Noche intranquila
He re escrito este asunto como mínimo 5 veces, por lo menos la parte inicial y el asunto de los temas que he pensado a lo largo de varias noches de sumergirme en el humo y el sabor del whisky mientras todos alrededor maduran y sacan cuentas de banco para endrogarse de por vida (hey, yo también tengo una deuda que asciende a las dos cifras y me está esperando para ser finiquitada, pero de eso no he de preocuparme por el momento); la cuestión es que solo hasta salir del agujero en que me había metido (en la tercia de días perdidos) alcance a comprender que escribí dos cosas totalmente distintas (y supongo que pensé muchas más ideas nefastas durante el encierro autoimpuesto para conseguir cierta tranquilidad mental ante las condiciones en las que actualmente me encuentro) y una de ellas quedo insertada dentro de la otra sin que pudiese hacer cosa alguna para evitarlo, por un lado la anécdota de un viaje interestelar overdrive (pink floyd dixit) y por el otro mi eterno andar en la cuestión del “pobre bastardo blanco sin amor”. Quiero pensar que el cuerpo principal quedo intacto después de tantas revisiones -que no llevaban a ningún lado porque la droga pensaba por mí- y hoy justo que me decidí a darle una segunda mirada el pensamiento que dilucide lo que se escribe está enfocado en otra cosa muy, pero muy alejada de esto.
Esta onda escrita va muy ad hoc con un ritmo menos cadencioso al acostumbrado y más cercano al hardcore de los Black Flag o a la manera de manejar cuando el cielo se ha vuelto obscuro desde horas atrás y las calles están vacías; no sé, es como coger en un muscle car mientras lanzas el acelerador hasta tocar fondo por toda avenida Reforma y al mismo tiempo vas llorando por la muerte de algo, tal vez tu propio yo o alguna mamada que te afecte de antemano por estar condenado a repetirte hasta que las ámpulas en el cerebro se extiendan por todo, todo lo inimaginable. No se me ocurre ninguna alegoría mejor que esa, pero vamos a ello.
En principio:
La gente no entiende realmente lo que es esto del pachequismo (misticismo, marihuanismo, idiotez extrema, use el que más le guste y le acomode), no alcanzan a comprender que en realidad tengo como única misión acabar con todas las cosas dulces disponibles en un radio de cuando menos 200 metros a la redonda, sin vuelta de hoja o situaciones alucinatorias. Pero no, para ellos el asunto pasa más bien por otro lado, fumar yerba recae en una situación que involucra sensaciones, emociones o actitudes propias de un genio que por fin puede expandir toda su creatividad hasta los confines mismos del universo (las canciones y las historias no ayudan a darme la razón en este laxo argumento). Creo que en mis casi 10 años que llevo haciéndole a esto no he tenido un solo momento donde me den ganas de ponerme creativo, a lo sumo me quedo pensando y diciendo: “sería bueno hacer esto” para inmediatamente quedarme estúpido frente a cualquier cosa por espacio de casi 30 minutos (la ventaja de que te vuelvas tolerante es que la yerba chafa no te pega por mucho tiempo). Pero retomo; no, la gente solo quiere el glamour, el humo críptico, las sensaciones de “misterio del universo” y el completo estado de valemadrismo existente en la cola anillada (que se eleva en el aire) de ese cigarro forjado con las manos llenas de quemaduras. Todos quieren las ideas jaladas sin realmente trabajar para ganárselas, sin ver crecer el esfuerzo día a día y sentir en el alma de poeta frustrado y tarado en cada recorte hecho para que la supervivencia de la planta se convierta en el futuro de las ideas que reposan escondidas detrás de esas otras que son recibidas por la gente. No hay trucos, no hay caminos fáciles.
Esta óptica de pensamiento fácilmente podría caer en el foso de las charadas, Que son fumadas? Lo sé. Qué son risibles? soy el primero en darme cuenta de ello, pero de igual manera me gusta pensar muchas veces (o tal vez solo una vez lo he hecho) en este tipo de cuestiones mundanas trascendentales que le vienen valiendo un reverendo pito a todas las personas no involucradas, igual y se debe a que mi mente tan simple ya valió queso o a mi sentido del humor muy negro tirándole a necrófilo. Es en realidad que cuando me trepo al asunto de la quemadera dejo escapar lo que mi cerebro desee perder, aflojar las amarras para que el intelecto se muera poco a poco en unas finas capas de ceniza atrapada en papel arroz de mediana a fina calidad.
En estos “temas” he encontrado cosas que van desde lo más universal a lo menos propio de una neurona, desde los más profundos y poéticos pensamientos, hasta las cosas que solamente poseen sentido cuando uno se deja influenciar demasiado por el tetrahidrocannabinol (o THC para sus amigos).
Comencemos
• Uno de los aspectos más divertidos que he encontrado en mis muchas noches de insomnio amenizados con el olor del cannabis es hablar con la comida (mentalmente of course) mientras esta va camino abajo en el tracto digestivo. Mimarla, chiquitearla, enseñarle que su mero destino es un proceso esperado que me permitirá guardarle pleitesía durante los años venideros (aunque en el fondo me olvide de ella al finalizar la noche) e impedir que su mala onda por morir cual kamikaze se contagie al resto del organismo; por supuesto el asunto está en hablarle bonito y hacerle saber que sin ella francamente el asunto se va muy directo a la chingada; aunque en realidad nunca ha sido sencillo establecer con ella cuál es su destino y mucho menos hablar acerca de su metamorfosis en mi interior.
• Luego viene el quedarse mirando un papel cualquiera que se mueve u hondea con cada ondulación lanzada desde el aire artificial producido por la máquina eléctrica que provee ese sonido profundo, intimista e igualmente lo convierte en un nódulo de ruido blanco que me transporta hacia otros tiempos donde no era necesario tal aparato infernal. El ventilador industrial de mi habitación se queja con el constante roce de la madera a la que se halla sujeto, y es justo en ese momento que comprendo que he fumado demasiada hierba. Es temprano aun pero tal cuestión del ventilador quejándose me impide concentrarme tras unos minutos en todo aquello que me preguntaba horas (o minutos?) antes.
• Avanza la situación y comienzo a notar el tremendo dolor de pies a causa del mal calzado y la amputación de la parte podrida de la uña enferma del dedo gordo del pie; me entra cierta paranoia y justo allí noto que llevo cerca de una eternidad contemplando el reflejo del foco de 60w en la serotonina de la uña del pie. Comprendo con más horror (y algo de “ya lo sabía”) del deseado que no es mi pie, sino la mano derecha es la que soba incesantemente la palma sudorosa de la otra mano.
• Enciendo el segundo tramo del cigarro de olor penetrante cuya ceniza ardiente resbala hasta el pantalón de mezclilla y se pega junto al calor infernal de la entrepierna por ser primavera y apenas y poder entrar en esos jeans; hago girar el cilindro no perfecto que es este cigarro de “maría” cultivada y cosechada en casa, sin artificiales, sin pesticidas que luego afecten el cerebro (más de lo que ya está afectado) y entrecierro los ojos abriendo el tercer ojo ( ha! su puta madre!)para ver que no hay nada, que el jodido está de vacaciones y todo esta negro (o está viendo al interior del culo de alguna dama).
• Pienso una y otra y otra hasta llegar a mil ideas para nuevos escritos para al finalizar la primera idea de grandes dimensiones percibir que no poseo ni una mísera hoja de papel o siquiera un lápiz o pluma de tinta chorreada que permita que todas esas maravillosas historias ficticias no se pierdan en el humo, me sumerjo en la contradicción de quedar aferrado a mi creencia de que pensar justo en este momento es igual a hacer zapping eternamente un domingo a media tarde cuando no dan nada en la jodida televisión.
• Me concentro una vez más. Cierro mi mente a las ideas profanas de ser superior y estático permanezco al pensar en la textura rugosa de la colcha que se encuentra delimitando el toque de mi trasero –en jeans- con la cama. Consumo minutos y minutos en mi mente en este reconocimiento táctil cuando para sorpresa mayúscula me doy cuenta que no existe la colcha mencionada, que no uso jeans en este momento y que no estoy sentado realmente sino acostado sobre el colchón porque no he hecho mi cama hace casi 5 días. Miro a un lado y allí con su sonrisa chueca están las colillas de cigarros maltratados por el fuego, a su lado está la botella que me costó prácticamente 3 meses de no beber de mi bolsillo y que está por debajo de la mitad en su contenido, pese a que lleva a mi lado solo un par de horas: pienso en su cálido abrazo interno y me confieso enamorado de su color ámbar fuego y su sabor a mil coños de princesas Disney, benditas princesas devora fuego.
• Necesito agua y salgo a buscar el vaso de agua que ¿horas? antes use para calmar mi sed atrapada por 3 días de marihuana y whisky. Doy 2 vueltas por toda la planta baja de la casa y no logro encontrar el condenado vaso de vidrio. A punto de rendirme lo veo a menos de 5 centímetros del monte de venus de mi mano izquierda, lo puedo palpar con el mero roce de la mano.
• Son apenas las 3 am y no hay comida más gratificante que comer casi un kilo de palomitas para sentir cada grano de sal atrapado por el sabor seco del maíz reventado…y después paso a escupir libremente toda las cascaras de las semillas sin reventar que se quedaron a vivir permanentemente en los dientes, sorbo agua del vaso que encontré, como más palomitas que se reblandecen con la cantidad de liquido que aún queda en mi boca; más palomitas, mas agua, mas palomitas, mas agua. Me quedo de pie frente a la luna que se mira gigante y fría, sola como esas palomitas que con desprecio escupimos cuando solo queda la semilla sin explotar, cadáveres por doquier de sus compañeras de armas, cientos o miles de buenos cadetes que no pasaron la selección. Son las 3 am y estoy de pie en el traspatio helándome los tanates al no traer zapatos o algún calzado. Es la hora del lobo y me siento un jodido beatnik que ha cambiado el jazz por el rock de múltiples géneros apócrifos y demeritados conforme se avanza la centuria a la que pertenezco y se pierden las raíces del asunto mismo, fumo yerba por horas y horas para terminar hablando de mierda y media. Me deprimo solo un poco sin alucinarme en demasía
• Dentro de ese espacio concedido por la ingesta de palomitas caseras es que en pleno dialogo interno caigo en cuenta que la gente llama “huesos” a la semilla que no explota por completo del maíz inflado. Una vuelta y otra, una idea que nace y otra que fenece al no encontrar eco dentro del resto de neuronas poco funcionales que esperan con ansia un trago nuevo de whisky o que les inunde el panorama con la neblina hedionda procedente de la mezcla de THC, papel arroz y fuego. Cierro el circulo diciendo en voz alta y grave: “Nunca he entendido porque decirle “huesos” si el maíz no tiene…o al menos que el olote sea su esqueleto” celebro el chiste pese a saber que no tiene ninguna gracia; últimamente ni mi propio humor pesado y negro como el culo de ciertas damas y gueyes me solventa, me falta chispa, me falta algo que me saque del hoyo producto de la yerba y el whisky, apenas son 3 días pero ya no recuerdo que hiciese algo antes de caer en tal dinámica.
Finalmente vuelvo al papel e intento escribir todo esto sin sentirme tan mal porqué en realidad soy un solitario y patético tipo cercano a los 30 años perdido en el humo de la droga que yo mismo he cosechado y en el sabor dulce como los besos de la señorita cometa de mi imaginación de ese licor bendito. Miro desesperado el reloj una vez más para cerciorarme que los minutos no se derriten como mi cerebro y allí con su cuerpo electrónico de leds me da el anuncio de que son las 3:00 am y que el planeta no se ha movido en su continuo perpetuo sobre su propio eje para sacar de un lado el sol y ocultar los terrores nocturnos que acompañan la soledad y la ebriedad de los cientos o miles de hijos perdidos que tiene regados por el universo y que se encierran en sus caparazones de desprecio por la humanidad restante. Son las 3 am de un sábado de gloria cuando agacho la cabeza y las manos se pasean frenéticas sobre mi calva incipiente para acordarme que no hay otra persona aquí, que no hay nadie más a quien pasarle la culpa de los caminos elegidos… cierro los ojos con el pesar acumulado de días y noches sin juntarles para descansar y al abrirlos después de muchas lluvias de colores circulantes y ambulantes vistos en el interior de mi cráneo veo el reloj (que me trae de regreso de la isla de las maquinaciones infernales o celestiales según sea la noche), son las 3 de la mañana de un sábado de gloria, la luz del cuarto está apagada y estoy cubierto de pies a cabeza por la colcha en una noche de primavera con el calor sofocante, me desemperezo y me siento en el colchón sumamente mullido, no hay rastro de alguna botella de Whisky o cualquiera que mínimamente me fría el cerebro y el hígado, no hay olor a quemado porque recuerdo que no hay marihuana que quemar debido a que la cosecha se perdió por una plaga el otoño pasado.
Lo único que funciona a las mil maravillas es ese ventilador industrial grisáceo que sigue girando noche tras noche igual que ha hecho desde hace casi 9 años.
SR Marzo/abril 2013
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