El gato pardo
Un camaro 86 fuera de la casa, importado de hace años cuando Rocko tenía aun cierto prestigio y talento, cuando aún le pagaban por lo que hacía. Dentro de la casa color crema, él pinta sobre el lienzo algo descolorido y ella (su mujer, su complemento, su yang o su simple compañera de desgracias) mira la tele con displicencia. Nadie se mueve por fuera de lo acostumbrado, todos se mantienen en la estática de hace varios años; mientras el gato se encuentra maullando esa balada de hambre que compuso especialmente hace miles de años cuando llego al regazo del hombre. La noche es tranquila como debe serlo en las noches de trabajo.
-el gato tiene hambre. Dice la mujer entrada en sus treinta o cuarentas porque el maquillaje corrido difícilmente deja adivinar si tiene una edad o la otra, mientras con la mano desplaza el control apenas unos 20 centímetros por debajo de su pezón y su pecho fofo. La frase se queda sin respuesta, al tiempo que le lanza una fiera mirada llena de desprecio mierdático al tipo que pinta un cuadro basura. Esa mujer todo amor y todo querer se encarga de recordarle todos los días a Rocko que sus cuadros son basura y no hay ningún elemento que destaque más allá de la necesidad del hambre y el vicio. Pero ahora son las 3:15 de la mañana y el hombre sigue estrujando los pocos bríos que aún conserva sobre el pedazo de tela amarillenta. De vez en vez coge la botella de tinto que esta a los pies del caballete y le pega un trago directo. Sabe a rayos pero es la única mierda que se pueden permitir. Al menos hasta que llegue el próximo aviso del depósito de la beca estatal que aun los mantiene y les permite beber y coger como benditos. El sillón rojo de dos piezas cruje cuando la mujer se endereza un poco y agarra la lata de atún de la comida de hace unas cuantas horas.
Le lanza el recipiente casi vacío al felino pardo que olisquea con desconfianza, finalmente se pone a comer doblando las patas delanteras y traseras con el pelaje pardusco emitiendo sombra sobre las losas del suelo amarillo. Miriam lanza el eructo que el atún procesado hace horas le dispensa, mientras Rocko le da una mirada autocompasiva al felino que devora con gran avidez el alimento que aún no había sido consumido por ese par de humanos imperfectos que lo cuidan cada que tienen para cuidarlo. El gato se desplaza lento y exótico hacia el fondo de lo que antes fuese una habitación destinada a la cocina, allí se encuentra la mullida cama felina hecha con periódicos viejos reseñando las obras de arte de la ciudad (de esa condenada ciudad que alguna vez tuvo la locura y la insensatez de presentar las pinturas del desgraciado alcohólico con su cabello negro agarrado en una coleta), el camastro de desechos se encuentra a los pies de la estufa negra que lleva casi tres años sin usarse.
Rocko empina una vez más el vidrio soplado de esa botella traslucida que contiene el tinto procedente de Italia. $97 costo la mierda y seguramente al día siguiente le tintara los intestinos piensa para sí mientras siente como se desliza por su gaznate el sabor rudo y profundo de esas uvas machacadas por alguna maquina sin alma. Mira por undécima vez al gato que recorre con parsimonia sus largas piernas impregnando su pelaje con el sabor del atún de aleta dorada. Arroja el caparazón vacío del merlot hacia el suelo y alcanza a escuchar el gemido procedente del gato asustado, se le paraliza el corazón por un segundo.
-puta madre, ten más cuidado le podías haber pegado a MJ!
En realidad el gato tenía un nombre menos pretencioso que MJ, pero hace muchos años se decidieron por otorgarle el honor más grande al gato para chingar a su amigo el escritor poniéndole las iniciales de ese chico gordo que le pego al grande cuando en un concurso de letras le publicaron y le pagaron por su cuentito sobre un borracho pintor. MJ Nunca le quiso ceder las regalías por usurpar su figura, pero a cada rato pedía cerveza y tintos. MJ salió de su vida tras unos años pero regreso como ese gato pardo que amenizaba su vida junto a la chica que conoció mientras robaba un autoestéreo. Era de ella el auto y también el estéreo.
Rocko se para derecho y ve la pintura, ve más allá del lienzo y los trazos, se sitúa en el futuro, en el pasado y en otras dimensiones, finalmente lanza una maldición en ese otro idioma que su madre le obligo a aprender pero que difícilmente le consiguió mejores tratos en las galerías y comienza a patear los trastos y paletas de colores tiradas por toda la habitación *es basura, es basura* grita una y otra vez. Y recuerda que todos siempre quieren arte revolucionario y el suyo es realmente malo y sin perspectiva, vuelve a mirar hacia la chica de cabello cenizo que practica una pose de yoga mientras en la tele la basura se agolpa en cada esquina. Rocko lanza el mismo bufido que aprendió la noche que alguien le leyó un poema de esos artistas beat. No sabe de figuras retoricas y no le interesa aprender, porque en el fondo considera que el aquí y el ahora deben ser directos como sus pinturas rebosantes de colores quemados. Para él el arte se compone de figuras que a diario una persona cualquiera se encuentra en la estación del metro o en el puesto de carnitas que frecuenta con la regularidad de un periodo menstrual.
-se acabo el vino? Pregunta indecentemente (después de un rato que a su entender no han sido ni 10 minutos pese a que en la televisión ya se comienzan a amotinar las notas del día anterior y de la noche) a sabiendas que la mujer le va a mandar a la fregada por vaciar nuevamente la botella sin siquiera poner en el lienzo algo que decentemente se deje vender en el tianguis. Ella no contesta, se queda pensativa, se sume en el silencio de una vacía contemplación a los espacios que le proporciona el arte yoga. Justo cuando va a repetir la pregunta o gritarle de porque coños no le contesta suena el timbre cuando el sol ya comienza a asomar por entre la neblina rancia procedente del canal de desagüe a menos de 2 km; el timbre siempre a destiempo para evitar otra de esas peleas interminables donde se recrimina uno al otro el qué y cuándo se acaban las botellas. Es Pepe (que vive secretamente enamorado del pintor después de que una noche de pasión desmedida ambos tuvieron un encuentro espiritual) que llega con su dotación semanal de bizcochos pasados gracias a su quehacer con el panadero; entre pepe y la chica le quitan las partes más comprometidas a los panes, mientras Rocko sigue observando ese cuadro que mezcla su miedo por los animales grandes y la ausencia de mas vino. Seguramente la gorda de los Domínguez lo comprara para regalarlo en navidad o para presumir que en algún momento tuvo la plata suficiente para comprar obras originales a talentos reconocidos por revistas del corazón. El pintor había salido en esas revistas porque alguna vez se tiro a la editora de los chismes, Miriam supo de ello y lo alentó a que le sacara algo de pasta a la vieja vaca, aun recordaban con satisfacción aquellos $2000 por cada mes que le eran entregados puntualmente la editora y con ello pagaban yerba y tintos que no sabrían a nada.
-no entiendo ese cuadro. Lanza pepe mientras le mira el culo disimuladamente al pintor *No sé si estás jugando con el espectador o simplemente te burlas de que no sepas ni madre de técnica y composición pinche Rocko*
-nunca entiendes ni madres.
-no viejo es que si te das cuenta que desde esta perspectiva parece como si hubieras vomitado pintura en el lienzo?
-ya cállate pendejo y acércame una lata de cerveza…porque traes cerveza verdad?
-ya sabes que si Rocko. Dice al tiempo que las pupilas se detienen en el vórtex formado por el canal de desagüe y los árboles en el horizonte que aun no se cuaja con el sol matutino asomándose por la ventana de la parte frontal de la casa *Nunca te dejo de traer tus cervezas* Esta vez detiene la mirada en el escote no generoso sino grosero de la mujer, consiguiendo con ello sonrojarse con las formas desproporcionadas y exhibicionistas de Miriam.
-que pedo pinche gordo, te animas a echarte un bucito o te dan cucú las chiches? Le insinúa salvaje y brutal la delgada mujer a sabiendas de que declinara la oferta con un *nah*.
-nah, paso. Pinches chichis caídas.
-jajajajaja ya escuchaste Rocko, el pinche mayate dice que las tengo caídas!
-razones no le faltaran. Dice sin ánimo de continuar la puya en contra del chico; la última vez que peleo con Miriam por causa del chico, este dejo de traer los panes pasados como tres semanas; semanas duras donde ella retomo su oficio de callejera y el tuvo que trabajar en la construcción por una miseria y jornadas duras.
-tu puta madre pendejo… les espeta y sale dando un portazo a la puerta de plástico que separa el cuarto de la tv del cuarto de Miriam.
-ya la hiciste enojar Rocko. Te la va a cobrar.
-que se calle o que regrese a la putería, a lo mejor eso nos deja mejores dividendos. Sigue sin voltear a otro lado que no sea el cuadro, la aplanadora de colores brilla por encima del tema principal que había ideado en un inicio, antes de comenzar con los tintos. Siempre ha sido así, ya desde que era adolescente en la vieja clase de técnica del tipo procedente de la nacional de Artes, luego se repitió cuando se fue un mes a Bogotá a estudiar y aprender, pero en realidad se la vivía en los alrededores de La Candelaria y en Teusaquillo entrando y saliendo de fiesta y rumba con la gente de la “Blanca”, fiestas interminables donde todos lo aceptaban y lo admiraban por su manera de expresarse, de siempre parar los pleitos sentando a los principales instigadores y por beber, siempre andar bebiendo y pintando. Conoció a Diomar que le patrocino los dos años de estancia por allá, que le enseño el candor del baile y el ritmo al amparo del aguardiente. Rocko le regalaba su espíritu y ella lo paseaba por todas partes de Bogotá mientras escuchaban las reediciones de discos viejos de Jazz. Miles Davis, Dizzie Gillespie, Art Barkley, Charlie Parker, Mingus, Red Garland y John Coltrane; luego era atizarse de yerba mientras el “Bitches Brew” rompía los silencios eternos con su andar cacofónico. Se acabaría al cabo de una pelea –undécima, vigésima- donde le aventó los trapos rotos a la calle. Termino deportado al no tener ya visa de estudiante, ni de turista, ni de nada; medio año en prisión, medio año donde se libro de todo gracias a su cuate Luis que lo conecto con el departamento de trabajo social para que pudiera enseñar arte y literatura. Allí acabo el viaje Bogotano. Y de regreso a la realidad nacional, de regreso a la lucha constante porque algún mecenas se interese en unos cuadros pintados por un borracho ex presidiario en Colombia y amante de los gatos.
En realidad –piensa un poco el pintor- nunca duran en la misma habitación todos ellos y menos si está el gato pardo allí presente. Rocko sospecha, Rocko cree que el gato y pepe son la misma alma que va de cuerpo en cuerpo dejándose respirar para poder seguir gorreando su presencia, aunque claro pepe siempre trae comida (pasada) y cervezas, mientras que el mendigo gato pardo trae ratones, cucarachas y una víbora alguna que otra vez. El maldito gato no aparece hasta la madrugada cuando sabe que el mundo se ha detenido excepto en ese maldito cuchitril, mientras que pepe se aparece a cualquier hora, siempre y cuando el gato no ande cerca.
Pepe con su horrenda y calva cara lanza una última y lastimera mirada a Rocko; siempre es igual, siempre antes de largarse le da esa mirada que atraviesa la tela raída y le deja adivinar un poco sobre lo que piensa el hombre que esta de espaldas, se despide y vuelve a salir a la calle, son apenas las 11 am. Es ya casi medio día medita, después de otra de esas madrugadas donde el gato pardo vino a comer y el maldito adefesio de pepe llego horas después con unos cuantos bollos insípidos, duros y pasados mientras en la mano derecha agitaba con vehemencia las latas de cerveza blanca. El gato ha llegado después de su cacería matutina y deposita sobre una de las sandalias viejas de la mujer que ahora duerme como una jodida larva en el sofá cama de su habitación una rata vieja y gris. Rocko no sabe porque pero algo en la rata le intimida, algo en ese pedazo de tendones, pellejos, piel y sangre lo domina por completo, le borra el cerebro y lo atiza contra el fondo verde de las paredes de la casa.
-carajo MJ de donde sacaste esa mierda? Lanza sin esperar respuesta mientras el gato se arremanga las botas delanteras con la lengua y lanza un ronroneo lento y grave. Lento y profundo hasta el alma de Rocko.
*Destruye el cuadro, destruye el jodido cuadro* le grita desde la preciosa soledad de su voz gatuna el viejo MJ; el gato pardo le voltea a ver antes de finalmente echarse sobre el cuerpo desmadejado de la mujer.
Es Rocko quien esta desconsolado, sabe que ese cuadro es una mierda, el gato lo sabe y él le cree a ese gato. A ningún otro gato le cree tanto como a MJ. Destruye el cuadro con una garrafa de aguarrás que guarda siempre bajo el lavabo del baño. Aprovecha para tirar de la cadena que aun guardaba la mierda depositada horas antes en el mausoleo de color grafito. Golpea el lienzo perforado que cuelga a pocos centímetros y lanza un grito ahogado que solo el gato escucha. Corre hacia el baño donde vomita todo el tinto, toda la mierda de los últimos diez días que ha pasado bebiendo tinto.
SR Enero 2013
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