lunes, 31 de diciembre de 2012

Hierro

Hierro

He manejado en una curva a más de 140 kilómetros por hora tan retacado de cerveza que el vómito tendría miedo sino hubiese salido disparado por la ventana minutos atrás.

He bebido cerveza y whisky mientras trataba de ligarme a una madre soltera que va mojando con su brillo la acera cercana al bar de título fluorescente.

He caminado tambaleante de una acera a la otra mientras un oficial de la ley se ajusta el cinto después de cogerse a una puta y defecar tras zamparse una orden de tacos en el mismo arroyo.

He visto mis manos irse una y otra vez contra los pómulos, la frente, la nariz y la mandíbula de 25 sujetos y 7 mujeres que antes me amaron cual si mi saliva y esperma fueran la comunión del señor.

He sentido a dos mujeres romperse en millones de fragmentos mentales tratando de atarme para evitar que corra desnudo frente a sus padres, blandiendo y maldiciendo el miembro cual si un estilete antiguo fuese.

He conocido en el mismo número de veces los puños y los penes de los hombres que amablemente se detienen a recoger al tipo que viste cual Elvis  cada fin de semana al salir totalmente ebrio de una suite informal conformada por los cartones de un refrigerador, una lavadora, la tele y el carro de bomberos de un niño.

He vomitado igual número de órdenes en 4 idiomas distintos sin apenas comprender lo que digo debido a la incomprensión que poseo del universo circundante.

He bebido cerveza y whisky, he bebido whisky y cerveza y seguido así por días enteros, días que vienen y se uniforman cual si la pasma recorriese el mismo camino que mi suerte absurda de llanto y abandono de Dios y el Diablo.

He visto esos fuegos artificiales de la supuesta redención de una pareja cuando ambos nos conocimos en un burdel. Piropos y alcohol que corrieron bajo la luz parpadeante del estrobo danzante de la música corriente.

He llenado hojas y hojas de líneas amargas que resultan en poemas amorosos por un sentimiento que ni siquiera me atrevo a soñar fuera de una libreta, una maquina o donde quiera que terminen mis letras salpicadas de orina, vómito y sangre. Siempre ese trio que me acompaña en la serenata de nuestra relación.

Heme aquí, desintegrado y sin apenas poder mover una neurona a causa de todos los ejércitos cerebrales desfasados que se ahogaron en whisky y cerveza, muertos por cebada y lúpulos que les abrieron el baile principal. Heme aquí con la hemoglobina corriendo rio abajo al ritmo acelerado de mis latidos, inundando la represa final que será descubierta días después cuando el yo y ahora sea parte del él y pasado. Tiempo que corre en pretérito. He allí la última broma que siempre esperaste.

Diciembre 2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario