Tuve un par de días buenos
Escribir,
dejar el
pensamiento
detrás,
ella colapsa,
junto con
miles,
con cientos
de toneladas
que
emprenden el
camino
hacia el abismo.
Todos vamos
hacia allá,
ella me
lleva ventaja,
tal vez
porque vive
el momento,
no de pasados.
No bebe
como yo,
no recuerdo
la última
vez que
termine idiota.
No recuerdo
la última
vez que
lloré por mi desgracia.
Se columpia
la luna
sobre el cielo
negro.
Los espíritus
ahondan.
La cruel
mirada de
un deceso.
Sigue siendo
atroz el miedo.
Memorias del desencanto
De gotas
enormes que
bañan el
suelo,
las pequeñas
plantas
se crecen,
ante el
frio
amenazador,
la negra
esperanza
en forma
de humo,
de cien
cargas,
de miles
de ojos,
todo
alrededor,
nadie nos
observa.
Con sus límites,
con su
fugaz erupción,
de todos
los caminos
sigo viendo
la orilla
como el
infierno mismo.
La soledad
no sirve
si no tienes
un miedo hacia ella.
Debes de
quererla,
tanto como
sea imposible,
tanto como
puede serlo.
Quieres venir,
deseas seguir.
Ella no
lo sabe.
Deja correr el agua del grifo
Pequeños
latidos
corrompen el
ciclo, estamos
idiotizados por
el sol,
por los rayos
que cubren
el cielo,
las formas
oscuras,
las siluetas
que determinan
el vacío.
Ya no hay latas,
ya no hay más
formas
de hundirse
sin temer
al fracaso.
Le abre
la puerta
al destino,
a la costa
que se abre
bajo los pies.
Sigo esperando
la sencillez,
todo parece
falso.
Todos los
susurros
provocan
lo mismo.
No hay luz,
no hay miedo,
no hay nadie detrás.
SR Otoño 2017
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