Parece poco
Teresa se sirvió la tercera taza de café orgánico de la mañana, en realidad no tenía ganas de bañarse, era temprano y la reunión no seria sino hasta las 7. Allí volvería a encontrar a sus ex compañeros de carrera; 10 años habían pasado desde la última vez que habían estado juntos y casi 18 desde que entraron a la universidad. Tenía ahora 36 años y seguía siendo guapa, no pasaba demasiado tiempo en casa y sí lo hacía era para enviar correos y misivas correspondientes a las actividades del partido al cual pertenecía.
Entró al cuarto de baño azul turquesa y al desatarse la bata se contempló durante unos instantes en el espejo, pese a ser delgada volvió a recriminarse esos kilos de más y se aseguro que ahora si haría tiempo para correr por las mañanas o de plano ir a un gimnasio a las caminadoras; notó el descuido en el vello de su pubis y alzo la mano izquierda donde solía llevar el reloj para saber cuánto tiempo tenía. El suficiente, apenas para recortarlo con las tijeras más cercanas que encontró; 12 minutos después salía del cuarto de baño envuelta en una toalla y comenzó a vestirse, pantalón de pana y una blusa le cubrían el cuerpo. Eran casi las 5 de la tarde y para llegar al sitio tendría que salir al menos media hora después. Se colocó frente a la computadora y comenzó a teclear algunos nombres al azar; todos aquellos de los que se acordaba de sus años de estudiante, a algunos los veía de vez en cuando (sobre todo a las amigas) y a otros no tenia la menor idea de que había sido de ellos. Tecleo rápido y sin concesiones, apenas deteniéndose para darle pequeños sorbos a la cerveza que había destapado. José Nieto, Mario Zarco, Genaro Narro, Pedro Armero, Daniela Pino, Diego Barras, Ana Chávez, Sandra Nieto, Arturo Díaz, Pascual (cuyo verdadero nombre se le escapaba), José Rodrigo, Diego Rúa, Damián Fernández, Carlos y Armando (siempre inseparables), Lizbeth, Martha, Cristi,… se detuvo, solo recordaba a estos, si bien había otros cuyos rostros aun medio recordaba y otros que ya ni eso.
Al salir del estacionamiento del edificio tomo la ruta más corta. De nueva cuenta su mente voló hasta las horas y horas que había pasado con la gente de la licenciatura, las fiestas pequeñas y las grandes, las discusiones políticas cuando se tambaleo el régimen, las conferencias y coloquios en los que se habían encontrado de repente. Al menos a la gran mayoría de los que aun recordaba los había visto fuera de la escuela y recién, salvo un par en el que se sorprendió de repente pensando. Diego y Lizbeth, a Teresa le gustaba Diego; mientras que a Lizbeth poco en realidad había hablado con ella en la universidad y mucho menos fuera de ella; pero la sabía de las mejores en la vena neo costumbrista latinoamericana. Había comprado su último libro y tal vez algún día se atrevería a pedirle que le recomendara algunas buenas lecturas.
Llegó apenas pasadas las 7 y se maravilló al ver lo elegantes que iban varios de los que allí estaban ya; reconoció a Mario, a pepe Nieto, a Pascual, a Genaro (el cuervo) y a las chicas “calamidad”. Vio a varios más que sus caras le fueron familiares pero no así su nombre. Dentro, el salón bullía con varios ex compañeros que se saludaban efusivamente y formaban corros recordando sus viejos años de marcha. Era un bonito salón, la música sonaba tenuemente y constantemente se veía el ir y venir de meseros, sorteando mesas, acomodando botellas, hielos, servilletas, pequeñas botanas y tratando de servir a los tipos y mujeres que se hallaban sentados.
Se situó en una mesa acompañada de sus tres inseparables amigas y se saludaron efusivamente como si no se hubieran visto en mucho tiempo, comenzaron a correr anécdotas justo cuando se integraron los hombres que durante años formaron un grupito alegre. Les acercaron las botellas de cerveza y volvieron a servirse como en antaño, Teresa de a poco iba acordándose de mas nombres y apodos: Carolina, el mudo, Daniel, Chilo; por donde fuese recordaba pequeñas porciones de esa etapa de su vida; reconoció de inmediato a Arturo “el cavernario” por la falta de altura y de porte (además de que había sido él quien había organizado aquello), se sonrió con éste y pronto se situó cerca de ella.
-que hay compañeros como va todo? Lanzó un grito el tipo con una sonrisa totalmente blanca, a la mesa donde se hallaba Teresa y el resto.
Un *bien* algo apagado sonó en la mesa y es que a la mayoría no le agradaba en lo mínimo el hombre, ni antes, ni ahora, el tipo noto inmediatamente el cambio de ambiente y después de intercambiar un par de frases con otra de las chicas se alejo a saludar a otra mesa donde fue recibido con mayor entusiasmo.
-ese guey no cambia verdad? Dijo uno de los hombres cuyo aspecto era divertido debido a que usaba un tupe que se veía falso en exceso.
-nada. Le corearon varios, Teresa hizo caso omiso a las pláticas que continuaron soltando veneno en contra de este o aquel compañero, destacando sus logros y lo desgraciado que era el aspecto de varios de ellos. El camarero le trajo otra cerveza y al darle un trago sintió una rebaba en el envase, se había cortado el labio. Se excusó tras sentir la sangre en la boca y caminó hacia el baño. En el recorrido encontró a mas compañeros, y tan pronto como se acercaba a la escalera que conducía al baño notó en una de esas mesas más alejadas, a Diego y a Lizbeth; él estaba idéntico a como lo recordaba de la ultima vez que lo vio (hacia casi 4 años) en una marcha: delgado, alto, con los pómulos y la quijada fuerte; mientras que Lizbeth iba muy guapa con su vestido negro y un escote pronunciado, se veía alegre. La noto algo alejada de su esposo pero no le dio mayor importancia, siguió su ruta hacia el baño y al poco de salir decidió acercarse a la mesa donde convivía la pareja a saludar a los compañeros. Conforme se acerco se dio cuenta que en realidad mientras el hombre platicaba animadamente con el resto de los asistentes reviviendo viejas glorias, la escritora se hallaba en una charla muy intima con alguien a quien no reconocía.
Saludo: *hola compañeros* y un “hola” se hizo general en la mesa, inmediatamente la mayoría se puso en pie para saludar de beso y abrazo a Teresa. Cuando se acerco a Lizbeth por el rabillo del ojo vio que retiraba su mano del torso del hombre que estaba semi oculto en la silla, con la cabeza gacha, solo noto el coco liso y moreno, el resto de la cara iba en consonancia.
-hola Liz, que bien encontrarte… dijo sinceramente mientras la mujer de vestido negro se enderezaba y le daba un beso algo sonoro en el cachete…
-Tere…mucho tiempo. Contesto la mujer mientras acercaba un brazo para cerrar el abrazo. A punto de preguntar por el hombre que les acompañaba este se acomodo en la silla y le dijo:
-hola chica...
-Rodrigo? Dijo tras escuchar la voz con aquel tono bajo inconfundible, se agacho lo suficiente para percibir su aliento a cerveza y ver esos ojos rojos que durante años la saludaron fríamente… cómo has estado?
-he estado, que es lo bueno. Dijo si apenas despegar los labios y agarrando con la derecha la cerveza que tenía frente a sí y sin tratar de acercarse a ella en lo más mínimo.
Charló un poco con varios de los allí sentados y tras un rato la mujer regreso a su mesa, apenas se hubo sentado Daniela y los demás, le preguntaron sobre la campaña del diputado en la que ahora andaba. Contestó como siempre, como si fuera una entrevista para algún semanario y pronto se notó aburrida ella misma. Minutos después la plática volvió a variar y recalaron en las otras mesas. Fue Ana quien notó algo y los demás asintieron.
-no les parece que la zorra de Lizbeth anda muy cariñosa con ese guey?
-ha de ser por el alcohol, eso o le quiere dar picones a Diego.
-y a todo esto, quién es ese guey? Tercio Juan, haciendo énfasis en el apelativo.
Justo cuando Teresa iba a responder, Sandra fue quien tomo la palabra *es el pinche Rodrigo*
Justo cuando Teresa iba a responder, Sandra fue quien tomo la palabra *es el pinche Rodrigo*
-ah ya; pero algo se hizo no? Pregunto Damián mientras sorbía cerveza despacio… no recuerdo que estuviera así. Digo recuerdo la cara de pendejo, pero no que estuviera tan… pues, tan miserable. Allí Teresa volvió a darle una mirada al hombre, vestía muy común, con mezclilla, una camisa blanca y el suéter viejo de color obscuro. Apenas estaba reparando en ello cuando oyeron una voz festiva y algo borracha tras de ellos
-bueno no es raro que se vea así, el cabrón se fue directito a la chingada al terminar la carrera y se metió en otras cosas raras, localizarlo no fue sencillo porque no vive en la ciudad. El que hablaba era Arturo, quien lentamente se sumo a la mesa y todos miraron por unos segundos al sujeto que ahora hablaba al oído de la mujer, está reía y se agitaba mientras que él continuaba con su mirada perdida en el fondo de la botella que tenia enfrente.
Se perdió el interés de nuevo y cayeron en más pláticas de los logros y victorias de los asistentes; Teresa sintió un ligero mareo y excusándose enfilo hacia la puerta para tomar aire, en el camino al menos 3 de sus ex compañeros le intentaron cerrar el paso para que se tomara un par de tragos. Se deshizo de ellos fácilmente y continúo. Abrió la puerta lateral y aspiró rápidamente el aire nocturno que se colaba por las rejas de color carmín. Tenia unos minutos allí afuera cuando escucho el ruido inconfundible de los tacones de una mujer. Lizbeth pasó rápidamente a su lado, sin apenas voltear a verle, tenía el pelo algo revuelto y el lápiz labial corrido. Abrió la puerta por la que había salido Teresa y se perdió dentro. Unos instantes después escucho el sonido inconfundible de alguien orinando y tras acabar como subían el zipper del pantalón, cuando ya iba a preguntar algo, apareció Rodrigo acomodándose el suéter.
-Tere, qué hay? Le saludo con la misma emoción que si tuviese enfrente a una estatua.
- tomando un poco de aire. Dijo sin atreverse a mirarle a los ojos.
-bien, nos vemos luego. Contesto sin apenas mover los labios. Subía ya los escalones que le situaban casi a la par de teresa cuando ella hablo.
-no esta bien…
-Qué? Se detuvo en seco un escalón debajo del de ella, quedando sus ojos a la par.
-lo que le estas haciendo a Diego…
-de qué hablas?...
-bueno, Diego es tu amigo no? a los amigos no se les hace eso.
-Diego no es mi amigo y dudo mucho que él me considere como tal. Así son las cosas…
-o sea que eres hipócrita por estar con ellos en esa mesa y traicionarlos por la espalda?
-no, simplemente me invitaron a sentarme y yo accedí. Además no sucedió como te imaginas, aunque todos somos adultos por aquí, y cada cual sabe lo que hace.
-lo sabe!? Su voz sonó como un grito que sólo escucharon los dos hombres del valet parking situados a varios metros en la entrada del edificio.
-cosas que pasan Tere. La cuestión es si a ti te importa mucho? Volvió a preguntarle.
-no, en lo más mínimo. Cada quien hace... Dijo sajando la situación al tiempo que alzaba los hombros y se giraba para volver adentro, cuando escucho de nuevo su nombre.
-Tere, quieres una cerveza?
-jajaja o sea que te acabas de chingar a la esposa de tu amigo y quieres rematar conmigo? La chica entrecerró los ojos color avellana. Pareciese que quería comprender todo con una sola frase
-no, nada de eso chica: estaba ayudando a vomitar a Liz, se le pasaron los tragos.
-y quieres que te crea?
-esa es la cosa, no tengo porque mentir. El hombre volteó a ver las farolas de la calle, con total indiferencia a lo que estaban hablando
-no sabía que fueras tan cínico compañero.
-jajajaj se me hacía extraño que no me llamaras así. Qué dices? Te tomas una cerveza conmigo en el bar de la vuelta o te da miedo que te vean irte conmigo? Volvió a darle la cara pero con el mismo rostro impasible. Como si estuviese alejado de la emoción humana.
-miedo? Que muerdes o haces cosas malas? Aflojo el semblante la mujer al tiempo que veía al mismo hombre que años atrás la saludara todos los días con un movimiento de mano.
-no, nada de eso; simplemente que varios en la mesa donde estaba querían invitarte un último trago y después… bueno ya los recuerdas como eran; entonces que dices?
- no… creo que paso.
-bueno, no hay problema; pero ya sabes, no siempre puedes platicar con viejos conocidos.
-no creo que fuésemos tan cercanos
-es cierto, en fin…más cerveza para mí.
-que sacrificado.
-oye, yo te invite, tu no quisiste. Esbozó al fin una sonrisa mostrando los dientes, parecían más blancos de lo que en realidad eran, pero comparándolos con la blancura de la camisa parecían grises.
-ok, vamos por una cerveza. Voy por mi bolso y regreso. Dijo finalmente tras contemplar sus perspectivas y lo que le aguardaba si regresaba al salón cuyo jardín frontal se hallaba cubierto con varios arbustos recortados con figuras que intentaban asemejar algo sacro y terminaban por no ser distinguibles a simple vista.
-aquí te espero. Dijo el hombre que observaba hacía el cielo, de nueva cuenta con la mirada perdida en algún punto de la oscuridad.
Entraron al café- bar y pidieron una cerveza al chico no mayor a la edad que tenían cuando se conocieron, claras ambas. Se sentaron en una pequeña mesa rodeados de asistentes que en su gran mayoría eran 10 años más jóvenes que ellos.
-y dime, sigues en la onda de lucha de clases? pregunto el sujeto mientras le daba el primer sorbo a la bebida ambar.
-sigo en lo mío, ya sabes trabajando para el partido, pero yo no lo diría como lucha de clases, sino como la forma de abrir oportunidades para que las mujeres tengan una mayor participación al interior de la vida política de este país; vamos, que sean conscientes de que su injerencia puede hacer grandes cambios en el rumbo de la política del Estado y se activen… se detuvo un tanto sofocada no tanto por la cantidad de palabras como por la sensación de que en cada frase se perdía la fuerza de su significado…jajajaja ya ves, parezco manual de escuela, mejor cuéntame a que te dedicas ahora, porque el “cavernario” anda diciendo que te metiste en cosas gruesas y que andabas ilocalizable?... se sorprendió al estar allí en ese minúsculo espacio platicando con ese hombre como lo hiciera en varias ocasiones años atrás, pero del cual no tenía ni la menor idea de que esperar.
-vivo en Zacatecas. Sobrevivo del campo.
-o sea?
-soy campesino Tere, me dedico a sembrar alfalfa y maíz cuando hay buenas temporadas, cuando no, pues frijol y hierba. Lanzó sin emoción alguna mientras esperaba la reacción de ella.
-no mames, hierba!?
-jajaja no, no es cierto, solo alfalfa y maíz. El “cavernario” me dejo mensaje con mis hermanos que todavía viven acá y ellos me localizaron en mis ranchos.
-jajaja muchos ranchos?
-no, en realidad solo son dos terrenos en donde siembro; la cosa esta dura.
La mujer miró las dos manos encallecidas y accidentadas del tipo, le vio el rostro duro forjado a base de dificultades y reconoció que poco o nada quedaba ya de aquel muchacho que ella había conocido años atrás mientras tomaban clases en los salones de la facultad. Notó el enrojecimiento de sus ojos y lo acuso a la acción del aire contaminado, reparó en la cada vez mayor profundidad de las arrugas del rostro.
La mujer miró las dos manos encallecidas y accidentadas del tipo, le vio el rostro duro forjado a base de dificultades y reconoció que poco o nada quedaba ya de aquel muchacho que ella había conocido años atrás mientras tomaban clases en los salones de la facultad. Notó el enrojecimiento de sus ojos y lo acuso a la acción del aire contaminado, reparó en la cada vez mayor profundidad de las arrugas del rostro.
- y ya llevas mucho allá?
-veamos… si no me equivoco, cumpliré el mes de enero 12 años. Una vida entera para mi otro yo.
-pero, no… es que no alcanzo a entender cómo es posible que acabaras allá, si tenias una gran habilidad para la literatura, prácticamente estabas en fila para los posgrados y para los trabajos de crítico.
-jejeje bueno Tere, en realidad lo odiaba… resolvió tras dar otro trago a la cerveza… odiaba las clases, odiaba las discusiones sin sentido de todos los grilleros, odiaba el sistema de lee y repite que manejaban todos. Quería en realidad hacer el cambio, pero me descubrí bien pronto sin realmente entender que era el cambio. Para ti a lo mejor era y es lo que me has dicho antes, pero para mí no es así, quería algo más; por ejemplo, allá a la gente le viene valiendo un pepino si como gobierno quieres cambiar una ley de la constitución que le de poder a alguien para ponerse a gritar; la gente quiere comida, quiere una tele y quiere su espiritualidad de doble moral intacta. Mi mujer, con la que llevo casado casi 11 años, me prepara el desayuno, la comida y la cena cuando hay, cuando el delegado regional o el síndico dice: “hey te toca hoy a ti, y mañana ya dios dirá”; cuando no, pues me dice que rece, que me ampare a tal o cual santo y a la goma a esperar que al bendito político de quinta le lleguen las oraciones o las maldiciones. Con mis dos chavalillos es parecido, saben que si no van diario a clases no les toca ayuda o desayuno, pero pregúntales sobre política y no saben nada de sus derechos constitucionales o individuales porque, y permíteme parafrasear una canción que me gustaba mucho: “las letras no entran cuando se tiene hambre”. Yo trato y me esfuerzo hasta que me salen nódulos en las cuerdas vocales de que agarren un día a la semana ya de perdida el periódico, no pueden, no quieren; prefieren salir y perderse entre las milpas con otros niños que igualmente están predestinados a joderse para jugar, para disfrutar un poco de infancia antes de que les toque la realidad de los adultos y del país. No es un reclamo a ti o a los compañeros, pero ya no sentía nada cuando leía o escribía sobre si un barco blanco refería a la naturaleza o la bondad del hombre o si la pinche ballena de Moby Dick eran las ideas de pérdida del capitán o sepa la chingada que cosa puñetera quiso decir el autor, o si José Agustín disfrazaba todas sus críticas con viajes de mota y ácidos rockeros para evitar meterse en pedos. Me sentía vacio y sin nada cada que recibía un trabajo con un 10, para que putas sirve un jodido numero en un papel que no va a significar nada fuera de un parámetro de sí sé o no sé sobre una materia relacionada con la estructura y composición de un párrafo?… me jodí el cerebro muchas noches tratando de encontrar algo. No pude o no quise, y me largue a lo que siempre quise: no quedarme anclado a una maquina o a una oficina que me limitara a soportar gente que no deseaba soportar. Volvió a hacer una pausa y tomo la cerveza.
-vaya… vacilo la mujer mientras observaba que el hombre tenía un ligero tick en el ojo izquierdo.
-así es Tere, me jodieron bien y bonito al hacer que mi mente revolucionaria se amoldara al sistema, que me diera un par de hijos que juegan y pelean en la tierra, mientras su padre se rompe el lomo tratando de hacer algo significativo, de que ese par de escuincles, que comen un día sí y otro día quien sabe, tengan algo; tengan mínimo el valor o las armas suficientes para entender que a veces no saber mucho te provee una mayor felicidad. O quien sabe? Igual y ellos después me reprochan por no haberles dado un mejor futuro. Es la bendición de la inseguridad chica, no saber que nos depara el destino para mañana. Me quejo por el futuro, pero no por el presente. Zanjó mientras le daba otro trago a la cerveza y entrecerraba los ojos.
-o sea
-ve a todos los compañeros, andan estresados y beben para olvidarlo o beben para relajarse, para sentirse bien con ellos mismos y con el espacio que les rodea. Quiero creer que yo bebo en la medida de que me gusta el sabor del vino y la cerveza, que me tomó unos botes cada que lo creo necesario, y que me preocupo; por qué será de esos chamacos toda vez que crezcan, igual; pero hey, eso nos pasa a todos los que somos padres.
-no sé, no tengo la menor idea de que decirte.
-bueno, no te agüites; mejor platícame como te va… sigues saliendo con Rodolfo? Dijo el hombre mientras volvía a llevar la cerveza a sus labios y sus ojos adoptaban de nuevo un tenue matiz de cansancio.
-Rodolfo? Jajajajaj hace como 7 años que no sé nada de él. No, en si estuvimos casados…
-o sea que en realidad si no sabias mucho de él? Jajajajajaja
-jajajaja te pasas… no en realidad nos conocemos mejor que nadie, pero no se…
-no es Diego?
-Que tiene que ver Diego en esto?
-vamos chica, se notaba a kilómetros que te gustaba el tipo; tú sabes tenía ese algo rebelde y contestatario que hacía que todas se emocionaran por él.
-tú crees?
-no lo sé, al menos eso es lo que me contaba Lizbeth hace unas horas; le ha costado la mitad de su vida ahuyentar a las moscardonas –sus palabras- y tú eras su enemiga publica numero 1 durante la universidad.
-no sabía que me tenía en tal alta estima…
-es muy celosa Lizbeth. Remató el hombre mientras alzaba la mano en dirección al chico y le pedía una segunda cerveza. Ella apuro la suya e hizo el mismo ademán que su antiguo camarada.
SR 2012-2014
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