lunes, 11 de abril de 2022

Cucarachas

 4:12 am me enderecé y cogí lo primero que encontré en la mesa de noche. El sudor arrecia y el reloj con aquellos números en color verde deslumbran por casi toda la habitación. Estoy sudando, pero no es por aquellos sueños que me han atormentado últimamente, al contrario, no he soñado ya desde hace 3 noches, no consigo dormir, doy vueltas, enciendo la luz, fumo un poco, vuelta a intentarlo y nada, así pasan las horas que se antojan largas, en dos horas el condenado reloj de números verdes se encenderá con alguna melodía de antaño, música del recuerdo, música que mi padre y madre escuchaban. Enciendo la luz y el ruido de los grillos bajo la ventana se silencia por un instante, también el tap tap de las patas de las cientos de cucarachas que andan por toda la habitación pero que no alcanzó a apreciar porque sigo medio dormido, alguna vez leí que una persona en toda su vida comerá la misma cantidad de arañas y cucarachas mientras duerme, un festín de media noche, quisiera dormir y que algún bichejo ande directo hasta mi esófago para que pueda comenzar a saborearle y darle un poco de sentido a mi vida. Las frases eternas que se contraen en lo más profundo. Así son las noches, decía aquella canción que escuchaba cuando adolescente; al encender la luz me doy cuenta que nada ha cambiado desde entonces, quizás que tengo más panza y menos pelo, pero no es nada nuevo, de hecho son pocas las cosas que cambian cuando uno mantiene la misma rutina desde hace casi 30 años. Salvo esto, estar despierto y tecleando una historia que me ha producido la gana de hacerlo, tenía muchos meses sin coger la máquina y comenzar a vaciar las letras, una a una, cada palabra que mantiene la sintonía con la porquería. Pero aquí estoy, no para contar como una cucaracha ha trepado hasta mi boca, o como la araña venenosa se ha encargado de nebulizar mis cuerdas vocales, ni tampoco porque no he podido dormir por el jodido calor, no, nada de eso tendría ningún sentido en un mundo como este, un jodido tipo con cara de perro apaleado tecleando una historia estúpida en una madrugada de primavera en calzoncillos, con la maquina recién encendida, a la gente no le interesa eso, pero es mi deber contar lo que ha sucedido apenas pude tener conciencia de lo que pasaba alrededor. Debían ser ya 20 minutos más desde que decidí encender la luz y arrojar fuera de la oscuridad a las cucarachas que se pelean a muerte por una migaja o por algún otro insecto lo suficientemente imbécil como para venir a parar a este muladar, pero ahí estaba, buscando una botella de agua, un poco del vital liquido que ayudara a que la noche y los retortijones no fuesen tan calamitosos, pero no había nada, un vaso vacío lleno de huevos de cucaracha, un plato con mierda de cucaracha y una inteligencia inferior al promedio. Quise calzarme para buscar algo en la tienda de convivencia que había a dos calles, salir al condenado fresco y quizás tumbarme un rato en la maleza donde algún adicto se meo la noche anterior o a donde vinieron a dejar el cadáver de aquella muchacha.  Era joven y no lo merecía. Algún hijo de puta con menos valor del que se necesita para seguir vivo lo habrá hecho y seguramente anduviera ufano en algún servicio religioso o viendo todo desde su televisión pagada a intereses gigantescos. No lo hice, apenas me había calzado uno de los zapatos, sin meterme el calcetín y mucho menos el pantalón, cuando escuché la risa de aquel bebé, una niña, debía de tener un año máximo, era lo único bueno de aquel lugar, todavía no estaba viciada, todavía era buena persona y muy probablemente tuviera aquella luz que les hace resplandecer. La oí reír porque era lo que hacía un bebé a esa edad: llorar, cagar, reír y dormir. La mejor época de nuestra jodida existencia, pero era diferente aquella vez, como si algo se escuchara hueco, como un especie de silbato que acompañaba al final su incoherente balbuceo, y este se iba apoderando de la risa, aunque desde mi habitación que quedaba detrás de una pared medio maciza apenas se podía escuchar por encima de las patas de las cucarachas que aguardaban expectantes y cabreadas a que apagase la luz otra vez para volver a su rutina. La risa se fue espaciando, menos graciosa y más llena de miedo, cargándose hacia la oscuridad, hacia aquello que nos aguardaba a todos al final, pero aún me negaba a creerlo, a pensar siquiera que pudiera estar despierto, quería creer que era un sueño y que en cualquier momento todo acabaría con el dulce reír de aquella niña, me paré de la cama, con una sandalia puesta, di un par de pasos y me contuve de ir a tocar la puerta contigua, que me aseguraba que lo que había escuchado era real, así dure segundos que me parecieron lo más largo de la existencia, en algún lugar seguramente se habían extinguido galaxias debido a mi indecisión. Golpee tres veces la pared, tan fuerte como pude, y no escuche nada, me salí en calzones con el terrible miedo de que todo fuese un jodido sueño, otro de esos sueños donde todo parece que saldrá bien pero luego cambia y empiezan los terremotos más jodidamente destructivos, toque tres veces la puerta, el timbre, aguardé. Nada. Ni la mujer ni el hombre acudían, patee la puerta en espera de que mis intentos no fueran en vano. El vecino de la habitación de enfrente se asomó y me increpo por hacer ruido de madrugada, le ignore y aguarde. Volví a patear, seguramente creyeron que estaba drogado, no sería la primera vez que me mandaran a la procuraduría por eso, llego la vecina de abajo, venia cabreada, venía con un tubo y me gritó que dejara dormir, le dije que la bebe estaba agonizando. Su cara mudó de desconcierto a miedo. A incredulidad temerosa, me preguntó que si estaba seguro. Le espete que no había respuesta a mis golpes ¿Dónde están los padres? Ella se apresuró y golpeo con el tubo. Nada. Llegaron dos vecinos más, a fuerza tumbamos la puerta, por suerte son lugares tan jodidamente mal construidos que lo único que nos evita el frio es una pinche puerta que se abre con una buena carga. El olor era brutal. Puro y duro gas. Los dos hijos de puta estaban muertos, las cabezas dentro de la estufa, comencé a marearme, se escuchaba la sirena cuando la mujer del tubo grito. La bebé no respondía. Llegaron dos ambulancias y quizás algún carro de bomberos en el programa que veo, no le presto mucha atención porque estoy escribiendo esto. 


SR Marzo 2021


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