Piedras de la memoria
15 días dure masturbándome con su recuerdo, no es que fuera una beldad ni mucho menos, simplemente me nació la calentura para hacerlo. Quien no lo hubiera hecho si ya llevara casi 2 años y medio sin mojar brocha debido a las complicaciones de la vida misma, o tratar de olvidar que me cortaron el testículo izquierdo por culpa de un accidente laboral que a duras penas el seguro quiso cubrir, bastardos como si yo hubiera querido deshacerme por principio de cuentas de mi huevo. Nada te deprime tanto como dejar atrás el episodio negro en que se ha convertido mi vida a raíz de haberme jodido tan tempranamente por causa de ese accidente.
El *espero que te recuperes pronto* de mi mujer suena hueco y lastimero cada que sale por la puerta de la casa porque ahora se dedica en cuerpo y alma a tratar de sostener como se pueda a la familia ya que el tipo que antes lo hacía se deprimió hasta grados insospechados debido a que un matasanos cualquiera le corto el testículo que le daba la fortaleza y el decoro para hacer cualquier cosa. He dicho cualquier cosa.
Es preciso poner de manifiesto que conocí a Alejandra (la mujer de mi memoria) en la sala de recuperación, me pareció guapa a secas en su momento y muy alegre (totalmente lo opuesto a lo que yo era por aquel entonces). No se guardaba nada y casi siempre tenía una sonrisa a flor de piel. La trate mejor toda vez que mis visitas al pabellón de curación se hicieron menos frecuentes, y es que el olor a piel amputada ajena me perseguía aun cuando me diera mil baños de agua con vinagre (para cicatrizar mis propias heridas), ella siempre estaba allí con su vestido amarillo pollito, siempre con ese vestido que me hace querer retrasar el tiempo para arrancárselo con la boca, con los puños siempre listos para la acción. Aun siento en la sangre escalofríos cada que recuerdo que me corría cuando la veía sonreír o aparentar que el universo le sonreía, todavía hoy con la distancia que dan los años veo sus dientes aparecer de vez en vez mientras tarareo esa melodía de Bob Dylan que tanto amaba ella por aquel entonces (y la cual aprendí por el mero hecho de que era su favorita).
Decía antes de que me sorprendieran los recuerdos de su olor fantástico a cítricos que me permitieron tener su presencia más cerca, que tengo una fantasía despierta y ello hace que me masturbe crónicamente por casi dos semanas con solo traerla a mi cerebro. Es fácil, recorro de arriba abajo el cuero y lo demás sale como en antaño, no pienso que haya sentimientos de por medio solo una terrible calentura que me produce ver su nariz chata, sus labios gruesos pintados siempre en un bermellón decente y como olvidarme de sus ojos algo grandes pero magnificados hasta la estratosfera con aquellos lentes de decorado felino, y sus cabellos, oh viejo, su pelo obscuro cayendo siempre graciosamente sobre el rostro que me recibía cuando todo mundo me daba la vuelta, siempre con una sonrisa. Miento, siempre hay sentimientos involucrados cuando se trata de ella. Me grabe a fuego sus delicadas manos con aquellas estrellas que decoraban cada pulgar, dos tatuajes que cobraban vida entre mis muslos para asemejar en todo momento que ella estaba allí, que siempre había estado allí, consolándome o tratando de hacer que mi hombría y mi fe en la humanidad no recayera más de lo que ya lo hacía. 15 días de placer solitario casi siempre con los ojos cerrados para no olvidar ningún detalle de su voz queda que recitaba los poemas basura que escribía para ella como si fuera un niño de 6 años enamorado de su profesora de español. Siempre vuelven a mis oídos los momentos donde su respiración calma era todo lo que llenaba la habitación, su respiración acompasada a mi ritmo cardiaco lleno de vaivenes de vals y baile de salón.
Quiera mi destino que las manos ejecutoras de esta pasión renegada del placer en pareja se encuentren en algún momento menos erradas y les dé por volver a escribir, a redactar la basura pseudo filosófica que me ayudo a mantenerme cuerdo durante los primeros 50 años y luego algún bastardo la convirtió en caja chica para compensar la falta de ese talento que algunos juran y perjuran que poseen, no tengo la menor idea de quien pudiera querer comprar tales basuras cuando ni estaban bien escritas, ni reflejaban otra cosa que no sea odio y mala leche por un derrotero faltón y lleno de carencias por el cual he deambulado. Pero vuelvo a errar, lo hago por ella, porque todas mis letras eran para ella, porque ella los amaba, amaba cada letra que salía de mis neuronas y que era trasladada al papel, ella amaba cada entonación falsa que buscaba acomodar para producirse un orgasmo literario que aplacara la sed de su edad (por aquel entonces ella no pasaba de los 25 supongo) y que al finalizar cada lectura me obsequiaba un beso húmedo en la frente que iba más allá de lo fraterno para deambular en la plenitud de nuestras conciencias (que era el único punto del universo donde podíamos coincidir sin atentar contra ninguna regla establecida). Que no hubiese dado yo por que fuese diferente, que mi yo físico fuese quien inspirara sus emociones primarias y la obligase a arrastrarse en pos de una caricia compartida. No fue así.
Vuelvo a escribirle desde el fondo de 2 botellas de aguardiente casero con sus casi 80° en combinación, escribo sin tener la mínima esperanza de que lea que me estoy acabando al ritmo de eso que compre en espera de que los efectos que me provoca me permitan olvidar hacia donde iba antes de comenzar a beber, olvidarla a ella. Por supuesto que el camino va empedrado por los cientos y miles de corcholatas y latas de cerveza amable que quedan detrás con su sabor amargo, pero no abrigo más esperanzas de que alguna vez vuelva, y es que creo firmemente que si en algo me he equivocado a lo largo de mi vida es en creerme un poco menos que todos, siempre al amparo de querer hundirme por debajo de la misma miseria en la que me he encontrado sumergido por culpa de su amor poco aprobado, a que mujer le atrae un sujeto acabado que prefiere encerrarse en su memoria antes de salir a desafiar al mismo universo?
Sigo creyendo que la vida me regala instantes donde el segundero se detiene y comienza a entorpecer el ritmo. Pero ella no aparece allí, sigue sin hacerse presente su carne fresca y tierna ya que se alejó de mi cuerpo encorvado y mis silabas para ser la fuente de otro, para tener en esas otras manos morenas o blancas tal parsimonia juvenil que revienta cualquier mal síntoma con una sonrisa, siempre así, sonriendo a la vida que a todos trata mal. Hay fuego en mi interior –y no precisamente la colitis o gastritis que afecta a todos por igual en mi familia- que no se apaga a menos de que pose mis falanges en el miembro y lo satisfaga pensando en ella. Primero arriba y luego abajo, un poco de masaje y luego escupo el glande o la palma de la mano para pensar en ella, siempre en sus brazos delgados y morenos –casi caramelo-, luego imagino su ropa interior negra, nada fuera de lo común, la ropa que cualquier mujer ajetreada en su vida usaría para ir y venir en las fantasías de un sujeto borracho y lleno de calentura que es incapaz de seducir a su mujer en turno corriente, cae despacio y aletargando la exposición milímetro a milímetro de su piel sabor a canela. Sale la primera tanda de bichos que van a parar a los pelos de mi estomago, sigo en el ritmo lento, no me desespero, aun hay mucho tiempo y mucho de ella que no he recorrido con mi memoria. Vuelvo a cerrar los ojos para evocar su risa y sus gestos como respuesta a algunas de las palabras más profundas que nada o poco tenían que ver con lo que en realidad le decía. Siempre interpretaba mal mis intenciones, en realidad le quería poner en 4 y acabar en su espalda, sé que no me dejaría hacerlo de otra manera. Pero en esa posición veo sus aretes sostenidos por aquel filamento de plata y estaño bañados con la majestuosa ola de su risa salpicando el universo cual si se tratase de las auroras celestiales con sus colores que rasgan la bolsa de mis recuerdos, las lágrimas me sacuden junto con una nueva venida. El placer solitario me consume.
Al fin y al cabo no es eso lo que todos esperamos?
Vomito blanco, la sangre fresca para el fin del universo que he creado en mi mente, el néctar de la decadencia que abandona mi cuerpo para posarse en sus muslos calientes y llenos de pequeñas venas azulosas solo existentes en la memoria de todos y cada uno de esos cojos y mancos que compartimos su existencia en el hospital de la Compañía de Jesús; expelo de mi ser todo el material genético posible de nueva cuenta para sentir que en realidad en algún momento tuvimos algo, y no fueron las meras elucubraciones de un trasnochado infeliz que no puede dormir sin abrazar su almohada mientras la mujer al lado ronca y ronca sobre esperanzas rotas que no alcanzo a querer comprender. Eyaculo y todos los caminos que supuestamente llevan hacia el caos mismo se terminan en su cuerpo pálido y resplandeciente traído desde quien sabe dónde bajo la luz incandescente de un foco ahorrativo de 15 watts.
No soy diferente a otros que han fantaseado con arrancarle la ropa, salvo acaso que soy menos impúdico al momento de narrarlo, quien lo dijera, que a fin de cuentas todo esto que atravieso tiene como trasfondo el amarillo pollito de ese vestido.
Enero/febrero 2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario