jueves, 31 de enero de 2013

La bendita y el recio

La bendita y el recio
 
El filo descendiendo y cortando de tajo su antebrazo izquierdo fue lo último de lo que tuvo consciencia ese día. Despertó 2 noches después en el hospital, con la vaga sensación de un miembro amputado, ardiendo en temperatura y sediento. Quiso gritar pero el aire que escapaba de sus pulmones era nulo, era gas ardiente que le roía la carne de la garganta. Cerró de nuevo los ojos y los abrió después de 10 minutos, quiso creer que era una pesadilla sin lugar a dudas, quiso abrir y cerrar el puño como en antaño, como siempre lo había hecho hasta ese día. No había nada allí, solo vacio y vendas que cubrían un pedazo de carne cauterizado con la pericia de un cirujano de las calles; salieron gruesas lagrimas de sus ojos mientras buscaba el momento, la causa exacta de lo que le había arrastrado a esa situación.
 
Serafín comenzaba el día a día nuevamente, cepillarse el cabello obscuro que le llegaba ya debajo de las orejas; enjuague bucal sabor menta y el ritual eterno de limpiarse los dientes con el cepillo rojo. Tiró una meada al wáter y se subió la bragueta del pantalón negro, jaló de la cadena y salió con el ruido de las sandalias sobre el piso de concreto frio. Su desayuno consistía en un par de huevos con frijoles refritos y café negro. Cogió la gorra del clavo al lado de la puerta y alistó el cambio que llevaría en la bolsa derecha delantera del pantalón, se calzó las botas negras y abrió la puerta delantera del cuarto donde dormía con la mujer, los niños y el gato, checó el nivel del aire de las llantas del cuadro de la bicicleta y tras comprobar que se hallaba correcto abrió el portón y salió a la brumosa mañana del invierno citadino.
 
-hey Serafín! Gritó la gorda de la tienda de la esquina de Palomares.
 
-qui’hubo Laurita! Contestó al tiempo que descendía con la maestría otorgada en antaño del vehículo, con la mano derecha guiaba el cuadro y con la izquierda sostenía el aire.  Finalmente acercó a “la bendita” a la tienda y guió todo con el brazo izquierdo amputado apoyado en el asiento. Recogió un par de decenas de cartones de huevo y de otros productos y le dio las gracias a la gorda que lo miraba entretenida y golosa.
 
Siguió su camino sin pensar o sin querer pensar que en un par de minutos le afrontaba la prueba pesada del diario. Sorteaba perros, cláxones y señoras apresuradas que llevaban a sus hijos a las primarias y jardines de niños de la zona. Como siempre en la calle de Arena lo esperaba “el recio” el perro con una pata fija cuya cola se agitaba de lado a lado cuando le veía venir.
 
-vamos amigo… lanzó a modo de saludo mientras el can de color plomizo contesto con un ladrido… buen perro, hoy nos toca la avenida así que ponte buzo cabrón… el perro siguió a su lado mientras “la bendita” pasaba casi sin reducir su marcha y dejando tras de sí la estela del color amarillo lápiz. Al acercarse al camellón de la avenida el perro olisqueo temeroso y retrocedió un poco al sentir el viento frio arrojado por los carros, el hombre detuvo la marcha y con un chiflido el can se  freno, esperaron el cambio del semáforo mientras ambos lanzaban una mirada centellante a la olla de los tamales de la esquina opuesta, la adolescente que azuzaba el fogón del brasero bizqueaba mientras el color rojo de los carbones dejaba paso a la llama amarilla. El humo disipo los sueños y pensamientos de Serafín mientras volvía a poner en marcha la bicicleta con algo de lentitud y el can reanudaba su trote disparejo… aguas pendejo no te vaya a rematar ahora sí!… dijo al perro que seguía pegado a la llanta del lado izquierdo.
 
“el recio” se entretuvo con una french poodle corriente que pertenecía al viejo Roberto, Serafín contaba cartón y lanzaba un eructo sabor cebada mientras el hombre de la calva le contaba sobre la puta que había sido acuchillada un par de calles más arriba, el cerro se remontaba sin descanso y las calles sin pavimentar guardaron la sangre de la mujer de apenas 19 años. El viejo la conocía ya que a diario pasaba por allí, todo mundo sabía a qué se dedicaba y a nadie le importaba apenas, pero menos aun les importo lo que le pasara… son 17 grandes y los dos del huevo Beto…
 
-hey, te los doy a 3 cada grande y 8 los del huevo…
 
-no chingues guey, ni el kilo esta tan bien pagado… se banda…
 
-banda… no, no mames Serafín, el pinche Rocho los quería hace rato y me daba $10…
 
-si cabrón, pero ese guey los quería para seguirse violando a los morros del camellón…
 
-jajajaja que no te oiga el culero Sera… acuérdate que Benito (que dios lo tenga en su santa Gloria) fue el que se le puso al tiro y acabo en el canal todo fileteado…
 
-le aviento al “recio”… o no cabrón?! Grito mientras el perro olisqueaba el culo de la perra color crema.
 
-valiente perro te cargas guey, ese pendejo es igual que tu, hasta la puta mano toda madreada trae. No lo has llevado con Dany?
 
-jajajaja pinche morra se quiere cobrar a lo chino, que con un quinientón le corta la pata y le deja bien el asunto. Dice que así como la trae nomas anda sufriendo, pero tu miras que ese cabrón se queje? Míralo, todo pinche jarioso con tu perra.
 
-nomas que me la preñe y voy  cortándote la pinche verga cabrón, por andar recogiendo perros calientes…
 
-‘ta bueno… entonces del cartón?
 
-Pus ya llévatelos, nomas que no se entere el pinche Rocho porque si no el que se queda sin picha será otro.
 
-no le saques pinche bobby, igual y te gusta…
 
-tu puta madre…
 
Siguió a paso normal “la bendita” frente a la secundaria, los chavos comenzaban a salir en tropel, algunos gritando, otros riendo y la mayoría preparándose para afrontar la tarde y la dura vida en aquel paraje, apenas había agarrado algo de vuelo cuando se freno de sopetón desplazando varios de los cartones hacia adelante. En la esquina del tope se quedo frente  a frente con él.
 
-que pedo pinche manco?
 
-que hay Rocho… dijo sin ánimo en la voz, mientras el perro famélico desde detrás suyo le pintaba los dientes al tipo del abrigo gris y el hoyo donde debiese estar el molar superior.
 
-camara con tu perro pinche manco, pero ahorita eso no importa; como que me van faltando unos cartones guey, y el pinche mantecas me dijo que te los había apalabrado… presta unos no? No avanzo pero no se quito de frente a la bicicleta llena de cartones recolectados por Serafín.
 
-no, no chingues guey los tengo vendidos con el de la 16, si no me cae que te dejaba unos de los del huevo.
 
-mis huevos que los tienes vendidos, si el puto del norteño no tiene ahorita negocio porque le echan la culpa por la hija puta de Martha.
 
- sepa la madre Rocho yo los tengo allí con ese guey, si se los quieres bajar pues le hablamos al norteño, te arreglas con él y que me dé luz verde para pasártelos.
 
-eres culo pinche manco… pero no te quieras pasar de pinche listo o un día de estos te quedas sin el otro pinche brazo o sin una de las patas. Soltó despacio y lleno de veneno las palabras salpicadas como lo era todo en su atuendo.
 
-así están las cosas Rocho, pero tú no te preocupes que un día u otro el pinche culero que me tasajeo se va topar de frente con mi gente y entonces si se lo va a cargar la chingada. Le dijo pausado sin arrugarse ni un centímetro frente a la malicia del hombre que miraba para un lado y otro mientras hablaba con Serafín.
 
-jajajaja por eso me caes bien pinche Serafín, no te agüitas. Vale pues, llégale y nomas no te descuides cabrón, porque aquí venden mucha pinche barbacoa de perro… finalizo al tiempo que Serafín retomaba el paso a paso junto a “la bendita”. El perro volvió a agitar la cola y siguió pegado a su lado; llegaron a la calle 16 donde vivía “el norteño” y miraron a un par de mujeres regordetas que seguían discutiendo sobre la prostituta muerta en franco chisme, tras darles las buenas tardes y saludarlas con la mano invisible, las dos mujeres retomaron su parloteo común. Doce casas después el taller del norteño se hallaba cerrado por lo que toco a la puerta y tras unos minutos donde se entretuvo con “el recio” y un pájaro que emitía un cantar diferente según se sucedían sus trinos abrieron la puerta de color marfil. Un hombre corpulento y de bigote tupido le hizo la seña de que pasara y ni bien traspaso la puerta apareció otro hombre que vestía con una camisa a cuadros como todo su atuendo.
 
-que paso norteño, ya te traje los cartones…
 
-gracias Sera… contesto en tono afable y amanerado… pensé que ya no venias, con el ruido que hicieron los de la pasma por la chica de Martha.
 
-algo escuche por ahí. Ya saben quien fue?
 
-quien más… el puto de su padrastro, al parecer el hijo de la chingada le quería meter mano y regentearla y no se dejo la chavalilla. Pobrecita.
 
-hey, pero ni modo norteño la vida sigue, ya le tocará al pinche Santiago allá en el RENO.
 
-jajajaja no manches Sera, si el pinche panzón se pelo ayudado por Martha, dicen que no le llamo a las patrullas hasta que ese hijo de puta se pelo a casa de una de sus tías allá en Ameca Meca.
 
-y el chavalillo?
 
-pues se va a quedar con Martha… pero quien sabe que diga el DIF…
 
-puras mamadas, eso dicen los del gobierno norteño. Ya mejor que ni se metan por aquí, ya ves al pinche Rocho se lo han cargado como 15 veces y ahí sigue, nomas puro atole con el dedo y los jodidos nos jodemos mas.

-amen Serafincito, amen… y pasando a cosas más importantes, ya te tengo tu encargo.

El semblante de Serafín mudó, adopto la mirada que generalmente o casi nunca empleaba, ya que por lo general siempre era tranquilo, pero cuando adoptaba esa mirada de entrecejo casi parejo su carácter volaba y se trastornaba. Así había perdido un amigo, así había perdido un hijo.

-quien? Dijo seco, cortante y sin ya ninguna alegría en su voz, el Norteño lo miraba igual de serio pero con un toque frutal en su voz, con triunfo, a sabiendas de que tenia frente así un negocio no redituable monetariamente pero si de suma ganancia para sus intereses.

-Roberto, el gordo.

-tu puta madre cabrón, como va a… y recordó, recordó aquella mañana de agosto cuando se dispuso a cogerse a la viuda del Solís, cuando le dijo que tenía un amante y Serafín entretenido como estaba por devorarse los senos gordos de la recién enviudada no le había prestado atención a lo que decía; recordó la mirada severa de Roberto cuando le conto que se cogió a la Marina, no lo había notado pero su mirada era igual de fría que la de un condenado a muerte… puta madre... lanzo al espacio entre el norteño y el, se dio media vuelta y cerro con fuerza el puño fantasma que tenia frente al rostro. Sangraba y le dolía, sabía que tenía las uñas enterradas en la carne recia de la palma.

-cuanto?... dijo ya apenas unos segundos donde volvió a retomar la calma que necesitaba.

Enero 2013

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