miércoles, 1 de agosto de 2018

Piensas muchas cosas que te llevan a la locura

Los primeros pasos fueron titubeantes, dos o tres de tal forma, sosteniéndose de la malla ciclónica que estaba a su izquierda, apenas podía enfocar correctamente, pero no cejó en su intentona. Los siguientes, fueron un poco más firmes; aun le costaba percibir todo a su alrededor, como si de repente le hubieran bajado la nitidez al mundo, a su mundo. Siguió adelante, aunque el instinto venia subiendo por su garganta, procedente del estómago, tal vez más allá, de sus bolas, por ejemplo. No sabía realmente donde estaba, pero sabía que, hacía lo correcto. Luego, comenzó a dar zancadas, largas y llenas de vigor, como las de un atleta que no conoce la derrota a pesar de ir último en la competición. Sigue adelante, comenzando a notar que la ira lo rebasa, lo inunda, como si estuviese a punto de bullir dentro de él algo peor que el odio. Si es que eso fuese posible. Los distingue en la lejanía, no tanta, tal vez dos o tres calles delante suyo, van corriendo, pero no lo suficientemente rápido como para alejarlos de él. De lo que le viene carcomiendo el alma. Cada largo suyo representa dos de los otros, pero son torpes para correr, al menos uno de ellos, el otro es más ágil, pero viene perdiendo fuelle, debe ser debido a que la sangre corre por uno de sus dedos. No importa si es la mano, igual va dejando el rastro de hemoglobina a su paso y eso lo debilita, el otro simplemente es gordo y va tirando el resto. Uno de ellos se detiene y acciona el arma, pero va tan jodidamente excitado que erra por mucho, sería más fácil si se acerca el desgraciado que les persigue, pero tiene miedo, por primera vez en mucho tiempo tiene miedo. No esperaba esto, nadie lo hace en realidad, lleva casi 3 años dedicándose al robo y nadie les había hecho lo que ese condenado flacucho. Sangra del dedo, le falla la visión, pero sabe que está a menos de tres calles de la casa de su suegra, y tal vez a otro par de la casa de su hermano, seguro que llegando al barrio el tipo los pierde, pero antes le tira otro fogón, falla por más distancia, percibe el grito del gordo, lo urge a que se mueva. También hay desesperación en la voz de este. No sabe porque, entre los dos podrían fácilmente matar al tipo, si no fuese porque ni entre tres pudieron y Gonzalo acabo con dos piernas menos desangrándose en la avenida. Escucha muy lejos el ulular de un carro de emergencia, pero ya ha reemprendido la carrera, las dos calles de ventaja al tipo se han vuelto apenas unos 10 metros. Aun así, no podría darle en ningún punto, porque la mano con la que dispara es la dañada y es tan inútil con la derecha como nadie. Ve los tennis blancos, restallando en medio de la noche, alumbrado a veces por alguna farola en los cielos. Sabe que al gordo lo tiene más lejos, pero no es su objetivo principal, a ese lo puede chingar en menos de lo que canta un gallo, el moreno de la gorra es sin duda el más acuciante, pareciese que huele el perfume muy barato que usa, y el sudor que se empieza a colar en su ropa debido al esfuerzo sobrehumano por ir corriendo con una falange menos, la cual supura sangre y dolor. Otro tiro, menos certero que el anterior, pero no se confía, realmente no sabe cuántas balas traía el bastardo y hasta el momento ha utilizado 5. Sólo una atinó, la más mortal que le ha hecho montar en cólera, ¿y porque? Por un maldito collar, por una maldita cosa de tecnología que siquiera era de marca, por un maletín que no llevaba una laptop, por una cartera que a duras penas tenía lo suficiente para que valiese una semana jodida de trabajo, una ida al cine, un combo, un refresco, un icee, una cerveza helada con los amigos, una maldita comida en algún jodido puesto ambulante que le traería problemas gástricos en corto y mediano plazo, sin contar con la diabetes que le esperaba o la saturación de las arterias. Pero no, eso no le importaba a ese trio de hijos de puta que alegremente llegaron pidiendo aquello que no le molestaría entregar, pero luego sonó aquel disparo, seco, llano y sin detonaciones hollywoodescas, mera muerte atravesando la cara de una mujer que lo quería, que llevaba un par de años con él, a sabiendas de que no era rico, guapo o siquiera divertido, pero lo quería y se la habían arrebatado por una necesidad de joder. Por mera joda. Eso lo sabía y eso lo había convertido en un energúmeno, le soltó un puntapié en el rostro al de la pistola, nunca lo habría hecho si el imbécil no se hubiera acercado a recoger el celular, y fue justo ahí, tras la patada que se pescó con toda su fuerza de su dedo, lo cerceno como si un bistec duro se tratase, lo soltó sólo porque alguno de esos imbéciles le dio un golpe en la nuca, luego con lo último de fuerzas aventó al bastardo que tenía más cerca hacia el arroyo vehicular, donde pasó un auto tan ingenuo como el más tierno monaguillo, le jodió las piernas, pudo escuchar el grito de dolor tan intenso, escucho como corrían, escucho como iban maldiciendo y el del dedo mocho tiraba otro disparo que no le atino por muy poco, se recupera su confianza mientras los ve doblando en la calle que tiene a su izquierda, no sabe que hay ahí pero no le importa, justo al llegar, los ve entrando a una fonda, antes de entrar él, una mujer sale con un cuchillo largo, lleno de manchas de demasiada mierda. Luego salen otros dos y al final una mujer con aspecto violento, todos le dicen que se largue, o se lo carga la chingada, él quiere entrar, pero un golpe viene en su dirección y lo tumba. Patadas y un escupitajo, todas las groserías que se pueden saber le caen también. Se aleja renqueante, ve la calle sumida en la miseria, no sólo económica sino humana, esa que lleva a cometer los peores actos de maldad amparados en la decadencia en la que les tocó nacer.
 
No hay culpables le han dicho, las cámaras no servían, la gente no quiere hablar, mejor no le muevas, agradece que no te paso nada, mejor una vida que dos. Ha escuchado tantas estupideces que simplemente no sabe cuál es peor, su familia está destrozada, pero él no ha dado muestras de nada, sigue reviviendo en su mente ese momento, el sonido del percutor, el grito ahogado que es el último testimonio de una mujer que lo quería. Sigue en su mente el odio hacia la gente que encubrió a dos ratas para seguir haciendo mierda. Los ve salir una tarde, van con otro, un tercero que lleva la misma cara de odio por la humanidad disfrazada de pobreza. De desigualdad, gente que se escuda en ello para sacar su malsana forma de ver el universo, de arrebatar por la fuerza. Los observa desde la cercanía que da el saber que para ellos sólo fue un momento más, tal vez perdieron un conocido, pero eso no les importa, siguen haciendo lo suyo, van a lo suyo, van tirando mierda y muerte. los ve salir del mismo agujero donde deben perecer. Así lo sabe, pero no quiere algo sencillo, no. Sabe que su muerte debe significar un punto de quiebre, una enseñanza. Alguna vez leyó que hacer las cosas por venganza únicamente produce equivocaciones. Lleva dos semanas tras de ellos, misma hora, mismo modo de actuar, nadie pone resistencia, no lo harán tras saber que se cargaron a una mujer inocente. El del dedo ha cedido la pistola y usa un cuchillo, el gordo se ha cortado el pelo, el otro tipo ahora comanda el grupo y trae dos o tres balazos disponibles. Sabe que deberá actuar en el momento indicado. Un cortador de candados le da acceso a la camioneta, el vigilante duerme o está haciéndose pendejo viendo alguna revista porno, tal vez se masturba o bebe, es lo único que hace todas las noches, no varía, parece que es una rutina aprendida con los años. Encuentra fácil el switch, pone la llave y le da marcha, para cuando el hombre escucha el motor, este ha cruzado la baranda y no puede hacer nada. Saca el celular y llama, pero se siente estúpido, como pudo suceder algo que seguramente le va a costar la chamba de 10 años. Un hombre silba una canción feliz, llena de recuerdos pero que en su rostro refleja un odio increíble, maneja con precaución, no está acostumbrado del todo, pero no es tan distinto a un auto viejo. El vehículo pasa junto a una patrulla donde los oficiales duermen tan plácidamente que cualquiera sentiría envidia. Son casi las 5 de la mañana, las desgraciadas ratas deben estar en el quinto sueño, atrapados en sus gloriosas ensoñaciones de un futuro de grandeza fruto de su miseria como seres humanos. Sabe dónde debe atacar, sabe que casa es la que debe afectar. Nadie debe estar despierto, ni los niños, ni la abuela mierda que los lleva a clases, todos deben ser educados, porque al final esos pequeños monstruos van camino a convertirse en nueva mierda, ninguno se salva. Acelera el vehículo con la tanque lleno de gas propano. Ni siquiera se santigua, siquiera cierra los ojos, el dolor será bienvenido. Ahí está el final.
 
SR Invierno 2018.

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