jueves, 4 de mayo de 2023

Los siguientes en la lista de espera

 Estaba ahí, al filo de la cama, sentado mientras fumaba. Esperando a que algo viniese, algo que había surgido en su cabeza horas atrás, no sabía porque lo ansiaba, pero su cerebro le gritaba y le exigía que mantuviese la guardia. Necesitaba esas dos victorias, algo que hiciera presumible su vida ante los demás, pero no para gritar: “¡hey, mírenme, soy la gran mierda!” sino para que supieran que existía. Tenía grabado en video un par de testamentos, así como una carta; el primer testamento era para su esposa, la amaba más que a todo en el mundo, pero no podía explicar por qué a últimas fechas era infeliz, los pleitos habían arreciado, la casa se sentía como una maldita cueva, todo parecía diminuto adentro, parecía que en dos pasos la había recorrido en su totalidad, cualquier cosa lo sacaba de balance, de nada había servido que hiciera las cosas bien en la vida, todo se había convertido en un mero chiste. Nadie lo tomaba en serio, no se sentía a gusto en su piel. Parecía que estaba a punto de reventar cada noche, que quería coger el auto  y estamparse a toda velocidad, no importando que todo se acabara en un santiamén. De hecho lo prefería, pero sabía que no lo haría, luego estaban los golpes. Hacia 3 noches había golpeado a su hija por primera vez en 15 años, no sabía porque, no entendía el porqué. Pero su mano se había abierto y cogido la suficiente altura para descargarla sobre el rostro juvenil. Nadie se movió, todos quedaron en suspenso, como una jodida obra teatral. El video terminaba con la consabida frase: “te amo”. Lo sentía flojo, o trivial, pero no sabía que más decir.


El segundo video, lo había grabado hacía muchos años, cuando aún tenía un poco de humor, casi no lo recordaba, pero cuando lo vio de nuevo, una sonrisa como la que hacía hace años no tenia, apareció en medio de su rostro, convertido por obra y gracia en el depositario de las tragedias que creían le eran exclusivas, lo miró cerca de 4 veces. En todas y cada una de ellas sonreía cuando comenzaba a insultar a todos, llamándoles de las peores formas, aunque bien ganadas. Solo se salvaban su esposa, y eso a duras penas, en realidad también se mofaba de la religión, de todas las formas de creencia. Y gran parte de esa culpa la tenía su familia por ser excesivamente religiosos, incapaces de aceptar que alguien no creyese en esas mierdas. En el video expulsaba todo el veneno que se había guardado por años, de hecho parecía que la grabación de ese video se había convertido en el detonante para todo su mal humor posterior. Ya nadie lo aguantaba más de 15 minutos. Todos le rehuían y en parte, sabía que tenían la razón. 


Esas dos victorias, pírricas si se quiere, tenían que ver una con la lluvia y la otra con una flor. No necesitaba más, pero ambas se habían retrasado por mucho, cada segundo que avanzaba el reloj lo sentía como una cuesta en una montaña, alzándose imparable con el tiempo como aliado. Las baldosas eran grises, y había manchas en varias partes, seguía sudando porque era una condenada fuente de sudor, no había en el mundo un jodido desodorante que pudiera evitar el que todos los días empapara la camisa por las axilas. Encendió el cigarrillo. Era ya casi el vigésimo desde que se había levantado para orinar aquella mañana ¿o era la mañana pasada? Seguía ahí desde entonces. Encerrado en el infierno que representaba estar junto a sí mismo. Nadie sabía dónde estaba, el teléfono había sonado durante horas antes de que se callase. 


¿Y cómo esperar algo que no se puede garantizar? Algo que esta fuera de tus manos, y que solamente eso detendría el hecho de que se iba a pegar un tiro. Aunque sabía que no lo haría, tenía miedo de fallar, tenía tanto jodido miedo que la sensación de cosquilleo en su pene igual que sus ganas de orinar no lo habían abandonado en gran parte del día. Pese a que había orinado ya como 4 veces. La casa esperaba para devorarle, las grietas de las paredes parecían que cederían en cualquier momento. Y aun así no había sucedido nada. Encendió otro cigarrillo, no eran tan fuertes, le gustaban por eso, no se ahogaba y no se mareaba tanto. Llevaba casi 40 años fumando, su padre había muerto de enfisema, su madre había muerto de enfisema, creía que un abuelo igual, estaba condenado, pero no le temía. De hecho, esperaba poder gritar antes de joderse: “le gane al puto cáncer!”. Estaba cansado, veía con dificultad porque no tenía los lentes consigo, y había estado forzando la vista todo el condenado día. 


Pero al final las cosas no mejoran, al final se pega un tiro y deja dos videos que a nadie le importan. Creyó que sí, pero en realidad era otra jodida mota de polvo sin trascendencia.


SR Primavera 2019

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