Metal II
Si bien los anteriores 10
discos son parte fundamental de la vida que llevo (y llevaré), hay otro tanto
de discos que indudablemente me han ayudado en diferentes momentos a definir
mis gustos y mi pasión por la música (que lamentablemente no se me dio hacerla
de manera original). Discos igual de trascendentales que los anteriores, que si
acaso tienen menos fuerza en algunas de sus composiciones sin que por ello sean en absoluto menores.
Es mejor seguir y no hacer
tratados de estados emocionales… yeah! It’s Fuckin metal baby!
11. “Roots” de
Sepultura. El último disco con Max
Cavalera al frente y el ultimo de los discos de sepultura con su alineación más
comercial también es un disco donde llevaron la experimentación (ya presente en
Chaos B.C.) a nuevos niveles, hay mayor integración de elementos amazónicos y
con una mayor critica a la naturaleza política respecto a los pueblos
originarios del continente americano. Más allá de los lugares comunes que he
mencionado en este pequeño párrafo, fue este el primer disco que escuche de los
viejos sepultura, aun recuerdo que trate
de aprender a tocar en la lira “roots bloody roots” y falle, que trate de
llevar el ritmo trepidante de la bataca en “spit” y se me acababa el gas a
mitad de la canción. Que trate de cantar con la misma fuerza del pinche Max en
“cut throat” y la voz se me desgarraba a la mitad de la misma. Baste recordar
la grandeza de Sepultura cuando al inicio de ese pedazo de cover realizado a
motorhead llamado “Orgasmatron”, Donnington amenazó con caerse.
12. “Toxycity” de System of a down. Realmente
se puede considerar a los system como metal? No lo sé ciertamente, lo que si
entiendo es que pasando la edulcorada canción de “chop suey” (que los coloco en
el ojo del huracán comercial al rotar constantemente en las cadenas de videos y
de ganarse el repudio de cierto sector conservador por sus críticas al sistema
estadounidense), los system tienen piezas en este disco que son de mayor fuerza
y poder que la ya referida chop suey. No puedo evitar sentir un apego por este
álbum debido a que llego a mi vida en una etapa bastante interesante, cuando
estaba enojado con el universo entero (pero quien no lo ha estado a los 17).
El disco a mi gusto tiene
mejores rolas que los sencillos que se lanzaron, baste observar la fiereza con
la que arrancan en “jet pilot” (y por supuesto el resto de la canción va en un
constante subí-baja demencial) o esa otra joyita llamada “ATWA” cuya
tranquilidad inicial se ve trastocada hacia los 45 segundos cuando rompe en un
brutal restallazo en la cara. Para muchos es mejor el disco homónimo de los
system, para mi basta escuchar “bounce” y saber que el nü metal no era tan malo
como lo declaraban los fans del true.
13. “Lateralus” de Tool. Que
carajos es Tool? No lo he descifrado y es poco probable que en un futuro lo
haga; hace años leía una revista española donde decían algo tan cierto como que
el pasto es verde (iba a poner que la mota, pero luego viene en unos colores
pachequisimos ): “Tool es muy suave para llamarse metal y demasiado pesado para
llamarse art rock”. Tan cierto hoy como siempre, Tool no es en sentido estricto
una banda de metal, pero está muy lejos del rock y del jazz; lo cierto es que
llegue a esta agrupación gracias a mi hermana mayor y al pinche MTV(ese pinche
canal que ahora está plagado de adolescentes y post adolescentes con el
intelecto de la crema de mani). Para definir mi atracción inicial a Tool basta
recordar las chingonerias de videos de “schism” y de “parábola” (no ayuda que
uno sea un pacheco irredento). La música de Tool se podría acercar fácilmente a
lo realizado por los King Crimson en su faceta más ruda y aun allí hay años luz
de separación entre una y otra banda, tal vez sea nuestro error común esa
pinche necesidad de etiquetar a todas las bandas en una categoría en lugar de
llamarle música.
14. “Black seeds of vengeance” de Nile. Cuando
más clavado estaba en el death metal realizado por los señores de Cannibal
Corpse, comencé a sentir una especie de hartazgo, no musicalmente, sino líricamente.
Las huestes de “Corpsegrinder” y Webster llevaban más de 10 años hablando de lo
mismo, su música se había vuelto más técnica, pero hasta la sangre y las tripas
cansan después de un rato, busque afanosamente algún grupo que mantuviese el listón
de fuerza sónica y que no diese concesión alguna; y entonces llegue a otro
grupo gabacho que venía pujando fuerte por hacerse con el titulo indiscutible
de la mejor banda de metal extremo de este lado del continente. Su nombre: Nile
(honor al río), pero eso era lo de menos, lo genial era la temática manejada
por la banda, letras inspiradas en la
egiptología. Así como se lee, los dudes eran estudiosos de la historia egipcia
y ello lo volcaban hacia las letras de la banda. Cualquier cosa se podría pensar, lo cabrón
seria ver si lograban el cometido. Bastan los primeros acordes de la canción
homónima del título del disco, para saber que verse acorralado por misterios
milenarios en medio del asfixiante clima del Egipto es poco comparado a la
brutalidad de la gente de Karl Sanders.
La banda gringa ha sabido mezclar entre la brutalidad generada por sus
instrumentos, pasajes hechos con instrumentos de la región del norte de África y
cantos de monjes, sobrecogedor es poco. Para mí, Nile llevaban a nuevos extremos
la música metal y asemejaban la escucha a la sensación que debió haber sentido aquel Harry Houdini en “Bajo las pirámides” al
momento de asistir a una resurrección de los misterios egipcios, en el brutal y
escalofriante cuento de H.P Lovecraft (que basta mencionar que es otra de las
influencias de los Nile).
15. “Scum” de Napalm death.
Como estudioso (jajajaj) o mejor dicho clavado de la música, siempre me ha
gustado saber de dónde proceden las influencias de los artistas. Y ahora
fíjense como llegue a la poderosísima banda inglesa de “Barney”
(no Gomez, no Stinson) Greenway: Escuchando a los Mars volta (cierto
nada que ver con los de Birmingham) pues me clave en ellos y trate de obtener
todo de ellos, llegue a sus raíces, los At the drive-in, pero nuevamente descubrí
que estos no eran la punta de lanza de su generación, ni los más innovadores, volví
a clavarme en las raíces y encontré que pertenecían al post- hardcore, (chinga
a poco hubo un pre?) rastree más y llegue a los viejos Fugazi, que eran los
padres santos del post-hardcore, pero no eran los propiamente dicho iniciadores;
nuevamente mi curiosidad me llevo hasta los Minor threat, emparentados
directamente con la vieja escuela del hardcore punk. Hasta allí, se podrían
preguntar qué tiene que ver Napalm, bueno curiosamente uno de los discos
seminales para entender el hardcore es un demo grabado por la banda de Shane
Embury como miembros de una oleada de punketeros cuya duración no sobrepasaba
los 15 minutos, era ruido, caos y desorden absoluto, los chavales eran unos muy
jovencitos napalm death que tiempo después cambiarían su nombre al actual, y en
1987 grabaron una pieza maestra de la brutalidad llamada scum. Más violento y
cargado de mayor crítica social que el anarco-punk; lo que hace Napalm con este
álbum es en apenas 33 minutos lanzar una declaración de principios en contra de
todo el sistema, 28 canciones cuya importancia desencadeno un genero completo y
que me ayudo a llegar a otra etapa de mi sacrosanta vida.
16. “Guts of a virgin” de Painkiller. En
definitiva uno de los músicos cuya obra ha marcado mi vida de manera
significativa ha sido John Zorn, en sus múltiples proyectos –ya solo o como
productor- ha permeado de manera gradual mi gusto por la música. El primer
acercamiento que tuve con su música llego por gracia y obra de mi hermana mayor
que me dijo que existía una suerte de jazz extraño en la sección clásica de los
mix up, cuyo máximo representante era un tal John Zorn. El disco por demás era
carísimo y poco accesible para mi bolsillo, era el Bar Kokhba. Desesperanzado
por no poder comprar su música me lance (como muchas veces lo hice) al chopo, a
buscar algo de consuelo en mi bien amado metal, lo de siempre, música pesada y
atronadora; sin embargo ese día repare en un puesto atendido por un sujeto con
cara de mamón (aunque ahora con la reflexión que me da el tiempo, veo que todos
los que allí atienden tienen la misma cara) y cuyos discos piratas eran ostentosamente
más caros que el resto, sin embargo allí en una esquina estaba una sección
entera dedicada a la música de Zorn. Rasque en mis bolsillos y encontré lo
suficiente para comprar el más barato de todos. “Guts of a virgin” (nombre que
Zorn retomo de una película nipona de sangre, tripas y más sangre). El grito inicial de la canción “scud attack”
me proveyó del primer shock mental en años, comenzó a sonar el sax y todo dejo
de tener sentido. Cambios brutales de ritmo, batería desaforada que aparece y
desaparece en medio del caos provocado por los ejecutantes del metal(?) de juanito zorn. Me sigue pareciendo sobrecogedor que tres
dudes (John Zorn, Bill Laswell y Mick
Harris) crearan una de las obras más brutales de la historia, sin necesidad
siquiera de usar voces. Sigo esperando a
que Zorn venga a pagarme la deuda por haber roto mis pesadillas llevándolas a
nuevos niveles gracias a la música de painkiller.
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