domingo, 2 de diciembre de 2012

Toma todo

Toma todo

Los sucesos políticos acontecidos en los últimos 6 meses me obligan a mantenerme cerca de las 4 (en realidad 3, ya que Quadri fue el encargado de robar puntos a quien tomase el segundo puesto) posturas, no solo de sus cabecillas visibles (llámese EPN, JVM o AMLO) sino de aquellos que les seguían, de aquellos que les creían y de aquellos que les idolatraban porque su capacidad de razonar no daba más de sí.

Desde luego el puntero (no de ahora sino desde hace ya años cuando una periodista de espectáculos reclamaba la necesidad de poder llamar a “cierto” gobernador del EDOMEX como guapo, o más atrás cuando aun siendo candidato a la gubernatura de su Estado, el PRI pagaba inserciones a nivel nacional en revistas de la editorial Televisa) que nos fue vendido como el nuevo rostro del PRI, alejado de la corrupción, la represión y demás falencias que se le achacaban al partido tricolor durante su existencia como “partido único”.

Atrás Vázquez Mota con la fuerza de un partido que llego a conjuntar en su discurso el cambio y la pobreza en resultados efectistas. Lo cierto es que nunca tuvo luz propia; atrapada por las malas decisiones de sus representantes anteriores, tenía la misión de limpiar el rostro del partido por los últimos 12 años. Pero al mismo tiempo era atacada y denostada por su propia grey y además era incapaz de alejarse de la mala capacidad organizativa y discursiva para crear una campaña decente. Su campaña nació muerta ideológica y estadísticamente.

Y finalmente el “Peje”. Odiado por más de los que lo seguían, endiosado por su propio carisma. No tiene la fuerza de hace 6 años, pero le bajo a su radicalidad, le bajo a las peleas con la prensa y bajo su enemistad con los empresarios. En resumen dejo de ser el “peje come-niños” para volverse – o intento parecerlo- “amoroso”.

Los seguidores de cada cual, en la vieja práctica de la credencialización –cual si fuesen clichés mal estereotipados de la vieja lógica priista sectorial- se asumían como herederos de ese modo de hacer política, de hacerla y pensarla. De negar el pasado en pos de un futuro  mucho mejor.

Allí están los del PRI, los del guapo, los del pacto social roto de antaño, los que necesitaban la vuelta del padre protector,  del Estado facultado para gobernar desde Palacio Nacional tomando decisiones difíciles pero a la postre acertadas; para ellos es plausible olvidar los momentos grabados en los anales, las lagrimas de JOLOPO, la negativa en el 85 de De la Madrid, los negocios turbios del Salinato. La ruptura de la paz con las guerras de baja intensidad en las sierras de Guerrero y Chiapas; el padre duro pero justo con la fuerza “moral” suficiente para castigar al joven hijo que buscaba nuevos caminos y que hacía preguntas acerca del porque  y para que servía la democracia.

Sus seguidores no veían al PRI de los compadrazgos y cacicazgos –o los veían y lo entendían como el pacto social reinante para permitir el desarrollo del país-, de los nexos y vínculos entre el poder y el terror de controlar el territorio por quien es el más fuerte y donde el ganador se erigiese cual señor feudal con los mismos derechos y privilegios.

Ese PRI de la Quina, del Negro Durazo, de Aguas Blancas y Acteal; el PRI de Roque Villanueva, de Salinas hermano y sus negocios en la Laguna, de Solidaridad y la creación de cinturones de Miseria disfrazados de ciudades cosmopolitas en su momento (Valle de Chalco por ejemplo); del FOBRAPROA y CONFIA, de Lankenau Rocha y Amado Carrillo.

Para los seguidores de ahora, el PRI  es la historia rosa con Enriquito I y su preciosa esposa (cual emulo de Carla Bruni o Grace Kelly a la tepochca), del amor telenovelesco que les recuerda que lo aspiracional es posible; el PRI de la unidad (cercana al sometimiento y el silencio).

Ese PRI expulsado a base de –supuestamente- la democracia, de confiar en el cambio protagonizado por el PAN, de un Vicente Fox cuyo rostro asemejaba al nuevo político mexicano (cercano al pueblo y emparejado con los valores tradicionales de la familia mexicana) y alejado de los errores económicos del pasado.

Fox y “sus amigos” nos devolvieron el rayo de la esperanza usando la imagen, la misma imagen que mantuvo al país en el atraso ahora funcionaba como la vanguardia, cual si fuese el último clavo de un ataúd hecho para el dinosaurio pisoteado hasta la muerte por la bota ideológica del panismo.

Nos gano –Fox- con su modo coloquial de hablar, nos impregno de fe con la imagen de ese nü ranchero, del heredero de las viejas glorias de la época de oro del cine mexicano –llevando consigo la esperanza en el modelo tradicional de la cultura mexicana-; Negrete e Infante en un solo político. Fox nos convenció con sus desplantes de pueblo llano (pese a venir de arriba), nos convenció y punto con su cambio.

Por supuesto nunca llegaría tal cambio, rápidamente se destaparon las cloacas de un personaje limitado por sus ataduras ideológicas y vánales. El presidente se erigió como un ente que tenía que pagar las deudas contraídas para llegar a la cumbre, no solo con los empresarios, sino con el poder armado, el nexo con el narco. Para Fox el país era moneda de cambio que se podía permitir la reorganización y el fortalecimiento del narcotráfico, su política irresponsable permitió que pasara de un hecho aislado a primera plana. No conforme con ello, mantuvo la pauta orquestada por sus “dueños” del FMI y la CEE para que el campo se hundiera a niveles insostenibles, que la migración proveyera de mano de obra barata a los Estados Unidos  y que el país quedase suspendido en vaivenes de populismo mal aprendido y peor disimulado.

Fox disfrazo su gobierno para que fuese permitida la injerencia de los sectores que parecían muertos y olvidados para la política mexicana: el empresarial brutal y agresivo (encabezado por sus “amigos”),  y el retorno de la iglesia. Besar el anillo papal, invocar y ampararse a la divina providencia rompieron el pacto laico (empezado por Salinas). El PAN retomo su modelo yunquista favorito.

Y su misión se convirtió en la misión de millones, su misión ideológica de mantener el poder cual si de un priista se tratara, lo obligo a moverse para  evitar que llegara un personaje igual de conflictivo pero opuesto (hasta cierto punto) a sus intereses, echo a andar la vieja maquinaria priista nuevamente, se alió con aquellos que permitieron el derrumbe aparente de su enemigo; se permitió el juego sucio televisivo, “catafixio” el poder político de su partido a cambio de postreros favores. Inflo a un don nadie y lo llevo a la silla mediante un fraude probado y (re)comprobado. Y allí apareció el colapso de su lucidez (y del país con ella).
Calderón auspicio la falta de su legitimidad por medio de la fuerza bruta, con golpes espectaculares de impacto masivo; su visión (por no decir la de aquellos que  permitieron que llegara su antecesor) era la guerra. Calderón sumió al país en una honda ruptura de sangre donde no calculo las dimensiones de tal efecto, donde no midió las repercusiones que esto traería para su partido, la alianza se salió de control y los golpes eran a ciegas y ante un enemigo invisible. La autopsia confirmaría que la injerencia de los vecinos fue necesaria para llegar a ello. Nada mejor que provocar un baño de sangre en el sur, para que el norte mantuviese su hegemonía perdurable.

+60,000 muertos, compatriotas que encontraron en el presidente del empleo la salida a las necesidades básicas, un narco que facilito la militarización del país y las desapariciones de “lideres” bajo el mote de daños colaterales. Un país sumiso por naturaleza y receloso de su vecino se convirtió en el país del miedo constante, del miedo abyecto en la mirada, de la perfecta masa para mantener engrasadas las cadenas de la ignorancia. Calderón y su “guerra” ahondaron el estado sempiterno del fratricidio y coloco las bases del retorno, los cimientos de la reorganización y la resurrección de un dinosaurio que está dispuesto a hegemonizar por otros 70 años.

La posibilidad de un tercer sexenio panista fue sepultada en la horma de una mujer gris que usaba las mismas armas que sus antecesores, pero sin el apoyo decisivo de la televisión; la televisión se negó a seguirle el juego después de bombardear por 6 años a la población con sangre y miedo. Josefina se hundió como apareció, sin gracia o siquiera una orilla a donde asirse. Los errores – y horrores- de su partido la sepultaron a un tercer sitio de fuerza por debajo de un partido multiforme.

Y finalmente el Heredero de las clásicas “prueba- error – acierto” del priismo, el PRD es un hijo bastardo, un partido acéfalo y carente de ideología propia – o mejor dicho con la ideología de anexar cualquier postura- amalgamando cualquier reivindicación a su cimiente y asumiéndose como la oposición de izquierda, justo cuando el 90% de sus integrantes a elegir carecen de formación que los emparente siquiera con tal ideología.

El PRD es una amalgama imperfecta de sectores y corrientes desleales que funcionan entre el sectarismo para sí y para con el partido; el PRD se convirtió en el elemento necesario para agrupar en torno de su “bandera y causa” a todos aquellos que huyeron del PRI y de otros partidos de menor trascendencia. Se forjo como el ala progresiva y democrática, pero con el transcurso de las elecciones el partido se volvió tan cínico, corrupto y despótico como aquella fuerza de donde todos habían mamado. Carente de una ideología base se le permitió existir mediante alianzas forzosas y pactos dentro de la misma cúpula política.

De un Cárdenas a otro Cárdenas se desgasto el apellido, hoy se observa como en realidad fue, ya que mientras en uno se hablaba de congruencia con sus ideales, en el otro se esfuma cualquier fuerza y se encumbra en el puro nombre. Cárdenas hijo se rebelo contra su partido –el partido que su propio padre ayudo a fundar y posicionar-, mas no contra la ideología del mismo. De un Cárdenas a otro el segundo pierde y mancilla el nombre solo con llevarlo.
Y luego apareció el nuevo caudillo el mentado “Peje”, surgido de las raíces mismas de la dictadura perfecta. Con una moral intachable que se nos vendió como real y con una fuerza arrolladora  inculcada por los modismos léxicos aparejados con el barrio, con el pueblo más apremiado por la desigualdad. Su cultura política se baso en la “nueva izquierda” latina, aquella que lo emparejaba con los luchadores sociales de Brasil, Cuba y Venezuela (sin saber que allí mismo recalo el ataque primordial de sus detractores); cercano al pueblo pero alejada del dogma. Basto un pleito jurídico orquestado por un rival idiota para encumbrarlo, para volverlo el bueno, el mártir, el santo que era capaz de romper con la tiranía sin observar el trasfondo, sin mirar que el apoyo detrás era el mismo que tanto denostaba en sus discursos. Camacho Solís, Ebrard, Ortega, Zambrano, etc. Todos y cada uno de sus colaboradores tenían puestos claves y a su vez tenían hombres leales en sitios estratégicos de su organigrama, uno conformado por ladrones y traidores.

Basto la promesa de hacer lo correcto en una contienda electoral para olvidar los problemas acuciantes de una ciudad estrangulada, de un Tlahuac bañado en la sangre de policías –o mejor dicho en la carne carbonizada-. El “Peje” se erigió como la sombra de un partido, se encumbro como lo necesario; y luego vinieron los ataques televisivos (los gigantes sabían lo que se jugaba y cómo hacerlo), la televisión no pensaba en el futuro inmediato, sino que veían a mediano plazo, no pensaban tanto en los 3 meses que se antojaban críticos, sino tenían las baterías puestas en 2012, el tiempo necesario para construir un títere que mantuviese al respetable idiotizado mientras ellos hacen y deshacen a su antojo.

Para la televisión era necesario crear un chivo expiatorio, alguien que bajara el amor y la fuerza que se tenia del presidente a niveles insospechados, alguien capaz de generar repulsión tras 6 años de error tras error. Nada mejor que un personaje gris, incapaz de derrotar a un líder carismático por la vía legal, pero que fuese lo suficientemente gris para generar la rabia en el rival incomodo y que con sus acciones permitiese que al “mesias” se le viera irritado y rencoroso. Sacar al “violento” mediante un fraude orquestado de pe a pa y con el contubernio del organismo “desinteresado”, un organismo como cualquier otro susceptible a la corrupción.

Llego la elección del 0.56%, del irrisorio y a la vez sentenciante 0.56%,  este significo el todo y la nada; para uno Reforma y un plantón lleno de descredito político, para el otro Palacio Nacional mientras el resto de los que no tomábamos lugar nos jugábamos el ser uno de los +60,000 muertos en la ruleta rusa.

El “peje” erro. Erro dándole lugar a uno de los ahijados políticos de sus enemigos y heredero de las negociaciones eternas salinistas.  El designado, Ebrard, no tenía los ojos puestos en ser la sombra del “peje”, sino comenzó a ver su propia estrella y las posibilidades de ser el aspirante al trono como reconciliador de la izquierda y el centro en una capital orientada hacia el conformismo de estirar la mano.

El “peje” erro al volverse “amoroso” en un país (ya) acostumbrado a la violencia diaria. El “peje” se equivoco en no hostigar de verdad a la reina madre de la verdad absoluta en este país. Finalmente el “peje” no tuvo el talento necesario para evitar rodearse de saltimbanquis ideológicos en lugar de gente que de verdad creyese en un proceso de restaurar el país.

Y luego? Apareció el bueno – para unos- o el malo –para la gran mayoría de perdedores- , el IFE apareció y dicto la sentencia que indica que la voluntad del “pueblo” (ese mismo por el que lucharan tantos y tantos) era ser feliz viendo Televisa y que poco o nada le importaba quien ganara mientras ellos pudieran romperse lo que les quedaba de cerebro con las tramas teleidiotizantes.  Finalmente llegamos al estado actual de las cosas, un stand by producto de un “pueblo” timorato  incapaz de tomar por su propia fuerza lo conseguido en luchas pasadas y que se encuentra adormecido por la enajenación del trabajo –mal pagado- y el circo –llámese televisión o el futbol. Sumido en el terror abyecto de una “guerra” fratricida que tiene como ejes visibles a los carteles pero no a los empresarios y los políticos que obtienen ganancias jugosas de ello. Un país sumido en la brutalidad racional de “primero yo y luego yo” cuya meta es a todas luces: “no importa cómo, el chiste es lograr sacar la mayor tajada”.

SR 27 septiembre 2012

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