jueves, 22 de marzo de 2018

Agridulces

Agridulces

Ríes,
es probable que no mucho,
meses de zozobra,
de llanto mezclado con
ansias.
Estás triste ahora,
pareciera que
las rachas negativas
son contagiosas.
Que aparecen
y crecen,
mutan;
todas en torno
a tu cabello
azul,
a tus dientes
imperfectos,
lagrimas vivas
llenas de vitalidad,
arrojo.
Y los bosques arden;
te niegas a caer,
mientras todos
se sumergen;
volteas al cielo
arrasado por ventarrones,
lloviznas inclementes.
Gritas, sin esperanza
de que la fuerza
se detenga.

+++++


Había pocas posibilidades,
sus besos lejanos,
en el olvido
las caricias del invierno,
fenecen los sentimientos,
en pos de la vigilia
y los alaridos,
a la noche, a la luna,
sin cesar, con fiereza,
las frías manos que
se cierran
aligerando la carga
de los sentidos,
perdiéndose en la oscuridad,
con hojas cayendo,
pequeñas gotas de rocío.
Sigues esperando
los vaivenes del
mar.


++++++++++++++++
 

Hay dos vasos,
desparramados,
antes repletos
de alcohol barato.
Lamentas el hecho,
sintiéndote peor;
ante la soledad:
ves la nada,
el foso,
los insondables,
cataclismos que
avanzan, sin
prisa o pausa,
con la misma
celeridad
con que te hundes
en el dolor,
pareciera ser infinito;
retorciéndote,
sin cerrar los ojos,
apenas siendo consciente.
Lamentando
el seguir aquí,
apenas con tu alma
marchita,
indivisible,
en los tragos
de pequeña
realidad que se asoma,
para rasgar,
y eliminarte.
Dejándote tirada,
ante la desgracia.
 

++++++++++

Sigues destruyendo,
todo arde
ahí donde apareces,
con los pies plantados,
con una rapidez inaudita,
apenas creíble ante el
caos que crece,
desdobla sus fauces,
los vítores del
fin, eres una pandemia,
dejando muerte,
cuerpos,
vidas finiquitadas.
Todos te lo dicen:
no eres el centro
del universo,
pero pareciera que si de
su vida,
de sus sueños,
miedos,
ansias,
y las pequeñas marismas
que le corrompen el
cerebro.
Vas de vida en
vida,
acabando con todo
apenas sin pedazos,
rastros de llanto
desposeídos.
Esa es tu única
finalidad,
tu sentido principal
de existir.
Vives para el fin.
 

SR Primavera 2017

viernes, 2 de marzo de 2018

cerca de la medianoche

Hace tanto que no escribo nada o que no pienso en nada que pueda ser medianamente convincente para escribir, que literalmente siento como si nunca lo hubiera hecho, como si alguien más fuera quien traslado a las hojas las historias que durante años he hecho pasar como propias. ¿Tiene sentido eso? Probablemente no, y sólo sean los remansos momentos de calma donde los problemas aún no han comenzado, porque siguen ahí, esperando por el momento idóneo para comenzar a desembrollarse, tan lento y tan cruelmente como puede ser un fragmento de pasado y de presente unificándose para tronar el futuro, ese momento que sin duda está más cerca de lo que he querido vaticinar.

Los pasados meses han sido complicados, diría que una montaña rusa, pero eso es muy común, prefiero usar un término local: unos condenados canguros metálicos, de pequeña feria popular que atrae a los incautos con sus puestos de comida barata, con baratijas llenas de oropel y sobre todo con un momento de sano esparcimiento. Pequeños sitios que todos hemos visitado y donde abundan atracciones la mar de corrientes y chafas, pequeñas imitaciones de bajo presupuesto de otros sitios más caros y profesionales, aquí nadie se hace responsable de las muertes, aquí todos somos pequeños injertos de mierda de la más baja ralea. Pero ahí, en medio de toda esa mugre y cochambre de cientos de miles de sitios visitados con pequeños y grandes de mierda, hay atracciones tan complejas como los canguros. Alguien creyó que ese era el nombre más idóneo para una suerte de riel metálico por donde ruedan sillones unidos por fierros y por cojines duros de miles de batallas. Condenados gritos de aquellos que aun sabiendo lo jodidamente aterrador e inseguro que es, nos montamos esperando que la adrenalina no acabe con nosotros, eso ha sido mi vida. Adelantes y atrás con sonidos metálicos y una consola musical que toca los condenados acordes de desgracia sin igual. No me ha ido tan mal, no me ha ido mejor.

¿Porque vienen a mi mente sólo imágenes de esos lugares de cuando era niño? Probablemente porque en aquel entonces no te preocupaba el futuro, es más no estabas consciente de que tenías uno, nadie lo está, al menos no alguien con tu pasado, con ese jodido existir despreocupado porque tenías una familia, tenías una casa, tenías mascotas y jodida televisión que te hacía las tardes de una vida tan tranquila muy felices. Mientras jugabas al pequeño burgués de mierda, todo a tu alrededor colapsaba y se hundía, pero seguiste creyendo que nada afectaría el futuro, ahora estas en él y preferirías ser menos ingrato con lo que has tenido, con lo que tienes, con lo que te espera; al final sabes que nada cambiaria, porque no has cambiado. Pero vamos, vamos no he venido a hablar de esto, sino de la otra cosa, de la otra situación que te impide escribir como deberías, que te impide soltar las frases que durante años te ha gustado esgrimir como propias, aunque desconozcas el significado y la fuerza, o porque te emocionas con letras sueltas al azar que describen perfectamente los errores y las falencias que has cometido. Pasa de la media noche y sigues escribiendo sobre algo que no tiene sentido, sobre la perdida de las pequeñas letras que te hacían dormir como un bendito porque al final de cuentas sólo eran los malos pensamientos que no te dejaban concentrarte, que únicamente te hacían salir al paso de las cosas, de las muchas cosas que han sucedido desde que tienes consciencia de que el tiempo avanza, y que has empequeñecido sus designios. El futuro te ha alcanzado chaval, y te está rebasando.

Tienes la cabeza revuelta, eso lo puedo ver, tienes muchas historias llenas de actos cobardes, de valentía estúpida y sentimientos mierda que a nadie interesan, porque al fin y al cabo los momentos que seleccionas son aquellos dónde, aunque pierdas, terminas siendo el héroe injustificado, ¿Por qué no mencionas esa tarde de hace dos años? ¿Por qué no mencionas los errores que has cometido al tratar de ser estúpido? ¿Por qué no sigues de frente escribiendo aquellas cosas y aquellas graciosas fantasías donde el mundo gira sólo en torno tuyo, y donde los ojos del universo son tus ojos? Me gustaría escribir y leer algo que no tuviese un sólo rastro tuyo. Donde los golpes fueran simplemente ocupaciones de gente. Gritos y llantos perdidos en un buzón telefónico o pequeñas diatribas donde el miedo más grande es vomitar los osos de goma que robaste de la tienda. Quieres escribir cosas perdidas, pero te delata la falta de pericia que tienes para unir las inconexiones de la historia con tus prejuicios y oraciones salvajes que terminan en erecciones monumentales con dedicatoria a las monjas de culo rosado y peinado extravagante. Largos suspiros con apenas resuello para soltar espacios de grito y odio hacia lo que eres, donde crees que empieza la dinámica, donde crees que termina la ilusión de sentirse dominado, de sentirse desnudo sobre una mesa de concreto en medio de un picnic, toda la familia reunida en torno a unas pequeñas fosas, a insectos que deambulan porque se ha llegado la hora de siempre, de toda la cochina vida, de odiseas infinitas que derrumban las esperanzas en ese sepulcro de concreto de quien sabe cuántos pisos venidos abajo por la acción de un siniestro golpe de suerte, estamos reunidos aquí para conmemorar la muerte, la desolación y el orgullo que nos rodea, que nos alimenta y nos vuelve fuertes en comparación con otros individuos que día a día, noche a noche, se esconden en pequeñas bolsas de excremento. Así son las noches, así son las mañanas de más de media hora de golpeteo injustificado, mientras el resto del universo sueña con las tetas del mañana; el mismo mañana que has convertido en pequeñas historias corruptas, porque en ellas apenas asoman tus verdaderos miedos, el amor, el odio, la tranquilidad por la muerte de aquellos que te rodean, cayendo uno a uno, con dolores y achaques que sin duda los justifican. Es casi la una de la mañana de un miércoles que ha sido tan complejo como las tetas de la virgen, nadie habla de ellas, pero seguramente el niño dios le dejo marcados los pezones con tanta fuerza que muy probablemente nadie la volvió a tocar sin dejarse ahí el miedo. ¿Quién coños quiere el coño de la virgen? La señora es un mito, aunque eso bien podría ser otro mito, un complejo entramado de mitos que desvanecen los gritos que tenía al principio. Cuando comencé a hablar de mi falta de letras, de mi incredulidad hacia la vida y los momentos mágicos que quedaban retratados, mientras el coño de alguien recibía el justo premio por obra y gracia del espíritu santo. Ahí van mis pocas neuronas a un drenaje, ahí van los minutos transcurriendo para evitar que los débiles se suiciden usando ropa negra, ahí van las pequeñas luces que forman las jaquecas que recorren mis neuronas. Son días oscuros para los amorosos; sin embargo, de vez en vez uno que otro logra obtener lo suficiente para salir avante y escupirnos en el rostro que ellos son felices y nosotros no, eso sin duda nos hace alegrarnos y sentirnos exultantes porque sin duda anhelamos ese condenado amor puro que otros se profesan. Yo lo quiero para alguien cercano, no le pediría para mí o para ella, porque estamos a gusto con lo nuestro, con nuestra compleja vida, nos queremos por encima de los problemas graves y eso nadie lo puede sobrellevar, preferimos hacernos daño que alejarnos, porque en el alejamiento esta nuestra desgracia o lo mismo que otros dicen que lo sea, no tengo mucho sentido al respecto, porque sin duda los días son pequeñas capsulas de lo que en un futuro seremos. Así lo quiero ver, como pequeñas y jodidas capsulas de mierda que nos obligan a sentirnos pequeñas copias al carbón de un hijo de puta que nos jodió el destino, porque no uso condón, porque no quiso estudiar, porque odiaba la vida, porque le gustaba el trago, porque tenía miedo al fracaso, porque tenía más miedo al éxito, Porque se sentía más a gusto consigo mismo sintiéndose la reencarnación de un condenado a muerte por hijo de puta, porque tus gloriosos glúteos nos lleven a la redención y finalmente porque todos los hijos de puta abundantes en el mundo son desgracias que sin duda nos agrada saber que existen, porque de la misma manera que sentimos una satisfacción muy clara cuando un hijo de puta con senos y pene nos enseña lo que el doctor y dios no le quisieron quitar, todo va en una sola dirección. Nos hemos jodido, estamos jodidos sin apenas ser conscientes de que los días y los segundos van erosionándonos la mente, como un monte perdido ante la inmensidad del agua. Los días de terrible soledad están ahí, guardados, anhelando que seas tan estúpido como para ser orgulloso, o que al final decida aparecer un hijo de puta que te haga el favor de robarte todo lo que amas y correr a esconderse en los tráileres de una feria popular que sin duda mañana lo trasladará a otro lugar donde hará lo mismo con algún hijo de puta tan poco o menos importante que tú.

Son pequeños días complicados, la vida es complicada. Madura hijo de perra. aprende que nadie es mejor que tú, pero tampoco peor que tú. Eres sólo mierda fresca y liquida.

SR Otoño 2017