domingo, 3 de junio de 2018

Las letras del otoño

Tuve un par de días buenos

Escribir,
 dejar el
 pensamiento
 detrás,
 ella colapsa,
 junto con
 miles,
 con cientos
 de toneladas
 que
 emprenden el
 camino
hacia el abismo.
 Todos vamos
 hacia allá,
 ella me
 lleva ventaja,
 tal vez
porque vive
el momento,
 no de pasados.
 No bebe
 como yo,
 no recuerdo
la última
 vez que
 termine idiota.
 No recuerdo
 la última
 vez que
lloré por mi desgracia.
 Se columpia
 la luna
sobre el cielo
 negro.
Los espíritus
 ahondan.
La cruel
 mirada de
 un deceso.
 Sigue siendo
 atroz el miedo.


Memorias del desencanto


De gotas
 enormes que
 bañan el
 suelo,
 las pequeñas
 plantas
 se crecen,
 ante el
 frio
 amenazador,
 la negra
 esperanza
 en forma
de humo,
 de cien
cargas,
 de miles
 de ojos,
 todo
alrededor,
 nadie nos
 observa.
 Con sus límites,
 con su
 fugaz erupción,
 de todos
los caminos
sigo viendo
 la orilla
 como el
 infierno mismo.
La soledad
 no sirve
 si no tienes
 un miedo hacia ella.
 Debes de
 quererla,
 tanto como
sea imposible,
 tanto como
 puede serlo.
 Quieres venir,
 deseas seguir.
 Ella no
 lo sabe.
 

Deja correr el agua del grifo
 

Pequeños
 latidos
 corrompen el
ciclo, estamos
 idiotizados por
 el sol,
 por los rayos
 que cubren
 el cielo,
 las formas
 oscuras,
 las siluetas
 que determinan
el vacío.
Ya no hay latas,
 ya no hay más
 formas
 de hundirse
 sin temer
 al fracaso.
Le abre
 la puerta
al destino,
 a la costa
 que se abre
 bajo los pies.
 Sigo esperando
la sencillez,
 todo parece
 falso.
Todos los
 susurros
provocan
lo mismo.
No hay luz,
 no hay miedo,
no hay nadie detrás.
 

SR Otoño 2017

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