viernes, 1 de marzo de 2013

Terquedad

Terquedad

Noche de invierno, el hombre sin camisa que se asoma por la ventana de aquel cuarto feo de un edificio gris esboza una sonrisa que no delata mucha alegría. Abre la puerta color hueso y saluda al otro hombre que lo mira con cierta aprensión.

-hey que pasa hermano?

-nada viejo, puedo pasar?

-ya sabes que si… dice mientras se hace a un lado y permite que ingrese ese hombre que tiene pinta de no haber dormido en varios días. Su pelo chino rubio le cae sin gracia por toda la frente y apenas entra nota el apeste a moho y patas que inunda la habitación principal. El cuarto tenía un pequeño sillón de dos piezas y otro más pequeño orientado hacia el televisor viejo cubierto de polvo, en el suelo se encontraban cascos de cerveza y botellas vacías de licor.

-la gran vida no carnal? Suelta irónicamente el tipo grueso, cerca del 1.85 corpulento y con barba sucia y enmarañada, en la frente una gran cicatriz le cruza prácticamente de ceja a ceja y los ojos rojos evidencian su falta de sueño.

-te entiendo… tu sabes a que he venido viejo.

-me lo imagino, pero siéntate. Quieres una cerveza o un trago de tequila?

-cerveza, por favor… dice y observa como el tipo alcanza el refrigerador color betún, no hay nada en el salvo cerveza y alguno que otro frasco con yerba.

-se conserva mejor sabes (dice al tiempo que señala a los frascos de yerba ubicados en la parte superior del frigorífico de una sola puerta)… espero que no te importe que este un poco caliente, apenas las compre hace un rato.

-no importa viejo. No importa… dice lacónicamente el tipo rubio; debía rondar el 1.90 y era atlético, a diferencia del otro su ropa era fina y los rasgos afilados de la cara denotaban su herencia sajona.

Le da un sorbo profundo y hace una mueca al notar el calor de la bebida. Las burbujas pasan a través de su tracto digestivo sin detenerse apenas mientras en el vientre siente el magma creciente. La maldita gastritis que le pega cada rato. Mira de frente a Jacinto, ve el tatuaje apenas encima del pulgar de la mano izquierda de un círculo encerrando otro círculo. Pasea la mirada por el cuarto, al fondo divisa la puerta de la habitación donde duerme Jacinto y a la derecha el marco del baño. No hay puerta.

-sabes carnal, estu… no termina de decir esto cuando el puño derecho de Carlos se incrusta en su mandíbula. Trastabilla y cae seco… no diré que no lo merezco!

-compro yerba? Dice apenas escuchando el crujido de la mandíbula de Jacinto, mientras este trata de jalar un diente que recién ha sido fracturado.

-20 gramos de la red… alcanza a decir mientras nuevamente el puño de Carlos le alcanza en la nariz… puta madre! En ningún momento hace ademan de levantar los brazos en contra del otro, no tendría sentido ya que Carlos le ganaría limpiamente. No es rival.

Se sacude la cabeza mientras las primeras gotas de sangre manan de su nariz. Se rasca la cabeza de forma frenética y  una pequeña tira de baba llena de sangre le escurre de los labios… con la mano izquierda intenta parar el flujo nasal que ahora cae mas copiosamente frente a sus pies.

-cuanto tiempo estuvo aquí? Vuelve a hablar mientras pega otro sorbo a la cerveza más caliente al estar en la palma izquierda.

-3 días… enuncia Jacinto mientras recibe el impacto en el hígado. Se cae nuevamente apenas jalando el aire suficiente. Arrodillado mientras observa que la mancha de sangre se extiende por su ropa. Instintivamente ubica el cuchillo situado apenas unos 6 metros por delante, baja su cabeza avergonzado y escupe la sangre de la boca que le quema con su sabor a hierro.

-te la tiraste por 3 días ah? No se supone que eras casi mi hermano? No lo grita, no alza la voz, lo dice como en un susurro o eso le parece a Jacinto que ve luces a su alrededor que sabe que no están allí, que sabe que es porque estuvo al borde del colapso. Se sujeta cómo puede el costado y se endereza poco a poco… le rompiste el culo? Pregunta sereno, frio. Paseando la mirada asesina por toda aquella inmunda habitación.

-sí… Sabe que al pronunciar la sentencia anterior se condena pero no tiene nada que esconder, lo  sabía desde el instante mismo que le abrió la puerta a Úrsula. Úrsula Ordoñez. Ex novia y ex prometida del rubio de caireles que le está rompiendo la madre; una chica terriblemente guapa con gran afición por la yerba, principalmente la yerba de ese hombre que esta recargado en la pared despostillada; Úrsula que apenas 4 días atrás toco a la puerta en medio de la madrugada pidiéndole refugio. Medio cartón de cervezas después le tocaba el culo a esa mujer perdida en el humo que subía en espiral por las sencillas paredes de ese cuarto. La niña rica que se va a meter a la boca del lobo, del animal salvaje que aparece apenas bebe y huele el olor a hembra deseosa. Se la tira allí en el sillón ocre mientras apenas le baja el pantalón de mezclilla hasta las rodillas y la embiste con brutalidad. Esa condenada rica a la que le prepara un alijo de yerba porque supone que se va a ir apenas rompa el alba, no la quiere allí, ya traiciono a su hermano lo suficiente.

-necesito quedarme unos días, no aguanto esa vida…Le dice mientras le hace un chino extra con sus dedos al vello hirsuto del pecho de Jacinto. La piel lechosa de esa mujer contrasta con el tono apiñonado del hombre, la vuelve a montar en la cama, hay más sexo y más yerba; se pierden por horas cada cual en sus maquinaciones mentales hasta que él sale a mear al baño y ella lanza la mirada trémula a ese cuerpo con más pliegues de lo normal. Algo le atrae poderosamente de ese tipo y sabe que en cuanto regrese Carlos de su viaje va a preguntar a donde fue. Y va a llegar a ese cuarto ubicado en una colonia popular con apenas seguridad y va a caer sobre el hombre que debe pesar poco menos de 100 kilos, que no es nada guapo y sin embargo la vuelve loca, se quedaría para siempre con el si no hubiese comprado el boleto a Tijuana para luego cruzar la frontera al día siguiente.

-A dónde vas a ir? Pregunta desde el baño en que mea sin importar si salpica o no, si hay agua o una condenada rata flotando en la caja del wáter.

-al otro lado… contesta mientras huele la camisa a cuadros que se encuentra en donde antes había una almohada que ahora ella está usando. Aspira tan profundo como puede y se la coloca sobre su cuerpo tapando los senos puntiagudos de pezón rosado apenas cerrándose un par de botones superiores. Sus bragas negras contrastan con su color de piel, medita sobre algún asunto de suma importancia mientras se pasea descalza por el cuarto observando, cavilando. Mira allá y acá libros tirados, cuadernos sin empastar y muchas hojas con garabatos apenas legibles. Se mete una vez más en la cama cuando regresa Jacinto. Le rodea con un brazo alrededor del cuello y se trenzan en un beso profundo. Sus alientos chocan y ella nuevamente se sumerge en la fantasía de quedarse allí, de afrontar el mundo con ese hombre que fácilmente le saca 20 centímetros y en cuyo aspecto fiero se siente protegida.

Tocan a la puerta, el hombre le tranquiliza y se pone los jeans deslavados y rotos del tiro, entra a la sala y abre la puerta.

-que hay Jacinto? dame 200 de la pastudita… escucha ella mientras se pone el pantalón y se calza los tenis. Se deja la camisa a cuadros y sale al baño.

-claaaaro men… dice Jacinto y mientras va por la mercancía se cruza en el diminuto pasillo con ella. La ve preciosa mientras el chaval que no pasa de los 17 le mira descaradamente. Sabe quién es, todo mundo conoce a los güeros, todo mundo sabe que esa chica es Úrsula Ordoñez, la prometida del güero, del campeón de karate y un matón profesional que hace tratos con la mafia pesada, no la mierda que comercia Jacinto.

-aquí tienes…dice un Jacinto cansando y ojeroso al entregarle el paquete envuelto en periódico al chico.
Justo antes de despedirse del chavo en la puerta. El puberto le dice en voz baja pero segura.

-te va  a matar el güero cabrón.

-lo sé Mati, lo sé… cierra la puerta negra mientras ve recargada en la pared a esa mujercita que le va a costar la vida. Su nariz recta y su pelo café obscuro que contrasta con el blanco de su piel, los ojos avellana que le miran entre aterrados y deseosos. Mira nuevamente los labios apenas entreabiertos que dejan ver la dentadura perlada.

-va a venir aquí inmediatamente, sabe que te surto de yerba y ahora que te vio Mati, prácticamente todo el barrio ya se entero.

-perdón…

-no, no es tu culpa. Yo también me arriesgue.

-solo eso? Pregunta enrollando una de las puntas de su cabella con su dedo índice

-tú sabes que no…

Regresa justo para sentir su mandíbula crujir nuevamente y sentir como caen más piezas dentales. De a mínimo fueron 4 y sabe que ya se chingo. Trae a su mente el recuerdo de esa mujer que ahora se le asemeja a una pequeña ardilla, asustada y caliente al mismo tiempo, adicta a la marihuana y que suele beber hasta que se ríe por cualquier cosa, esa risa que se va apoderando de todo su cuerpo hasta que este forma una sintonía completa. Ya no siente el golpe brutal del pie de Carlos en el rostro.

Abre el ojo derecho, dificulta la venda que cubre gran parte de su rostro. Escucha el bipbipbip de la maquina situada apenas un par de centímetros de sus oídos. Cae la gota del suero que hace eco dentro de su mundo. Intenta mover la boca y la siente adormecida, su saliva no cae por la garganta sino que es aspirada por el tubo que impide que cierre aun más la boca. Logra mover los dedos de los pies y las manos. Se siente aliviado. Suda copiosamente mientras alza un brazo y siente inmediatamente el repiqueteo en el monitor cardiaco. Llega la mujer de cuerpo abultado y uniforme blanco.

-no se mueva señor Velázquez, podría romper la jeringa del catéter.

Tres días después ya no tiene los tubos, ya puede mover pies y brazos, no puede abrir un ojo porque está prácticamente desecho y la boca está encuadrada en fierros que no serán fácilmente removidos, pero esta bien. El dolor va y viene con la frecuencia habitual de una onda tropical en el golfo durante el verano, se sorprende respondiendo al hombre que está a su lado en el cuarto. Se siente lejos de su casa casi deshecha cuando ve aparecer a su hermano Ramón. Igual de alto y fornido pero sin cicatrices, sin golpes de la vida, tiene 3 hijos, sus sobrinos –todos- le llaman “tío Jack”.

-te dieron una putiza compadre.

Asiente como toda respuesta sintiendo punzadas de dolor desde la coronilla hasta la barbilla.

-fue el güero verdad?

Niega con la cabeza y mira de reojo el policía que lleva cuando menos allí plantado desde su ingreso, no pasara mucho tiempo antes de que le pongan las esposas para evitar que huya y mucho menos tiempo para que se le dicte sentencia.

-ya te chingaron carnal. Dice el cuico que te van a dar entre 15 y 30 años por ser delito federal, ya sabes esa mamada de daños a la salud y asociación delictuosa. Mama se la ha pasado llorando desde que te treparon a la ambulancia.

No hace más gestos, recupera su impasibilidad habitual y fija su mirada en el techo, blanco, tan blanco como la piel de Úrsula que si todo ha salido como ella esperaba seguramente ya está del otro lado y se cambio el nombre. Ahora a lo mejor se llama Natalia y sigue fumando esa yerba que la convierte en una hermosa y alegre hippie.

Enero 2013

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