Borrasca de cemento
Una vez más, respira: jala oxigeno, no es difícil solo basta exhalar y respirar como te enseño la vida; 1-2, 2-1, respira, deja pasar el aire a tus pulmones; continua extenuándolo, no dejes que la calma llegue, revienta el 1-2, exhala la mierda de tus neuronas que pugnan por dejarse ir. Vamos, rompe el dique de esa comida que horas antes engulliste, escúpelo! Golpea el suelo, llora, vomita y vive! No te ahogues, no todavía. Gírate sobre el suelo, has a un lado el calor emanado de tu cabeza y que discurre alegre y mortalmente por tu cabello largo. Carajo! Levántate, levántate y péinate! No es difícil, primero un pie, luego el otro; dobla las rodillas y auxíliate en los codos, no importa que se raspen, no importa. Aire, entra un poco al seguir bombeando el vomito de lado y que deja de inundar tu cerebro. Ponte en pie soldado! Es momento de que te levantes y abras la maldita caja. En el fondo, lejos, lejos, tan infinitamente lejos se escucha el canto de esas aves de corral marcando territorio; has lo mismo, que tu espíritu marque territorio y se niegue a abandonar tu cuerpo, pese a que este se encuentre ahogado en los vinos baratos que has robado de esa casa que te ha recogido cuando ya no tenías a donde huir.
Esgrime ideas, vamos! No te abandones y sal pitando, los mocos te saben a vomito pasado pero no importa, no importa si te taponan el aire, si taponan todo. Comienza a hilar ideas, recuerda quien carajos eres, que día es, donde estas, que comiste, que bebiste, que bebiste, que bebiste. Arroja las ideas en forma de vomito, arrójalas a la estratosfera, arroja el plexo al techo de color cielo…es diciembre, es 21 de diciembre. Son días de fiesta y tú has bebido toda la semana como si no hubiese mañana. Es diciembre, es 21 de diciembre y el pelo te sabe y te huele a vomito rancio. El suelo te sabe a vomito. No te puedes poner en pie y hace apenas dos instantes estabas ahogándote con el regreso maldito de esa cena que te preparo tu madre o quien asume tal papel por el momento. Es 21 de diciembre y estas solo. En el ambiente hay 4°c y el disco que sonaba hace muchas horas que se ha callado. Levántate! Es 21 de diciembre, mañana tienes trabajo. Mañana el vomito que te ha venido a causa del Don Pedro y la carne en chile rojo no existirán mas, serán solo otra mancha en el piso y en la ropa. Es 21 de diciembre y hace frio en el suelo. Estas a unos días de navidad y los de la familia seguramente reprocharan tu espíritu destructivo. Es diciembre y no recuerdas nada acerca de cómo es que estas besando el pavimento, no sabes cómo es que te duele la rodilla y el pantalón de mezclilla trae un desgarre gigantesco que se complementa con una mancha de sangre coagulada. Es 21 de diciembre y tienes el trasero congelado por estar demasiadas horas ya tirado en el suelo. Es diciembre y el sueño intranquilo donde te mueres ahogado en vomito de Don Pedro y carne de res bañada en la salsa roja es un recuerdo dolorosamente real, pruebas el vomito retenido aun en la boca, y el dolor de los problemas amorosos no desaparece.
Vamos! Con un carajo levántate! Sé que has dicho que este es tu ultimo invierno, pero ponte en movimiento porque eso es falso, mientras recuerdas que es diciembre, que bebiste un tanto por el dolor físico, pero que en gran medida es por el sufrimiento crónico, recuerda que no te puedes morir aun. Es diciembre y debe haber 4°c, ya sé que no quieres ponerte en pie y recordarla, recordar el espasmo mental que te provoca el rememorarlas, acordarte de ella y todas las otras. Quieres morir, pero no puedes, no todavía, tienes 21 años; tienes que ponerte en pie y ver como en un invierno mas vas a conocerla, tienes que superar este 21 de diciembre y su madrugada helada para conocerlas, a ellas dos. Son 13 meses más antes de que amaine el recuerdo de su cuasi perfecto rostro y empieces a soñar con la chica de la cara de rata. Acuérdate, es 21 de diciembre, son 21 días mas un mes desde que llegaste a esta casa. Ponte en pie, lentamente, son las 4 o tal vez 5 de la madrugada y has vomitado el suelo y la ropa. Has bebido 2 botellas enteras de Don Pedro tu solo y has llorado con esas canciones de desamor imposible. Te duele el brazo por la caída reciente, pero te duele más el cuello y la pierna porque casi te morías ese otro día al no pisar bien. Recuerda para siempre que son 2 comidas que ya no quieres más, es esa sopa aguada y esa carne en salsa roja que ahora te repugnan a muerte. Casi te mueres por ellas. Es 21 de diciembre y hace mucho frio; pero en el fondo, el frio viene desde adentro, desde el hoyo que te dice que estas tirado en el suelo completamente perdido en el alcohol y los recuerdos en medio del patio de esa casa que te ha adoptado como hijo natural.
Quieres a tu familia allí, de pie junto a ti, observándote mientras te revuelcas en tu propia saliva y vomito, sabes que es imposible; no hay más madre que te limpie o padre que te saque de la mierda, no hay más otros dos tipos que te hagan reír o llorar según corresponda el caso. Es 21 de diciembre y estas derrotado porque no puedes sacarte de la cabeza a esa chica que tenia novio; no puedes evitar que los casi dos litros del destilado de uva se incrusten en el hígado. Es 21 de diciembre y la boca te sabe a vomito, vino y tierra porque estas solo y te estás muriendo solo.
Levántate de ese piso helado que tiene una mancha fija de por vida mezcla de los jugos gástricos, saliva y comida! Ya tienes abundante mierda que no recuerdas, no puedes huir de otros rostros que te perseguirán hasta que el tratamiento este completo. Espera! Tienes que recordar, tienes que empezar a recordar que es 21 de diciembre, tienes 21 años, bebiste mucho Don Pedro sin hielos o coca y antes de eso cenaste algo que llevaba chiles rojos acompañado de una pasta blanca que ahora tienes en el cabello y la ropa. Levántate, abre los ojos vencidos por la carga de la soledad y el exilio propio y ponte en pie! Abre los ojos. Una vez más, pese a que te cueste hacerlo como cada día durante los últimos 5 años que has sido consciente de tu infelicidad. Es 21 de diciembre y no te puedes dar por vencido. No todavía, no cuando aun falta que te rechacen otro par de ocasiones y que después te quiebres para toda la eternidad. Falta. Falta. Levántate! Aun no llegan tus sobrinos, aun tienes que estudiar algo, una mierda pero todavía te falta demostrarle al condenado universo de vías etílicas y estrellas envinadas que no has dicho la palabra mágica que finiquite todo. Te falta dolor aun y luego la aceptación de tu destino, de que estas jodido pero en realidad ya no te importa. Es 21 de diciembre, son las 4 o tal vez las 5 de la madrugada y el frio invade y nubla tus articulaciones, eres disfuncionalmente otro humano. Es 21 de diciembre y no te mueres ya, pero tampoco estas en pie, sigues tirado llorando porque ella nunca te querrá. No te preocupes, ella –la que viene- tampoco lo hará y continuaras solo y jodido, pero encontraras que no te has equivocado, que escogiste el camino idóneo. Pero antes, para llegar a eso, necesitas ponerte en pie, abrir los ojos, llevar el antebrazo a los labios y quitarte de la boca el vómito seco.
Es 21 de diciembre y tienes 21 años, has estado viviendo solo por 4 meses. Has bebido solo desde hace 4 meses. Llevas casi 4 horas sin recordar o saber nada. Te has caído y has vomitado todo a tú alrededor. Estas idiotizado por una chica llamada Lidia que tenia novio y solo te uso. Trabajas de 8 a 6 y bebes de 6 a 6. No tienes hijos, no tienes educación, no tienes pareja, no tienes nada. Levántate y cambia eso, por lo menos uno de todos esos rubros lo vas a cambiar. Levántate y enséñale al pinche universo que en realidad el viacrucis recién empieza al tocar fondo.
Levántate, levántate y anda cual si de una historia bíblica se tratara; vamos, ponte en pie, levanta un parpado, levanta el alma, sostente sobre ambos pies y busca tu cama como en antaño lo hiciste. Mueve un dedo siquiera, mueve la mano como sosteniendo el universo en cada fragmento que termina dentro de ese baño. Escucha, pon atención, pon toda la jodida mente en ello, son casi las 5 de la mañana, ya comienza el vaho matutino y eso te acompañara todo el día junto a la sensación de pesadez en los huesos y en el alma, porque recuerda que todavía crees en ella. Anda ponte en pie y corre a tu cama, corre a tu almohada hecha de esperanzas como la de aquella noche cuando deseaste no regresar después de ver a tu abuelo muerto. Todavía no te rindas, todavía no es momento. Te falta mucha mierda por vivir, te falta mucha historia por recorrer… o al menos eso quieres creer porque al final de cada día te esperara ella allí, te esperara con su delicioso buqué a uvas fermentadas o lúpulos pasados por agua y fuego. Te acechara durante las mañanas y los días que se sucederán de manera interminable mientras la gente a tu alrededor esboce las sonrisas de la avaricia; tienes que ponerte en pie y sostenerte contra el mundo, siempre contra el carajo mundo que te va a escupir al demostrarte que en realidad no hay futuro, no hay mas allá, no hay historia “final” con los créditos en pantalla. Es la nada, la película que jamás terminara con los créditos para que alguien más los lea. Dobla las rodillas, apóyalas en el suelo frio de cemento que tiene la mancha de vomito encharcada a apenas unos centímetros de tu cuerpo, son las cicatrices de guerra, son las marcas de otras derrotas que indefinidamente te atormentan y te impiden ser feliz. Es 21 de diciembre y son casi las 5 de la mañana.
SR Febrero 2013
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