Llama en espiral
Es esa ansia. Tú no sabes lo
que es esa jodida ansiedad por algo, por sentir nuevamente tu torrente palpitar
cual si la maldita sangre te hirviera con cada latido, que tus ojos y tu saliva
griten de rabia por negarle la sensación. Allí, a cada instante tu cerebro
vomita gritos ensordecedores en tu cráneo, nadie los oye solo tú. Cada instante
tu piel hormiguea y te hace sudar; quieres gritar, patear, saltar, liberar el
maldito horror. Le quieres romper la madre a todo, cada surco, cada traza se te
antoja eterna; no puedes apartar la mirada porque sabes que te mueres. No
puedes retirar el jodido metal de la mezcla. Ves pasar días, noches, estaciones
completas y te sigues aferrando al pasado. Anclado al poder del recuerdo, a
creer que puedes manejar todo y no sentir nada. Quieres acabar con el mundo
mientras violentas imágenes detienen el andar de tu imaginación.
Allá a lo lejos tu cuerpo esta
hastiado de no probar bocado, todo tú eres llagas y suciedad. Vives rodeado por
los cientos, miles de plásticos tirados por toda la habitación. Hace casi 3
meses no ves a nadie, hace casi 1 año te dejaron de importar todos. Tus sueños
recurrentes son las pesadillas de todos los otros.
Esto soy yo, admítelo. Un
jodido adicto a varias mierdas, un demonio disfrazado de humano cuyo andar se evidencia
en cada frase, en cada movimiento de la mano. Que se aproxima a la vida por
momentos y vuelve a caer en ese pozo infecto; los temblores se intensifican y
el ardor en las yemas va en ascenso. Lo cierto es que no hay mucho hacia donde
hacerse. Quiero acabar con el ansia y la intensifico a cada instante, mis
líneas se aproximan a un idílico final.
El fin que tanto proclamo en
realidad una metáfora para ocultar el miedo, miedo a la realidad fuera de esta
libreta, miedo a lo que se esconde debajo de aquella imaginación, momentos
cruciales que se aproximan al caer la noche, momentos que atacan en sueños y
pesadillas; pesadillas en círculos que van y vienen, y terminan por irse
nuevamente para regresar y perderse apareciendo. Otro de esos momentos de profunda
inequívoca ansia. Tiempos que se acortan, se van y mueren en el fondo de ese
verso inacabado. Versos que alguna vez tuvieron destino y hoy son viles
ronchas; ronchas putrefactas e infectas que me atormentan. Que me siguen y se
van.
Fuego. Hay miles de maneras de
terminar todo, y sin embargo el fuego no es ni por asomo el mayor temor. El
temor existe hacia el hoy y aquí que se repite en intervalos programados y
luego se repiten en movimientos sin ritmo.
Al fin y al cabo nada tiene
sentido fuera de las líneas imperfectas trazadas por la mano que no deja de
temblar y enseñar la hora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario