Pulcatas II (la venganza del maguey!)
Hace casi un mes coloque una suerte de escrito
donde me burlaba de algunos establecimientos ubicados en el defectuoso en las
primeras décadas del siglo ya terminado y caducado (el XX por si se lo
preguntan), únicamente -y no porque yo lo haya querido sino porque estoy más
vigilado que un muerto en velorio por mi tiránica jefa Marianiux (saludos
jajajaja)- coloque unos pocos y ahora he decidido romper con el firewall de la
terminal del SS sustrayendo los nombres que recopile para que en un arranque de
optimismo se decidan a fundar nuevas pulcatas o cervecerías trayendo diversión
a los miles de borrachos que pululamos por las calles del monstruo de millones
de cabezas que es el Deefe.
Por cierto hace un par de años la doctora botona-
experta en historia social del siglo XIX- me prestó un libro realizado en
conjunto por una historiadora -creo- poblana y el buen Rius, acerca de las
pulcatas y sus letreros, basado sobre todo en fotografías; el libro se consigue
en las librerías de prestigio y está sumamente detallado, además de que es una
fregonería ver las imágenes de las cantinas de antaño pa' darse color de lo que
se ha perdido. Porque admitámoslo, no es lo mismo entrar a una pulcata clásica
que entrar a un baresito donde ya desde antes te discriminan con los precios.
Dios nos guarde las pulcatas mucho tiempo más!
Obviamente no puedo repetir lugares comunes como
los chistes sobre las delegaciones/municipalidades Iztacalco y Milpa Alta en
cada uno de los casos, pero si puedo agregar una escena al puro estilo de quien
suscribe esto.
Quiero imaginar que entro por la puerta angosta y
achaparrada de madera de una de las pulcatas que se establecidas en los
lúgubres pastizales de la ya extinta hacienda de Coapa (por aquel entonces la
colonia que hoy habito no existía y el punto más cercano era Muyuguarda y las
chabolas que rodeaban el casco de la afamada hacienda) y encuentro de frente la
siguiente escena: una panda de borrachos cubiertos de pies a cabeza por tierra
y mugre, el olor a orines y fermentación se cuela por cada poro de las paredes
del lugar, una mujer de buenos bigotes charros despacha tras la
"barra" (que en realidad es una tabla de madera putrefacta empotrada
sobre dos barriles que contienen el curado de tuna o natural); de la nada se
hace el silencio mientras un par de combebientes se trenzan en una disputa por
el honor de llamarse cada cual como se le antoje al otro, alguien saca un puñal
y termina con la vida del menos hábil para esquivar el filo. Varios minutos después
en medio del desconcierto y recelo general aparecen los de la tira, en un
rincón y aun afectado por los efluvios de la bebida, el asesino mira en torno
suyo con los ojos vidriosos, torva su mirada mientras imagina que permanecerá
encarcelado o será reclutado en la milicia un par de años y no podrá seguir
conbebiendo con sus camaradas y amigos. El muerto está cubierto con una cobija
cuadriculada y sin huaraches -se los robo otro necesitado- y se halla en el sitio donde cayó, la policía
toma declaraciones y se lleva detenidos a todos por alterar el orden público.
Al día siguiente la escena se repite en igual manera, tal vez sin que haya un
pobre diablo con las tripas de fuera, tal vez sea una piruja la muerta.
Escenas como esas se repitieron a lo largo de los
cientos de lugares que tenían cabida en el Distrito Federal y en la Ciudad de México,
lo cierto es que cada cual tendrá sus historias propias y en cada una de ellas
el sabor del pulquito será distinto.
Amonos con los nombres de estos centros del saber y espero que algún día
no desaparezcan todos.
"La Calavera" (de esos nombres que intimidaban nomas porque si) "La Perla de la Santísima" (se imaginan bien, estaba detrás de una iglesia cuyo principal adoratorio estaba destinado a la virgencita- también se puede notar un doble sentido en el nombre)
“Islas de Jamaica” (ubicada cerca del famoso mercado, esta me parece que era una fonda con permiso para vender cervezas)
“Tlapancalco Chico” (agréguenle el pronombre el… y no quiero ni imaginar)
“Las cañitas” (aguardiente, aguardiente pa’ todos)
“El chilero” (pondré la verdad, este era un expendio para vender chiles… que hayan vendido cerveza sin permiso no es mi culpa)
“El jonuco” (no supe si escribir con mayúscula o no su nombre)
“La profesa” (farmacia productora de enervantes ubicada en la calle de Juárez, exacto un laboratorio narco!)
“El molinito” (su razón social era expendio de comida, con venta de Cerveza)
“La loma” (ahí nomas tras lomita)
“El búfalo” (rudísimo sitio ubicado en la periferia de la capirucha)
“Ocopiasco” (estoy seguro que no es albur)
“El paje” (no, no tengo idea de por qué se llamo así)
“El euskaro” (propiedad de un vasco que vendía cervezas)
“La universal” (creo que salieron varias con ese nombre, esta fue la más famosa)
“Vista alegre” (salimos con la…)
“Palacio” (hotel que se ubicaba atrás de…)
“El atlántico” (otro hotel de mala, malísima nota)
“La vencedora” (de esas que ya no se hacen)
“Cuatro arboles” (creo que se hallaba clausurada el 80% del tiempo)
“La perla” (de oriente?)
“La parroquia” (a esta si iba de harina y huevo)
“El cuartelito” (se hallaba en lo que hoy es la Doctores, sip igual de violenta)
“Casa de las animas” (no mentiré, era una casa de mala nota, muuuuy mala nota)
“La sala” (glorioso nombre pa festejar el 15 de septiembre)
“El califa” (antes de que se volviese el nombre de una taquería)
“La carpeta” (papelería/nevería/pulquería, eso es diversificarse)
“Xintzilhuacac” (ni idea de que quería decir)
“Las mañicas” (tuve que releer el expediente por que creí que decía las muñecas… sip otra casa de mala nota)
“Teopanixpa” (ni idea de que era su nombre)
“Tianquisco” (un terreno donde se celebraban cosas)
“Saleroco” (aquí si hubo un crimen, el nombre)
“El seminario” (a este si me matriculaba cada trimestre)
“El venero” (no, no dice el veneno)
“Najaraco” (ni una ni otra, un terreno que se lo disputaban varios hijos de…)
“Texocotitla” (otro terrenito en la loma de Xochimilco)
“El genio mexicano” (lo que no poseen los políticos!)
“Xolalco” (otra de esas tierras en Xochihouston)
“El Saturno” (como rifaría decir: “voy a Saturno al rato vengo!)
“La gran victoria” (parienta de la vencedora)
“El gran vacilón” (de los buenos sitios pa descansar)
“Tenampa” (si, ese Tenampa)
“El centro catalán” (otro pa venderle cervezas a los pinches culés)
“Papaguacaba” (ni idea de que quería decir su nombre)
“La brisa de Santa María” (pa mi que era escupitajo y todos creían que era brisnita)
“El batan viejo” (se busca a los herederos para que me vendan el nombre)
“Paris de noche” (putas! Putas! Para todos!)
“Chapala” (hijo del lago, traído hasta la Noria)
“El camarote” (según era un expendio de tortas)
“Los monitos elegantes” (según no eran parientes de los monitos aristócratas)
“Guadalajara pues” (especialidad: la torta ahogada… la torta de quien?)
“Los monitos aristócratas” (a según, vendían tortas…)
“San Miguel” (pulcata ubicada en el centro)
”La Muralla” (si pasan por metro Portales todavía existe)
“La florida” (boca de la que atendía)
“La explosión” (de creatividad de quien escribió tantas pendejadas)
“El colibrí” (un sitio chic que seguro todavía pegaría)
“El fuerte de Guadalupe” (atrás de la catedral, para comulgar con pulque)
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