martes, 2 de octubre de 2012

Noche anterior



Noche anterior

Benditos 45 años. Digo benditos porque a fin de cuentas qué es lo más malo que le puede pasar a una ex alcohólica con esa edad que quedarse atrapada en el limbo desesperante por el deseo de una cerveza fría, fría, fría y no poder saciar el fuego emitido desde el cerebro? Qué más queda sino rezar porque el próximo hombre que entre por la puerta de este asunto traiga entre manos ponerse un litro de vodka como solución intravenosa y que pase a mi a través de sus asquerosos besos desesperados.

Que mejor inunde mi pucha con mezcal o ron en lugar de esa mierda de semen disminuido en vitaminas por años y años de malas alimentaciones.

Rezo porque así sea; que quiera la providencia que su hijo descarriado en turno no sea uno de esos poquiteros que solo vienen a hurgar en las cicatrices del cuerpo y el espíritu. Quiera la inmaculada que el talante del sujeto sea generoso en caricias proscritas por el fuego de la cerveza, con aliento a lumbre y ceniza del cigarro mortífero que tienen en vilo a las extremidades.

Hasta este momento recalo en la escritura que hago y veo que parece un adoratorio de una vieja teporocha; poco o nada que ver con mi actitud fiestera del diario –vamos que me gusta el rock, y la música de rock- pero es difícil perpetrar un crimen contra las letras cuando tu cerebro procesa de 10 a 20 palabras por minuto y en 15 o mas de ellas va implicado el nombre de alguna bebida. Quiero creer que es obra y espíritu de esa jodida gliburida que me dicta patrones de comportamiento de zorra rediviva por método de la expiación de sus pecados pasados.

A fin de cuentas el tiempo es relativo –creo que dijeron por ahí- aunque no siempre parezca así y se discurra como un enjambre de minutos consumido por el fuego de un envoltorio de papel arroz. Aun hoy aquí en este lugar llamado “Cueva del placer” con sus luces oscuras que bañan los cuerpos en un compas estroboscópico de humo y vidrios de doble fondo, el tiempo parece haberse detenido hace 15 o más años. Hoy aun parece no importar que mi chichero sea de encaje y la tanga de seda o nylon puro. Poco importa si te encueras como dios quiso que viviesen sus hijos más santos y castos; o si te cubres con una hoja de parra que le quita lo sacro para volverlo algo profano.

Me conformo con uno, con uno solo de esos malditos vendedores de seguros cuya misión en esta vida es llevarse en un viernes su alma hasta las regiones mas placenteras del infierno, metiéndose una botella -o más- de whisky o aguardiente, que quiera a su lado una hembra toda fuego inflamable e inconsumible para bañar su cuerpo con otra botella –que yo preferiría que me bañase por dentro- volviéndola su diosa amoral y de lujuria. No basta con imaginarlo y desearlo hay que añorarlo como cuando aun no eras consciente de esa necesidad de provocar, de volverte lo más importante para alguien por unos minutos u horas –dependiendo el grueso de su cartera-.

Soy involuntariamente la fantasía de ese chamaco púber que visita a diario durante el día al pobre hijo de teibolera y por la noche este asunto. Que su interés tiene nombre y forma, que su pasión oculta se vuelca por las noches y explota en un cumulo de sensaciones macroscópicas en minutos. Que su todo y el todo de su universo se sucede conforme caen las  prendas una a una debajo de la figura rejuvenecida a base de cremas y rutinas –y operaciones- y a él parece no importarle mientras le dedico una sola mirada directo hacia sus ojos marrones, mirada que le abre las puertas  de un universo paralelo y desconocido al suyo. Que no diese por ser la inspiración de las violentas sacudidas de un cuerpo anexo que tiene como destino final el placer.

Esta historia es la falta de vino, es la sequedad de mis intestinos y mi hígado lo que me hace pensar de tal forma, pero con una Jodida! Sin el vino tiemblo cual si la hoja viese acercarse a una trituradora y las fotos al fuego; como si los ángeles ahora tuviesen miembro y se consumen en ansias de meterse en el interior de esas condenadas e impúdicas diablitas. Que cada entraña suya se martirizara por no tener sobre sí mismos la jugosa ponchita de esas parricidas, juguetonas y perjuras súcubas. 

Que no diese yo un pie por estar allí abajo y pagar mi deuda con ese bastardo Satanás dándole tragos eternos a su magma hirviente a cambio de un trago.

SR 1 octubre 2012.

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