Real Valladolid de San Andres
Inicio? A huevo que hay un inicio para esto pero para eso tendría que remar en la historia local hasta 1990 cuando el capitán del Real Valladolid de Santa Cruz dijo que se retiraba de las canchas porque ya le pesaba la panza. Así es, mi ahora compadre el todo poderoso Asunción García Pérez se retiraba dejando vacio el equipo que nunca jugó con los colores del equipo albivioleta español sino que lo hacía completamente de blanco para emular el paso de Hugo Sánchez en el Real Madrid y el equipo de “la quinta del Buitre”. Chón se retiraba tras 12 años como líder indiscutible dentro –y fuera- de la cancha situada en el deportivo Francisco Múgica; tras de sí quedaban los 5 títulos de la liga premier Culhucanes – San Andrés que se habían ganado entre 1982 y 1988.
No pasarían ni 4 años cuando el condenado Chón se apodero de la dirección técnica del equipo formado por vecinos y amigos de los vecinos del sector 6 de la colonia San Andres Tomatlán, Santa María Tomatlán, Lomas Estrella y San Francisco Culhuacán, dándole un golpe de timón a su mentor con el equipo, al tiempo que le retiro el liderazgo de los taxistas que por aquel entonces formaban parte de la base de taxis colectivos que se asentaba en el mercado atrás de la iglesia de San Andrés. 19 años después el viejo se las ha arreglado para “amafiar” todo lo que se ha podido encontrar a su paso, desde la liga de futbol premier, los equipos juniors, la participación en torneos a nivel local y delegacional de los diversos equipos de la colonia, la venta de uniformes y equipo (balones, redes, espinilleras, suspensorios, guantes, etc.) y también la venta de alimentos y bebidas en torno a la liga. Un autentico padrino para todos los del barrio. No me quejo, a lo largo de 7 años que he participado activamente con el equipo mayor se ha sido campeón en 4 ocasiones (principalmente para evitar el “sospechosismo” de arreglos) y el compadre Chón ha sabido como volver esta liga local su forma de vida.
Yo, quien esto escribe me apodan “Rata” pero no por los motivos que ustedes creen, sino que hace 7 años en las épocas que recién me desquintaba con el equipo jugamos un partido nocturno con el alumbrado de mierda de los campos deportivos amateurs, el asunto es que al querer patear el balón con dirección a la portería contraria patee una bichejo de esos, qué de tan fuerte que iba quedo embarrado su cuerpo en la cara de dos defensas rivales, el portero y el árbitro. En realidad mi nombre es Agustín Ramírez y suelo jugar (aunque cada vez lo hago menos debido a la edad y a la panza que me ha salido por arte y gracia de tanta barbacoa) como delantero fijo, no lo he hecho tan mal y durante un par de años (cuando tenía la edad y el tiempo para hacerlo) me probé en las básicas de los rayos del Necaxa. Fui, soy y seré un fan acérrimo de esos rayos dirigidos por el maestro Lapuente en los 90s; del que fue tanta devoción que me hizo querer ser en mis tiempos el “Cuchillo” Herrera de la colonia o el “picas” Becerril, ya fuese al copiar el look de esos maestros o al usar su estilo de juego agresivo y seco aplicándolo a la delantera. Transcurrió mi paso por la adolescencia hacia la madurez con futbol por televisión y las visitas obligadas cada 15 días al coloso de Santa Úrsula para ver a mis rayos. Y pese a que su gloria se fue extinguiendo hacia fines del milenio pasado el cariño por un equipo se lleva hasta la muerte y a causa de ello es que la decisión de llevárselos del Azteca hacia Aguascalientes me provoco una honda decepción que me sumió en un agujero profundo del cual mis padres y mi novia de por entonces se asustaron de a madres, fue tanto el apachurramiento que sufrí que Carmen (ahora mi ñora) me propuso irnos a vivir a Aguascalientes para seguir al equipo de mis amores, no lo hicimos, porque no tenía un trabajo estable y no habíamos juntado lo suficiente para pagar la boda; sin embargo los años negros quedaron atrás cuando hacia 2004 llego mi chamaco al que como no, le puse Luis Alex (en honor al “matador” y a Aguinaga) y fue doblemente felicidad cuando en 2005 mi segundo niño nació al cual bautizamos (haciendo doblemente compadre a Don Chón) como Ivo Roberto (en claro homenaje a Basay y Zague, aunque también así se llamaba mi suegro con lo que complací también a mi chaparra).
En fin mucho ese soy yo, pero he de hablar un poco del resto del equipo (aunque bueno se entiende que sea poco ya que yo soy quien está contando todas estas cosas para tener algo de qué hablar y reír o tal vez llorar en un futuro cercano); en el equipo éramos hasta hace dos semanas 16 tipos cuya base de origen era la Colonia San Andrés Tomatlán y si contamos a don Chón éramos 5 taxistas y el resto un combinado que incluía un licenciado y un oficinista de quinta, dos mecánicos, un panadero, dos herreros, un electricista, dos desempleados (entre ellos el sobrino del compadre) y un estudiante. Ninguno mayor a los 38 (excepto el “Lic” que creo que cumple los 39 en agosto y ha dicho que se retirara cuando se tenga que retirar) y todos en la misma ralea. Si nos ponemos a ver la antigüedad en realidad el más veterano no es el “Lic” sino “Diego” que pese a tener 35 lleva en estos asuntos del equipo desde que tenía 15 y es el último resquicio de la época anterior al cacicazgo de Don Chón. “Diego” inicio como delantero y conforme pasaron los años y pesaron las lesiones ha terminado como mediocampista de fuerte lucha y algo de toque fino, somos él, ”Piolín” y yo los más betabeles del equipo. “Diego” es casado y tiene dos niñas y un niño; trabaja manejando un tsurito modelo 2004 que compro con financiamiento y lleva de taxista casi lo mismo que de futbolista; el bato no termino la secundaria y es la copia viva del presidente gringo que se tiro a la zorra esa en la presidencia salvo que “Diego” es de esos tipos serios en extremo, ni una cana al aire jamás. Su máximo logro es que su hija mayor ha sabido paliar las regaderas de esperma de estos lares (no se me malentienda, es guapa y todo pero muy responsable, la imagen viva de su padre y cuya meta es llegar a la universidad, aunque todos los que tienen hijos de edad arriba de 15 tienen esa idea pero la realidad es otra muy distante) y por supuesto su changarro de venta de cerveza que levanta los vuelos los fines de semana. El hablar de “Diego” lleva otra cosa implícita, hablar de todas las correrías que como buenos cabrones que semos nos hemos aventado , y es que a pesar de que al viejo no le gusta la onda de los puteros y se ha escabullido siempre a la mera hora en que nos toca entrarle con las chicas de Los Olivos o de San Lorenzo, siempre se ha portado compa y no raja con el viejerio; el “6” se vuelve hermético y poco reacio a participar arguyendo que quiere mucho a su vieja (no se crean, yo también quiero mucho a mi chaparra pero pues una puta es una puta y a tales carnes nuevas uno no le ve mal nada).
Su mero compadre del “Diego” es un tipo flaco y correoso como pocos: el “piolín”. Que tiene ese apodo desde niño y así se lo hemos dejado; de mandíbula cuadrada y calva en la coronilla su principal característica como defensa central es que aplica una máxima que aprendió en los campos rudos de la zona alta de San Andrés y el “Toro Loco”: o pasa el hombre o pasa el balón, pero nunca ambos. Ha fracturado a lo largo de los 12 años que ha vestido la camiseta del equipo a mínimo unos 8, siempre sale amonestado y jamás, jamás he visto que no termine un partido mínimo con un raspón. Entrón y luchón como buen mecánico de los que conforman la base de taxis, lo vemos siempre con el “Esto” y su tepache en la esquina de la Virgen (pese a que ha dicho por años que no le gusta el papel estraza del periódico y el sabor dulzón-fermentado de la piña). Su verdadero nombre es Carlos, pero hace años que hasta su señora le dice “piolín” y carga en su espalda el número 2 que antaño pertenecía a su hermano Adalberto y antes de este a un tío suyo que llego a estos lares de la capital cuando todo, todo absolutamente eran ciénagas y campos de cultivo, cuando los ranchos de Xochimilco y más allá mandaban a sus gentes a deslindar los terrenos que el viejo de la CTM otorgo para crear las colonias nuevas que eran para sus agremiados. En fin el “piolín” dio sus primeros pasos cuando se crearon los deportivos Cetemistas de acá y se formaron las primeras ligas amateurs con obreros de todas las raleas; “piolín” es el único de todos nosotros que se caso con una muchacha que es hija de uno de esos obreros cetemistas, y cuando se casaron por allá del 2005 prácticamente hubo cierre de calles en todo Progreso porque se dejaron caer la banda de los culhuacanes (obreros en su mayoría y uno que otro colado) y la gente del barrio de san Andrés con tremendo mitote que acabo en baile grueso en la explanada de la iglesia nueva del otro lado de la avenida Tláhuac. En fin, ese es el pinche ”piolín” que tiene un chamaquito de 8 que va que vuela para ser la mera imagen de su padre y otro de esos defensas de piernas largas y macizas quiebra jugadas y espinillas que ya juega con los juniors en el equipo del barrio.
Ya habiendo hablado de los veteranos creo que el turno es para el más viejo de edad, su nombre es Mateo y todos le llaman el “licenciado” o el “lic”. Graduado por la UNAM en Contaduría, el “lic” es un hueso duro, duro pero muy duro por su carácter volátil y por sus constantes erupciones de ira que son apaciguadas en la medida de lo posible por el “piolín” y por el “tubo” (no solo por ser los otros defensas, sino porque son los más avezados para eso del forcejeo con un toro como es el cabrón del “lic”). Su historia con el equipo no es fácil, llego hace 3 años apenas después de que fue despedido de su empleo en la tesorería y perdió los derechos del uso del deportivo privado; en fin, vino, le pidió una oportunidad a don Chón y finalmente se quedo para convertirse junto al “tubo” y el “piolín” en la defensa que ha causado más rojas y amarillas que cualquier otro equipo. La forma en que los contrarios lo provocan es fácil y comprobada por los casi 12 equipos de la liga y rara vez no se desquita cuando lo hacen encabronar, basta decirle “pinche pelón” para que el guey se inflame y combustione. Fue la primera vez que lo llamamos “pelón“ que se le dejo caer a trompadas contra un ex compañero al que llamábamos “Cabo”, el agarrón acabo con dos dientes menos para el sardo y tres puntadas en la ceja para Mateo Ramírez alias el “lic”. Don Chón los echo dos meses a ambos y el sardo se fue a jugar canicas con los narquillos en el norte y el “lic” si regreso. Es también por ese carácter tan cabrón que se carga que se ha divorciado tres veces y por lo que dos de sus cuatro hijos no le hablan en lo más mínimo toda vez que se peleo a golpes con uno de ellos. Gente brava los de esa familia.
Caso similar al del “Licenciado” es el “tubo”, un autentico hijo de puta en cuanto a los golpes y en cuanto al trato que le da a su ñora, una muchachilla de unos 22 (el guey tiene 33) que se casó con ese compadre cuando la embarazo a los 16 y que durante los años que llevan juntos le ha roto dos veces la madre con tal fiereza que ha ido a parar al hospital y el cabrón a los juzgados. Es complicada su vida, no digo que sean buenas gentes o malas, pero no sé, su padre era igual y quiero creer que así ha sido para siempre en esa familia como muchas en el barrio. El “tubo” (cuyo verdadero nombre es Federico) trabaja como mecánico y es poco menos que el guey al que le confiamos nuestras vidas todos los que funcionamos como chafiretes. De sus tres chavalillos el más grande (Fermín) es el único que lo ha acompañado desde que tenía como 5 meses a casi todos los juegos, ya sea que lo trajera su mama o la señora Nati que es su abuela. Como futbolista el pinche “tubo” es exactamente lo que reza su apodo un fierro para las artes y maleficios del futbol, un zurdazo que ha anotado goles en tiro libre como pocos, y por arriba en los tiros de esquina se vuelve o letal o muy seguro para la defensa. Fue gracias al “tubo” que llego al equipo el “cris”, del cual hablare más adelante.
En la columna vertebral del equipo (porque en el tiempo que llevan jugando para el equipo nunca han faltado a un solo juego) están tres tipos tan diferentes de si como peculiares, no son finura pero si son unos cabrones bastante decentes (salvo Pancho) que solventan con su presencia los asuntos. Primero el más viejo y el más curioso de los tres porque su vida ha sido difícil y prueba de ello son las cicatrices que tiene de lo que él llama: “errores de niño”. Todos en el barrio lo conocen como “mosca” (aunque su verdadero nombre es Arturo) y más extraño que ese apodo es que nadie entienda porque le digan así; el “mosca” (que tiene 32 y funge como medio de contención eficaz y brutal) trabaja como herrero en el taller que años atrás su jefe pusiera en las orillas de la colonia, y de ahí es donde surge el cabrón, como un raterillo de poca monta que se la paso entrando y saliendo del correccional desde los 10 hasta los 17 y luego cayó en chirona cuando tenía 19. A la sombra se aventó 5 años que irremediablemente lo cambiaron, no solo porque en cuanto salió se limpio de toda la mierda sino que le empezó a echar la mano a su jefe y se fue haciendo cargo de las chambas cuando el viejo Cipriano se lesiono la columna y ha mantenido a flote a las 4 familias que tragan de ese negocio. Para definirlo es necesario entender que cuando salió del fresco bote reconoció que desperdicio su niñez en pendejadas (así lo ha dicho) y se fajo como los machos; un condenado tipo de más de 1.80 que usa el pelo largo y trae tatuados ambos brazos y siempre, siempre anda en bicicleta. En realidad el “mosca” es un niñote (con una voz grave que le pone los pelos de punta a los contrarios cuando se pone serio) porque el cabrón luego pasa horas jugando con los morros del barrio o animando el asunto con sus ocurrencias, todo lo contrario a Carlos su carnal. El “mosca” está casado con una chiquilla de 18 y tiene un niño (con su mismo nombre) que es la viva imagen del (Q.E.P.D) ahora difunto Cipriano salvo por el cabello que heredo de la mama, todo chino y salvaje. Fue “mosca” el que intercedió para que el “largo” y “lupillo” entraran al equipo porque los conocía desde que eran unos morrillos y eran ahijados de su papa. Tal vez si no fuese por “mosca” o por “Cris” el equipo se hubiera ido a pique y disuelto tras lo de hace dos semanas.
Totalmente contrario a “mosca”, el pancho es un culero que llego al equipo con su habilidad máxima de ser sobrino de Chón. Compañero de habilidades con “mosca” y menos solvente aunque más rápido en caso de que se los lleven para tratar de emparejar las cosas, el pancho se ha encargado de portar durante casi 4 años y medio el gafete de capitán y llevar casi 8 ininterrumpidos como jugador del equipo. Ahora, que hace especial al pancho? Nada, nada de nada un pinche monito (y no solo porque lo parezca físicamente, sino que actúa en ocasiones como tal) que ha vivido a costa de todo el mundo durante toda su vida y ahora lo hace de su esposa y de su tío; de su tío ha manejado el taxi dándole en la madre como 5 veces y cuando el guey lo responsabilizo para ser el checador y el encargado de los horarios y administración de los taxis a los dos días le boto la chamba y se paso como 4 bebiendo con Carlos y el “zombi”. Con su esposa la cosa no mejora, sin embargo ella es una de las mujeres más guapas que haya pisado la colonia en años y aun hoy corren los rumores de que si la engancho fue nomas con embarazarla hace casi 13 años. La señora de Francisco Rebollo es una mujer que aun a sus 34 (el pancho tiene 30 y se ve casi de 50) se mantiene con todo en su lugar y trabaja de sol a sol en una farmacia cercana a Taxqueña. Tan bien esta la condenada que nomas se le ve pasar agitando el asunto por las tardes y a luego empiezan los piropos y las majaderías de aquellos que aun sabiendo quien es su familia les vale un queso. Chaparrita, mas guerilla de lo habitual para estos lares y con un gran cabus que aun alebresta a la concurrencia, así es su señora por lo que el pancho ha sabido a través de los años que nunca ha de llevarla con nosotros cuando vamos a los balnearios en semana santa porque las miradas sucias están a la orden del día. El pancho es un ojete por no compartir tales manjares.
Cierra esta trinidad de gente cumplidora “el gordo” Valdivia cuyo nombre es José y no es “tan” gordo solo que destaca del resto de nosotros por ser el más grueso y estar muy sonrosado. Un tipo bastante sencillo, sin mayor historia que trabajar en una oficina mediocre como capturista de datos y llevar la vida en orden tratando de juntar dinero para casarse con la novia que tiene desde hace como 9 años y que es hermana mayor del “Cris”. Valdivia o “el gordo”, llego al equipo hace 2 años y pese a que se cansaba horrores los primeros juegos ha sabido apoderarse de la banda, y aunque no es el más rápido lateral si es el más responsable; no bebe, no fuma, no echa desmadre con las viejas, pero es buen pedo y siempre puedes confiar en que te eche la mano para cualquier o casi cualquier cosa. Esto quedo demostrado cuando una mañana de hace año y medio el pinche “lupillo” le pidió un quinientón en su chamba y el “gordo” pese a todas las reticencias habidas y por haber se los presto, cuando ya creía el guey que su dinero había valido sorbete el pinche “lupillo” se lo pago y le invito unos tacos previo a la tarde de hace dos semanas. Creo sin equivocarme que el pinche gordo fue el último que hablo con “lupillo”. En fin, Valdivia tiene un pasado turbio o por lo menos extraño porque recordamos todos que su jefe era un pinche borracho culero (como el resto de nuestros padres) que se pasaba de culero y al parecer fue culpa de don Pedro que su hijo perdiera el meñique de la mano derecha hace casi 12 años cuando el gordo cursaba la prepa y tenía 16. Valdivia nunca nos ha contado que paso, pero aun hoy el pinche lechón pareciese sentir que su jefe puede regresar cualquier día de estos (siendo que el ruco se piro al otro barrio hace 5 años justo cuando el Valdivia entro a trabajar para los de la oficina) y eso lo vemos cada que el “mosca” utiliza la voz grave para gritarle por alguna desatención en la cancha.
Luego vienen esos que son el alma de cualquier evento de la colonia, peleoneros, borrachos, hocicones, buenos pal tahúr pero maletones para el futbol y que en cierta forma son los más impredecibles a la par que el arma secreta que sacamos cuando los partidos se complican y es que en solitario los dos gueyes se pierden en el campo y se dedican a jugar al balonazo, pero aguas si se juntan en la media porque de ahí salen los goles y los contragolpes: Carlos y el “zombi”. No juegan mucho, y de hecho no aguantan mucho jugando porque su hígado y su riñón les marcan el alto, pero si se encanchan le dan en la madre a cualquier equipo. Carlos es compadre del “zombi” desde niños, cuando el hermano del “mosca” paso a 2º y conoció al guey de los pelos parados que había sido reprobado ya dos veces por los profesores por andar reventando globos de pintura en los salones, contestar con groserías y no hacer nada de nada para pasar de año. Pese a que todos, o casi todos les decíamos (a broma) que eran maricones (porque no se separaban ni para orinar o cagar) Carlos se caso hace casi 6 años con Maribel García la prima cercana (o muy cercana se ha dicho) de Cristian y ya tienen 3 niños. Las pocas veces que “mosca” se ha encabronado con alguien ha sido con su carnal porque Carlos aparte de borracho siempre ha sido el niño de oro de doña Carlota (su mama) y esta le palio todas las correrías que tuvo hasta casarse mientras que al “mosca” lo obligo a trabajar desde morro con don Cipriano en la herrería.
Y el “zombi”? ese cabrón esta más solo que un muerto y no se le ven visos de cambiar, ya que sigue viviendo con sus jefes y le ayuda (o más bien le echa a perder trabajos) a su jefe como electricista. Lo más destacable de Francisco “zombi” Mina es que ha fungido durante cuatro años como “medio-pendejo” o sea de repente está arriba, luego baja, luego se pierde en las bandas y termina en fueras de lugar o platicando con los que vienen a ver los juegos. Tan compadres son el “zombi” y Carlos que juntos se juraron un año para dejar de beber y a los 15 minutos ambos estaban en la tienda de los jefes del “Cris” echando caguamas con los de la mueblería “el triunfo” y los albañiles de la obra del metro.
Y al final vienen los chavos o la sangre fresca que mantiene el juego después de la primera media hora cuando todos los demás nos desfondamos y pedimos la hora y comenzamos a hacer tiempo, son (o eran): Lucho, Pablito, “Cris”, Cristian, “lupillo” y el “largo”. Mientras que al “largo” y a “lupillo” los trajo el “mosca”; lucho, Pablito y “Cris” llegaron juntos cuando el don les dio viada para subir de los juveniles a la grande. De los tres es Pablito el más hábil y no pocas veces presume de haber sido buscado de morro por los americanistas pero que como él es cabra no les dio el gusto y prefirió seguir estudiando allá en Tlaxcala. Mientras Lucho y Pablito son taxistas el “Cris” es mecánico y estudia por las noches en la escuela del gobierno para adultos que abandonaron. La historia de Lucho es que hace tres años el viejo lo subió a la premier para que se fogueara y aparte porque el anterior portero (Don Alejo) ya las estaba dando y parecía coladera el cabrón, ya no se aventaba, ya no corría y se la pasaba tragando unas pinches tortas gigantes a cada rato del día aumentando la talla de la panza hasta niveles ya muy pinchemente insalubres. Ya cuando por fin sentó al ruco y puso al Lucho, inmediatamente este le recomendó a Pablito y a “Cris” para que también se probaran con tal suerte que los tres se volvieron titulares y refrescaron el asunto. De los tres se podría decir que el Lucho es el más fregón (no para el futbol) ya que estando casi recién casado, se anda comiendo a una hija de don Pedro Reyes el carnicero y más luego se anda dando sus vueltas allá por San Lorenzo donde se anda comiendo una gorda que tiene unos chicharrones de lujo. Lo culero para el tipo –y diversión para los demás- es cuando se le juntan las viejas, porque también para eso son cabronas, y se dejan caer todas en el día de juego para ver que pinches caras pone el Lucho, a lo cual responde mandando saludos y besos a las tres. El taxi que ha traído Lucho desde hace como 4 años era de su jefe, que era un chingón para eso de alterar el taxímetro cuando no lo veían los pasajeros, pero que se enfermo de la vesícula un día y a partir de ahí ya no quedo y ya no quedo por lo que le dio el encargo a Lucho para que trabajara el taxi y ahí ha andado.
De Pablito, pues Pablito es un muchacho todavía muy verde que resiente el cambio de apenas un lustro viviendo en la capirucha o tal vez ya se ha adaptado lo bastante para parecer otro más del barrio. Su familia llego en bola desde Tlaxcala hace como 6 años cuando Pablito se graduó de la secundaria y le cayeron los papas y los hermanos a la casa de la tía (doña Germania) para hacerle compañía toda vez que su hijo (el checo) se jalo para el norte y la hija (Maru) está en el Reno por matar a un cliente allá en Garibaldi. A Pablito también se le conoce como el “orejón” gracias a que le falta un cacho de oreja que un primo le corto accidentalmente cuando era morro. Su familia entera se dedica a hacer dulces de esos de leche que venden aquí y en Tlaxcala donde aún queda una hermana que tiene su negocio de dulces. Es a Pablito a quien le dejamos el taxi en diversos horarios o días en lo que junta para el suyo, yo se lo dejo en las tardes y el compadre Chón en las mañanas por lo mismo de que es harto responsable es que le tenemos tales confianzas.
“Cris” no es el diminutivo de Cristian, sino que el chavalón se llama Cesar y es el único que no vive en la colonia porque viene de La Asunción y trabaja medio tiempo en el taller de Melquiades y el “tubo”. Su apodo de hecho le viene porque lleva como 3 años presentándose a las audiciones para ser el Cristo de la pasión y dice que ya mejor se deja el look, pese a que en la barba en realidad le salen 3 pelillos y él se sienta la reencarnación del salvador o de Marco A. Solís cada que agarra y se quiere poner a cantar en las fiestas. No se malentienda el chamaco es cumplidor en la banda derecha y en las noches se dedica a estudiar porque dice que después quiere poner su negocio allá en su barrio y pues no quiere que se lo transen, pero de que se da su taco el cabrón, se lo da. El “cris” tiene su novia acá en el barrio, pero nunca lo viene a ver jugar porque sus jefes son muy tradicionalistas y casi siempre se la pasan en familia ese día ya sea yendo a misa o en casa con los compadres de don Nicanor.
Pues ya nada mas faltan los tres mas chamacos de los cuales Cristian es el más grande con 19, luego seguía “lupillo” con 18 y “largo” con 17. Ya había dicho que al “lupillo” y al “largo” los recomendó el “mosca” porque los vio jugando muchas veces en las canchas de arena que están atrás de la antigua Conasupo y le gusto ver que eran un par de chingones que se complementaban porque el “lupillo” jugaba como un 10 libre y el otro como delantero clavado que aprovechaba su altura para llevarse por piernas o con la cabeza a los otros rivales. Cristian (a la par de ser el único que no tiene un apodo fijo) es panadero e hijo de otro compadre de don Chón que no había jugado nunca al futbol y aunque no es mala onda el morro si se las daba de muy canchanchán, razón de más para que los que trajo Lucho se enemistaran con él a casi muerte, hasta que se lesiono el pinche “largo” y me tuvo que hacer compañía en el ataque. Cristian y “largo” se diferencian a madres, toda vez que uno lo tiene a uno u otro como compañero de juego, ya que mientras el “largo” es un delantero espigado y rápido, Cristian es bajito y duro, duro como pegarle a la pared, en todos sus choques con los rivales siempre atiza al rival y rara vez se lesiona. Ahora que don Chón anda viendo como renovar al ataque pues lo mete de inicio siempre y a mí de relevo porque tenemos casi las mismas cosas y la verdad es que yo no aguanto ya mucho corriendo detrás de la bola y mucho menos los chingadazos de los morros.
Entre las diferencias más vistas con el “largo” y “lupillo” es que el pinche “largo” nos agarro a mí y al “mosca” como influencias, y mientras el “mosca” le enseña de música y no sé qué tantas ranfladas, yo le enseño la vida dura del barrio, por ejemplo le compre su primera caguama después de que metió su primer gol, lo lleve junto con el pinche “tubo” y el “lucho” a desquintarse allá en la “meche”, le ando enseñando a manejar para que cuando se vaya por allí de cabroncito mínimo le diga a su novia que ya sabe cómo llegar sin pagar micro. Su verdadero nombre es Rodrigo, pero nunca le ha gustado el nombre y prefiere que le digamos por su apelativo; cuando nos lo trajo el “mosca” ya venía medio curtido por todos los partidos que traía con sus equipos escolares y al tener 14 el ruco se lo quería llevar primero a los juniors pero ya después de ver que tenia condiciones dejo que se quedara y le obligo a mínimo subir 5 kilos para verse más macizo y no salir rebotado al primer chingadazo. El morro sigue estudiando (primero porque lo obligo el don y luego porque realmente le gusto) la prepa y según dice y cuenta todo pinta para que en septiembre el bato entre a la facultad en CU y ya se ha dicho que si lo logra se arma pachanga con toda la raza.
Pese a que llego junto con el “lupillo” y que jugaban juntos, “largo” nunca fue su amigo y por ello es que el asunto del pinche “lupillo” no le afecto como pensaría cualquiera que le podría pasar, tal vez también se deba a que lleva casi 2 meses con la férula en la pierna derecha de un choque de la micro en la que se iba para la escuela y que le costó perderse todo el resto de la temporada por lo que ya casi no tenía comunicación con “lupillo”. Damián López, ese era el nombre del “lupillo” y su apodo se lo heredo su mero papa Guadalupe López que en sus buenas épocas era un boxeador amateur que llego a tener record de 18 ganadas en fila y que al quererse volver pro una fractura lo catapulto a la universidad pública donde los mismos conectes lo hicieron allegado a la gente de la delegación en las ondas de deportes y así, pero también lo hundió en su vicio: el chupe; así han pasado ya casi 20 años de ese cabrón viejo entrando y saliendo en las administraciones pinchurientas del partido que gobierna por acá. “lupillo” creo que asimilo tarde que la vida era caraja y si no tienes una salida te carga la chingada; así le paso a él y no creo que sea ni el primero ni el ultimo, ya que mientras “largo” era afín a mí y al “mosca”, “lupillo” era pupilo de quien sería su perdición: el pinche pancho. Pancho lo instruyo en sus ondas chuecas con el visto bueno de don Chón y así el pinche morro vio en el varo rápido la salida para sus pedos de niño berrinchudo y de familia más o menos con dinero, ya que lo presento con los narquillos de la colonia y el “lupillo” rápido trepo como uno de sus activos para la venta de mota y piedra. La cosa fue que en esos asuntos todos estábamos metidos pero bajo la dirección del compadre y luego pues con el asunto de la entrada de otras gentes la cosa se complico. Todos lo vimos venir y le bajamos a la movida, pero “lupillo” no lo veía así y creyó que podría armarla por su propia mano, no nos sorprendió el que, sino el cómo y cuándo. La mañana de hace dos semanas lo hallaron frio en un lote baldío de Lomas. No hubo drama, todos sabíamos lo que se jugaba y el morro también, el no se salió rápido y le toco. La noche del funeral todos los del equipo estábamos de pie junto a su ataúd allá en San Lorenzo mientras su mama y su papa le lloraban duro. Como a las 2 o 3 de la mañana se oyeron las patrullas y en menos de 5 minutos llego un pinche comando entero de cuicos mandados por la delegación para auxiliar en cualquier cosa que se le ofreciera a uno de los héroes del barrio e indagar. Todos (tanto los compañeros, como sus vecinos y amigos) sabíamos que era, pero ninguno dijo nada, es el asunto de ser del barrio. Es el asunto de no rajarse o chivatearse.
SR ABRIL 2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario