Derrumbes
-FIDEL! FIDEL! VEN RAPIDO!
Escuchó los gritos de la voz carcomida por los años y las malas épocas de doña Bonifacia. La vieja grita desesperada mientras se aferra a las trancas que separan nuestras propiedades. Salgo tan rápido como las piernas me lo permite, mientras la vieja golpea frenética las tablas casi podridas, apenas me ve asomando el tronco me vuelve a instar: ¡por favor venga, mi nuera esta inconsciente!
Rodeó las tablas y entró en la casa de color tabique, en el piso de cemento puro esta la mujer de cabello negro rodeada de sus dos niños, uno de 11 y la niña de 6. Lloran y no saben porque su madre está ahí tirada mientras la abuela pega de gritos al vecino de junto para que este se apresure. Llegó hasta la mujer tendida boca arriba con el pelo cayéndole de manera fea un tanto en su rostro y otro tanto en el frio concreto. Trato de escuchar su respiración y percibo el tufo inconfundible: vodka y naranja. Volteó a ver a la anciana y le digo con una rápida mirada que requiero una conferencia. Entiende y se aparta hasta la mesa del comedor desde donde les grita a los niños que todo está bien, que vayan buscando su mochila porque ella los llevara a la escuela esa mañana. Desconfían un poco, pero instados por una segundo grito con una voz más potente procedente de la garganta de la abuela se devuelven a su cuarto donde tienen sus cosas escolares.
-mire doña, la verdad no tiene nada grave.
-qué es? Está enferma?
-no, no es eso; está bastante tomada. Mi recomendación es que la deje allí un rato y luego la meta a bañar con agua bien helada para despertarla.
-ay dios santísimo!
-no es para alarmarse, estoy seguro que se le pasaron las cucharadas.
-cabrona chamaca! La culpa la tiene Pedro por andármela dejando aquí mientras el hijo de la fregada anda en del otro lado.
-sí, pues sí. Entonces me paso a retirar…
-oye chamaco y no puedes hacerte cargo de ella en lo que voy a llevar a los niños?
-de poder si puedo doña, pero solo podría vigilarla.
-no, mira la arrastras o la cargas hasta la regadera y ahí la dejas hasta que llegue a darle una buena.
-pues, si usted dice…
-dios te lo pague Fidelito.
-deje cierro mi casa y me retacho.
Arrastró a la mujer por medio cuarto sin que obtenga respuesta alguna, no pesa gran cosa pero aun así mis problemas lumbares no me permiten cargarla hasta el baño; el arrastre hace que su playera verde se enrolle en dirección norte de su cuerpo, alcanzo a percibir un poco de la piel apiñonada de la chica.
-Evelia! Evelia! Despierta! Gritó, pero sigue a obscuras, apenas se escucha el leve respiro de su nariz y el pecho bajando poco y subiendo con la misma rapidez. No es gran cosa la chica, delgada y con carácter fuerte, piernas delgadas y poca cadera, una rígida angulosidad en su rostro y una nariz algo ancha que rememora sus rasgos indígenas; el pelo negro lacio (aunque lo traiga revuelto y sin corte definido) le cae habitualmente por debajo de los pechos. Poco pecho en realidad, aunque debido a su complexión delgada se le ve bien distribuido todo. El pantalón de mezclilla le queda algo justo pero sin que este demasiado evidenciado esto último. No trae zapatos y en las uñas de la mano hay apenas indicios de que alguna vez usara barniz. Tiene casi 26 y su esposo (el hijo menor de la vieja) tiene cerca de 32, él está trabajando de sepa que cosa en los Estados Unidos y dejo al cuidado de su familia la salud de su madre.
-Evelia! Evelia! Ya párate! Tocó su piel tostada por el sol de la sierra y no responde, me aventuro un poco más y magreó su seno derecho esperando que no reaccione en absoluto y pueda seguir tocándole los pechos. Un minuto, mas, el masaje lo extiendo hacia el otro pecho y sentándome a horcajadas (aunque sin apoyarme por completo en su cuerpo para evitar aplastarla) continuo con el frota que frota. Deslizo su playera hasta el cuello, sus pechos cubiertos por el sostén gastado de color beige me llaman, me hipnotizan; saco uno por afuera de la tela correosa de la prenda interior y me emboto al ver el pezón obscuro, gordo, de aureola enorme. Me bajo de ella y me tumbo, succiono, primero leve y después descaradamente mientras aguzo el oído en espera de que no aparezca la vieja; saliva por ambos pechos. Decido jugarme el todo por el todo, bajo hasta los tobillos su pantalón de mezclilla y emerge poderoso el sexo cubierto por una panti negra, va también abajo y los pelos gruesos y negros como el carbón cubren toda su pucha. Me saco la verga ya erecta y le escupo un poco, mientras acomodo, entra con dificultad, despacio y sin prisa alguna, huele fuerte su sexo debido a que se orinó en algún momento de la madrugada, no me importa y sigo penetrando lento y profundamente. Aún tiene cierta rigidez en sus músculos internos que el cipote agradece; me dan ganas de besarla pero desconfió de que vomite en cualquier instante, pequeña boca sin maquillar. Finalmente tras unos cuantos minutos de mete-saca me voy a correr. Grandiosa y culposa venida que termina en sus pelos, en miedo y todo lo que le sigue. Vuelvo a sobar sus pechos mientras intento incorporarme para subirle el pantalón y la prenda íntima, le bajo la playera y la meto al cuarto de baño (que está separado por una cortina azul cielo del cuarto donde duerme la vieja), abro las ventanas para despejar el olor de mi semen y acciono las dos manivelas para que comience a salir agua templada. Poco a poco se revuelve la mujer mientras siente el fluir del agua.
20 minutos después aparece doña Bonifacia, me da las gracias por meterla al baño y se queda parada en medio de la habitación (ahí donde me estaba cogiendo a su nuera) mirando el despertar intranquilo de la joven.
20 minutos después aparece doña Bonifacia, me da las gracias por meterla al baño y se queda parada en medio de la habitación (ahí donde me estaba cogiendo a su nuera) mirando el despertar intranquilo de la joven.
Me viene a ver Evelia cuando son casi las 7 de la noche, en sus manos trae una cazuelita de peltre algo despostillada y una servilleta de tela a cuadros naranjas encima a modo de tapa.
-Fidel, le traigo esto… muchas gracias por ayudarnos en la mañana. No me quiere ver a los ojos pero lo dice de corazón, no entiendo porque la mujer bebió pero cojo el paquete que me lleva y le agradezco sinceramente. Tortillas y un guiso con mollejas de pollo, al final no queda nada en la cazuela y mando a Licha (mi mujer en turno) a que la lave, lleva apenas un rato y ya ha hecho más labores que yo en una semana solo; me pregunta el porqué de la comida y le confieso casi todo, exceptuando que me la cepille antes de que ella llegara, seguro que le resultara sospechoso que me tarde un poco más en venirme pero tampoco es que sea muy claridosa en sus juicios. Llueve en las ventanas mientras lo hacemos en mi cama sostenida apenas la base por los tabiques que me obsequiara Pedro cuando echó su casa. El negro cielo de verano relampaguea por instantes y me parece escuchar llantos provenientes de la casa vecina pero desecho cualquier pensamiento cuando Licha me devora la verga en espera de recibir una buena ración. Sin embargo esa noche duermo intranquilo porque no me gusta mentirle a mi mujer, pese a que solo sea la que está de turno.
SR Septiembre-octubre 2013
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