lunes, 7 de enero de 2019

3 sueños

3 sueños

La gente me ha dicho que de los sueños debo tener las reservas necesarias para su interpretación, cada uno puede ser un probable futuro o un deseo reprimido o contenido, por lo que la reciente cantidad de sueños que he tenido me dejan con una sensación de desasosiego. Los siguientes sueños van en ese orden.

Ella y yo peleando, como había sido la historia reciente de ambos, como si cada último recuerdo estuviera salpicado por las letanías constantes de reclamos propios y ajenos que nos hundían en el recelo hacia el otro. Ella con mejores credenciales que yo, porque al final mis reclamos tenían poco que ver con ella o con nosotros y más con un hondo sentido de la mezquindad de mi parte, casi que los días previos habían sido un pequeño muestrario de lo que vendría. La cama como siempre presente, todo inicia y todo acaba en ese pequeño rectángulo que determina mucho de la vida. Ahí ambos tirados en plena efervescencia tardía por el sexo. Algo había detonado mi acidez, un comentario acerca de haber llamado a alguien más “amor”, pero no como un mote cariñoso que aplicamos para nuestros amigos homosexuales o para alguien familiar como un perro. No, como alguien a quien no tienes empacho en decirle de tal manera. Como antes solía hacerlo conmigo, pero daba igual, estaba a punto de comenzar a reclamarle cuando un pitido a su celular y su negativa a contestar o verlo, detono mi encono. Cogí el aparato y ella hizo el amague de detenerme, pero lo único que logró con ello fue que me apresurara a quitarle la pantalla de bloqueo. Varios mensajes, todos con alguien que ella misma etiqueto como “EFR”. Abrí la conversación y no menos de 25 mensajes previos terminaban con besos entre ambos. Todo con esas ridículas figuritas que usamos para comunicarnos. Para mí era el fin de todo. Ella comenzó a vestirse. Para mi cerebro paranoico, la afrenta me pareció lo suficiente para perderle el miedo a llamarle por un insulto más grande que “tonta”. Algo dentro de nosotros se rompería aquella noche; no soportó eso y me arrojó un grito cargado de odio, ese que había ido acumulando en las semanas previas, que por cuestiones ajenas a nosotros nos habían conducido a de nuevo estar juntos. No me callé, ninguno de hecho; apareció la violencia por parte de ella, me soltó un golpe en el brazo, lo suficientemente fuerte para hacer que todo volara por los aires. Algo me hizo agarrarle del cuello, habíamos dejado de jugar para insultarnos mutuamente a muerte. No la ahorque con fuerza de matar, pero si con la suficiente fuerza para entender que se había jodido todo. Me di la vuelta en la cama, estaba tan encabronado que la baba me sabía a cobre. Eran casi las 4:15 de la mañana. Seguí durmiendo.

¿Alguna vez han sentido que son esa persona que ven en el sueño, aun cuando no te parezcas en lo absoluto? Piensa como tú, habla como tú, viste como tú. Pero en definitiva no eres tú, porque él tiene pelo, es delgado y no usa barba tan crecida y tan rala como la tuya. ¿Y si esa sensación de no ser ese hombre, lo trasladas a ambos personajes? Se vuelve aún más complejo para dilucidar el porqué. En fin. ahí vas, caminando de la mano con esa mujer que amas, que deseas y que te hace querer que los días que no la ves, no existieran; caminan sin embargo juntos, en aquel lugar que inicialmente confundes con la avenida Reforma, repleta de sus lujosos sitios y la sensación de que no perteneces a ese lugar, alzas la mirada y ves que el cielo es azul, de ese azul que solía dibujar cuando crio. Como un estúpido azul cielo de primaria. La felicidad la sientes por todas partes, pero algo pasa de repente, no un cambio perceptible de manera inmediata pero lo intuyes. Tal vez porque es un momento extraño el que de repente observes a un tipo que se ha pegado bastante a ti y a tu mujer, que camina sospechosamente a menos de 15 centímetros y pareciera que le va a robar algo, pero sin embargo lo que hace te deja más frio. Habla con tu novia, no solo habla con ella, le coquetea descaradamente con esas sonrisas que derriten los glaciares más rápido que el calentamiento global. ¿Y ella? Responde con más coqueteo, incluso ese que le habías visto que aplico contigo aquella primera cita, y las subsecuentes, pero que ahora ha desaparecido. Ahí la ves, sonriendo y dejándose tocar en la mano, muy cerca de sus caderas. Montas en cólera, pero no le puedes golpear al tipo, tienes que controlarte y eso parece que incentiva a que lo haga de manera que deje de tener siquiera la cortesía de tener en cuenta tu presencia. Eres parte del mobiliario del fondo, mientras ella se entrega completamente al coqueteo más ruin y culero que puedas imaginar, todo a menos de unos centímetros de tu cara. Mientras cierro el puño para descargarlo sobre el tipo, la almohada lo recibe. La claridad aun no llega, aún sigue oscuro afuera y los grillos aun trinan un poco, frotando sus extremidades para comunicarse o conseguir con quien aparearse. De nuevo me cercioro que todo siga igual, ella no era esa mujer demencialmente coqueta que me hundía. 

El dolor es real, como un condenado aguijoneo que no cesa, el asunto es que mi mano se va a hinchar, porque eso pasa hasta con las cortadas más insignificantes, me convierto en un pequeño muestrario del horror, cual museo, porque inmediatamente vendrá la mala cicatrización y lo que conlleva que la comezón sea superior a mi voluntad. Terminare por arrancarme parte de la curación. La maldita mala cicatrización que me condena desde años atrás. El símbolo en el dedo parece deforme, algo me dice que no terminará siendo un dedo de pandillero como era mi idea original, sino que se verá como un chiste grafico en la mano de un sujeto que no debiese intentar hacerse otro tatuaje tras la mala experiencia del anterior. De una vida pasada, de una relación que se acabó por mis problemas de siempre, de un sujeto que tenía algo de esperanza, nada tan cierto como que han transcurrido años y el dolor sigue siendo igual de intenso, aun cuando sé que es un condenado sueño. 

Otro de esos, no sé porque, sigue sin amanecer, tal vez ya no habrá más, tal vez todos se han terminado por fin y la humanidad sea tragada por el olvido del tiempo, en la eterna oscuridad para siempre mientras nos perdemos en el recuerdo de la nada. Eso me hubiese gustado más, eso me daría un poco de esperanza de que todo lo que está sucediendo no es real, porque prefiero saber que el mundo se está acabando a confirmar el por qué estoy sólo en un sábado tan temprano en una cama tan lejana de la mía, en un día tan atípicamente solitario. Todo ese andamiaje hacia la infinita mierda haría más soportable que ella se fue, que me dejo. O nos dejó a todos, porque todos estábamos ahí por ella, aunque no lo pareciera, aunque te hubieras alejado últimamente, eso te carcomía hasta esa madrugada de un día antes, cuando sonó el teléfono y te dijeron que había muerto. Que todo se había terminado, que tu abuela se había extinguido con la misma disonancia que crean las marejadas en las costas. Te duele pero no has llorado más. No lo harás probablemente, y no tiene nada que ver que no te duela, al contario, sino que sabes que es preferible este dolor a tener que verla ahí, jodida, arrebatada en vida por el martirio de respirar ajeno, de no querer seguir, de sentirse cada día más absurda por mantener esa ficción de vida. Al final la muerte es dolorosa para los deudos. Ella sabía que todo lo que viniera al final sería mejor que estar ahí postrada sin siquiera poder sentir el piso una vez más, sin poderse levantar para ir al baño, sin poder ver el cielo por sí misma. Quería dejar todo para por fin descansar, para sentirse libre y feliz. O lo que ella creyese que viene tras el fin. Por eso no lloras, porque al final sabes que ha dejado de ser infeliz. Le dolerá haber dejado atrás a todos, pero en su creencia los volverá a ver. Lo triste es eso, que no existe nada más y ahí termina todo, la vida de todos está condenada a ello. Y tal vez, sólo tal vez, esa asquerosa verdad no la experimentó jamás, porque su fe fue a prueba de toda la mierda que siempre has sabido. No es un pensamiento feliz, de hecho, está muy jodido, pero de verdad te quería mucho abuela. Hasta otra vida.

SR Agosto 18 2018

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