La curva
A menos de 200 pasos está la curva. Debo pegarme a la orilla contraria. Debo evitar cruzar por donde están las cruces de Pablo y su vieja. Me duele todo el pinche brazo. He vomitado tres o cuatro veces. No se veía ni madres, pero creo que escupí un pedazo de muela o por lo menos de diente; tampoco es que importe tanto. Hay estrellas y pocas nubes, mañana seguro que hiela y se jode la alfalfa del viejo Carlos. Pinche alfalfa quemada, inservible, ni para restregarse los dientes y que te huela menos el hocico. Ahí mero esta la curva donde se mataron los 3 hijos de don Cástulo. Donde decía el padre de Adrián que se aparecía el diablo, puros pinches cuentos, he pasado a todas horas de la noche un chingo de veces y jamás he visto nada. Ni siquiera cuando se volteó la camioneta de Arnulfo, allá en el zócalo de la cantera. La llanta del copiloto estallo y voló en cinco o diez pedazos pequeños, la parte grande salió disparada hacia la cerca del doctor.
Ahí donde brilla la luz es la casa de Víctor, donde se murieron los niños porque se le salieron a la madre y un cabrón bajo la curva como bólido, ni siquiera quedo cuerpo que velar, pura pinche pulpa que la madre berreaba, mientras el pendejo que los mato se dejaba caer y volteaba hacia arriba a sabiendas que se había chingado. Jodido aquí, jodido por toda la eternidad. Esas cosas no se olvidan. Omar y Pedro. Así se llamaban los morrillos. Creo que no llegaban a los 5 siquiera. Gelatina roja con fragmentos de hueso y caucho embarrado por toda la carretera, al menos 100 o más metros. Doble remolque. La mujer sigue por ahí, sabe dios qué haciendo. Se le pudrió el coco.
Siempre me dijo mi padre que es más importante dar un paso bien, despacio pero firme, antes que dar 100 a lo pendejo. La verdad es que ni siquiera recuerdo haber pasado la curva de Braulio. También ahí fue donde éste se fue sin frenos. La parte derecha del carro quedo de frente a la pared de la casa amarilla. La otra parte se fue directito a la chingada. Braulio tenía casi 20. Dos hijos, una esposa que dejo a las crías al cuidado de doña Celestina y se largó para las Carolinas o sepa la madre donde. Allá vive, sin remordimientos y con un pinche negrote. Puta! Pero no era ella, no; creo que la esposa de Braulio se llamaba Azucena y se volvió tortillera. Anda de arriba para abajo vendiendo sus pinches tortillas que hacen ver pendejas a las de los establecimientos. Baratas y chingonas.
He escuchado los ladridos del pinche can de los Robles. Se lo compraron a la camada de mi tío Serafín y escogieron al hijo de perra más culo, bueno, al perro que madrea a cualquiera que lo despierta pasadas las 12 de la noche. Le pusieron Goyo. Goyo es un hijo de puta que ha mordido más niños que cualquier otro pinche cuadrúpedo en todo el jodido caserío. Pegadita su casa de los Robles y de Goyo, está la del doctor, en su barda fue donde quedaron prensados aquellos pendejos que venían de vacaciones. El pobre guey del chofer se le pego sepa la madre qué en los frenos, mega putazo a 85 en la barda de Robles, el pinche perro salió hecho la chingada de su tapete roñoso, se puso a ladrarle a los chavos que se estaban enfriando en medio de quien sabe cuánto dolor. El perro bramaba cada que la chica lanzaba un ay. Ella se piró primero, enseguidita el novio. El carro creo que era una caribe. Del año. Bueno, eso dijo el pinche chismoso del Fredy.
La curva ni siquiera esta ruda, de hecho tiene acotamiento y todo, por si empieza a ganarle a uno lo de la velocidad y la volanteada del carro, eso no ha impedido que la gente se mate, esa pinche curva fue donde se mató Guillermo chico, venía en la pick up de su tata, una 79, negra, con algo de cromo porque los morros le metían varo para tenerla arregladita y que su motor 400 la levantara con todo; pinche Guillermo la hizo correr en la curva y el motor reventó justo en su nariz, quedo irreconocible aquella noche, tuvieron que llegar todos los hermanos para saber quién había sido, porque eran tantos y parecidos que la masa amorfa que le había quedado de cara lo asemejaba a Cástulo. Al parecer memito, como le decía doña Remedios, murió a los 0.001 segundos de que el motor en un acto aun incomprensible se saliera de sus goznes y acabara en la cabina. Todavía hay gente que cree que eso es imposible, pero los que lo vimos esa noche sabemos que el motor estaba ahí, majestuosamente incrustado entre la cara de Guillermo y el volante.
Acuérdate, apenas pasando el molino de Don Luis, está la pinche curva; la curva que hace casi 25 años acabase con la familia completa que venía en las navidades a pasar la nochebuena con el loco de Rosendo, el padre quiso rebasar en plena curva, se topó de frente con el carro de mulas de don Anastasio, la mula se quedó a mitad de toda la acción, patas en direcciones todas distintas, gritando de tanto dolor que era un suplicio siquiera verla. El doctor saco su máuser y le metió 2 tiros en la cara. Aún tengo sueños donde oigo a esa condenada bestia gritando por el pinche dolor que tenía. La familia se fue enterita. Tres niños, todos calcinados cuando la chingadera comenzó a arder; los padres: él salió disparado hacia el asfalto y murió en la cuneta, la señora incrustada entre el capo y el parabrisas, no traían cinturones, pero así es esto, nadie usa cinturones por aquí. La gente gritaba tratando de apagar el fuego que achicharrono a los morritos, pero al final no quedaron sino carbones. Esa noche soñé con la mula que tiraba hacia la izquierda mientras el señor lo hacía hacia su derecha, la mula ni siquiera pudo reaccionar; Don Anastasio quedó vivo porque brincó, brincó y se rompió la madre y se quedó sin dientes, pero vivo; por allí anda el viejillo pidiendo limosna porque después de que se muriera su mula todos los cabrones le echaron la culpa y lo apartaron. Nadie volvió a darle chamba para levantar rastrojo o siquiera para ayudarles a escardar. El viejo anda por allá del pueblo pidiendo limosna cargando en su sesera a la familia entera. Todos muertos.
Mi madre siempre dijo que respetar el trazado de esa curva nos iba a acarrear muchas desgracias, ella recuerda que cuando niña se mataron los hijos del ingeniero Rabasa; los dos mocosos venían echando carreritas con el hijo de don Eliseo. Habían cogido el carro del ingeniero y la moto en la que repartía leche Don Eliseo, el carro perdió el control y se patinó llevándose al morro de la moto. Los tres se fueron derecho al sitio donde hoy está el agujero de la cantera, pero por aquel entonces era plano, lo malo fue que en su desesperación de no saber lo que pasaría se aventaron por las puertas del carro; el más grande se impactó de cara ante una toma de agua de concreto, y se fue a calacas directo. El chico se enredó con la puerta, y en el poste de la casa de los Mayagoitia se fue a desenredar. La pierna quedó sujeta a la puerta del auto y lo demás en el poste. Se murió porque nadie estaba cerca aquella tarde, se desangró porque nadie corrió a auxiliarlo mientras el sol lo abrasaba todo. Eran días largos, recuerda mi madre cuando lo cuenta, llegaron a buscarles y ya estaban carcomidos por los coyotes, que entonces se arriesgaban a salir más, a buscar conejos y borregas solas. El chico de la moto se lo llevo el carro entre los ejes, quedo allí sobre el pedregal todo hecho bola, lo descubrieron primero que a todos pero ya se había pelado. Todos los de la construcción se tomaron aquel lunes como día festivo porque odiaban a los morros del ingeniero, se fueron a velar al chico de don Eliseo y de ahí a beber como dios mandaba en san lunes.
Y de todas estas desgracias me acuerdo mientras estoy a punto de desmayarme, con las piernas que me fallan; mientras sigo intentando acordarme de todos los que se han muerto en esa poderosa arma del señor a cielo abierto. Recuerda, recuerdo a León. León Palacios, creo que se llamaba, creo que se llamaba así porque le decíamos palaxiox porque no podía hablar bien, no recuerdo muy bien su cara pero él se estrelló en la camioneta donde repartía refrescos a las tiendas de allende la loma. Tenía 22 y estaba recién casado con Rosi, ella era la más linda, tenía pecas y el pelo del color del tronco de los árboles de la sierra. Se había juntado con el León porque un cabrón del pueblo la había embarazado y nadie se quería hacer cargo del niño. León fue el bueno, para mantenerla se metió de chofer repartidor y agarro mal la curva. Esa pinche Rosi tenía unas nalgotas, vestía con gracia y siempre andaba risa y risa, ni cuando se mató el León dejo de sonreír con tanto cabrón que se le acercaba para darle el “abrazo” de consuelo. A los tres días de muerto el marido, la cuzca ya andaba con el primo Teo, ese guey era a toda madre y decía que nomás le estaba cuidando los intereses al finado primo. La embarazó y se peló para el norte, por ahí anda todavía Rosi con sus dos niños y las nalgotas prontas que siguen estando firmes. El palaxiox ni siquiera se la pudo dar.
Algo así como este pinche dolor, es lo que debió sentir el guey ese toda vez que se murió sin comerse ese pollo, el calambre me asciende desde la pierna, lo que me obliga a sostenerme por unos instantes de la barda del doctor, y permite que sienta la sangre correr por el tronco. El brazo comúnmente no apunta hacia afuera, porque ahora sí? venía…venía en la moto, con Raúl; veníamos de andar en el pueblo, casi las 12 o la 1, venía la curva y le dije, creo que le dije que le bajara porque la pinche curva se carga a todos los pendejos. Creo que la curva se carga a todos. Sin distinción, sin filiación política o religiosa, agarra parejo y los atrae para que cometan estupideces…luego el tirón que le dio al freno, baje la pierna y ahí fue cuando oí el crack, dolor, luego el cielo arriba, abajo, de frente, atrás…dolor, otro crack, el sonido se fue y todo a negro, luego el vrooom de la moto se dejó de oír, ya ni siquiera el ruido de la cadena; comencé a caminar sobre la hierba alta que el pendejo de Eustaquio no ha quemado, noche con estrellas frías y distantes. No hay ruido o al menos no lo escucho y a lo lejos está la farola que cada vez se aleja más.
SR invierno 2014-2015