Otros discos
Me he tardado en redactar esta entrada debido a las dificultades que encontré para poner en claro cuales discos de no-metal han sido los que me han influenciado a lo largo de mi -ya no tan corta- carrera como melómano y visitador de estados alterados. Ahora bien, no tienen ninguno de los discos elegidos una predominancia sobre los demás o que lleven un orden cronológico, simplemente son discos que irremediablemente puedo oír una y otra vez con la emoción de encontrar cosas nuevas y valorar las ya conocidas anteriormente.
La verdad es que casi no tienen ninguna relación o parentesco entre sí, salvo un par. La onda (y cada vez me acerco más a definir que quiero decir con “onda”) reside en que cada uno tiene detalles que hacen que sobresalga para mí de otras obras de menor o mayor trascendencia.
Tengo la creencia de que si me sigo explayando acerca de cualquier cosa fuera de la música, únicamente estaré dando vueltas sobre lugares comunes que ya muchos más han visitado y revisitado (con mejores resultados debido a una mayor profundidad de su capacidad de sintetizar ideas); quede pues de manifiesto que no me considero critico de rock, ni de música y mucho menos un versado sobre emociones.
Vengase entonces mis recorridos violentos por la música rock, pop, jazz, blues y demás ondas (yeah la onda que va y viene y se reviene) y que me prenden cual fuego etéreo.
Jaguares- El equilibrio
Quiero que imaginen a un chaval de menos de 16 años, perdido entre las clases de bachillerato público y ajeno a muchas cosas que para los demás son cosas comunes. Absorto a diario entre la lectura de libros de literatos franceses y los videojuegos, inmerso en la vorágine de una televisión sin contenido y con preocupaciones que para el resto del común son chaquetas mentales. Ahora imaginen que ese morro se clava en la textura de la música como único escape, lamentablemente no puede tocar ni un acorde, no puede mantener la concentración en lo que observa y se refugia en su imaginación como válvula de escape.
Llega entonces a sus manos el disco de un grupo liderado por un pretendido chamán (sea lo que sea eso); las letras llenas de paranoias y pseudo metáforas (más bien motaforas), y sin embargo hay algo ahí, algo más que un cantante con la voz desgarrada, algo más que esas letras que despiertan la imaginación del puberto. Ese algo se llama guitarra, solos y riffs que llenan el cerebro y despiertan nuevas sensaciones, que lo trasladan a nuevos lugares desconocidos. Se aprende de noche y día las letras y los punteos de esa guitarra, se deja dominar por ese grupo que increíblemente dará muestras de grandeza solo una vez más y luego se refugiara en la complacencia.
Los jaguares del ya muy sobado Saúl Hernández se convirtieron en tótems sagrados debido al pasado caifán, pero fuera de ello, fuera de ese pasado ochentero y noventero del jaguar mayor, la banda nunca fue banda, el encargado de la guitarra onírica no duro más allá de ese primer disco y formo su propia banda, esa si perdurable, maleable y llena de recovecos llenos de innovación José Manuel Aguilera le dio alma con esos guitarreos al disco y permitió que el chamaco de 16 siguiera creyendo en el mundo. De ese tamaño es para mí este disco.
Radiohead- Kid A
Todos los amantes de la música de los radiocabezas ponen como disco de cabecera el “ok computer” no es para menos, baste ver el salto cualitativo del “The bends” al “está bien computadora”; sin embargo para mí el grupo me rompió las bolas cuando creo el disco del “chico A” ya que mezclo la electrónica básica y los loops pasados de lanza con esas vociferaciones del inche Tomasito Yorke. Corta y pega loops, corta y pega ruiditos. Eso era el inicio del milenio, eso era el Radiohead que comenzó a gustarme; ese es el disco que sigo escuchando cuando me clavo en las texturas.
Cada una de las canciones llena la anterior, cada una traza el camino para que la que continúa no rompa el ritmo. El punto álgido del disco llega con ese track 7, cuando inician los loops del “idioteque” ya que es momento de coger el acido y dejarse sumergir en esas marismas de sonido creados por la banda del Yorkito, y justo cuando crees que todo va a terminar de sopetón empieza ese rolón que se llama “morning bell”. Así es como debió sonar el inicio del fin del mundo si todo hubiese sido como lo vaticinaban algunos crédulos del Y2K (chavos agarren una lap y fíjense en la wiki).
Se ha dicho que le copiaron a Kraftwerk, que bueno que les copiaron, siempre será mejor copiarle a unos cabrones como kraftwerk que a otras bandas cuyo merito reside en el mundo de la corrección política y el autoplagiarse a sí mismos.
Pearl Jam -Ten
Piedra de toque de un movimiento que trascendió lo musical hasta llegar a lo económico y social, junto al grupo de Aberdeen (si no saben quiénes son, urgen clases de historia musical chavos) Vedder y compañía forjaron un disco que ha mantenido su importancia a lo largo de 20 años, pese a que yo llegue muy tarde al movimiento grunge (de hecho ya no lo alcance jajajajaja) el disco de los jalea de perla me movió las entrañas de manera brutal, desde la abridora “once” uno sabe que se encuentra frente a otra cosa, más allá de ser solo un grupo de buenos músicos, los 5 pearl jam vomitan honestidad y fuerza sobre cada instrumento y en cada arranque de letras desgarradas que el propio Vedder extiende hasta la leyenda misma.
Es disco completo y sin pausar, donde cada acorde va en consonancia con el anterior y los que le precedieron para narrar historias crudas y que me remontan a esa época dorada de la adolescencia y el buscar el camino propio. Cabe mencionar que los discos de pearl jam son los únicos que he comprado 100% originales y creo que lo seguiré haciendo hasta que uno de los dos descanse para siempre.
Control Machete -mucho barato
Ni rap mexicano, ni rock mexicano. Simplemente música que sigue desquebrajándome las neuronas pasadas por vino y yerba. No serán los más dotados técnicamente y abusaron de un golpe de suerte (que no se volvió a repetir), pero sigue mostrando esa frescura que discurre alegremente (y también honrando el hecho de ser producto de un movimiento de avanzada cultural del norte) entre los guiños al Cypress hill y al rap (del bueno) del gabacho.
Que todavía me emocione entonar a todo pulmón “hermanos mexicanos” y “control machete” mientras me recorre la nostalgia por ser ese chamaquito de casi 17 años que vestía como pocho y caminaba como tal después de escuchar el disco de los machete y ver en algún momento la película “Hasta morir” para quererme forjar un sentimiento de resentimiento con el mundo. El “mucho barato” me ayudaba a sacar las frustraciones del día a día por ser quien y como era.
Todavía se me viene al cerebro cada que escucho “lupita” como hacia sonrojar a mis vecinos por considerar que hablar sobre el amor lésbico (en medio de cincuenta groserías por minuto) era inmoral y alejado de las buenas costumbres de nuestra sociedad noventera implicada en el sida y los ires y vaivenes del Priismo a punto de fenecer. Tiempo atrás quedo el ruido de los parlantes que hacían rebotar esta casa desde sus cimientos y me ayudaba a subsanar mis defectos como adolescente.
Jaco Pastorius- Jaco
La cosa es sumamente interesante, no es el mejor ni por mucho de los discos del viejo Jaco Pastorius, no tiene las composiciones más clásicas que pudiese uno desear escuchar, y sin embargo algo tuvo para que en apenas 55 minutos de puro bajeo jazzistico se desatara un sentimiento de gloria y gozo auditivo que desconocía para aquel entonces. El viaje iniciado con el cover realizado a “Donna Lee” muestra los alcances de trasladar una pieza tradicional del bebop a un jazz más salvaje, de mayor sentimiento sexual.
El disco llego a mis manos vía recomendación de mi carnala, que alguna vez me señalara que existía un dude que tocaba jazz y que tenía un disco llamado “Punk jazz” (recopilación de las mejores piezas de Jaco Pastorius en sus diferentes etapas ya sea como solista o como miembro de grupos como Weather report); la cosa no quedo en simple anécdota sino que me despertó el gusanito de querer saber más sobre ese dude que salía con su bajo en la portada de color sepia y una cara de atascado a madres. Me obnubile en la misión de conseguir música del tipo, le llegue a su disco inicial y descubrí que el mote de punk al que hacía alusión el titulo del otro disco era por la mera cuestión de romper con lo establecido por los grandes cacas del jazz. Claro que en aquel entonces yo venía del bagaje musical del metal y el rock en español y me costó un tanate y medio comprender la finura y la tesitura del jazz, pero eso fue algo en lo que el jaco me auxilio por aquel entonces, cada pieza representaba un viaje a latitudes que yo ni siquiera imaginaba que pudiesen existir y que fueron aterrizando en mi cerebro según transcurrían los minutos y las notas.
Otro de los aspectos que ayudaron a que comprendiese el jazz de jaco fue esa exquisitamente pacheca melodía llamada “Okonkele y trompa”, nada más empezar con el bajeo astral, las congas y la introducción del okonkoko y el cuerno francés abrió la ruta para que los enigmas de cosas mas allá de mi pobre comprensión sobre el universo comenzaran a tener sentido; es obvio que por aquel entonces estaba sumamente clavado en la marihuana, pero con todo y ello el ritmo descarado del jazz acido y sin concesión de Jaco Pastorius me ha seguido por los últimos 10 años, y claro permitió que otros jazzistas llegaran a mis oídos después de comprender las intervenciones de gente como Don Alias y Herbie Hancock (por mencionar a algunos de los que participan en esta ópera prima).
At the drive-in- vaya/ el gran orgo
Quiero que imaginen a un chamaco post púber que le ha llegado con fe a la yerba y a otras ondas psicotrópicas como la lectura de maestros viajados de la contracultura nacional, quiero que imaginen que tengo al menos 19 años y el disco de The mars volta esta fresquito y la calle se inunda poco a poco de chicos de cabello afro y delgados hasta el culo, que se visten igual a Cedric Bixler y a Omar Rodríguez- López y que filosofan sobre los videos extraños y altamente oníricos del grupo afincado en Los Ángeles y producido por Rick Rubin. Es 2003 y la calle está llena y repleta de clones andróginos de rockeros con mas estilo que nada; un chamaco que se niega a salir del bachillerato pese a que ya tenga fecha de caducidad cercana le comenta a su compa metal head: *guey descubrí que los Mars Volta antes se llamaban at the drive-in* a lo que el otro sátrapa atrapado en la yerba y el odio hacia el mundo le contesta: *ps si guey, pero no me laten son muy fresas*. Fin de la conversación sobre el grupo. Decido no hacerle caso a mi viejo gurú y me lanzo a Pericoapa a tratar de conseguir música de los dudes esos. 45 minutos después no tengo éxito y entro al mix up de enfrente, de los ricos, de la gente bonita (que ya después comprendí que éramos la misma mierda y que solo nos dividía el gusto por decir: lo compre con los del tianguis), llegue a la sección rock y ahí estaban sus discos, importados y caros. B-30, B-45. Miro bien y encuentro un par que decían B-9 y B-11 ($115 y $145 respectivamente en aquel entonces). No lo dudo y compro ambos con dinero extraído bajo el concepto de “buen desempeño académico” (que tiempo después es revelado como una farsa y termino un año entero de baja temporal del bachilleres 4). Abro con descuido el disco llamado “El gran orgo” y rompiendo celofán y demás sellos saco el disquito y lo meto en mi cd player morado, el contador marca: 17 minutos. Miento madres, me emputo y estoy a punto de ir a pedir un reembolso al mismo dueño judío de las ondas musicales en el país, cuando suena el primer batacazo de Tony Hajjar, entra guitarra y bajo, gritos de Cedric, de Omar y Paul Hinojos. Es punk, es rock punk y no suena a las joterías de Blink-182 o sus comparsas famosas de emeteve. Llega el segundo corte y de nueva cuenta se acelera el asunto, suena a sangre fresca, a talento sin corromper y por mucho alejado de la solemnidad del disco de The mars volta. Trascurren el resto de los tracks y con suma ansiedad introduzco el “Vaya” (23.50 minutos dice el display) y comienza una intro dubitativa con menos violencia de la esperada pero con una rolota llamada “rascuache”, es un disfraz de rock que deambula (ahora lo sé) en el emo. En el hardcore-emo de la vieja escuela de Fugazi y Dischord, no en las mamadas que se hacen hoy día.
10 años han pasado desde aquel inicio trepidante de que descubrí at the drive-in muchas cosas han pasado (reunión coachellesca incluida) y el paso de los años me ha dado la razón, The mars volta será todo lo propositivo y avant-garde que quieran declarar los creadores del concepto, pero el verdadero corazón de la música, el punk, el rock se quedo en los 3 discos de estudio y los 5 eps de los at the drive-in.
La barranca- el fuego de la noche
Ya había mencionado a “La Barranca” anteriormente y había dicho que “El equilibrio” me había dejado conocer a ese maese guitarrero de nombre José Manuel Aguilera (amen de ser tocayo de mi ex compadre el metalero), pues gracias a ese conocimiento previo es que llegue a la bandota del ya mencionado. Y para ser honestos la primera vez que escuche el disco se me hacían malos, no me gustaba la voz del Aguilera y las letras no se me hacían tan chidas como cabía esperar, pero por supuesto en aquel entonces era un púber con mas acné que inteligencia y había endiosado a los chamanes jaguarescos (y a Saúl Hernández por encima de todos).
Segunda vuelta, segundo intento por escuchar decentemente a la banda y voy encontrando ritmos alejados de lo común, alejados de la simplicidad de los jaguares y los Caifanes, alejados de la “mexicanidad” de los tacvbos y la molesta voz de Rubén Albarrán. Es otra cosa, es más profundo, es como el descenso a algún sitio donde la única luz procede de la generación de la guitarra, el bajo, la batería y la voz cachonda del pinche José Manuel. No miento, en cada estrofa el cabrón parece desnudar a la mujer y hacerle el amor de manera pausada, con maestría hasta llevarle al orgasmo sonoro (entendiendo que la mujer es la canción y blah- blah).
Más profundidad entonces es descubrir que en cada nota es tocada únicamente por Aguilera-Andre-Fong. Puta madre! como es posible que con el 75% (90 si incluimos las voces adicionales de Cecilia Toussaint) de los mismos músicos que grabaron “el equilibrio” suenen a años luz de distancia? Que mientras uno se embarca en las necedades de la chamanería barata y las metáforas subidas de mota, el otro se clave en las entrañas de las sensaciones, de los derroteros de la propia conciencia sobre la vida misma. Allí donde los jaguares se meten en ondas místicas de $5, el maestro Aguilera y compañía desbrozan el horizonte del aquí y el ahora con frases que ayudan a que un pobre diablo le cante al orgasmo de su pareja sin recurrir a alusiones fumadas.
La comparación se muere antes de iniciar siquiera, ya que mientras a los mininos la fuerza (y la voz e inventiva de Saúl) le alcanzo para llegar rozando a un tercer disco antes de morir de nada, a “La Barranca” la prueba del tiempo le ha dejado hacer y deshacer a su antojo su historia, evolucionando hasta puntos insospechados donde un disco es tan distinto al que le precede pero sin perder por ello un ápice de vanguardia y dirección.
Armando Palomas- y la veladora
Desconocía los alcances del verdadero underground en nuestro país, desconocía el sentimiento tan contra todo y todos que podían tener gentes que no hubiesen sido educadas en las periferias de la ciudad de México. Para mis adentros siempre creí (y esto fue consecuencia de una educación aderezada con los informativos y telenovelas del 2 y el 13, amén de años y años de convivencia con gente de provincia atrapada en la dinámica de no moverse fuera de su entorno) que afuera del DF todo era un gran rancho, claro ya después llego la universidad y me enseño que la centralización de nuestro país es uno de los males más profundos a erradicar y que no solo en las grandes urbes había expresiones artísticas que merecieran la pena. Para el que esto escribe hasta 2006 el rock y demás ondas alternativas se centraba en DF, Monterrey (con la avanzada regia de fines de los 90s) y Guadalajara (con una que otra banda efectiva). Todo lo demás era ruido blanco que servía para que la plebada se obnubilara en los bailongos y en la marginación.
Todo el rock no comercial nacional (y no hablo de la mamada indie que tanto pregonan y que se mueven bajo los mismos intereses de los si comerciales), llámese “de hoyo fonki” encabezado por “el haragan”, “banda Bostik”, “Charlie montana” y un mareante etc., me provocaba franca flojera, pero claro estaba yo sumido en la onda fresa de mi situación social (que ahora veo con poca claridad debido a que las líneas se han desdibujado hasta niveles francamente insospechados) y es allí cuando harto de todas las banalidades del rock hecho en México me refugie en la lectura de mis revistas viejas de música, en espera de encontrar algo, algo que me despertara la chispa de vitalidad. Es así que en una “La mosca en la pared” de un par de años atrás me encuentro una entrevista bastante sincera con un cantautor que se burlaba de todos y todo en el ámbito de la música nacional. Se le acusaba (en el sentido de señalarle) como rupestre, algo aun más alejado de la escena de discos Denver, un tipo francamente divertido y con los pelos en la mano (del pubis de alguna adolescente calenturienta) señalaba que el hacia canciones sinceras mientras pudiera, mientras la coca y el chupe le dejaran hacerlo. Le di una oportunidad, le di la misma oportunidad que a tantos que fueron debut y despedida y no me fallo, me enseño que hay mas vida fuera de la tele y la radio y el internet, que no estaba solo en el empeño de autodestrucción fomentada por el alcohol y el amor hacia los imposibles. No necesitaba producción cara, no necesitaba masterizar en un país y mezclarlo en otro, solo necesitaba la guitarra y su voz, las letras venían solas y el alcohol con ellas.
Sin embargo no todo era depresivo en las canciones del Palomas, sino que mezclaba la ironía, la burla y el odio a las convenciones sociales que muchos otros se niegan a atacar por temor a ser vetados, para el Palomas bien vale la pena la critica si con ello despierta el pensamiento, el análisis a la situación en cuestión; en sus historias no hay gente políticamente correcta, son seres vivos que encuentran en un momento de la vida el placer, el dolor, la muerte y la risa mientras afuera todo se derrumba, es la mezcla de las letras duras de Bukowski (al que le dedica una oración de una charla grabada) con el ritmo de las cuerdas del que mejor toque la guitarra de palo en las calles de su amada-odiada Aguascalientes.
Eso y más que nada es lo que me dejo el primer disco que pude escuchar de Armando Palomas, ya luego vendrían las borracheras solitarias (aunque acompañado por la voz festiva-vale madres del maestro Palomas) y los momentos de reflexión acusados en los cientos y cientos de churros de marihuana consumidos desde aquel entonces hasta hace unos cuantos meses que deje la yerba para demostrar un par de cosas y que nada de ello tiene que ver con el sentir musical producido por el maese Palomas.
Arve Henriksen- Sakuteiki
Meses antes de saber que estudiaría una carrera universitaria me encontraba sumido en un bache emocional y mental debido a cuestiones del qué y para que servía mi vida. Era un desempleado y carecía de las fuerzas necesarias para salir a buscar empleo, tenía 22 años y no tenía un maldito futuro por delante o visos de qué hacer con él. Me la pasaba todos los días, de sol a sol leyendo, viendo pornografía, escuchando música y fumando yerba. Un día tras otro de los primeros meses de 2006 eran así, eran caóticos (mentalmente hablando) y depresivos (físicamente hablando), pero era mucho más porque en realidad estaba harto de la música que escuchaba, el metal se me hacia insulso y repetitivo, mis bandas favoritas de antaño se hallaban en procesos de crecimiento o de franco decaimiento y no tenía el espíritu –ni talento- suficiente para hacer mi propia música. Es así que sumido en una cloaca mental (y física) llegue a un blog musical de jazz, free jazz o weird jazz (que para ser sincero estaba ya un poco atascado de la grandilocuencia de los discos de la disquera Tzadik propiedad del viejón John Zorn), los mismos nombres de siempre, con las mismas portadas, hasta que repare en un análisis que hacían de un músico noruego con un nombre típico de allá y que tenía en la portada del disco analizado algo similar a dibujitos hechos por un niño sobre algún modelo de moléculas atómicas. El titulo era intraducible (y todavía hoy tengo que mirar bien la correcta ordenación de letras para no darle otro nombre) y decidí bajarle con la terquedad que dan las horas muertas y el trasero adolorido por sentarse en una silla de escritorio.
Sonó como un “eeehhh”? como una mezcla inconexa de ruidos procedentes de algún ordenador y una trompeta (instrumento de Arve Henriksen), carecía de la furia desbordada de Zorn y compañía y al tiempo sonaba distinto a lo que yo imaginaba que era la música de los fiordos noruegos (o sea el black metal y demás mafufadas). Escuche una y otra vez el disco hasta que perdía toda la insensibilidad de mis oídos a causa de los audífonos empleados y no encontraba algo semejante a la música de ese tipo, no sabía si calificarla como jazz o como que fregados (en mi necesidad pretenciosa de aquel entonces por otorgar etiquetas a diestra y siniestra), era lento, de repente parecía el score de una película oriental de maestros kung fu, y a ratos sonaba como el soundtrack de mis pesadillas recurrentes. Tarde cerca de 2 años en recomendarle a alguien su música por temor a que me tacharan de psicópata por andar clavándome en las texturas de la música generada por el dude noruego ese. Y sin embargo pese a su rareza me sigue pareciendo tremendamente poderoso y hermoso lo que el minimalismo que posee logra.
SR Agosto-Enero 2012/2013