Acordeón
Mi limite es la mano derecha, justo cuando esta comienza a temblar, justo cuando anuncia que todo ya se jodió y empiezo a recordar no solo el rostro de quien la puso a tomar; es el recordatorio de lo que va a pasar en un futuro muy cercano cuando Teresa me abandone, igual a las demás, igual a todas ellas que de manera fugaz pasaron por mi vida y se alejaron cuando todo comenzó a ir mal. Sobre todo se alejaron cuando descubrieron que mi talento se reducía a lo que me dictaba el alcohol y un poco la yerba; no las culpo en lo absoluto quien podría estar ahí después de verme actuar como suelo hacerlo cuando bebo? Es un acto reflejo de supervivencia o mejor dicho de morir de la manera más degradante que pueda encontrar; no solo aprecio vivir al límite de mis fuerzas con el alcohol corriendo por mi torrente, es el espacio que ocupa en mi vida diaria, en las repisas llenas de santos que se quedan viendo y riendo cuando comienzo a cantar con la voz rota y llena de melancolía porque ella y las otras se van. Es el circulo eterno que no puedo evitar romper, es idéntico a las noches que he pasado tirado en algún charco de vomito u orina o la mezcla de ambos, mientras ella y el bebe que espera me aguardan junto a un quinqué moderno o la estampa de un santo que jamás acudirá porque el cabrón se embriaga al lado mío en esa cantina que se ha vuelto un lugar lleno de reproches y temores.
Quiero acabar con el circulo y sin embargo le aviento dos litros mas a la cosecha que apenas ayer levante tras cobrar el sueldo que debiese ser para el niño que fraguamos una mañana de otoño en casa de ese marino valiente; en el fondo quisiera no haberla conocido y seguir aferrado a la idea de ese amor platónico que tanto rogaba por las noches cuando encendía la máquina de música y bebía sin temor y sin descanso acompañado de otros dos sujetos que acudían a la cita maquinalmente como si no supieran hacer otra condenada cosa en el mundo. Soy ese pedazo de gusano flotando sin vida y sin más talento que enervar los sentidos de una mujer casi santa; soy la sal de su vida que comienza a aborrecer porque sabe que soy una condenación para su espíritu salvaje. Quiera el destino que algo me acabe esta noche mientras ella se acurruca frente a la luna que hace caso omiso de sus ruegos, de sus ilusiones y sus mantras religiosos. Ese satélite es la cara nocturna de nuestra relación, es la muerte certificada de su amor y su pasión por alguien que alguna vez poseyó cierta cualidad y talento para salir adelante y que hoy solo escribe sonetos llenos de enmendaduras y lugares comunes porque común es lo que bebe solo o acompañado en lugares que nadie en su sano juicio pisaría jamás.
Pienso, –y con ello quisiera que se acabara todo- que este trago que sostengo en la mano izquierda con dos dedos alrededor del cuello del vaso, que no hay hacia donde correr, mientras una mujer de formas más generosas que las de esa dama que me aguarda se sienta frente a mí y comienza a contarme las desgracias de su vida; pienso igual que mejor sería que desapareciera Tere un día, sin dejarme nota de despedida, sin llantos, sin drama alguno, que al final de su jornada como ama de casa obligada se salieras y encontrara a otro decadente que tenga en sus manos la salvación para la vida, la solución perfecta para terminar con sus desgracias donde el otro decadente que la abrazo por las noches de frio invernal mientras me sacudía espasmódicamente a causa de los temblores procedentes del bendito ron. Que cada que la besara con su aliento fermentado de ese dulce licor de uva borrara de la memoria táctil del paladar y del olfato el gusto a cebada y trigo procedente de las estepas del continente europeo que le dejaron mis caricias y mis arrumacos de anciano.
Sabe muy bien ella que escribo todo esto mientras en el puente de enfrente una banda toca canciones de amor que tanto odia, y una banda aquí de trasfondo que ameniza el ambiente salado de los cuerpos que se pegan y repegan frente a la lúgubre mirada de un hombre que parece estar derrotado por esa noche (y que secretamente quieren imaginar que mañana cogerá el resto del traje de ese saco color Oxford para salir a cumplir con sus deberes de marido ejemplar que una noche de la semana sale a quemar el hígado). No imaginan por supuesto que estoy acabado y que mañana en punto de las 11 de la mañana estaré despertando y golpeando el azulejo de esa casa que nos costó los créditos de toda mi vida como un dependiente de la oficina de algún viejo irrisorio. No se imaginan que ella saldrá en punto de las 3 de la tarde para encontrarse con mi compadre el velador y tendrán sexo culposo en la azotea de la casa que ayude a escoger. Poca es su imaginación para saber que en cada embestida que le de ese santo varón, va a llorar por dentro, maldiciéndome para toda la eternidad por ser un maldito bastardo que fue incapaz de salir del hoyo cuando probo de nueva cuenta el sabor picoso del mezcal oaxaqueño tras su vuelta al istmo. Queda lejos de su comprensión que tras cada encuentro va a amarme más y más porque gracias a mis debilidades y falencias como un ser completo se vuelve plena como mujer; que cada orgasmo que ha tenido con otros lo goza como si fuese el ultimo de su vida porque no sabe si el lisiado y poco hombre que tiene por esposo se va a dar cuenta de su traición y los matara a ambos.
El tiempo transcurre tan lentamente en estos lugares que en cada cucaracha que pasa reptando por el suelo veo mi talento escabullirse, en cada gota que termina en el fondo de ese orinal se discurren mis letras y mis palabras sin hablar de los sinónimos y demás mamadas que al final solo sirven para adornar mis demencias etílicas. Quisiera creer que no se va a marchar hasta leer este último recorrido por mis demonios habituales, pero es imposible asegurarlo; nada es eterno me dijo una noche mientras le hacía el amor por 5 minutos, ella menos que nadie me ha recriminado por dejarle a medias y correr a vaciar el tinacal, para instantes después caer en un sueño intranquilo donde se metía con un hombre que era idéntico a mí, pero con sueños y esperanzas; me engañaba con alguien que servía de maldita sea la cosa para sacar adelante todas las mentiras que con el paso de los años he redactado en viejos papeles y ahora en esta máquina infernal que pago su padre para que volviera a escribir; y es allí donde pierdo porque el pobre tipo aun confiaba en que tuviera cierta magia y que gracias a su generosidad pudiese esgrimirla ante un mundo que no me necesita en lo absoluto.
Son apenas cientos o miles de palabras las que he redactado como en antaño de un fogonazo, de una sola toma, en espera de que sirva para despertar al monstruo de la tortura literaria que todos aquellos que lo han conocido oponen como pretexto a la soledad; es querer sacar conclusiones ilusorias de la propia miseria, en el fondo no puedo salir del fango y me divierto imaginando que hay otros en peores condiciones. En realidad no sé hasta qué punto pueda detenerme y sacar algo de buen gusto, algo que emparente este relato con un buen coñac en lugar de la miseria que he estado tomando desde hace 4 años; cuatro años de estar bebiendo una mierda que ni siquiera los animales más bajos de la escala evolutiva son capaces de tolerar; mierda liquida que se escurre cual si fuera el pantano de los años pasados, el charco donde solía ir con mi padre antes de que se volara la cabeza porque le encontré teniendo sexo con su compañero de trabajo. Un maldito marica que fue incapaz de soportar el peso de sus acciones, no tanto por lo que fuese o no, sino porque debió tener los tamaños suficientes para dar la cara al mundo y encontrar como salir adelante con su hombre bien metido en su culo lleno de venas y pelos. Malditos recuerdos que me obligan a tomar y dedicarle una sonrisa pasada de entonación porque padre se pego el tiro con mi pistola; quien diría que no fue mi bala la que lo mato sino la suya propia, engendrada con un tubo de lubricante y una peluca rubia.
Cerca de las 1500 palabras sin refinar me encuentro aun sin hallar las correctas para sacar el dolor que me produce el beber con todos esos fantasmas, el beber acompañado por memorias que se niegan a morir por temor a que las repita el día de mañana. Aun afuera de este lugar pintado con el numero 27 de una colonia muy popular se escucha el sereno, quien pudiera imaginar que solo y perdido como he sido durante muchos años su voz me trae del pasado a aquel niño que un día cogió la cerveza marica de su padre para entrar en la adultez bajo la batuta de la cebada nacional. Quien podría imaginar que un día fui un niño risueño que era adorado por todos y luego murió dejando a este cascarón viejo que apenas es recordado por unos cuantos y denostado por la mayoría de los seres humanos. Quisiera que ese niño viera las manos que poseo hoy, que las amara como si de ello dependiera su vida futura y que dejara de jalársela por lo menos un par de noches para que recuperase el aliento y no tuviese esas corridas en minutos que la alejan de mi y la acercan a la orilla de otro mar menos borrascoso.
Son casi las 3 de la mañana otra vez y el lugar vive y ruge como si todos los santos y las golfas que durante años se han amado y lo han negado ante la ira de su patrones estuviesen aquí para acompañar el sonido de ese acordeón que se limita a no callar porque tiene dolor, porque exuda corazón y pesar. Son los refugiados de la noche que se vienen a encontrar con el pasado y a recordar el minuto de felicidad que alguna vez tuvieron, son los escombros de una vida que se pudrió toda vez que encontraron a otros como ellos dentro de su misma cabeza. Somos los olvidados por todos los que mañana o dentro de un par de horas van a tomar su culo gordo y buscar el pan que los provea de algo más que esperanzas y sueños. Quisiera que el reloj se detuviera en esta hora por toda la eternidad, quisiera que todos los que aquí venimos a morir esta noche encontráramos consuelo en la negra capa de hollín que es la muerte. Quisiera que ese sujeto que esta cantándole a la mujer querida nunca se quedara afónico y que siguiera hasta que reventase la burbuja de nuestra existencia; no encuentro otra cosa mejor(quizás salvo la muerte) más que haciendo lo único para lo que he nacido bueno, para lo que en verdad he tenido talento.
SR noviembre 2012
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