Deteniendo el tráfico.
El tipo se ve grueso, del tipo inflado que aguanta mucho bebiendo. Quien sabe, tal vez sea la inútil estupidez que nos cogemos tras un par de cervezas allá afuera. Aquí dentro todo parece distinto, desde el saludo inicial que le brindamos a la chica y que el tipo contesta con desconfianza. Igual y es la noche incorrecta para estar aquí; Salatiel pide una corona, yo una bohemia, obscura como las sensaciones respecto a esta noche. Llevamos casi 3 días sin conseguir nada, el asunto se pone interesante cuando nos sientan frente a estos dos. El tipo es rechoncho y con la mirada ruda. No debe ser ninguna perita en dulce. La chica es guapa, vamos quizá algo debajo de lo que buscamos pero nada que no se solucione con un par de tragos.
-oye, sabes dónde está el baño? Pregunta Salatiel al tipo. No parece escucharlo, se queda con la mirada desenfocada hacia la nada hasta que la chica le jala del cuello y le pega la boca a la oreja. Entiende el tipo.
-está detrás del marco verde. Gruñe mientras se trata de poner en pie, al parecer le recordamos la cita que su vejiga tenía con el meadero. Se pone en pie con dificultad y trastabilla un par de veces pero nada importante. El tipo se ve pesado con ese atuendo que revela que la camisa aparenta menos calidad de la que en realidad tiene.
-oye esta chido aquí verdad? Le pregunto a la chica que revisa el celular.
-sí, es la primera vez. Deja la frase a medio terminar con la voz bebida. Algo aniñada, pero segura.
-y tú y él? Son novios o qué? Acelero la pregunta que debía esperar un par de horas al menos, cuando el tipo ya no se pudiera poner en pie de forma correcta.
-es mi esposo! Responde con una sonrisa y sin titubeos. No lo entiendo. Nadie sonríe de esa manera cuando se refiere a su pareja, al menos no que yo recuerde. Lo veo venir secándose las manos en el frente del pantalón, se ve curtido pero limpio, como si durante años disfrutase del fruto de la juventud. Como si el barrio no le pasase factura de alguien más fuerte. Pero no se compara a Salatiel cuando se pone en camino. Una vez lo vi golpear a un policía y lo tuvieron que someter entre 3, se ganó la costilla rota y la pinche multa por $25,000, por agresiones a la autoridad. El tipo se enfada con la chica porque lo dejo en la orilla de la mesa. No entiendo, cualquiera quisiera estar en la orilla y más con el tamaño que se carga el hijo de la chingada. Viene Salatiel que se había parado detrás de el al baño. Se fija en otra chica con un top negro que apenas y cubre un tatuaje de un sol. Carajo si cuando fuimos en la prepa hubiese habido tantas tatuadas de nuestra edad es posible que no estuviese haciendo esta mierda.
-que hay? Me pregunta Salatiel al oído. El tipo nos ve con desconfianza, no quita el ceño fruncido y la cerveza le resbala poco a poco por el tracto. No es pendejo, sabe que no debe beber a lo idiota. La chica por el contrario se acaba vaso tras vaso,
-está cabrón el pendejo… y es su esposo. Todo se lo digo al oído y el tipo nos ve con curiosidad.
-No somos gays! Dice de pronto Salatiel para que lo escuchen las otras tres mesas con las que colindamos. El tipo entiende la indirecta y se ríe socarronamente tratando de taparlo con el vaso que vuelve a llevar a sus labios. La chica no repara y suelta la estridente carcajada. Es bonita. Le pide permiso al tipo para salir de su encrucijada, el tipo se aparta y ella trastabilla, la vemos, de pie es apenas más alta que el pecho del tipo. La cubre para que las nalgas de ella queden frente a nuestra mirada penetrante. Él tampoco la ve, está mirando algo en la televisión, como si lo que hiciera allí fuese de menor importancia que una visita a la casa de un enfermo desconocido. Nos ve sin decir nada, alterna la mirada a Salatiel y a mí. Se pasea la cerveza por los labios sin beberla, solo simula mientras nosotros caemos ante su juego, nuestra cerveza si baja y la de él tiene la misma diferencia que cuando llegamos, lleva casi 20 minutos sin beber, su mirada se hace más dura y desconfiada, no le gusta nuestra presencia. Ella vuelve, con brillo en sus ojos. Felinos y místicos, porque lo ve con amor y algo más, algo que no se gana con un simple amorío, como si fuese su apoyo.
-como ves? Nos largamos? Pregunta mi compañero, nunca le han gustado estos lugares; prefiere los bares tranquilos, donde la mayoría son gente grande que sabe beber, que sabe cuándo parar, que se ocupa de mantener platicas interesantes con sus coterráneos. En estos lugares siempre predomina el ruido y los borrachos. Siempre hay música mierda que reconocemos y estamos obligados a cantar para entonar con el ambiente. Vuelvo a ver al tipo que tiene la mirada fija en la pantalla gigante de tv, no hay nada interesante en ella pero parece que quisiera estar en otro lado, no allí, no con ella, no rodeado de extraños. La chica se cuelga de él, le quita el estúpido gorro que usa para cubrir la desnudez de su cráneo y se lo cuelga ella, se ve más guapa pero al mismo tiempo más desvalida. El tipo hace mueca tras mueca como pidiendo perdón a quien sabe quién. Salatiel me da un codazo cuando ella cierra los ojos y le habla al oído, con voz aterciopelada, el no responde, tiene la mirada fija en quien sabe qué. Una chica de cuadros en la chaqueta.
Es guapa pero no vale la pena, no un matrimonio. La chica vuelve a hablar y él sale del trance, le niega algo con la cabeza y vuelve a desviar la mirada hacia el televisor, jala la cerveza y hace la pantomima otra vez.
Esta vez sí que nos ve, nos reta a que digamos algo. Salatiel le da un trago enorme a la cerveza que tenía. Llega una nueva, es probable que sea la última maldita cerveza que pruebe el cabrón este año. La cosa se puso color hormiga desde el pasado sábado. El lugar que escogimos estaba bastante ruinoso y no conseguimos nada. La chica vuelve a hablar con el tipo. Le pregunta algo y él llama a la señora que atiende, le pide otra cerveza grande. Extiende el billete que ella le da. Sonríe él.
Nos enfrascamos tras un par de minutos en una charla sin dirección, la chica canta, grita y mueve los brazos en todas las direcciones mientras el tipo ahora si bebe de la cerveza que se había calentado lo suficiente para parecer un condenado consomé. Me observa después de que digo algo sobre un grupo musical de los 90s, y dice con la voz gruesa que le sale desde el fondo de la cerveza fría que ha tomado:
-nah, esos grupos están muertos. Los chidos son los de los 80s. Caifanes y la maldita.
Niego con la cabeza y le reviro sus críticas sobre mis gustos y lo que suena en ese momento donde el 99% de los que estamos bebiendo en ese lugar ya somos casi hermanos. Pausa, se para al baño, debe de medir más de 1.80 y su bicep debe ser toda mi pierna. Si me soltara un golpe en el rostro me tumba inmediatamente. La chica lo observa con la mirada ensoñada mientras se aleja arrastrando los pies pero con los hombros arriba, sabiéndose dominador en un mundo de gente más baja que él y menos poderosa. Lo sigue mirando con esa sombra negra alrededor de los ojos cuando pasa junto al guardia de seguridad y se interna en el baño detrás de una puerta doble de madera tan vieja que parece a punto de caerse. Ella vuelve a beber y sigue platicando entre gritos con Salatiel. Su voz es estridente pero no hastía. No por el momento. La chica del top negro se para en el momento en que aparece el tipo rudo, lo ve y se repega lo suficiente para que sus pechos rocen su brazo derecho. Él se hace más hacia afuera, como queriendo evitar cualquier contacto que le vuele la cabeza. No fui el único que se percató, la pareja de la chica del top mira con el cejo fruncido al tipo que se rasca el cráneo casi desnudo pero no interpreta la mirada que le da el chico que viste con una camisa negra. El simple cuello de este sujeto es más grueso que ambos brazos del muchacho. Y algo dentro de ese tipo ancho le hace cambiar la estrategia, ahora se sirve el vaso copeteado de cerveza y le baja la mitad de un trago, agarra por el talle a la chica y la acerca a su cuello mientras ella se deja hacer. Sin embargo no muda su actitud hacia nosotros, se mantiene con la mirada desconfiada y el rostro huraño.
Son casi las 9 cuando Salatiel sin consultarme se pone en pie y coge su mochila. Me mira con la cara roja de ebrio y me dice que no hay nada que hacer. Que sigamos. Aún nos quedan muchas horas de bebida y aquí al parecer no habrá nada que hacer. Nos despedimos de la pareja mientras ella no responde porque se encuentra perdida en el olor del tipo, y él solamente nos hace un gesto con la mano en señal de despedida. Salimos de ese minúsculo y caótico lugar mientras paso mentalmente un tache sobre el sitio para tal vez la próxima vez acordarme que en ese sitio no hay mucho que pescar.
SR diciembre 2013- marzo 2014
No hay comentarios:
Publicar un comentario