domingo, 7 de octubre de 2012

Llama en espiral



Llama en espiral

Es esa ansia. Tú no sabes lo que es esa jodida ansiedad por algo, por sentir nuevamente tu torrente palpitar cual si la maldita sangre te hirviera con cada latido, que tus ojos y tu saliva griten de rabia por negarle la sensación. Allí, a cada instante tu cerebro vomita gritos ensordecedores en tu cráneo, nadie los oye solo tú. Cada instante tu piel hormiguea y te hace sudar; quieres gritar, patear, saltar, liberar el maldito horror. Le quieres romper la madre a todo, cada surco, cada traza se te antoja eterna; no puedes apartar la mirada porque sabes que te mueres. No puedes retirar el jodido metal de la mezcla. Ves pasar días, noches, estaciones completas y te sigues aferrando al pasado. Anclado al poder del recuerdo, a creer que puedes manejar todo y no sentir nada. Quieres acabar con el mundo mientras violentas imágenes detienen el andar de tu imaginación. 

Allá a lo lejos tu cuerpo esta hastiado de no probar bocado, todo tú eres llagas y suciedad. Vives rodeado por los cientos, miles de plásticos tirados por toda la habitación. Hace casi 3 meses no ves a nadie, hace casi 1 año te dejaron de importar todos. Tus sueños recurrentes son las pesadillas de todos los otros.

Esto soy yo, admítelo. Un jodido adicto a varias mierdas, un demonio disfrazado de humano cuyo andar se evidencia en cada frase, en cada movimiento de la mano. Que se aproxima a la vida por momentos y vuelve a caer en ese pozo infecto; los temblores se intensifican y el ardor en las yemas va en ascenso. Lo cierto es que no hay mucho hacia donde hacerse. Quiero acabar con el ansia y la intensifico a cada instante, mis líneas se aproximan a un idílico final. 

El fin que tanto proclamo en realidad una metáfora para ocultar el miedo, miedo a la realidad fuera de esta libreta, miedo a lo que se esconde debajo de aquella imaginación, momentos cruciales que se aproximan al caer la noche, momentos que atacan en sueños y pesadillas; pesadillas en círculos que van y vienen, y terminan por irse nuevamente para regresar y perderse apareciendo. Otro de esos momentos de profunda inequívoca ansia. Tiempos que se acortan, se van y mueren en el fondo de ese verso inacabado. Versos que alguna vez tuvieron destino y hoy son viles ronchas; ronchas putrefactas e infectas que me atormentan. Que me siguen y se van. 

Fuego. Hay miles de maneras de terminar todo, y sin embargo el fuego no es ni por asomo el mayor temor. El temor existe hacia el hoy y aquí que se repite en intervalos programados y luego se repiten en movimientos sin ritmo.

Al fin y al cabo nada tiene sentido fuera de las líneas imperfectas trazadas por la mano que no deja de temblar y enseñar la hora.

SR mayo 2011

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