falda que se ha subido en el baño para cerrar el trato) pero por qué? Si eres bien divertido… (Se deja acariciar mientras va haciendo aún más ronca su voz, un susurro en mi oído que paraliza las conexiones mentales que van directo a mi bragueta, ya no veo a nadie, no creo que haya nadie alrededor nuestro, en toda la maldita galaxia somos ella y yo y nadie más).

-no sé, soy malo…supongo (remato esto último con mis labios cerrándose alrededor de su cuello y me aferro con la mano aún más a su cintura, recorro la longitud de su cuello saboreando el sudor del día mezclado con su aroma femenino y el perfume vespertino distinto al otro. traga saliva mientras se muerde el labio, me freno y me retiro de su cuello y de su fuego).

-qué?... (Dice al percibir que ya no estoy a su lado, que en realidad estoy a años luz en esa misma mesa bebiendo de la cerveza y la observo con cierto toque de intriga en la mirada, el resto de los comensales y del mundo circundante están horrorizados, no entienden que el héroe no es tal sino un felón. No hay héroes y sépanlo  bien! Parece escupir mi actitud de auténtico macho alfa. Ella no se recupera aun cuando alargo mi brazo hasta detrás del cuello y la atraigo hacia mí, nos restregamos el deseo por medio de las lenguas que se abren camino entre los dientes y los pares de labios. Se puede escuchar como prorrumpen en aplausos y bullas los demás bebedores de por allí al ver que el villano es de los suyos, de los que están de suerte un jodido día de la cochina vida).

Hubo semen. Luego el vacío de haber fregado a dos personas por mi parte, mientras el culero del ojo solitario estaba feliz. A Carolina le gusto sobre todo que me corriera dentro y le dijese que quería que llegara con ese sabor a tirarse a su guey. No creo que lo haya hecho, pero al menos eso hizo que mi corrida fuese bestial.

El asunto se prolongó un par de veces, un par de corridas más que ella supo trabajar, no era amor ni mucho menos, era sexo y en eso ella es muy buena, con buenos movimientos, buena inventiva y sin andar pichicateando nada; llano sexo y sus derivados. Por mi parte intente que no fuera más allá mi cerebro pese a que poco a poco me iba conquistando su rostro de muñeca. La última vez fue en un hotel que ella pago, me lo dijo desde que la vi en el metro, me dijo que se sentía culpable y que quería dejarlo, lo comprendí y me hundí una vez más en su boca de dientes perfectamente blancos. La desnude en el cuarto grabando cada milímetro de su piel en mi retina, introduzco el asunto con su sexo apretando y sus uñas decoradas clavándose en mi espalda, quiere más velocidad, más poder, que taladre y me deje el alma en ello. Me encerró con sus piernas, fuimos sudor. Me devoró casi literalmente su rostro, me hubiese gustado comerme sus labios con sabor a whisky y a sexo. Bendito sabor mezclado con su saliva y la mía. La panacea de la vida mientras ambas lenguas se enroscan, se pelean y copulan entre ellas. Es hacerle el amor al ritmo de slayer, el hell awaits en el cerebro, en el pene, en el condenado ritmo de mete-saca, cada pinche violento choque de pelvis con sus pechos picudos queriendo atravesar mi abdomen y apuntando hacia el cielo color plomo que anuncia la tormenta sangrienta que se entrevé desde la óptica de Carolina con la espalda arqueada en el colchón de quien sabe cuántos amantes y clientes. Sexo violento y muerte de lo nuestro, si es que alguna vez hubo algo. Se vuela todo, acelero, gime, acelero y gimo, casi lloro, ya no tengo más de mí y ella sigue, quiere seguir pese a que me estoy derrumbando. Me quiere dentro por última vez. Así pasa. Se levanta, se escucha el cómo se despega nuestro vello púbico negro cubierto de semen y demás linduras. Me mira a los ojos por última vez mientras trata de alcanzar su bolsa para sacar quien sabe qué. Me mira y por una fracción de segundo estoy casi seguro que se siente culpable, que ya no puede más con la traición a su novio. Sin embargo me da un último beso, excelente besadora.

                                                                             ***

Se escucha el toc-toc de la puerta. En realidad son patadas y golpes duros, me alcanzo los pantalones y una playera, el cuarto ha vuelto a su olor normal, tabaco, cerveza y olor a patas. Esta allí el vecinito, me trato de acomodar la verga sin que él lo note. No lo hago a tiempo.

-no mames guey, yo la neta no te voy a curar la tristeza. Digo la podrás tener muy bonita y todo, pero yo a esas cosas no le hago. (Sonríe mientras se acerca al sillón para buscar entre la mugre el control de la televisión)

-ándale, te va a gustar… (Sonrió mientras me acerco a buscar el envase de cerveza que aun contiene ciertos trazos de cerveza)

-oye carnal ya tienes que buscar trabajo, ya despiértate, la vieja ni te quería!

-tu que sabes guey, estas morro.

-la neta, la neta; a poco si apretaba chido?

-no mames guey… de lujo jajajajajaja

-no pos con razón; el día que la trajiste mi jefa le tuvo que subir a la tele, parecía que la estaban matando.

Ruidos de disparos, botones cubiertos de grasa de frituras y el crunch-crunch de un sándwich que me trajo el panzón. Vida, otro día más de vida. En la sala el chamaco está gritando pendejadas porque ha vuelto a perder. yo enciendo el monitor, esta estrellado después de que viniese un sábado Carolina, el condenado aparato termino volcado al lado del escritorio donde he escrito tanta mierda y la he visto; el maldito agujero sigue en pie, me dio otro par de meses de renta el viejo José. Ahora tengo trabajo fijo pero voy menos de lo que fui a la escuela. Sigo persiguiendo el sueño, sigo volcando las esperanzas en que ese chamaco de acné y voz pituda se consagre como el fregón y me siga trayendo cigarros y sándwiches que su madre le prepara. Me aprieto un poco los testículos, la comezón diaria es el pan nuestro de cada vago.


SR Julio-octubre 2013