SANGRE
Sangre.
El camino hacia el más allá va a llegar y yo no voy a estar sentado esperando
por que la muerte llegue, no voy a implorar misericordia, no voy a rendirme
ante nadie y ante nada. Sangre. Violencia que explota y carcome a los que me
rodean, siempre luchando nunca tranquilo, siempre golpeando aquí y allá en
espera de la lucha final que no es entre buenos y malos, sino entre adictos a
la sangre. Sangre. La sangre que esta al final de todas mis vidas pasadas; de
lujuria y pecado, de gula y pecado, de miseria y sangre. Sangre. Tan hermoso el
color rojo que desciende en todos los ríos del mundo, bañando los cursos con su
color de fuego inapagable mientras exista el ser humano. Sangre. Yo era y fui
sangre que cubrió con su calor todos y cada uno de los aspectos de los que me
rodearon y me siguen rodeando. No me voy a ir sin luchar.
Sangre.
Y el final se ha pronunciado y lo he acelerado, al final todo se resume en la
palabra que ayude a colocar como mantra colectivo. Sangre. Siempre ha sido así,
desde los antiguos hasta los futuros reinos se resumen en una lucha constante
que baña todo con su granate color. Sangre. Y los apóstoles que me acompañan
hasta el final son despedidos porque merecen sobrevivir y seguir luchando a fin
de cuentas el destino de todos es el mismo y más temprano que tarde hemos de
encontrarnos en la misma circunstancia, sin vuelta de hoja y sin cambiar el
rumbo. Aquí y ahora todo se encamina hacia el paredón. No voy a implorar
perdón.
Sangre.
Espasmos que desenvuelven el dolor, espasmos que acaban con los pocos nervios
que todavía quedan en pie de lucha. Sangre y carne, todos somos eso y a eso nos
reducimos al final, cuando allí frente al padre creador nos sometamos ante su
justicia infinita. Sangre. En espera, siempre la espera es la peor parte de la
vida, la incertidumbre de esperar acaba con la vida de las personas y las torna
en corderos a punto de ser degollados. Sangre. Fértil abono de calumnias y
traiciones que han rodeado mi existencia y la de todos mis familiares,
verdaderos y anexados. Sangre. Para la familia que me rodea, que me protege y
que intuye que ya todo va derecho y sin escalas rumbo a la tumba. Sangre. Que
se acaba en el cementerio y que no retorna sino hasta dentro de que el tiempo
sin rumbo vuelva a su origen. Sangre y carne. Ellos y ellas, mis hijos y
hermanos se vuelcan sobre mi despojos terrenales para beberse mi legado. Así esta
escrito que pase.
Sangre.
Sangre y más mierda. Dolor abdominal que se multiplica hasta que la medula
grita de dolor. Sangre. Puede decirse que toda mi vida he vivido de sangre y
tendría que ser una ironía que no muriese en medio de ella. Sangre. Que se
riega en todas las direcciones posibles tras la violencia. Sangre. Color rojo
que se torna negro en cuanto pasa por el tracto digestivo hacia su destino
final en el excusado importado. Sangre. Todos los caminos que he recorrido a
través de los años han estado cubiertos de esta. Sangre. Violentas expulsiones
que se reproducen con gritos ensordecedores de miles de hombres, tal vez
millones antes que yo, siempre en medio de la agonía y el esfuerzo sobrehumano.
Sangre. Se agota su fluidez y se estanca, se contamina y muta en otra cosa, sin
vida, sin fuerza para seguir bombeando cada segundo, cada instante por cada
centímetro de venas que recorren al cuerpo humano bañándolo de calor. Sangre. La
última cosa que nos regalo el señor allá en los cielos fue su sangre tornada en
vino. Sangre. Vertida en las calles, siempre bajo la ley del mas fuerte. Y yo
lo era.
Sangre.
Y el recuerdo de las ultimas reuniones con mis hermanos, incrédulos, incapaces
de razonar mas allá de la adicción que provoca la hemoglobina. Sin sangre
estamos perdidos. A todos les di nombre,
no claves ni apodos, nombres porque han sido forjadores de sangre. Benditos
sean todos y que los ampare el de arriba, yo no puedo esperar nada más por mi
propia vida. Sangre. Tan alejada del alma o el espíritu, espíritus guerreros
que nos han poseído por años, por siglos, por toda la eternidad que vamos a
seguir combatiendo porque no hay otro camino. Nunca lo hay.
SR
sept-oct 2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario