jueves, 7 de febrero de 2013

Noche complicada

Noche complicada

-Papi, a donde viven los reyes magos?

-no lo sé hijo, es probable que vivan en algún lugar desértico, por aquello de que tienen camellos.
 
-todos tienen camellos?

-tú lo sabes bien Carlos, tienen un elefante, o por lo menos alguno de ellos.

-cada uno trae un regalo? 

-vamos hijo, cada año es lo mismo. Te contesto lo mismo y tú simplemente decides repetir las preguntas. Ya vete a dormir o no te traerán nada. 

 -buenas noches papi.
 
-buenas noches Carlos.
 
Esa noche el acto de traerle juguetes a un niño desapareció de mi ritual. Deje en su lugar una botella vacía de ese vino tinto barato al cual me había aficionado hacia poco menos de 3 meses; sin cuerpo, sin sabores diferenciables, simple y llano alcohol que entraba en mi torrente. En una mesa de poco menos de 2 metros me senté a beberlo como cada noche durante los últimos tres meses. Escuche claramente cuando llego mi esposa del trabajo y me lanzo esa mirada poco menos que triunfalista. *no te levantes, ya cene* ni quien pensara en hacerlo, seguramente ya se la cogió el tipo que le ofreció trabajo en una oficia de gobierno. No lo culpo, antes de que pasara por mis caricias tenía un buen culo. *que bien* contesto como si mis labios tuvieran sellador y la observo descalzarse y servirse un trago de refresco. Siempre ese jodido trago de refresco.

-Es 5. Lo sabias verdad?

-claro que lo sabía, pero ya es grande. Debe aprender.

Mi respuesta favorita para todo. Siempre la digo y mi mujer –mancornadora o no- ya lo sabe *le compre ese videojuego, como ves?* suelta despacio mientras saborea los residuos del refresco entre los labios pintados de rojo fuego que probablemente menos de 15 minutos atrás estaban prendados al cuello del licenciado en ciencias políticas que a la sazón de todos los santos fue designado por el delegado como miembro activo del sindicato de empleados coge mujeres casadas. No contesto y apuro nuevamente el trago de esa botella llena de sueños y esperanzas que me aguardan toda vez que se apaguen las luces.

-está bien, espero que esta vez sí le guste

-llevaba semanas pidiéndolo…Otra vez estas borracho… No lo dice como pregunta sino como una oración completa que se acaba de fermentar en esa botella ancha que ahora se llena de ideas en contra mía, como si antes no le agradara que la recibiera con el tufo de uva pasada y vomito que se queda dentro por primera vez en muchos días.

-lo sé. Llamo Karla, pregunto si vamos a ir al recalentado de reyes mañana…. Siempre me aguarda con sus oraciones hechas, como si no fuese posible que mis neuronas todavía respondan ante el universo y sean capaces de interpretar tres botellas de tinto que compre apenas unas horas antes para probar que las puedo ver y no consumirlas.

-tengo mucho trabajo. La llamo luego. Dice mientras observa que miro a la distancia la cola suculenta de la artista que está en pantalla; en realidad no debe serlo tanto pero el conjunto que utiliza en el capítulo que amenaza con romper los parlantes del aparato  me ofrece una visión sublime de un universo alterno. *carajo ya casi son las 11* esgrime como si fuera un decorado más de la habitación, camina de un lado a otro de la sala con aquellos diminutos pies que casi estoy seguro minutos antes estuvieron en la boca de su jefe, porque no hay nada más sensual que meterse los dedos de esa mujer en la boca y arrancarle orgasmo tras orgasmo con la lengua y los dientes succionando, lamiendo y mordiendo sus delicados dedos.

-en el horno esta la pizza… maquinalmente pienso sin expresar nada y la observo encaminarse a la cocina donde abre la puerta del horno, lanza un *uff* que suena reprobador y escucho atentamente como devora un trozo de pepperoni y queso doble. Los días de fiesta pido con anchoas para hacerla emputar, hoy no hubo suerte. *Quieres bajar el volumen a eso?, Carlos no ha de poder dormir con semejante escándalo*. Recuerdo poco a poco en los espacios que va dejando el alcohol que ella aparentemente ya había cenado, pero aun así devora con ansia famélica el trozo más frio que mis entrañas de masa, condimentos y queso.

Le doy gusto por una vez en la vida y observo en silencio como la protagonista mueve las nalgas suculentas propiedad de algún político o tipo con suficiente dinero para darle tremenda culeada. La botella vuelve en mis recuerdos a mis labios y el sabor de esas uvas de algún lugar cercano al desierto de Atacama me besan; centro mi mirada en mi esposa que sigue yendo y viniendo de la cocina tratando de encontrar algo más que acompañe a la mísera porción de pizza que le he dejado. Escucho el ruido del frigorífico gastando luz a lo pendejo mientras ella desesperada con su hambre de gran cogedora, lo ausculta cual si de una doctora se tratase *no vas a encontrar nada, hace falta ir al súper* suelto para que me escuche y en su cabeza se formen las letras que le dan sentido a la frase *puta madre, nunca hay nada* espero en vano que venga y me arme una escenita de odio, odio por mi vida, por mi forma de beber y por su calentura de abrir las patas para que la preñara hace casi 15 años cuando aun tenía un poco de tetas y una buena cola para enamorar a cualquiera que no fuese un fracasado-coge poco- y sin problemas de alcohol.

No dice nada, y es ahí cuando en realidad me preocupo. Normalmente a cada discusión procede una noche de buen sexo cuando remojo (un decir porque ni de coña que dejo de usar condón) mis cosas en el esperma del pendejo que se la anda tirando para sentirse muy macho. *en el segundo cajón hay un par de jugos* parece no escucharme pero noto como camina cual autómata hacia la alacena de color rojo que hace juego con los condones que compre apenas unas noches atrás. *quiero el divorcio* lo dice tranquila como si de una simple lista de súper se tratase, sigo mirando la televisión y la protagonista alza un poco más la pierna dejando que imagine el coño dulce que debe esconder bajo la micro falda que usa.

-ahorita ya? Discurro cual si fuese un comediante frente a una pared de críticos y escuchas que amablemente le dieron en la madre a su noche para irme a escuchar hacer el ridículo mientras la mujer de la televisión se entrega a su amor y dice frases como: *te amo* y *te querré siempre* que suenan a clichés baratos tal cual son. Me levanto del sillón en el cual me encontraba y le magreo suavemente una teta. Lo hacemos allí sin amor, sin pasión siquiera pero con el suficiente compromiso para retardar nuestro adiós por un par de noches. Atrás se quedan las tres noches que seguramente se fue a revolcar con el tipo que firma sus cheques, atrás de todo se esconden los verdaderos motivos de mi forma de beber y es que no siempre resulta placentero que un niño se quede sin un hermano por culpa de un bastardo que en lugar de frenar en el semáforo en rojo acelere para llevarse entre las llantas toda la paz y armonía de un hogar que horas atrás hacia planes para llevar a sus dos niños a tomarse una foto con los padres radiantes que esbozaban tremendas sonrisas. El niño muerto se revela cada que ella abre las piernas y enseña los calzones negros que comenzó a usar cuando el auto de color ídem arrebato al hijo que hoy cumpliría los 14 años y en su lugar tiene a una madre que le viene valiendo un pito a quien le abre las piernas y un padre que compra botellas de vino al mismo ritmo que aumentan sus latidos cada que aparece esa mujer delgada en la pantalla con sus caretillas y sus tetas falsas.

*mañana te dejo la tarjeta para que vayas al súper, por favor no compres mas tinto* suelta tras cepillarse los dientes. *no te preocupes, ya termine esta semana* auguro con poca convicción y es que apenas se viene el jodido retorno a clases cuando Carlos deje el laboratorio familiar y se reconvierta en una persona con ilusiones y esperanzas.

Enero 2013

No hay comentarios:

Publicar un comentario