“Ocaso rojo”
El viejo automóvil chevrolet avanzaba pesadamente por aquella carretera inhóspita; al interior un hombre sudaba copiosamente bajo el toldo rojo mientras el cuenta millas se incrementaba dejando tras de sí el poco o nulo follaje y las extensiones de tierra blanca sin que nada creciese en ella. El sonido del motor V8 llenaba los oídos del conductor cuya frente perlada de sudor dejaba ver cada vez con mayor celeridad las prominentes entradas de la calvicie.
Cuando el sol de las 2 de la tarde caía con aplomo sobre el asfalto, justo tras un par de horizontes más tarde un grupo de hombres ataviados como militares le marcaban el alto al conductor en la marca del kilometro 875 de aquella carretera a Rosarito. Con un gesto impasible detuvo el motor y bajo el vidrio mientras chirriaba el metal de la portezuela.
+Quibole amigo pa’ dónde va?+ pregunto el militar que le marco el alto mostrando su prepotencia habitual, mientras se acercaba a la ventanilla.
+A Rosarito+ contesto lacónicamente desde el interior del automóvil tapizado con cuero blanco, sin apartar la mirada de las manchas de agua reflejadas en la cinta asfáltica kilómetros adelante.
+A que se dedica compa?+ volvió a preguntar el militar con cierto asomo de enojo. Había algo en la sola presencia del sujeto aquel que le provocaba arcadas de odio.
+a lo que surja+ de nueva cuenta las palabras carecían de alguna empatía con el enrarecido ambiente.
+Cómo te llamas cabrón?+ instintivamente el militar acerco su mano derecha hacia la culata del rifle de servicio, un reluciente R-15.
+Jesús Montes+
+Y que, tienes algún alias o pinche apodo?+ esta vez ya no solo fue disimulado el movimiento hacia el cañón de su fusil, sino que el resto de los uniformados lo observaron mirándose entre alertas y nerviosos.
+No+
La negativa hizo que la voz que saliera nuevamente de la garganta del militar de piel endurecida por las horas bajo el sol fuese ronca, sorda para el resto de los militares que allí se hallaban, estos fueron rodeando el auto siguiendo los procedimientos habituales de emboscada.
+abre el maletero cabrón+ rugió el jefe de aquella cuadrilla escupiendo saliva al rostro del hombre dentro del automóvil.
Las manos del hombre se deslizaron del volante hacia el tapete ubicado bajo sus pies, acciono la palanca y el maletero salto de sus goznes chirriando los resortes del botón.
+despacito hijo de la chingada o aquí te carga la tiznada+ su voz se le antojo pastosa, ajena e irreal a su habitual fuerza.
+está limpio capitán+ grito al mismo tiempo un cabo que llevaba una laptop.
+’tá bien, D1 revisa el maletero de este hijo de puta+ gritó la orden el capitán a uno de sus hombres mientras observaba la mirada fija del hombre dentro del v8 perdida en algún lugar del horizonte.
El hombre que se hallaba más cercano a la parte posterior del automóvil se inclino al interior de la cajuela, mientras removía la carpeta formada por la tela podrida en búsqueda de algo.
+no hay reporte de robo capitán, está a nombre de Jesús Montes+ nuevamente el hombre de la laptop gritaba desde 3 metros atrás del auto color rojo.
+está bien, que paso D-1?+ el capitán se hallaba impaciente bajo el sol abrazador de aquel paraje desértico.
+nada capitán todo en orden, únicamente la refacción y el gato hidráulico+ la respuesta baño el silencio tosco de la situación.
+Dime Montes… sales mucho al desierto?+ dijo el hombre mientras acercaba aun más su rostro al del hombre que portaba una camisa a cuadros.
+sí+
+Entonces sabes que es estúpido no cargar una garrafa con gas?+ escupió el militar seguro de haberle puesto el cuatro.
+sí+
+Déjate de mamadas pendejo, este no es tu carro o me quieres ver la cara de guey?+ le espeto tan cerca de la oreja que el choque de alientos fue inevitable.
+ninguna de las dos+
+te estás burlando pendejo?+ grito el capitán acercando a milímetros del rostro contrario el R-15.
+sí+ la voz salió fría, sin alteración alguna.
+capitán, señor, baje el rifle no cometa un error+ gritaban al unisonó el resto de los militares mientras se acercaban aun más al viejo automotor.
+te va a cargar la chingada pendejo+
+hágale caso a su gente y baje el rifle+ dijo esto mientras observaba por primera vez los ojos rojos del capitán Pérez; cara a cara, frente a frente sin mudar la expresión del rostro.
El primer zumbido atravesó de abajo hacia arriba el cráneo del militar desparramando por los aires masa encefálica. Antes de la reacción del resto de los militares un segundo zumbido destapaba la tapa superior del cráneo de otro militar situado al lado de la ventanilla contraria del piloto. El primer rafagazo de los castrenses llego acompañado de la tercera bala calibre.45 que hundía el ojo izquierdo del cabo D-1. Las armas automáticas de los militares vaciaron cartucho sobre el auto mientras el cabo Sánchez era alcanzado por una bala en el parietal externo.
El resto del medallón trasero del chevrolet volaba en cientos de fragmentos de la misma manera que el resto de los cristales de las ventanillas. Uno a uno los soldados iban cayendo, uno a uno los impactos de la pistola calibre .45 de Montes acertaban en puntos vitales.
El viejo chevrolet se apeaba en lo que quedaba del viejo deshuesadero.
+carajo hombre, otra vez te dejaron el carro como queso+ lanzaba jubiloso un hombre desdentado sentado en lo que había sido el asiento trasero de una camioneta doble cabina.
+hey+ afirmo el hombre que bajaba del destrozado automóvil que alguna vez fue color rojo granate.
+jajaja que caray; mira te tengo un impala ’65 a nombre de Valentín Manríquez+
+Sirve+.
SR junio 2010.
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