jueves, 21 de febrero de 2013

Borrasca de cemento

Borrasca de cemento 

Una vez más, respira: jala oxigeno, no es difícil solo basta exhalar y respirar como te enseño la vida; 1-2, 2-1, respira, deja pasar el aire a tus pulmones; continua extenuándolo, no dejes que la calma llegue, revienta el 1-2, exhala la mierda de tus neuronas que pugnan por dejarse ir. Vamos, rompe el dique de esa comida que horas antes engulliste, escúpelo! Golpea el suelo, llora, vomita y vive! No te ahogues, no todavía. Gírate sobre el suelo, has a un lado el calor emanado de tu cabeza y que discurre alegre y mortalmente por tu cabello largo. Carajo! Levántate, levántate y péinate! No es difícil, primero un pie, luego el otro; dobla las rodillas y auxíliate en los codos, no importa que se raspen, no importa. Aire, entra un poco al seguir bombeando el vomito de lado y que deja de inundar tu cerebro. Ponte en pie soldado! Es momento de que te levantes y abras la maldita caja. En el fondo, lejos, lejos, tan infinitamente lejos se escucha el canto de esas aves de corral marcando territorio; has lo mismo, que tu espíritu marque territorio y se niegue a abandonar tu cuerpo, pese a que este se encuentre ahogado en los vinos baratos que has robado de esa casa que te ha recogido cuando ya no tenías a donde huir.

Esgrime ideas, vamos! No te abandones y sal pitando, los mocos te saben a vomito pasado pero no importa, no importa si te taponan el aire, si taponan todo. Comienza a hilar ideas, recuerda quien carajos eres, que día es, donde estas, que comiste, que bebiste, que bebiste, que bebiste. Arroja las ideas en forma de vomito, arrójalas a la estratosfera, arroja el plexo al techo de color cielo…es diciembre, es 21 de diciembre. Son días de fiesta y tú has bebido toda la semana como si no hubiese mañana. Es diciembre, es 21 de diciembre y el pelo te sabe y te huele a vomito rancio. El suelo te sabe a vomito. No te puedes poner en pie y hace apenas dos instantes estabas ahogándote con el regreso maldito de esa cena que te preparo tu madre o quien asume tal papel por el momento. Es 21 de diciembre y estas solo. En el ambiente hay 4°c  y el disco que sonaba hace muchas horas que se ha callado. Levántate! Es 21 de diciembre, mañana tienes trabajo. Mañana el vomito que te ha venido a causa del Don Pedro y la carne en chile rojo no existirán mas, serán solo otra mancha en el piso y en la ropa. Es 21 de diciembre y hace frio en el suelo. Estas a unos días de navidad y los de la familia seguramente reprocharan tu espíritu destructivo. Es diciembre y no recuerdas nada acerca de cómo es que estas besando el pavimento, no sabes cómo es que te duele la rodilla y el pantalón de mezclilla trae un desgarre gigantesco que se complementa con una mancha de sangre coagulada. Es 21 de diciembre y tienes el trasero congelado por estar demasiadas horas ya tirado en el suelo. Es diciembre y el sueño intranquilo donde te mueres ahogado en vomito de Don Pedro y carne de res bañada en la salsa roja es un recuerdo dolorosamente real, pruebas el vomito retenido aun en la boca, y el dolor de los problemas amorosos no desaparece.

Vamos! Con un carajo levántate! Sé que has dicho que este es tu ultimo invierno, pero ponte en movimiento porque eso es falso, mientras recuerdas que es diciembre, que bebiste un tanto por el dolor físico, pero que en gran medida es por el sufrimiento crónico, recuerda que no te puedes morir aun. Es diciembre y debe haber 4°c, ya sé que no quieres ponerte en pie y recordarla, recordar el espasmo mental que te provoca el rememorarlas, acordarte de ella y todas las otras. Quieres morir, pero no puedes, no todavía, tienes 21 años; tienes que ponerte en pie y ver como en un invierno mas vas a conocerla, tienes que superar este 21 de diciembre y su madrugada helada para conocerlas, a ellas dos. Son 13 meses más antes de que amaine el recuerdo de su cuasi perfecto rostro y empieces a soñar con la chica de la cara de rata. Acuérdate, es 21 de diciembre, son 21 días mas un mes desde que llegaste a esta casa. Ponte en pie, lentamente, son las 4 o tal vez 5 de la madrugada y has vomitado el suelo y la ropa. Has bebido 2 botellas enteras de Don Pedro tu solo y has llorado con esas canciones de desamor imposible. Te duele el brazo por la caída reciente, pero te duele más el cuello y la pierna porque casi te morías ese otro día al no pisar bien. Recuerda para siempre que son 2 comidas que ya no quieres más, es esa sopa aguada y esa carne en salsa roja que ahora te repugnan a muerte. Casi te mueres por ellas. Es 21 de diciembre y hace mucho frio; pero en el fondo, el frio viene desde adentro, desde el hoyo que te dice que estas tirado en el suelo completamente perdido en el alcohol y los recuerdos en medio del patio de esa casa que te ha adoptado como hijo natural.

Quieres a tu familia allí, de pie junto a ti, observándote mientras te revuelcas en tu propia saliva y vomito, sabes que es imposible; no hay más madre que te limpie o padre que te saque de la mierda, no hay más otros dos tipos que te hagan reír o llorar según corresponda el caso. Es 21 de diciembre y estas derrotado porque no puedes sacarte de la cabeza a esa chica que tenia novio; no puedes evitar que los casi dos litros del destilado de uva se incrusten en el hígado. Es 21 de diciembre y la boca te sabe a vomito, vino y tierra porque estas solo y te estás muriendo solo.

Levántate de ese piso helado que tiene una mancha fija de por vida mezcla de los jugos gástricos, saliva y comida! Ya tienes abundante mierda que no recuerdas, no puedes huir de otros rostros que te perseguirán hasta que el tratamiento este completo. Espera! Tienes que recordar, tienes que empezar a recordar que es 21 de diciembre, tienes 21 años, bebiste mucho Don Pedro sin hielos o coca y antes de eso cenaste algo que llevaba chiles rojos acompañado de una pasta blanca que ahora tienes en el cabello y la ropa. Levántate, abre los ojos vencidos por la carga de la soledad y el exilio propio y ponte en pie! Abre los ojos. Una vez más, pese a que te cueste hacerlo como cada día durante los últimos 5 años que has sido consciente de tu infelicidad. Es 21 de diciembre y no te puedes dar por vencido. No todavía, no cuando aun falta que te rechacen otro par de ocasiones y que después te quiebres para toda la eternidad. Falta. Falta. Levántate! Aun no llegan tus sobrinos, aun tienes que estudiar algo, una mierda pero todavía te falta demostrarle al condenado universo de vías etílicas y estrellas envinadas que no has dicho la palabra mágica que finiquite todo. Te falta dolor aun y luego la aceptación de tu destino, de que estas jodido pero en realidad ya no te importa. Es 21 de diciembre, son las 4 o tal vez las 5 de la madrugada y el frio invade y nubla tus articulaciones, eres disfuncionalmente otro humano. Es 21 de diciembre y no te mueres ya, pero tampoco estas en pie, sigues tirado llorando porque ella nunca te querrá. No te preocupes, ella –la que viene- tampoco lo hará y continuaras solo y jodido, pero encontraras que no te has equivocado, que escogiste el camino idóneo. Pero antes, para llegar a eso, necesitas ponerte en pie, abrir los ojos, llevar el antebrazo a los labios y quitarte de la boca el vómito seco.

Es 21 de diciembre y tienes 21 años, has estado viviendo solo por 4 meses. Has bebido solo desde hace 4 meses. Llevas casi 4 horas sin recordar o saber nada. Te has caído y has vomitado todo a tú alrededor. Estas idiotizado por una chica llamada Lidia que tenia novio y solo te uso. Trabajas de 8 a 6 y bebes de 6 a 6. No tienes hijos, no tienes educación, no tienes pareja, no tienes nada. Levántate y cambia eso, por lo menos uno de todos esos rubros lo vas a cambiar. Levántate y enséñale al pinche universo que en realidad el viacrucis recién empieza al tocar fondo.

Levántate, levántate y anda cual si de una historia bíblica se tratara; vamos, ponte en pie, levanta un parpado, levanta el alma, sostente sobre ambos pies y busca tu cama como en antaño lo hiciste. Mueve un dedo siquiera, mueve la mano como sosteniendo el universo en cada fragmento que termina dentro de ese baño. Escucha, pon atención, pon toda la jodida mente en ello, son casi las 5 de la mañana, ya comienza el vaho matutino y eso te acompañara todo el día junto a la sensación de pesadez en los huesos y en el alma, porque recuerda que todavía crees en ella. Anda ponte en pie y corre a tu cama, corre a tu almohada hecha de esperanzas como la de aquella noche cuando deseaste no regresar después de ver a tu abuelo muerto. Todavía no te rindas, todavía no es momento. Te falta mucha mierda por vivir, te falta mucha historia por recorrer… o al menos eso quieres creer porque al final de cada día te esperara ella allí, te esperara con su delicioso buqué a uvas fermentadas o lúpulos pasados por agua y fuego. Te acechara durante las mañanas y los días que se sucederán de manera interminable mientras la gente a tu alrededor esboce las sonrisas de la avaricia; tienes que ponerte en pie y sostenerte contra el mundo, siempre contra el carajo mundo que te va a escupir al demostrarte que en realidad no hay futuro, no hay mas allá, no hay historia “final” con los créditos en pantalla. Es la nada, la película que jamás terminara con los créditos para que alguien más los lea. Dobla las rodillas, apóyalas en el suelo frio de cemento que tiene la mancha de vomito encharcada a apenas unos centímetros de tu cuerpo, son las cicatrices de guerra, son las marcas de otras derrotas que indefinidamente te atormentan y te impiden ser feliz. Es 21 de diciembre y son casi las 5 de la mañana.

SR Febrero 2013

domingo, 17 de febrero de 2013

No es lo que parece

No es lo que parece

Recorre el camino una vez más, son las 6:35 am, el viento producto del movimiento continuo de transeúntes y grandes camiones azota su rostro mientras el contraflujo levanta bocanadas de gente maltrecha, son 6:35 am de un jueves idéntico a cualquier otro jueves u otro día de la semana. El viejo renguea un poco mientras avanza lento con el tipo de la cresta a menos de 20 centímetros de su frente y el niño vestido de secundaria a su espalda chasqueando la lengua. Mira su maletilla negra y la siente pesada, sabe que solo lleva un termo, una bufanda, un gorro y una playera vieja que le sirve de almohada por las noches cuando se recarga en la oficina de la dirección de empleados para contemplar el vacío siniestro de la nave industrial. Atrás el niño que en menos de lo que le salga bigote seguramente comenzara a hablar con una voz rara  se empieza a impacientar, la fila no ha avanzado hace casi 2 minutos, ya que seguramente algún pendejo olvido recargar su tarjeta y está estorbando o haciendo bulla en los torniquetes de acceso a los andenes del metro. Son las 6:37 cuando el tipo de la cresta se vuelve a poner en movimiento y cambia su mochila negra de brazo para evitar el calambre, el niño resopla un *ya era hora pendejos* que deja adivinar que espera ansiosamente no llegar pero tampoco quedarse en medio de una fila que tiene un solo destino. Manuel avanza lento y sin prisa, sabe que en menos de una hora volverá a sumergirse en los brazos de Morfeo o el sueño que tantos años le ha acompañado; ha cumplido cabalmente con la edad de retiro desde hace cuando menos 5 años pero no tiene nada mejor que hacer, no tiene nada en que entretenerse y no quiere acabar como acaban los demás jodidos ancianos de su calle, que van y bailan todos los días en la plaza que se encuentra a menos de 20 minutos de la casa, odia bailar; odia sentirse observado y ridiculizado por esos chamacos que van y pegan de brincos en sus patinetas mientras sus mamas les esperan en casa con la ropa limpia y la comida hecha. Odia el sentimiento que le viene de no hacer nada, de no moverse para sentirse útil; cobra una mierda y le sirve para lo mismo pero tiene un plus ese empleo, es el plus que le mantiene vivo y que no le deja abandonar este mundo y perderse como su compadre Rodolfo en los vicios del alcohol y el tabaco. 6:40 los torniquetes se encuentran a menos de 40 pasos pero el policía que está de pie junto al torniquete le ha marcado el alto a un tipo que se ve a todas luces como otra de esas ratas, le pide que se descubra la cabeza, el tipo hace aspavientos sin retirarse la capucha de la sudadera y su voz gruesa y pegajosa como la baba en la enfermedad se escucha en prácticamente toda la fila que tiene detrás Manuel. No se quita, pero no deja que avancen en ese torniquete, llegan dos más, dos tipos de gorra y chaleco antibalas que seguramente no pararían con este nada, lo someten y se lo llevan a la cabina de seguridad de la estación; hoy no habrá cena en la casa del pobre sujeto que tiene que carterear para subsistir, los aplausos se mezclan con los insultos procedentes del tipo que revela un cráneo afeitado y dedos chatos y callosos, ese no es un ladrón piensa Manuel que se acongoja mientras avanza, mientras siente como el niño detrás suyo intenta adelantarse, lo sabe, sabe que es imposible pero ello no impide que lo intente, porque mínimo tendrán que pasar otros 10 minutos en los andenes para poder partir, para poder tomar el gusano naranja. Manuel le quisiera dejar el lugar pero tal vez un movimiento y termine sin obtener nada favorable con ello, con mala suerte lo piensa mientras apura un poco más el paso. Él sabe que nunca se sabe que depara la suerte para el sujeto que viene detrás; tal vez Manuel sea lo que se interpone entre una posible pelea entre el tipo del traje y la cresta y el niño del uniforme verde que a todas luces se ve que es duro. Tal vez.  Manuel avanza y continua avanzando al cruzar las barras de metal, le quedan dos tiras de boletos en casa, dos más y habrá de comprar otros 20, pero eso no importa ahorita. Ya se escucha el bramido del monstruo mientras Manuel pierde al niño que venía detrás y es sustituido rápidamente por un tipo gordo y seboso, que a duras penas ha de poder encontrar su pito cuando es el momento de la acción, Manuel trata de no estorbar pero es inútil, los huesos y las articulaciones le pesan; escucha  *con permiso viejo* cuando siente el hombro del hombretón interponerse entre el tipo de la cresta y él, no dice nada, no arma ningún escándalo, y eso hace que el gordo voltee y le pregunte con una voz que no es natural en alguien de su tamaño (por infantil supone el viejo) *quiere que lo ayude padrecito?*, obviamente se refiere a prestarle auxilio para descender las escaleras; Manuel esboza la sonrisa de abuelo bonachón que no quiere herir susceptibilidades y le extiende el brazo; el gordo toma el brazo pellejudo entre el suyo  y juntos, paso a paso, lento y más lento descienden las escaleras, al llegar al andén atiborrado Manuel remata con un: *gracias mi’jo. Que dios te bendiga* él sabe que le acaba de hacer el día, que el gordo va a estar motivado para cumplir cabalmente con su destino (ingrato o no) por el resto del día y que ese simple acto de benevolencia no deseada le va a dar una superioridad moral que seguramente bajara cuando regrese a su casa y vea que su hija adolescente está embarazada y que su hijo es un jodido drogadicto. Esta victoria por el momento es suya. El viejo sigue avanzando hasta situarse en los vagones que vienen al último en el convoy naranja, delante suyo  una chica  al lado de lo que parece su novio, un tipo grueso, del tipo que el viejo sabe que es mejor no molestar, antes de abordar el convoy voltea al poco resquicio existente entre él y la pareja y mira la hora, 6:55, el niño seguramente ya ha emprendido la retirada (piensa) mientras el aire que sopla a su nuca el tipo de la cresta esta aromatizado con una pastilla de menta con eucalipto; se escucha el bramido ensordecedor de cientos, de miles de sueños e historias que entran al mismo tiempo en el gusano color naranja, todos van a trabajar, a desarrollar sus propias vidas mientras el viejo se desliza y queda en un asiento intermedio de la tira de asientos, delante suyo queda la pareja de novios disparejos, a un lado de ellos va el tipo de la cresta que es joven y con rasgos finos, al otro lado de los novios se sitúa una señora acompañada por un niño de primaria, los cuales no alcanzaron a llegar a los primeros carros porque el padre se retrasó y viene junto a ellos, de pie y recargado en el tubo desde donde recibe el aire frio  que arroja el ventilador situado sobre su cabeza. El viejo observa, el viejo sonríe lento y sin mostrar los dientes, en su frente se marcan las arrugas que surcan su cabeza de palmo a palmo, a su lado viene un obrero con cara de pocos amigos y que es muy probable que sea uno de esos tipos que trabaja de sol a sol para mantener a sus tres hijos, y que en si odia a todo el mundo empezando por sus hijos porque él quería en realidad ser un condenado hippie. No, en realidad lo ve bien y entiende que es un padre amoroso que está dispuesto a dar la vida por José, Ana y Pablo; los tres niños que empiezan a salir al mundo, que empiezan a voltear sus rostros hacia lo que el destino ha trazado para ellos, mientras sus padres trabajan de sol a sol para poderlos llevar en semana santa a Acapulco o al balneario a donde el párroco y su grupo de viejas alcahuetas decidan que sería bonito ir este año. Mira el parche de la empresa en la bolsa de la camisa, es una compañía lechera que queda a 5 minutos de la estación que sigue, lo ve y le sonríe con esa sonrisa que guarda para cuando lo cachan mirando algo que no debiese haber visto, el hombre le devuelve el gesto pero inmediatamente se pone en pie y se sitúa en la puerta del vagón, su lugar lo ocupa un tipo de traje que seguramente (así lo piensa por el color de la corbata y sus feos dibujos) pierde la vida en una oficina de gobierno recibiendo los sellos para que el correo destinado a las otras dependencias fluya. Mira al tipo grueso, mira a su novia y se sorprende al notar que lo vienen viendo, que en realidad no han perdido de vista ninguno de sus movimientos desde que lo sintieron detrás suyo en la estación; se incomoda pero les sostiene la mirada, en realidad les devuelve esa mirada de enigma que emplea solo en el metro, que utiliza cuando sabe que tiene ante sí un reto. Mira a la chica, no es guapa, de hecho no parece ser nada agraciada físicamente, tiene un par de dientes encimados  justo los dos frontales y ello provoca que los labios parezcan estar dispuestos siempre a besar a quien pueda hacerlos suyos, la nariz es chata y pequeña llena de chispas, de pecas que asemejan (o al menos eso piensa el viejo) las distintas ramales de las líneas ferroviarias del metro. Es pequeña, tal vez muy pequeña porque no llega al suelo del tren con su espalda recta en el respaldo del asiento metálico y al lado del tipo grueso se ve como una niña; no repara en él, no quiere hacerlo porque le recuerda mucho a su viejo amigo Valentín que murió 2 años atrás de una cirrosis hepática, le recuerda su cara de mala persona pese a que el borracho fuese una alma de dios y directo como los tequilas. Le recuerda todos aquellos momentos de cuando Valentín llegaba a la casa buscándolo con una botella de 250 mililitros y no se iba hasta que Manuel le recordaba la historia de su padre, de su abuelo y de toda la familia paterna, todos muertos por la condenada bebida, todos condenados por el sabor delicioso del Don Pedro o el Presidente.  El tipo rudo le mira con sus ojos inyectados de sangre, le mira desde la carnosidad que se junta con la pupila café obscuro y el viejo se estremece, se achica porque ya sabe a quién le recuerda, nunca fue Valentín, nunca fue su amigo, es el. Es su propia historia remojada en la sangre de una generación posterior y que no murió en el invierno del 2005; el abrigo gris que el tipo usa un par de tallas por encima de la verdadera para poder ocultar todo y el pelo a rape para que las entradas no se vean tan profundas, la barba en candado sin cerrar porque la genética no lo permite le recuerdan cuando aún podía. Y finalmente es su propia voz que sale en una boca ajena pegada al oído de la chica y que lo vuelve un cobarde al alcanzar a leer los labios que le pertenecían cuando menos hace 30 años decirle a esa joven nada agraciada: “ábrete de piernas”. Y ella obedece (o por lo menos le hace caso) y derrumba las proyecciones que el viejo se había construido respecto a que usara ropa interior de colores y muy pequeña, nada es tan falso como eso, en realidad su falda no corta ni larga revela el paraíso y el viejo no pierde detalle, sabe que lo observan seguros de su juego el tipo grueso y su chica o la chica y su tipo grueso pero no le importa, el anciano vive para ese plus cada día, cada semana, cada jodida ocasión que el  destino le permita el lujo de ir de mirón para compensar la imposibilidad de beber o de comer carne de cerdo cada que se le antojara. Se sabe un voyeur y le gusta porque en el fondo no hace daño a nadie, le gusta porque ya está más allá de la maldad y sabe que si alguien lo descubre en todo caso le espetaran un *pinche anciano caliente*. Vuelve a aventurar la vista a la gloria vuelta tela color blanca y prácticamente la huele, la saborea mientras el tipo grueso sonríe de oreja a oreja con esa boca burlona que antaño le perteneciese y que ahora se hunde cada tarde en el cuello de su sílfide, en algún parque o la Alameda mientras los humanos que arden en rededor suyo les miran con indignación por no acatar las leyes morales de buen gusto. El tipo grueso se pone en pie, la chica lo imita y le sonríen desde su columna inalcanzable una vez más al anciano que empieza  a sentir el sol entrar por la ventana situada detrás suyo y los primeros rayos de un sol perteneciente al invierno que fenece le calientan un poco la calva que brilla a causa de los focos blancos situados por encima de él en aquel vagón de metro que se balancea de lado a lado mientras los pasajeros se acercan a la puerta para descender en el transbordo que los acerque un poco a su propia vejez, a su propia historia consumida vuelta filosofía de anciano. Manuel aferra con fuerza la maletilla negra y la estruja contra sus piernas huesudas y anteriormente largas para ocultar la erección, el sueño le obliga a cerrar los ojos mientras escucha en el sonido procedente de los altavoces *próxima parada…*

SR Febrero 2013

martes, 12 de febrero de 2013

El gato pardo

El gato pardo

Un camaro 86 fuera de la casa, importado de hace años cuando Rocko tenía aun cierto prestigio y talento, cuando aún le pagaban por lo que hacía. Dentro de la casa color crema, él pinta sobre el lienzo algo descolorido y ella (su mujer, su complemento, su yang o su simple compañera de desgracias) mira la tele con displicencia. Nadie se mueve por fuera de lo acostumbrado, todos se mantienen en la estática de hace varios años; mientras el gato se encuentra maullando esa balada de hambre que compuso especialmente hace miles de años cuando llego al regazo del hombre. La noche es tranquila como debe serlo en las noches de trabajo.

-el gato tiene hambre. Dice la mujer entrada en sus treinta o cuarentas porque el maquillaje corrido difícilmente deja adivinar si tiene una edad o la otra, mientras con la mano desplaza el control apenas unos 20 centímetros por debajo de su pezón y su pecho fofo. La frase se queda sin respuesta, al tiempo que le lanza una fiera mirada llena de desprecio mierdático al tipo que pinta un cuadro basura. Esa mujer todo amor y todo querer se encarga de recordarle todos los días a Rocko que sus cuadros son basura y no hay ningún elemento que destaque más allá de la necesidad del hambre y el vicio. Pero ahora son las 3:15 de la mañana y el hombre sigue estrujando los pocos bríos que aún conserva sobre el pedazo de tela amarillenta. De vez en vez coge la botella de tinto que esta a los pies del caballete y le pega un trago directo. Sabe a rayos pero es la única mierda que se pueden permitir. Al menos hasta que llegue el próximo aviso del depósito de la beca estatal que aun los mantiene y les permite beber y coger como benditos. El sillón rojo  de dos piezas cruje cuando la mujer se endereza un poco y agarra la lata de atún de la comida de hace unas cuantas horas. 

Le lanza el recipiente casi vacío al felino pardo que olisquea con desconfianza, finalmente se pone a comer doblando las patas delanteras y traseras con el pelaje pardusco emitiendo sombra sobre las losas del suelo amarillo. Miriam lanza el eructo que el atún procesado hace horas le dispensa, mientras Rocko le da una mirada autocompasiva al felino que devora con gran avidez el alimento que aún no había sido consumido por ese par de humanos imperfectos que lo cuidan cada que tienen para cuidarlo. El gato se desplaza lento y exótico hacia el fondo de lo que antes fuese una habitación destinada a la cocina, allí se encuentra la mullida cama felina hecha con periódicos viejos reseñando las obras de arte de la ciudad (de esa condenada ciudad que alguna vez tuvo la locura y la insensatez de presentar las pinturas del desgraciado alcohólico con su cabello negro agarrado en una coleta), el camastro de desechos se encuentra a los pies de la estufa negra que lleva casi tres años sin usarse.

Rocko empina una vez más el vidrio soplado de esa botella traslucida que contiene el tinto procedente de Italia.  $97 costo la mierda y seguramente al día siguiente le tintara los intestinos piensa para sí mientras siente como se desliza por su gaznate el sabor rudo y profundo de esas uvas machacadas por alguna maquina sin alma. Mira por undécima vez al gato que recorre con parsimonia sus largas piernas impregnando su pelaje con el sabor del atún de aleta dorada. Arroja el caparazón vacío del merlot hacia el suelo y alcanza a escuchar el gemido procedente del gato asustado, se le paraliza el corazón por un segundo.

-puta madre, ten más cuidado le podías haber pegado a MJ!

En realidad el gato tenía un nombre menos pretencioso que MJ, pero hace muchos años se decidieron por otorgarle  el honor más grande al gato para chingar a su amigo el escritor poniéndole las iniciales de ese chico gordo que le pego al grande cuando en un concurso de letras le publicaron y le pagaron por su cuentito sobre un borracho pintor. MJ Nunca le quiso ceder las regalías por usurpar su figura, pero a cada rato pedía cerveza y tintos. MJ salió de su vida tras unos años pero regreso como ese gato pardo que amenizaba su vida junto a la chica que conoció mientras robaba un autoestéreo. Era de ella el auto y también el estéreo.

Rocko se para derecho y ve la pintura, ve más allá del lienzo y los trazos, se sitúa en el futuro, en el pasado y en otras dimensiones, finalmente lanza una maldición en ese otro idioma que su madre le obligo a aprender pero que difícilmente le consiguió mejores tratos en las galerías y comienza a patear los trastos y paletas de colores tiradas por toda la habitación *es basura, es basura* grita una y otra vez. Y recuerda que todos siempre quieren arte revolucionario y el suyo es realmente malo y sin perspectiva, vuelve a mirar hacia la chica de cabello cenizo que practica una pose de yoga mientras en la tele la basura se agolpa en cada esquina. Rocko lanza el mismo bufido que aprendió la noche que alguien le leyó un poema de esos artistas beat. No sabe de figuras retoricas y no le interesa aprender, porque en el fondo considera que el aquí y el ahora deben ser directos como sus pinturas rebosantes de colores quemados. Para él el arte se compone de figuras que a diario  una persona cualquiera se encuentra en la estación del metro o en el puesto de carnitas que frecuenta con la regularidad de un periodo menstrual.

-se acabo el vino? Pregunta indecentemente (después de un rato que a su entender no han sido ni 10 minutos pese a que en la televisión ya se comienzan a amotinar las notas del día anterior y de la noche) a sabiendas que la mujer le va a mandar a la fregada por vaciar nuevamente la botella sin siquiera poner en el lienzo algo que decentemente se deje vender en el tianguis. Ella no contesta, se queda pensativa, se sume en el silencio de una vacía contemplación a los espacios que le proporciona el arte yoga. Justo cuando va a repetir la pregunta o gritarle de porque coños no le contesta suena el timbre cuando el sol ya comienza a asomar por entre la neblina rancia procedente del canal de desagüe a menos de 2 km; el timbre siempre a destiempo para evitar otra de esas peleas interminables donde se recrimina uno al otro el qué y cuándo se acaban las botellas. Es Pepe (que vive secretamente enamorado del pintor después de que una noche de pasión desmedida ambos tuvieron un encuentro espiritual) que llega con su dotación semanal de bizcochos pasados gracias a su quehacer con el panadero; entre pepe y la chica le quitan las partes más comprometidas a los panes, mientras Rocko sigue observando ese cuadro que mezcla su miedo por los animales grandes y la ausencia de mas vino. Seguramente la gorda de los Domínguez lo comprara para regalarlo en navidad o para presumir que en algún momento tuvo la plata suficiente para comprar obras originales a talentos reconocidos por revistas del corazón. El pintor había salido en esas revistas porque alguna vez se tiro a la editora de los chismes, Miriam supo de ello y lo alentó a que le sacara algo de pasta a la vieja vaca, aun recordaban con satisfacción aquellos $2000 por cada mes que le eran  entregados puntualmente la editora y con ello pagaban yerba y  tintos que no sabrían a nada.

-no entiendo ese cuadro. Lanza pepe mientras le mira el culo disimuladamente al pintor *No sé si estás jugando con el espectador o simplemente te burlas de que no sepas ni madre de técnica y composición pinche Rocko*

-nunca entiendes ni madres. 

-no viejo es que si te das cuenta que desde esta perspectiva parece como si hubieras vomitado pintura en el lienzo?

-ya cállate pendejo y acércame una lata de cerveza…porque traes cerveza verdad?

-ya sabes que si Rocko. Dice al tiempo que las pupilas se detienen en el vórtex formado por el canal de desagüe y los árboles en el horizonte que aun no se cuaja con el sol matutino asomándose por la ventana de la parte frontal de la casa *Nunca te dejo de traer tus cervezas* Esta vez detiene la mirada en el escote no generoso sino grosero de la mujer, consiguiendo con ello sonrojarse con las formas desproporcionadas y exhibicionistas de Miriam.

-que pedo pinche gordo, te animas a echarte un bucito o te dan cucú las chiches? Le insinúa salvaje y brutal la delgada mujer a sabiendas de que declinara la oferta con un *nah*.

-nah, paso. Pinches chichis caídas.

-jajajajaja ya escuchaste Rocko, el pinche mayate dice que las tengo caídas!

-razones no le faltaran. Dice sin ánimo de continuar la puya en contra del chico; la última vez que peleo con Miriam por causa del chico, este dejo de traer los panes pasados como tres semanas; semanas duras donde ella retomo su oficio de callejera y el tuvo que trabajar en la construcción por una miseria y jornadas duras.
-tu puta madre pendejo… les espeta y sale dando un portazo a la puerta de plástico que separa el cuarto de la tv del cuarto de Miriam. 

-ya la hiciste enojar Rocko. Te la va a cobrar.

-que se calle o que regrese a la putería, a lo mejor eso nos deja mejores dividendos. Sigue sin voltear a otro lado que no sea el cuadro, la aplanadora de colores brilla por encima del tema principal que había ideado en un inicio, antes de comenzar con los tintos. Siempre ha sido así, ya desde que era adolescente en la vieja clase de técnica del tipo procedente de la nacional de Artes, luego se repitió cuando se fue un mes a Bogotá a estudiar y aprender, pero en realidad se la vivía en los alrededores de La Candelaria y en Teusaquillo entrando y saliendo de fiesta y rumba con la gente de la “Blanca”, fiestas interminables donde todos lo aceptaban y lo admiraban por su manera de expresarse, de siempre parar los pleitos sentando a los principales instigadores y por beber, siempre andar bebiendo y pintando. Conoció a Diomar que le patrocino los dos años de estancia por allá, que le enseño el candor del baile y el ritmo al amparo del aguardiente. Rocko le regalaba su espíritu y ella lo paseaba por todas partes de Bogotá mientras escuchaban las reediciones de discos viejos de Jazz. Miles Davis, Dizzie Gillespie, Art Barkley, Charlie Parker, Mingus, Red Garland y John Coltrane; luego era atizarse de yerba mientras el “Bitches Brew” rompía los silencios eternos con su andar cacofónico. Se acabaría al cabo de una pelea –undécima, vigésima- donde le aventó los trapos rotos a la calle. Termino deportado al no tener ya visa de estudiante, ni de turista, ni de nada; medio año en prisión, medio año donde se libro de todo gracias a su cuate Luis que lo conecto con el departamento de trabajo social para que pudiera enseñar arte y literatura. Allí acabo el viaje Bogotano. Y de regreso a la realidad nacional, de regreso a la lucha constante porque algún mecenas se interese en unos cuadros pintados por un borracho ex presidiario en Colombia y amante de los gatos. 

En realidad –piensa un poco el pintor- nunca duran en la misma habitación todos ellos y menos si está el gato pardo allí presente. Rocko sospecha, Rocko cree que el gato y pepe son la misma alma que va de cuerpo en cuerpo dejándose respirar para poder seguir gorreando su presencia, aunque claro pepe siempre trae comida (pasada) y cervezas, mientras que el mendigo gato pardo trae ratones, cucarachas y una víbora alguna que otra vez. El maldito gato no aparece hasta la madrugada cuando sabe que el mundo se ha detenido excepto en ese maldito cuchitril,  mientras que pepe se aparece a cualquier hora, siempre y cuando el gato no ande cerca. 

Pepe con su horrenda y calva cara lanza una última y lastimera mirada a Rocko; siempre es igual, siempre antes de largarse le da esa mirada que atraviesa la tela raída y le deja adivinar un poco sobre lo que piensa el hombre que esta de espaldas, se despide y vuelve a salir a la calle, son apenas las 11 am. Es ya casi medio día medita, después de otra de esas madrugadas donde el gato pardo vino a comer y el maldito adefesio de pepe llego horas después con unos cuantos bollos insípidos, duros y pasados mientras en la mano derecha agitaba con vehemencia las latas de cerveza blanca. El gato ha llegado después de su cacería matutina y deposita sobre una de las sandalias viejas de la mujer que ahora duerme como una jodida larva en el sofá cama de su habitación una rata vieja y gris. Rocko no sabe porque pero algo en la rata le intimida, algo en ese pedazo de tendones, pellejos, piel y sangre lo domina por completo, le borra el cerebro y lo atiza contra el fondo verde de las paredes de la casa.

-carajo MJ de donde sacaste esa mierda? Lanza sin esperar respuesta mientras el gato se arremanga las botas delanteras con la lengua y lanza un ronroneo lento y grave. Lento y profundo hasta el alma de Rocko.
*Destruye el cuadro, destruye el jodido cuadro* le grita desde la preciosa soledad de su voz gatuna el viejo MJ; el gato pardo  le voltea a ver antes de finalmente echarse sobre el cuerpo desmadejado de la mujer.

Es Rocko quien esta desconsolado, sabe que ese cuadro es una mierda, el gato lo sabe y él le cree a ese gato. A ningún otro gato le cree tanto como a MJ. Destruye el cuadro con una garrafa de aguarrás que guarda siempre bajo el lavabo del baño. Aprovecha para tirar de la cadena que aun guardaba la mierda depositada horas antes en el mausoleo de color grafito. Golpea el lienzo perforado que cuelga a pocos centímetros y lanza un grito ahogado que solo el gato escucha. Corre hacia el baño donde vomita todo el tinto, toda la mierda de los últimos diez días que ha pasado bebiendo tinto.

SR Enero 2013

jueves, 7 de febrero de 2013

Noche complicada

Noche complicada

-Papi, a donde viven los reyes magos?

-no lo sé hijo, es probable que vivan en algún lugar desértico, por aquello de que tienen camellos.
 
-todos tienen camellos?

-tú lo sabes bien Carlos, tienen un elefante, o por lo menos alguno de ellos.

-cada uno trae un regalo? 

-vamos hijo, cada año es lo mismo. Te contesto lo mismo y tú simplemente decides repetir las preguntas. Ya vete a dormir o no te traerán nada. 

 -buenas noches papi.
 
-buenas noches Carlos.
 
Esa noche el acto de traerle juguetes a un niño desapareció de mi ritual. Deje en su lugar una botella vacía de ese vino tinto barato al cual me había aficionado hacia poco menos de 3 meses; sin cuerpo, sin sabores diferenciables, simple y llano alcohol que entraba en mi torrente. En una mesa de poco menos de 2 metros me senté a beberlo como cada noche durante los últimos tres meses. Escuche claramente cuando llego mi esposa del trabajo y me lanzo esa mirada poco menos que triunfalista. *no te levantes, ya cene* ni quien pensara en hacerlo, seguramente ya se la cogió el tipo que le ofreció trabajo en una oficia de gobierno. No lo culpo, antes de que pasara por mis caricias tenía un buen culo. *que bien* contesto como si mis labios tuvieran sellador y la observo descalzarse y servirse un trago de refresco. Siempre ese jodido trago de refresco.

-Es 5. Lo sabias verdad?

-claro que lo sabía, pero ya es grande. Debe aprender.

Mi respuesta favorita para todo. Siempre la digo y mi mujer –mancornadora o no- ya lo sabe *le compre ese videojuego, como ves?* suelta despacio mientras saborea los residuos del refresco entre los labios pintados de rojo fuego que probablemente menos de 15 minutos atrás estaban prendados al cuello del licenciado en ciencias políticas que a la sazón de todos los santos fue designado por el delegado como miembro activo del sindicato de empleados coge mujeres casadas. No contesto y apuro nuevamente el trago de esa botella llena de sueños y esperanzas que me aguardan toda vez que se apaguen las luces.

-está bien, espero que esta vez sí le guste

-llevaba semanas pidiéndolo…Otra vez estas borracho… No lo dice como pregunta sino como una oración completa que se acaba de fermentar en esa botella ancha que ahora se llena de ideas en contra mía, como si antes no le agradara que la recibiera con el tufo de uva pasada y vomito que se queda dentro por primera vez en muchos días.

-lo sé. Llamo Karla, pregunto si vamos a ir al recalentado de reyes mañana…. Siempre me aguarda con sus oraciones hechas, como si no fuese posible que mis neuronas todavía respondan ante el universo y sean capaces de interpretar tres botellas de tinto que compre apenas unas horas antes para probar que las puedo ver y no consumirlas.

-tengo mucho trabajo. La llamo luego. Dice mientras observa que miro a la distancia la cola suculenta de la artista que está en pantalla; en realidad no debe serlo tanto pero el conjunto que utiliza en el capítulo que amenaza con romper los parlantes del aparato  me ofrece una visión sublime de un universo alterno. *carajo ya casi son las 11* esgrime como si fuera un decorado más de la habitación, camina de un lado a otro de la sala con aquellos diminutos pies que casi estoy seguro minutos antes estuvieron en la boca de su jefe, porque no hay nada más sensual que meterse los dedos de esa mujer en la boca y arrancarle orgasmo tras orgasmo con la lengua y los dientes succionando, lamiendo y mordiendo sus delicados dedos.

-en el horno esta la pizza… maquinalmente pienso sin expresar nada y la observo encaminarse a la cocina donde abre la puerta del horno, lanza un *uff* que suena reprobador y escucho atentamente como devora un trozo de pepperoni y queso doble. Los días de fiesta pido con anchoas para hacerla emputar, hoy no hubo suerte. *Quieres bajar el volumen a eso?, Carlos no ha de poder dormir con semejante escándalo*. Recuerdo poco a poco en los espacios que va dejando el alcohol que ella aparentemente ya había cenado, pero aun así devora con ansia famélica el trozo más frio que mis entrañas de masa, condimentos y queso.

Le doy gusto por una vez en la vida y observo en silencio como la protagonista mueve las nalgas suculentas propiedad de algún político o tipo con suficiente dinero para darle tremenda culeada. La botella vuelve en mis recuerdos a mis labios y el sabor de esas uvas de algún lugar cercano al desierto de Atacama me besan; centro mi mirada en mi esposa que sigue yendo y viniendo de la cocina tratando de encontrar algo más que acompañe a la mísera porción de pizza que le he dejado. Escucho el ruido del frigorífico gastando luz a lo pendejo mientras ella desesperada con su hambre de gran cogedora, lo ausculta cual si de una doctora se tratase *no vas a encontrar nada, hace falta ir al súper* suelto para que me escuche y en su cabeza se formen las letras que le dan sentido a la frase *puta madre, nunca hay nada* espero en vano que venga y me arme una escenita de odio, odio por mi vida, por mi forma de beber y por su calentura de abrir las patas para que la preñara hace casi 15 años cuando aun tenía un poco de tetas y una buena cola para enamorar a cualquiera que no fuese un fracasado-coge poco- y sin problemas de alcohol.

No dice nada, y es ahí cuando en realidad me preocupo. Normalmente a cada discusión procede una noche de buen sexo cuando remojo (un decir porque ni de coña que dejo de usar condón) mis cosas en el esperma del pendejo que se la anda tirando para sentirse muy macho. *en el segundo cajón hay un par de jugos* parece no escucharme pero noto como camina cual autómata hacia la alacena de color rojo que hace juego con los condones que compre apenas unas noches atrás. *quiero el divorcio* lo dice tranquila como si de una simple lista de súper se tratase, sigo mirando la televisión y la protagonista alza un poco más la pierna dejando que imagine el coño dulce que debe esconder bajo la micro falda que usa.

-ahorita ya? Discurro cual si fuese un comediante frente a una pared de críticos y escuchas que amablemente le dieron en la madre a su noche para irme a escuchar hacer el ridículo mientras la mujer de la televisión se entrega a su amor y dice frases como: *te amo* y *te querré siempre* que suenan a clichés baratos tal cual son. Me levanto del sillón en el cual me encontraba y le magreo suavemente una teta. Lo hacemos allí sin amor, sin pasión siquiera pero con el suficiente compromiso para retardar nuestro adiós por un par de noches. Atrás se quedan las tres noches que seguramente se fue a revolcar con el tipo que firma sus cheques, atrás de todo se esconden los verdaderos motivos de mi forma de beber y es que no siempre resulta placentero que un niño se quede sin un hermano por culpa de un bastardo que en lugar de frenar en el semáforo en rojo acelere para llevarse entre las llantas toda la paz y armonía de un hogar que horas atrás hacia planes para llevar a sus dos niños a tomarse una foto con los padres radiantes que esbozaban tremendas sonrisas. El niño muerto se revela cada que ella abre las piernas y enseña los calzones negros que comenzó a usar cuando el auto de color ídem arrebato al hijo que hoy cumpliría los 14 años y en su lugar tiene a una madre que le viene valiendo un pito a quien le abre las piernas y un padre que compra botellas de vino al mismo ritmo que aumentan sus latidos cada que aparece esa mujer delgada en la pantalla con sus caretillas y sus tetas falsas.

*mañana te dejo la tarjeta para que vayas al súper, por favor no compres mas tinto* suelta tras cepillarse los dientes. *no te preocupes, ya termine esta semana* auguro con poca convicción y es que apenas se viene el jodido retorno a clases cuando Carlos deje el laboratorio familiar y se reconvierta en una persona con ilusiones y esperanzas.

Enero 2013