lunes, 2 de octubre de 2017

compleja

Había comenzado a beber cuando recién cumplió los 16, el administrador de los bienes no opuso ningún reparo, al contrario estaba encantado por ver que el muchacho comenzaba el declive que lo acercaba a hacerse con el total de la herencia. Parecía que eso era lo único que le importaba a la gente, así pensaba en aquel entonces, y así lo hacía ahora. Tenía casi los 24 años cumplidos, sin nadie que lo guiase o siquiera le diese la debida orientación para hacer algo con su vida, se la vivía metido en bailes, peleas, y la cárcel. Era cliente habitual y salía generalmente por la intervención del hombre que había manejado su vida durante gran parte de su niñez y ahora seguía ahí, pese a que era un hombre y derecho. El viejo Antonio estaba amargado y cada que tenía que acudir con la bolsa de cuero para sacarle de los calabozos y del reclutamiento forzoso lo hacía de peor humor. Sus años se habían ido conforme avanzaba la adultez descarriada, y pese a todo el pago había sido un desprecio absoluto hacia él por parte del mozalbete, cada día, cada segundo era una mierda como ser humano. No le podía expresar su odio malsano, pero la mirada lo fulminaba, cuestión que era recíproca, sabía de antemano que el hombre había gastado dinero a manos llenas en negocios familiares que no redituaron para nada, en testaferros que terminaban en letras muertas y en una increíble serie de despilfarros que le hacían preguntarse hasta qué grado había tenido dinero su familia.
 
Los gritos de aquella noche lo seguían desde que era un niño, lo perseguían mientras bebía o estaba a punto de perderse, fuera de esos tiempos donde perdía la noción del tiempo, era desgraciado; parecía que su flor había sido arrancada desde que tenía uso de razón, no les recordaba en lo absoluto o siquiera si alguna vez fue besado por su madre, pero creía recordar las risas interminables con sus hermanos mayores. Eran 3, Pedro, Miguel y Sebastián. Los recordaba a menudo, pese a que el más grande apenas había rebasado los 18 cuando murieron. Regresaban a él cuando veía un atisbo de familiaridad en su propio rostro o en el de los demás parroquianos, el mayor. Sebastián ni siquiera había probado el dolor o el miedo antes de aquella noche; habían vivido como auténticos príncipes que jamás tendrían que trabajar por algo, él tampoco lo había hecho, con todo y que Antonio se había exacerbado con sus gastos. No olvidaba las noches fastuosas que organizaba el viejo administrador una vez cada quince días, cuando la crema y nata de la sociedad del Departamento se dejaba ver en los salones y jardines de la casa grande. Mentirosos y abusivos todos, vivieron con zozobra por el temor a su padre, pero ninguno había tenido siquiera los cojones para delatar a sus asesinos. No lo olvidaba que había tenido que contemplar desde su habitación las bacanales que se organizaban por obra y gracia de Antonio. El enseñoramiento de la familia del albacea, los viajes al extranjero acompañados de sus escoltas, dos hijos de perra tan codiciosos que si alguna parte del adolescente hubiese sido buena para comercializar lo hubieran hecho.
 
Pero tardó mucho en darse cuenta, apenas cumplía los 14 cuando se sintió desplazado, los hijos y nietos del hombre que debía ver por él, lo opacaban y se paseaban como auténticos dioses bajados del Olimpo por las calles de la polvorosa ciudad. Bajando de las calesas blancas y adoptando poses reales, con fastuosidad morbosa y haciendo gala de algo que simplemente no pudo dejar pasar. A partir de entonces se negaba a salir con ellos, o siquiera a ocupar el mismo espacio, el odio se exacerbo por ambas partes; para ellos era un lastre, para él unos advenedizos que se habían apoderado de algo que ni siquiera tendrían porque tener sino fuese por aquella noche.
 
Su padre no era buena gente, al contrario era un cabrón que se había aprovechado de la ingenuidad de los naturales de la zona para implementar una serie de tiendas y robos de tierra que sirvieron para poner en funcionamiento viñedos, el dinero comenzó a llegar y con ello el poder, ello provoco que en poco menos de 10 años, su tierra abarcase más de la mitad del estado, que en ocasiones al retirado militar y todavía coronel, le viniesen a visitar personajes tan importantes como el mismo Ministro de Hacienda o el del interior. Grandes caravanas que se dejaban observar desde cuando menos 3 días de distancia y que anunciaban la llegada de alguien tan importante con noticias del presidente o con la misión de pacificar más territorios. Por el patio central de la casa se dejaron caer políticos, militares, escritores, curas y la más variopinta raza de aventureros empresarios que querían un poco del capital de su padre. Los negocios le fueron bien hasta la noche que murió. Lo encontraron con múltiples tasajeadas en el cuerpo, él vería la sangre en la tierra. Alguien grito los nombres, alguien más fue por Pedro, él llamo a los otros dos, alguien les trajo monturas y dos enormes rifles, al otro le arrimaron un par de pistolas y todos llevaban machete, él siempre dudo que tuviesen la menor idea de cómo usarlo, ha creído que lo hicieron para deshacerse de todos. Al mismo tiempo, como si su existencia fuese lo más profano del universo.
 
Recuerda su vuelta, todos envueltos en sábanas blancas, raídas y con manchas en algunas partes, la sangre se extendía desde muchas partes convirtiendo todo en un escenario dantesco. Tenía 7 años por aquel entonces, Pedro tenía 13, aquella noche le dieron tantas tajadas que no tenía un brazo y parte de la cara era un cumulo de tendones y desgarrones. Alguien se lo dijo, o lo había escuchado de una de las señoras que cuidaban la casa, sin duda los habían llevado al matadero y su hermano más inmediato no había sido ni siquiera respetado por su condición de cuasi adolescente. Para los asesinos había sido un hombre que acudió a vengar la muerte de su padre. Debía morir igual o más dolorosamente, nunca vio la cara, pero supuso que la mueca de dolor debió ser espantosa. Sabía por las mismas ancianas que Miguel de 17 había muerto primero, de un balazo en el pecho. Tan certero que nunca se llegó a enterar de que a sus hermanos los masacrarían. No tuvo siquiera la oportunidad de sacar la enorme arma que le habían enjaretado. Para él, no había tenido sentido nada después de esa noche, bebía tratando de acabar consigo y con ello activar la cláusula que le había mantenido con vida durante el tiempo transcurrido. En caso de que muriese antes de dejar descendencia o muy joven, todo el dinero, los bienes y la mayoría de cuanto poseyera su padre, irían a manos del gobierno y de manos sacras.
 
La cláusula especificaba que era inherente a cualquier hijo natural del viejo coronel y su descendencia legitima de estos, a los antiguos amigos de su padre les faltó tiempo para organizarle celadas para que se desposara con sus vástagas. Él bien pronto lo adivino y antes siquiera de que pudieran advertirlo se concentró en beber para joderlo todo, para que muriese bien por un accidente, o por la acción del alcohol. La vida discurría mientras sus antiguos amigos y camaradas cuando niño le dejaban por ver que sería imposible seguir esperando que se convirtiese en un hombre que fuese útil a sus planes. Él vivía para beber y para dejar parte de su dinero en las manos del ambicioso administrador.
 
-sabes que alguna vez pensé que fuiste tú quien orquesto todo? Créeme, viví un tiempo con esa certeza, me devoraba los sesos pensando que habías sido tu quien preparo la muerte de mi padre y de mis hermanos, pero luego, algo me iluminó, me dejó bien claro que eras un completo imbécil, te has pasado los últimos 18 años gastando dinero que no te pertenece, igual a mí tampoco pero tu avaricia y ambición desmedida no te va a llevar a ninguna parte. Y no, bien pronto deseche la posibilidad de que fueras tan inteligente como para urdir un plan tan Maquiavélico, más bien, alguien te hizo ese favor y al mismo tiempo te condenó, porque puedes gastar dinero, pero como no posees tierras o siquiera esta casa, eres y seguirás siendo el empleado del coronel y de su bastardo hijo borracho. Pero he, no te sientas mal Antonio, has llegado muy lejos, tus hijos se han codeado con la crema y nata y tienen cierta posición económica que ha permitido que los dos parásitos mayores se casarán con algunas mujeres prominentes, pero siguen siendo basura. Estiércol de alguno de esos caballos pura sangre que tanto te gusta presumir como propios y que sin embargo, tienen fecha de caducidad. Debes de saberlo, y te debe de consumir poco a poco, me muero Antonio, no me queda mucho y lo sabes, por eso tu cara antes suficiente ahora es un cumulo de miedo y de incertidumbre, porque vas a quedarte en la miseria, a nadie le interesa estar siquiera cerca de un achichincle que ordeno la muerte de su jefe. O qué? Creías que nadie lo piensa? Todo mundo lo sabe, todo mundo quiere ver tu caída, para que tu mascara de autosuficiencia se reduzca a nada, se convierta en polvo. Ves donde estuvo tu salvación respecto a que tomara medidas drásticas? Si hubieras hecho todo perfecto no sería tu plan, pero como salió de la mierda, quiere decir que alguien más te embarro. Y te jodió, creo que más que odiar a mi padre o a la familia, te odiaba a ti. Más que a nadie en el universo. Sé que me oyes debajo de esa indiferencia tan marcada, cada uno de tus nervios está a punto de explotar, basta que diga algo más y sé que cometerás el error final, el mismo que te hará perder todo. Puedo decírtelo hoy, ahora, mientras el traqueteo te produce una jaqueca y acelera tus pulsaciones que llenan el interior de esta mugre. Debería hacerlo, quiero hacerlo, pero incluso eso, sería una liberación para tu espíritu. No quiero eso, quiero que te consumas, y me gustaría verlo, pero sé que no podré. De cualquier forma es tarde, no me gustaría que mi muerte quede como un simple accidente. Quiero que todo sea tan condenadamente perfecto, que tú mismo te entregues por los asesinatos que has cometido, tanto los que hiciste bajo amparo de mi padre, como los del mismo y los de todos esos bastardos que se han reído de tu cara tan estúpida. Es noche Antonio, tienes la mano tan cerca de la pistola que podrías accidentalmente confundir mi pierna con la tuya. Descansa y no olvides que probablemente muera de una congestión, o estrangulado por alguno de tus esbirros mientras urdes alguna estratagema por huir. Estas atrapado por tu propia estupidez anciano.
 
Bebe nuevamente mientras todo el sitio se mueve en torno suyo, como si le hubiesen puesto un resorte que contrae y expande las paredes de madera, como si los bancos que sostienen a la gente fueran simples acordeones que se desdoblan cada segundo, cada milésima, o más. Es casi media noche de nuevo y las luciérnagas del camino cercano al borde de los arboles le atraen, a menos de dos kilómetros a la izquierda su padre había caído por primera vez. Ahora intenta no vomitar la mugre que ha tomado, le gustaría tener tanto dinero que fuese capaz de cambiarle el sabor a algunas bebidas. Pero justo cuando cae en cuenta de que tiene mucho dinero, justo antes de esbozar una sonrisa que le acompaña desde niño. Algo dentro suyo se rompe, un dolor tan repentino como brutal se cuela desde su pecho hasta la punta de las uñas del pie, todo comienza a desaparecer mientras alguien grita su nombre por última vez. No puede seguir bebiendo.
 
SR Verano 2017.

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