viernes, 31 de mayo de 2013

Cambio de página

Cambio de página

He comenzado muchas veces esta historia, tal vez no 100, tal vez ni siquiera 20, pero han sido en realidad  un buen número de ocasiones. Lo he intentado iniciar desde la comodidad de la *maría*, de la brutalidad etílica que aguanto cada vez menos y también desde la paranoia constante que significa para mí el estar consciente y sobrio-limpio. Ninguna de esas ocasiones ha funcionado, el papel se enrosca en la pluma o lápices y termina sirviendo de abono a las papeleras, las páginas electrónicas de la computadora se convierten en bits perdidos y ocupados por cosas más trascendentales –como el porno duro-; así ha sido con esta historia; he repasado miles de adjetivos (que tampoco es que sean tantos), realizado cientos de tachones (y aquí en realidad es que creo que si es una cantidad mucho mayor a la supuesta) y muchas, demasiadas botellas de cualquier cosa que embrutezca (y algún día he de tratar de explicar que entiendo por brutal y como es que lo utilizo para saciar mis explicaciones sin lógica de lo que hace el alcohol por mi), cientos de mierdas que han pasado para evitarlo. La historia en si no es diferente a lo demás que hago siempre: un tipo –generalmente, muy generalmente, parecido a mí, con mis propios traumas y con mis propias hazañas- se embriaga mientras reclama al universo –o a Dios, que para el cabo es el mismo y que lo utilizó muy frecuentemente pese a decir desde hace cuando menos 8 años que no creo en él- y le canta letras basura a sus amores poco afortunados –que la mayoría de las veces es para una sola mujer y partiendo de esa dama juego con su propia identidad para que la susodicha no se dé por enterada- y que afortunadamente o no siempre han de terminar esas historias en una frase que parece genial y definidora –cual doble biss en el platillo de 16’’de las baterías al termino de un buen rock & roll-, así escribo; para que negarlo?

Por supuesto que a lo largo de los años han surgido otras cosas menos divertidas, más profundas y sin sentido, que las considero el epitome de mi talento imaginativo (craso error porque a la gente no le gusta pensar que su conocido tiene ideas matricidas, parricidas y bastante enfermas donde todo termina en sangre) y el problema con ellas es que le falta el detonante de imaginar a otros seres humanos debido a que carezco de un sentido de empatía común y corriente. Bueno, más o menos así ha sido desde que comencé a usar las letras para mensajear a esa mujer que me abandono –está bien, está bien, yo la abandone y me arrepentí, y llore, y grite y me convertí en el papa negro… ahora entienden que mi sentido del humor bastante retorcido es otro de los demonios contra los que tengo que luchar a diario- y que rompiese mi corazón hasta fragmentarlo por la eternidad, y esas cosas que tanto uno adolece cuando se siente herido. Ella, la mujer ficticia no la real, ha sido poseedora de curvas más pronunciadas que la actriz más buenota del universo, inteligencia superior al promedio y mucho, mucho sentido del humor para aguantar mis cambios hormonales enfermizos, sin embargo no creo recordarle nada en realidad que la hiciera destacar más allá de lo promedio y de lo corriente –soy muy rencoroso por si no lo habían notado y recuerden que ella me abandono en el libreto público-, por supuesto de repente se entremezclan otros fantasmas de mujeres que también me hicieron mal –estas sí lo hicieron- y termina todo en que esa mujer es igual o peor a las que me hirieron, concepto terminado.

Ella (la eterna ella), sin embargo, entra en esta historia que comencé a intentar escribir muchas líneas arriba por mera casualidad ya que es lo opuesto a lo que todos creen en cuanto la observan por primera vez, podrá parecer medio boba (pese a ser muy guapa) y estar bastante bien físicamente. Descripción? Ojos gigantescos de pupila  negra, pelo ensortijado negro y largo , tez pálida, dientes casi perfectos (en realidad los tiene algo chuecos, pero quien quiere saber sobre una mujer perfecta?), cuerpo delgado, y una miopía que se vuela las bardas –exagero nuevamente- que le permite usar lentes y de repente parecer una maestra cachonda, una bibliotecaria  jariosa o una literata de pornografía rosa; en cualquier negro y malsano pensamiento recae en su físico para mí. Luego intelectualmente es de izquierda, combativa, subversiva y no contradice sus dichos con sus hechos –como yo suelo hacer-, una autentica diosa griega de la izquierda y del feminismo –pese a que no pocas veces la hice por lo menos sonreír con una de mis muchas cualidades de macho latinoamericano del siglo XIX y mi modo tan coloquial de hablar con las mujeres una vez que entro en contacto fraterno con ellas-, tiene nombre por supuesto y se llama Teresa (un acrónimo para evitarme repercusiones gratuitas).

Teresa o “tere” –como suelo emplear para referirme a ella en esta historia- tendría que tener (en la historia) un pasado tormentoso y que alimente su espíritu de lucha, padres muertos por un ejército represor –que bien puede ser el gobierno, la DFS o cualquier brigada de guante blanco que se les antoje- y que ha crecido solitaria, triste y enojada porque sus padres no estuvieron con ella para guiarla físicamente, solo espiritualmente. Luego viene el héroe –que en realidad es un SR bastante viejo y abotagado por los años y años de combate suicida contra la maquinaria económica del mundo- que no quiere serlo, que no quiere sentirse como algo que inevitablemente es, pero ella llega y lo quiere ayudar para rescatar  los recuerdos de ese viejo –SR- y tratar de darle un cierre final a ese pasado tormentoso que le impide ser completamente feliz , hasta que encuentre a un tipo duro y sin malas ondas –que nuevamente es una copia del SR actual- y tenga su descendencia revolucionaria para salvar a nuestro país de la hecatombe política- social y económica.  Ok, hasta allí los dos personajes principales; pero 2 personajes para un relato de cuando mínimo 50 páginas?  Es una blasfemia, no tengo tanto cerebro para darles el poder a dos personajes creados por mí para dialogar por 30 minutos o más hasta que se canse la vista y mejor decida el lector regresar otro día con más disposición de entendimiento a los devaneos de un borracho sádico que ama a una mujer (que ya no lo ama) y tiene amigos que son borrachos y aman las cervezas y las mujeres; entonces? Pues hago lo único que puede suceder para que el asunto discurra alegremente a lo largo de miles de palabras puestas: secciono el problema y creo micro historias donde ni siquiera hablan los personajes principales sino un narrador bastante atrofiado con el lenguaje y enojado con la vida (aunque sigo sin entender la relación de una y otra cosa), y es allí donde muere en cada intento realizado el cuento que cambiara las reglas de la gramática en el país.  Se vuelven cientos de palabras comprimidas en el pecho de un borracho antes de que lo dejen cantar las versiones con mariachi que él se sabe.

Punto y seguido (aunque aquí parezca punto y aparte), abro el paréntesis más grande del que pueda hacerse uso para redactar una historia de esta trama de complejidades socio-políticas e históricas para un ser  poco evolucionado (mentalmente hablando) como yo; aparece el pasado del viejo, el pasado de cómo es que se une a la lucha revolucionaria (que no acaba por convencerme en ninguna de sus aristas)  al que lo hago un guiñapo, un muñeco del destino y dependiente total de lo que una mujer como Valentina (ah el tercer personaje que utilizó para esta narrativa) decida qué hacer con su alma y su cuerpo, la mujer en cuestión –de su pasado romántico- le obliga a tomar las armas vía la guerra de guerrillas dependiendo de la relación entre los grupos de izquierda extrema de extracción marxista-leninista y los grupos económicos del país ávidos por ascender en la escala de poder al interior del partido reinante, es decir la caída de unos postpuberes  por parte de la economía nacional en un remolino de violencia.  Y es allí que vuelvo a caer en el complejidad –que en realidad no lo es- de que todo debe ir encausado desde la óptica de un tipo maleable que es muy capaz de perderse en la serranía Guerrerense con tal de que la mujer que tanto ama –platónicamente- lo ame de la misma manera –de manera carnal y emocionalmente- , he allí el fallo 1; el segundo fallo es la imprudencia inverosímil  de atraer un ataque terrorista contra un ejército mexicano plagado de asesinos que ni los videojuegos más sangrientos podrían poseer, seres cuasi intocables e impenetrables de valor absoluto e incorruptibles, sin plantear un trasfondo de realidad. El tercer fallo es la investigación histórica pertinente a este relato en concreto, ya que acostumbrado a exprimir un texto–cortesía de la formación académica-, no alcanzo a salir de la objetividad pactada y los hechos explicativos de una y otra situación. Así por ejemplo: mientras la mujer se encuentra situada en una Ciudad de México sesentera, se me escapa como es que piensan las mujeres de esa época, que buscaban, que tenía ella en particular para atraer con su sola presencia un grupo dispuesto a morir por ella y no tanto por la ideología que representa, como habla una mujer guerrillera de estos temas, en resumen: tengo los hechos y el contexto pero no el pensamiento que alimente dicha historia.  Basura sin sentido que se vuelve la historia que intento contar.

Eliminado el pasado más remoto del personaje masculino, el tiempo avanza a grandes –si no es que gigantescos- pasos y lo ubicamos 10 años después en el México setentero del priismo vulgar de cine de ficheras y televisión para jodidos, el hombre tiene a su cargo ahora un grupo de jóvenes idealistas –entre los que se encuentran los padres de la heroína- que están planeando un gran golpe de proporciones épicas que cambiara el rumbo del país; error por supuesto el mío al creer que un grupo de chavitos pueden cambiar el país donde todos se hacen viejos apenas cruzan la decena de vida, sin dotarles de un pensamiento político-militante de buenas maneras. El asunto es que allí en ese departamento (situado increíblemente en la narración en la misma colonia donde el viejo SR vive para cuando llega Teresa) los chicos son abatidos por una traición interna (que ya para estas alturas el tema es más que conocido como el plagio del plagio de obras y obras que utilizan este recurso), y se suceden escenas rescatadas de la memoria de quien suscribe (que ha visto mucho cine de criminales); así el héroe escapa por los pelos dejando tras de sí un sin número de camaradas muertos y los tiros resonando a escasos centímetros de su cráneo, balas y hemoglobina por doquier en un símil de película de Tarantino o John Woo pero a la mexicana,  o séase mientras en las películas ultra coreografiadas hay estética y arte, en el manuscrito planteado hay solamente sesos esparcidos en un florero, dos jóvenes atravesados por las balas de un FAL (porque los  miembros del escuadrón anti soviets nacional llevan lo último de lo ultimo hasta un edificio de interés social), y suciedad y cucarachas en las paredes.  Viene luego la retirada (que no derrota pese a que todo apunta a ello) del ahora veterano SR que se carga a un par de matones con un sencillo revolver calibre 22 que seguramente no atraviesa ni el chaleco de un policía de la delegación Iztacalco (donde se sitúa la trama) y escapa por los pelos con una mujer ensangrentada en los brazos y que al llegar al auto (a todas luces viejo y desvalido) se debate en la disyuntiva de abandonar o no a la mujer; decide llevarla sólo para que ella muera mientras una tapa de rin sale proyectada al primer volantazo y chirrido de llantas (exactamente como en una película de policías del cine nacional donde en cualquier momento espero que el SR múltiplemente aludido se transforme en Hugo Stiglits o en José Carlos Ruiz).

Ahora bien, aquí cierro el paréntesis gigantesco y retomo la historia con Teresa en el departamento mientras ella toma una coca cola y el viejo un té verde casero, la chica llora porque ni el mismo SR sabe a ciencia cierta si murió esa misma noche o si fue llevada cual bulto la madre de Teresa –por supuesto que se da por entendido que el padre murió en la gresca en el departamento- y le dice que si su madre vivió, seguramente no fue por mucho tiempo (como ven el viejo SR tiene exactamente los mismos modales sin sentimientos del actual SR). Allí cierro el cuento, pero no la historia, porque a duras penas me logra dejar vencer la curiosidad el plantearme varias incógnitas: que buscaba Teresa saber? Si sus padres estaban vivos? Como habían muerto? Encontrar algo de su pasado?  Incógnitas que ni yo me atreví a resolver y me centre en la historia de ese viejo SR que vuelve por sus fueros a la ciudad (unos 8 años antes de que Teresa irrumpa en su departamento) ya en plena época tecnológica y se presenta en un departamento de baja, muy baja ralea para ayudar a un joven universitario a desentrañar el misterio de los grupos de extrema izquierda en el país en su tesis de titulación (no era yo), por supuesto que no todo es color de rosa en la historia y el chamaco tiene cuando menos mil y un problemas porque ha abandonado la esperanza de titularse, tiene un hijo y una esposa, un empleo que odia y no toma (siendo aquí lo que en realidad lo dota de un carácter pusilánime, a mi consideración), en fin el viejo se presenta y no es el mismo viejo que el actual, pero ya es grande, se sabe mover sin ser detectado y parece un paranoico de la seguridad y la inteligencia (que supongo lo ha vuelto una especie de agente secreto porque conoce con pelos y señales la información vitalicia de todos los que rodean al joven, pero que al parecer esa misma inteligencia se acaba en los 8 años posteriores porque no logra ocultar su paradero a una joven no versada en la contrainteligencia militar como es Teresa, y ese asunto espero resolverlo pronto), la realidad  es que lo que en realidad quiere el viejo SR es ayudar al joven universitario a desenmascarar a un político importante que mueve los hilos del partido de izquierda (para ese entonces)  y que es precisamente el hombre que traiciono al grupo de los padres de Teresa. El final (hasta el momento) de la historia no podría ser más irónico,  ya que una vez más SR  desaparece en plena matanza donde la familia del chico es muerta por sicarios contratados por el hombre importante.

Hasta allí se cierra la tercera historia del viejo en el pasado y la empareja con una cuarta historia, que no nació como tal y que en si no tiene absolutamente nada que ver con Teresa y el viejo SR, y que de hecho a partir de esta historia se desenvuelven una serie de errores literarios que terminaron con una historia grandilocuente de un atentado terrorista que nunca ha podido salir a la luz pública (la historia) porque cada que empiezo a redactar algo medianamente coherente algún hijo de puta se le ocurre hacer algo estúpido en algún punto del país o del mundo y que haría parecer la narración como algo oportunista. En fin en esta historia violenta como la que más y perfecta por parte de los malos (que resultan no ser tanto) recurro a otros héroes de viejas sagas que no he podido terminar por considerar que carecen de sentido o porque en realidad son muy malas historias plagiadas de libros oscuros que he comprado por allí con el dinero destinado a la cerveza. Me refiero a personajes como José Rodrigo (un anagrama de un amigo), el Rocho (el alter ego de otro), Ramón Xirau (homenaje al maestro, sin que por ello tenga el .1% de su intelecto) y Eugenio Ramírez (que es periodista investigador y amigo demasiado íntimo de Xirau).  La historia discurre con una serie de puzles dejados al azar por parte de la gente que firma como “Liberación Nacional” comandados por el tal Rocho y que realizan un atentado mayúsculo al volar (dinamitar) las cámaras de senadores y diputados y proceder a realizar una serie de actos terroristas al asesinar con suma violencia a turistas extranjeros en las playas del territorio nacional, sangre y muerte por doquier, pánico y sacudidas de conciencia cuando menos. Sin embargo el punto álgido es el asesinato de una mujer inocente por parte de las autoridades nacionales en vivo y a todo color al buscar el paradero del tal Rocho (el líder de “liberación Nacional) que genera la invasión “protectora” de los gringos y la unificación de un ejército nacional “autentico” para pelear contra los gabachos. Ahora bien, que jodidos tiene que hacer esta historia con un cuento que inicialmente se refería a Teresa y SR? Bueno en realidad es que mucho y nada porque la madre del Rocho era la otra mujer del chico muerto en la última aventura del viejo SR y que está unida a la historia de Teresa porque ambas en algún punto de su vida coincidieron con un hombre llamado José Rodrigo, el que a su vez deja unos diarios llenos de metáforas (por no decir motaforas) que la madre del terrorista le inculca a su hijo para salvar a  un pueblo que no desea ser salvado. Complejo? Claro que sí y bastante onírico porque para empezar cuantas reglas tendrían que romperse para que en una historia dos historias resulten en una sexta historia llena de sin sentidos y que de alguna forma u otra nace como la causal para que ambas historias tengan un punto en común.

Todas estas  historias tienen sin embargo un tópico común, carecen de un final (descontando por supuesto la ausencia  de hilo conductor), pero lo que las distingue de muchas otras mierdas escritas antes y después es la ausencia de un personaje bien escrito, vamos que inclusive hasta música ambientadora tienen,  ya que mientras la historia central de Teresa y SR (el viejo) está ambientada con música de protesta en la más pura onda del hardcore de la escena neoyorquina de mediados de los 90s, la historia del jovencísimo SR va acorde tras acorde con el folk de Joni Mitchell, el primer Dylan, Buffalo Springfield y así, para pasar a la música incidental (compuesta por el desaparecido hijo de Carmelita Salinas en todas y cada una de las películas de ficheras) de la historia de la matanza de los padres de Teresa; luego viene ya el rock acido de la historia del chico que intenta develar el pastel de los políticos ratas y finalmente cierra con música de cámara (que no es original sino versiones adaptadas para la gente culta de piezas de metal) que le dan un toque bastante oscuro y frikeante  a la historia de los atentados terroristas del “Liberación Nacional”. 

Cuentos caóticos, confusos, llenos de aseveraciones que no son ciertas, personajes sin sentido y poco trabajados, sin final y sin principio (sin un punto de arranque que les dé una razón de autentico peso para salir del hoyo negro de la punta de la pluma), así son estas historias que iniciaron para resarcirme conmigo mismo por haber perdido la fe en la nueva revolución, que se quedan  en un mero intento acéfalo por reivindicarme con mis héroes, Práxedis Guerrero y José Silva Sánchez y que a inicios de una de las muchas historias pensadas y jamás plasmadas nos hallábamos (mentalmente hablando) los tres departiendo con unas buenas aguas de horchata (porque el viejón Guerrero era abstemio) y unas fichas para jugar algo. En tal historia me reclaman por alejarme del hacer histórico revolucionario y acercarme a los dueños de los medios en un afán de ganar dinero, en un afán de olvidar cual era el asunto primordial; regañada y derrota en el juego que sostenemos. También me reclamaron por darme por vencido con esa mujer y por caer en la debilidad de ser un consumado bebedor de cerveza y cualquier cosa que me tumbe para no pensar. Esa es la verdadera historia que debí comenzar a contar desde el inicio y no los chistes ilógicos de una tragedia copiada de quien sabe cuántos libros y películas. Sin embargo no he podido en esta 101 vez.

SR mayo 2013

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